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Historia de Capilla Sixtina

La capilla de Sixto IV: proporciones del Templo de Salomón (1473-1481)

La Capilla Sixtina debe su nombre y su existencia al papa Sixto IV della Rovere, que entre 1473 y 1481 mandó reconstruir la vieja capilla mayor del Palacio Apostólico, en mal estado, para convertirla en la capilla palatina, el espacio litúrgico principal del Vaticano y sede de las grandes ceremonias de la corte papal. La obra la dirigió el arquitecto Baccio Pontelli, y el edificio resultante es una gran sala rectangular de aspecto sobrio por fuera, casi como una fortaleza, muy distinta del esplendor que esconde dentro.

Sus dimensiones no son casuales: mide unos 40,9 metros de largo por 13,4 de ancho, unas proporciones que, según la tradición bíblica, eran las del Templo de Salomón en Jerusalén, tal como se describen en el Libro de los Reyes. Con ello, Sixto IV quería presentar la nueva capilla —y por extensión el papado— como heredera del Templo de Jerusalén y del pueblo elegido. La capilla se dividió en dos zonas mediante una cancela de mármol: una para el clero y otra para los fieles.

Desde el principio, la Sixtina tuvo una doble función que conserva hasta hoy: ser el escenario de las liturgias solemnes presididas por el Papa y, sobre todo, el lugar donde se reúne el cónclave para elegir a cada nuevo pontífice. Ese uso, ligado a los momentos más decisivos de la Iglesia, convive con su condición de una de las mayores obras de arte jamás creadas.

Wikipedia (ES) — «Capilla Sixtina»: https://es.wikipedia.orgWikipedia (EN) — «Sistine Chapel»: https://en.wikipedia.org/Musei Vaticani — Cappella Sistina: https://www.museivaticani

Los frescos de las paredes: Botticelli, Perugino y el mejor arte del Quattrocento (1481-1482)

Apenas terminada la estructura, Sixto IV quiso decorarla con lo mejor del arte de su tiempo. Entre 1481 y 1482 convocó a un equipo de los pintores más célebres de Italia —Sandro Botticelli, Pietro Perugino, Domenico Ghirlandaio, Cosimo Rosselli y sus talleres— para cubrir las paredes laterales con dos grandes ciclos de frescos. En un muro, escenas de la vida de Moisés; en el de enfrente, escenas de la vida de Cristo, enfrentadas de modo que cada episodio del Antiguo Testamento tuviera su paralelo en el Nuevo, subrayando la continuidad entre ambos y la legitimidad de la Iglesia.

Entre estos frescos hay verdaderas obras maestras. 'La entrega de las llaves a San Pedro', de Perugino, tiene un valor especial: representa el momento en que Cristo entrega a Pedro las llaves del reino, el fundamento mismo del poder de los papas como sucesores del apóstol, y lo hace en una composición de serena perfección geométrica. Botticelli aportó escenas de gran elegancia, como las 'Pruebas de Moisés' y la 'Purificación del leproso'. En la parte alta de los muros se pintó además una galería de retratos de los primeros papas.

Durante casi treinta años, la Sixtina fue conocida sobre todo por estos frescos de las paredes y por su techo original, pintado de azul con estrellas doradas imitando el cielo. Nadie imaginaba entonces que aquella bóveda estrellada sería sustituida por una de las obras más famosas de la historia del arte, ni que el nombre de la capilla quedaría para siempre asociado no a Sixto IV, sino a otro artista: Miguel Ángel.

Wikipedia (ES) — «Capilla Sixtina»: https://es.wikipedia.orgWikipedia (ES) — «Entrega de las llaves a San Pedro»: https:Wikipedia (EN) — «Sistine Chapel»: https://en.wikipedia.org/

La bóveda de Miguel Ángel (1508-1512)

En 1508, el papa Julio II —el mismo mecenas incansable que impulsaba la nueva Basílica de San Pedro— encargó a Miguel Ángel Buonarroti repintar el techo de la Sixtina. Miguel Ángel, que se consideraba ante todo escultor y estaba entonces trabajando en la tumba del propio Julio II, aceptó a regañadientes, receloso de un encargo de pintura de semejante escala. Se cuenta incluso que sospechaba de una intriga de sus rivales para hacerlo fracasar en un terreno que no dominaba.

Durante cuatro años, entre 1508 y 1512, Miguel Ángel trabajó en condiciones extenuantes, encaramado a un andamio, pintando con la cabeza echada hacia atrás más de 500 metros cuadrados de bóveda. Rechazó casi toda ayuda y lo hizo prácticamente solo. El resultado desbordó cualquier expectativa: en el eje central pintó nueve escenas del Génesis —de la creación del mundo a la embriaguez de Noé—, entre ellas la 'Creación de Adán', con las manos de Dios y del hombre a punto de tocarse, quizás la imagen más reproducida de la historia del arte. Alrededor situó a profetas y sibilas de proporciones colosales, desnudos ('ignudi') y escenas bíblicas, más de trescientas figuras en total, de una fuerza y una anatomía revolucionarias.

