Cuesta imaginar, entre tanto vidrio, mármol y aire acondicionado, que la avenida más comercial de Singapur se llama, literalmente, 'la calle del huerto'. Pero así es: 'Orchard' significa huerto en inglés, y el nombre no es casual ni poético, sino perfectamente descriptivo de lo que había aquí hace casi dos siglos. Cuando Singapur era una joven colonia británica, a mediados del siglo XIX, esta zona quedaba en las afueras de la ciudad y estaba ocupada por plantaciones y huertos frutales.
En concreto, la zona se llenó de plantaciones de nuez moscada, un cultivo que vivió un breve auge en la Singapur de las décadas de 1830 y 1840, junto con pimienta, gambier y árboles frutales. Los caminos que atravesaban estas fincas para llevar la producción hacia la ciudad y el puerto fueron el germen de la actual avenida. Había también residencias de europeos y de la incipiente élite local, atraídas por un entorno más verde y aireado que el abarrotado centro junto al río.
Aquel paraíso agrícola, sin embargo, no duró. Una plaga devastó los nogales de nuez moscada hacia mediados del siglo XIX y acabó con el negocio. Las plantaciones fueron abandonadas o reconvertidas, y la zona empezó lentamente otra vida: llegaron cementerios (varios de las distintas comunidades), casas, y con el correr de las décadas, los primeros comercios. El huerto había muerto, pero su nombre quedó grabado para siempre en el mapa de la ciudad.
Para entender por qué Orchard Road pasó de huerto a bulevar hay que mirar el conjunto de la historia de Singapur. En 1819, el británico Thomas Stamford Raffles fundó en la isla un puesto comercial de la Compañía de las Indias Orientales y lo declaró puerto libre, sin impuestos de aduana. La decisión convirtió a la aldea de pescadores en una ciudad portuaria multiétnica y próspera en cuestión de años, imán de comerciantes chinos, indios, malayos, árabes y europeos, gracias a su posición estratégica en la ruta entre China, la India y Europa.
El núcleo de aquella ciudad estaba junto al río Singapur, donde se concentraban los muelles, los almacenes y los barrios de las distintas comunidades que Raffles había organizado en su plan urbano (Chinatown, Little India, Kampong Glam). Pero la ciudad crecía, y a medida que lo hacía, se expandía hacia zonas que antes eran rurales, como los huertos de Orchard. Lo que había sido campo se fue integrando poco a poco al tejido urbano.
Durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la zona de Orchard fue una mezcla de residencias, cementerios, algún cuartel, negocios incipientes y las huellas del pasado agrícola. Todavía no era una calle comercial, pero su ubicación —cerca del centro, en una franja que unía distintos puntos de la ciudad en crecimiento— la predestinaba a un futuro muy distinto al de sus orígenes campestres.
Si uno quiere ver cómo era la zona de Orchard antes de la fiebre de los shopping malls, solo tiene que subir por Emerald Hill, una calle escondida a pasos de la avenida. Allí se conserva un conjunto excepcional de casas 'peranakan' de comienzos del siglo XX, con fachadas de colores pastel, azulejos decorados y detalles ornamentales exquisitos, que cuentan otra historia de Singapur.
Los peranakan —también llamados 'baba-nyonya' o 'chinos del Estrecho'— son los descendientes de los primeros inmigrantes chinos que se establecieron en la región (Singapur, Malaca, Penang) y se mezclaron culturalmente con la población malaya local a lo largo de generaciones. Desarrollaron una cultura híbrida fascinante y única: una lengua propia (malayo con préstamos del hokkien), una cocina exquisita (la comida 'nyonya'), una estética inconfundible en la ropa, los muebles y la arquitectura, y costumbres que mezclaban lo chino y lo malayo. Fueron, a menudo, una comunidad próspera y educada, muy influyente en la Singapur colonial.
Emerald Hill fue una de las zonas residenciales elegantes que habitó esa comunidad, y sus casas restauradas son hoy un testimonio precioso de la cultura peranakan y de la Singapur anterior a los rascacielos. Que ese remanso histórico sobreviva a metros del bulevar más comercial de la ciudad es uno de esos contrastes que hacen de Singapur un lugar tan interesante de recorrer.
La gran transformación de Orchard Road en la avenida comercial que conocemos hoy es un fenómeno relativamente reciente, ligado al despegue económico de Singapur tras la independencia. Cuando el país se independizó en 1965, era un puerto pobre y superpoblado; bajo el liderazgo de Lee Kuan Yew y el partido gobernante, emprendió una modernización acelerada que en pocas décadas lo convirtió, según sus propias palabras, en un país 'del tercer al primer mundo'. Ese salto económico creó una clase media consumidora y atrajo turismo, inversión y marcas internacionales.
Orchard Road fue elegida para ser la vidriera de ese Singapur próspero. Ya había algunos comercios y cines desde comienzos del siglo XX, pero fue sobre todo a partir de los años setenta y ochenta cuando la avenida se llenó de grandes almacenes y shopping malls, uno tras otro, en una sucesión que no ha parado de crecer y renovarse. Almacenes históricos como TANGS, complejos como Ngee Ann City o, ya en el siglo XXI, íconos como ION Orchard, fueron definiendo la fisonomía actual de la calle.
La avenida se convirtió así en el símbolo del Singapur consumista y cosmopolita, y en una de las calles comerciales más importantes de Asia, comparable a las grandes arterias del lujo mundial. La decoración navideña anual, el Great Singapore Sale y la apertura constante de nuevos malls la mantienen como un imán para compradores y turistas. Del huerto de nuez moscada a la meca del shopping: pocas calles resumen tan bien la asombrosa transformación de Singapur.
El Orchard Road de hoy es la vidriera del Singapur próspero: más de dos kilómetros de malls, boutiques de lujo, grandes almacenes, cines, hoteles y restaurantes que exhiben, sin pudor, el costado más consumista y cosmopolita de la ciudad-Estado. Es una de las grandes calles comerciales de Asia y un destino turístico en sí mismo, tanto para quienes vienen a comprar como para quienes solo pasean, comen o buscan refugio del calor bajo el aire acondicionado.
Como tantos lugares de Singapur, la avenida convive con su propio pasado en forma de contrastes: los rincones peranakan de Emerald Hill a metros del bullicio, los nombres de calles que recuerdan los huertos, los food courts populares en los subsuelos de los malls de lujo. Cada Navidad, Orchard se transforma en el epicentro de las fiestas con una iluminación espectacular que atrae a toda la ciudad, en un país de mayoría no cristiana que celebra todas las fiestas de sus comunidades con entusiasmo comercial.
Recorrer Orchard Road es asomarse a la cara más moderna y opulenta de Singapur, la del país que en pocas décadas pasó de la pobreza a figurar entre los más ricos del planeta. Del huerto de nuez moscada arrasado por la plaga a la avenida de vidrio y marcas globales, la calle cuenta, a su manera, la misma historia que el resto de la ciudad: la de un lugar que se reinventa una y otra vez, borrando casi siempre su pasado, pero conservando, aquí y allá, algún rastro para quien sabe mirar.