El nombre lo dice todo: 'Kampong Glam' significa, en malayo, algo así como 'la aldea del árbol gelam', por una especie de árbol (el paperbark o cayeput) que crecía en la zona y cuya corteza y aceite usaban los pescadores y las comunidades locales. Mucho antes de que Stamford Raffles pisara la isla en 1819, esta franja costera al noreste del río ya estaba habitada por comunidades malayas, bugis y de otros pueblos del archipiélago, dedicadas a la pesca y al comercio marítimo. Es, por tanto, una de las zonas con historia más antigua de Singapur.
Cuando Raffles llegó para fundar el puesto comercial británico, la isla estaba bajo la órbita del sultanato de Johor, y en la zona residía parte de la comunidad malaya y su nobleza. Para legitimar el establecimiento británico, Raffles firmó en 1819 un tratado clave con dos figuras locales: el sultán Hussein Shah y el Temenggong (un alto dignatario malayo). A cambio de su reconocimiento y de un pago, los británicos obtuvieron el derecho a establecerse. Y como parte del acuerdo, al sultán y su familia se les asignó precisamente Kampong Glam como residencia y dominio.
Así, el barrio quedó ligado desde el principio a la realeza malaya y a la comunidad musulmana. En el plan urbano que Raffles trazó poco después, Kampong Glam fue designado oficialmente como la zona para los malayos, los árabes, los bugis y otros musulmanes, un carácter que definiría su identidad durante los siguientes dos siglos.
A lo largo del siglo XIX, Kampong Glam se consolidó como el corazón de la vida malaya y musulmana de Singapur. En el terreno reservado a la realeza se construyó, hacia 1840, el Istana Kampong Glam, el palacio del sultán, un elegante edificio de estilo colonial rodeado de jardines. Y en 1824 se levantó la primera Mezquita del Sultán, financiada en parte por el propio sultán Hussein y por la Compañía de las Indias Orientales, que se convirtió en el centro religioso del barrio.
El carácter musulmán de Kampong Glam atrajo a comerciantes de todo el mundo islámico: árabes (muchos de origen yemení, de la región de Hadramaut), indios musulmanes, javaneses, bugis. La zona se llenó de tiendas de telas, sedas, perfumes, artículos religiosos y todo lo necesario para los peregrinos que partían desde Singapur rumbo a La Meca, ya que la ciudad era un importante punto de embarque del 'hajj' para el sudeste asiático. Calles como Arab Street y Bussorah Street guardan aún esa herencia comercial.
Kampong Glam fue, además, un centro intelectual y cultural del mundo malayo: aquí funcionaron imprentas que publicaban en malayo, y el barrio fue foco del periodismo, la literatura y el pensamiento islámico y malayo de la región. Durante generaciones, fue el lugar donde la comunidad malaya —hoy una de las tres grandes de Singapur, junto a la china y la india— vivió, rezó, comerció y afirmó su identidad.
Como todo Singapur, Kampong Glam vivió las grandes sacudidas del siglo XX: la próspera colonia, la traumática ocupación japonesa de 1942-1945 y la independencia de 1965. Ese último episodio tuvo un significado particular para la comunidad malaya. Singapur se había unido a la Federación de Malasia en 1963, pero las tensiones políticas y étnicas —en parte sobre el lugar de los malayos y los chinos— desembocaron en su expulsión de la federación y en su independencia forzada en 1965.
En el nuevo Estado, mayoritariamente chino, los malayos pasaron a ser una minoría (hoy alrededor del 13% de la población), aunque reconocida como comunidad fundadora: el malayo es el idioma nacional de Singapur (el del himno y los símbolos oficiales), y la Constitución reconoce la posición especial de los malayos como pueblo indígena de la región. Kampong Glam siguió siendo el corazón simbólico y cultural de esa comunidad, aunque muchos de sus habitantes fueron reubicados, con la modernización, en los nuevos bloques de vivienda pública repartidos por la isla.
Ese proceso de modernización puso en riesgo el barrio histórico. Muchas de sus shophouses y su palacio se degradaron, y durante un tiempo su futuro fue incierto. La descendencia del sultán, que aún ocupaba partes del Istana Kampong Glam, vio disminuir su papel, y el edificio y su entorno necesitaban una intervención. La pregunta, como en Chinatown y Little India, era si se demolía para construir torres modernas o si se conservaba la memoria de uno de los barrios más antiguos de la ciudad.
En los años ochenta, Singapur decidió conservar sus barrios históricos, y Kampong Glam fue declarado zona de conservación. Sus shophouses y edificios emblemáticos fueron restaurados, salvando un patrimonio único que había estado en riesgo. El Istana Kampong Glam, el antiguo palacio del sultán, fue restaurado y convertido, ya en los años 2000, en el Malay Heritage Centre, el principal museo dedicado a la cultura y la historia de la comunidad malaya.
Pero el gran giro de Kampong Glam en las últimas dos décadas vino de un lugar inesperado: Haji Lane. Este callejón estrecho, antes de shophouses modestas, se fue llenando de boutiques independientes, tiendas vintage, cafés de diseño y bares, hasta convertirse en la calle más de moda y fotografiada de Singapur. Los murales y el arte urbano se extendieron por todo el barrio, y una nueva generación de emprendedores y artistas revitalizó la zona, atrayendo a jóvenes locales y viajeros.
Así, Kampong Glam vive hoy una doble vida que es, en realidad, su gran atractivo: sigue siendo el corazón malayo y musulmán histórico —con la mezquita activa, las tiendas de telas de Arab Street y los restaurantes tradicionales—, pero es a la vez uno de los barrios más 'cool' y creativos de la ciudad. Esa convivencia entre la cúpula dorada de la mezquita y los murales de Haji Lane, entre el incienso de las perfumerías y el café de especialidad, resume lo mejor del barrio.
El Kampong Glam de hoy es, quizás, el barrio que mejor sintetiza la doble personalidad de Singapur: un lugar profundamente arraigado en la tradición y, al mismo tiempo, joven, creativo y de moda. La gran cúpula dorada de la Mezquita del Sultán sigue presidiendo el barrio y llamando a los fieles a la oración; las tiendas de Arab Street siguen perfumando el aire a incienso y vendiendo telas y alfombras como hace un siglo; y los restaurantes de nasi padang y de comida árabe mantienen vivos los sabores de la comunidad. Todo eso convive, a pocos metros, con los murales, las boutiques de diseño y los bares de Haji Lane.
Es también el escenario de las grandes celebraciones de la comunidad malaya y musulmana de Singapur. Durante el Ramadán, el barrio se llena de luces y de un famoso bazar nocturno con puestos de comida malaya que atrae a toda la ciudad, y el Hari Raya (fin del ayuno) se vive con especial intensidad. En esos días, Kampong Glam recupera con fuerza su papel de corazón malayo-musulmán.
Recorrer Kampong Glam es asomarse a la tercera de las grandes comunidades que forman Singapur —la malaya—, a menudo menos visible para el turista que la china o la india, y descubrir un barrio que ha sabido reinventarse sin renunciar a su alma. Entre la mezquita y los murales, entre el perfume de attar y el café de especialidad, el viejo dominio del sultán sigue latiendo, dos siglos después, como uno de los rincones con más historia y más encanto de toda la ciudad-Estado.