Cuando la bóveda se descubrió en 1512, causó una conmoción. Nadie había visto nada igual: la potencia de las figuras, la audacia de la composición y la profundidad de su contenido teológico marcaron un antes y un después. Miguel Ángel, que tenía 37 años al terminarla, quedó consagrado como el mayor artista de su tiempo, y la Sixtina se convirtió en sinónimo de su genio.

Wikipedia (ES) — «Bóveda de la Capilla Sixtina»: https://es.Wikipedia (ES) — «Miguel Ángel»: https://es.wikipedia.org/wiWikipedia (EN) — «Sistine Chapel ceiling»: https://en.wikipe

El 'Juicio Final' y la polémica de los desnudos (1536-1541)

Casi treinta años después de terminar la bóveda, Miguel Ángel volvió a la Sixtina para pintar su otra gran obra allí: el 'Juicio Final', que cubre por completo el muro del altar. Lo pintó entre 1536 y 1541, ya con más de sesenta años, por encargo de los papas Clemente VII y Pablo III. El contexto era muy distinto al del optimismo renacentista de la bóveda: Roma había sido brutalmente saqueada en 1527 por las tropas imperiales, y la Reforma protestante sacudía a la Iglesia. Todo ello se refleja en el tono sombrío y dramático de la obra.

En el centro, un Cristo juez, joven y poderoso, levanta el brazo desencadenando el juicio; a su lado, la Virgen aparta la mirada. A su alrededor se arremolinan más de cuatrocientas figuras: los santos con los instrumentos de su martirio, los bienaventurados que ascienden y los condenados que caen al infierno, empujados por demonios hacia la barca de Caronte, la figura tomada de la mitología clásica y de Dante. Miguel Ángel escondió un autorretrato estremecedor: su rostro deformado aparece en la piel despellejada que sostiene San Bartolomé.

La obra fue polémica desde el principio por la profusión de desnudos en el muro más sagrado de la capilla. Las críticas de sectores rigoristas llevaron, ya muerto Miguel Ángel, a encargar al pintor Daniele da Volterra que cubriera con paños y velos las partes consideradas indecorosas, lo que le valió el sarcástico apodo de 'il Braghettone' ('el calzonero' o 'el braguero'). Aun mutilado por esas añadiduras, el 'Juicio Final' sigue siendo una de las obras más impresionantes jamás pintadas.

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Cónclaves, restauración y la Sixtina hoy

A lo largo de los siglos, la Capilla Sixtina ha sido escenario de algunos de los momentos más decisivos de la Iglesia Católica. Desde finales del siglo XV es la sede habitual del cónclave: encerrados 'bajo llave' (cum clave), los cardenales votan en secreto bajo el 'Juicio Final' de Miguel Ángel hasta elegir a un nuevo Papa, y la fumata de la chimenea instalada sobre el tejado —negra o blanca— transmite el resultado al mundo entero. Cada elección papal de la historia moderna se ha decidido bajo estas pinturas.

Con el paso del tiempo, los frescos se fueron oscureciendo bajo capas de hollín de las velas, humo de incienso, polvo y barnices. Entre 1980 y 1994 se llevó a cabo una gran restauración, financiada en parte por una televisión japonesa a cambio de derechos de imagen (de ahí, en parte, las restricciones a la fotografía). La limpieza reveló unos colores vivísimos e insospechados, muy distintos de los tonos apagados a los que estaban acostumbradas generaciones de visitantes. La restauración fue admirada por muchos, pero también generó un intenso debate: algunos críticos temieron que se hubiera eliminado con la suciedad algún acabado original del propio Miguel Ángel.

Hoy la Capilla Sixtina recibe millones de visitantes al año, lo que plantea serios desafíos de conservación: la humedad, el dióxido de carbono y el polvo que aportan las multitudes obligaron a instalar sofisticados sistemas de climatización, filtrado e iluminación para proteger los frescos. La capilla sigue siendo, a la vez, museo, lugar de culto y sede del cónclave: un espacio donde el arte y el poder, la fe y la historia se dan cita como en pocos lugares del mundo. Levantar la vista hacia la bóveda de Miguel Ángel sigue siendo, cinco siglos después, una de las experiencias más intensas que ofrece un viaje a Roma.

Wikipedia (ES) — «Capilla Sixtina»: https://es.wikipedia.orgWikipedia (EN) — «Restoration of the Sistine Chapel frescoesWikipedia (ES) — «Cónclave»: https://es.wikipedia.org/wiki/C

📚 Bibliografía

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