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Historia · Mónaco

Historia de Monte Carlo y la costa

Monte Carlo, el barrio que salvó al país

Monte Carlo no existía como tal hasta mediados del siglo XIX. Era la meseta de Spélugues, un descampado rocoso sobre el mar, cuando la crisis económica que siguió a la pérdida de Menton y Roquebrune en 1848 obligó a los Grimaldi a buscar una salida desesperada. La solución fue construir allí un balneario con casino, apostando a atraer a la aristocracia europea con un negocio, el juego, prohibido en casi todo el continente.

El despegue llegó con la Société des Bains de Mer, fundada por el empresario François Blanc en 1863, que urbanizó la meseta con un casino monumental, hoteles de lujo y jardines. En 1866, el nuevo barrio recibió el nombre de Monte Carlo, 'el monte de Carlos', en honor al príncipe Carlos III. En pocas décadas se convirtió en el destino de moda de la Belle Époque, el lugar donde la Europa rica iba a jugar, veranear y exhibirse.

Ese éxito refundó la economía monegasca y permitió, ya en 1869, abolir el impuesto a la renta de los residentes. Monte Carlo es, en sentido literal, el barrio que salvó al Principado de la ruina y le dio la identidad de lujo y glamour que conserva hasta hoy. Su nombre, más que el del propio país, es el que resuena en el imaginario mundial cuando se habla de Mónaco.

https://en.wikipedia.org/wiki/Monte_Carlohttps://en.wikipedia.org/wiki/Monte_Carlo_Casino

El Casino y la Ópera de Charles Garnier

El corazón de Monte Carlo es su Casino, uno de los edificios más célebres del mundo. El conjunto actual, de estilo Beaux-Arts, se fue formando entre 1878 y las décadas siguientes a partir del edificio original de François Blanc. Su autor más ilustre fue Charles Garnier, el arquitecto de la Ópera de París, que diseñó la sala de conciertos y el teatro adosados al casino, inaugurados en 1879: la llamada Ópera de Monte Carlo o Salle Garnier, decorada con un lujo deslumbrante de oros, mármoles y frescos.

Ese maridaje entre el juego y la alta cultura fue deliberado. La SBM no quería un simple garito, sino un templo del refinamiento que atrajera a la mejor sociedad europea. La Ópera de Monte Carlo estrenó obras de compositores de primera línea y recibió a las grandes voces de su tiempo; la Ballets Rusos de Montecarlo, ligada más tarde al empresario René Blum, hizo del Principado un centro de la danza.

El Casino impuso además una regla curiosa que sobrevive hasta hoy: los ciudadanos monegascos tienen prohibida la entrada a las salas de juego. La lógica, ya en tiempos de Blanc, era clara: el casino debía enriquecer al Estado a costa de los visitantes extranjeros, no arruinar a los propios súbditos. Es un símbolo perfecto del modelo monegasco, pensado para vivir del dinero que llega de afuera.

https://en.wikipedia.org/wiki/Monte_Carlo_Casinohttps://en.wikipedia.org/wiki/Op%C3%A9ra_de_Monte-Carlo

Larvotto, la playa del Principado

Al este de Monte Carlo, mirando al mar abierto, se extiende Larvotto, el barrio que alberga la única playa pública de Mónaco. En un país sin apenas costa natural accesible —el litoral monegasco mide poco menos de cuatro kilómetros—, disponer de una playa fue durante mucho tiempo un lujo. La de Larvotto es en buena parte artificial: se creó y amplió con arena traída y con obras de contención, para dar a residentes y visitantes un frente marítimo de baño.

Renovado por completo en los últimos años, el paseo de Larvotto combina la playa con restaurantes, comercios y una zona de esparcimiento junto al mar. Frente a sus aguas se encuentra la Reserva Marina de Larvotto, un área protegida creada para preservar la biodiversidad del litoral, incluidas las praderas de posidonia, la planta marina clave de los fondos mediterráneos.

Larvotto representa la cara más 'habitable' y cotidiana del Mónaco de lujo: el lugar donde la vida del Principado se asoma al Mediterráneo no desde un yate ni desde una terraza de hotel, sino desde la arena. Es también el barrio en cuyo entorno se levantó la última gran ampliación territorial del país sobre el mar.

https://en.wikipedia.org/wiki/Larvottohttps://en.wikipedia.org/wiki/Monaco

Mareterra, el barrio nuevo ganado al Mediterráneo

Sin espacio donde crecer, Mónaco lleva medio siglo agrandándose de la única manera posible: quitándole terreno al mar. La obra más reciente es Mareterra, antes conocida como Anse du Portier o Le Portier, un barrio de seis hectáreas construido sobre una plataforma frente a la costa de Larvotto, entre el Puerto Hércules y el Grimaldi Forum, inaugurado en diciembre de 2024.

El proyecto tuvo una historia accidentada: se planeó a comienzos de los años 2000, se abandonó en 2009 por la crisis financiera y recién se retomó en 2011. La colocación del último de los 18 enormes cajones de hormigón que forman su base, en julio de 2019, amplió físicamente el territorio del país. El costo total rondó los 2.000 millones de euros, y el resultado incluye edificios de departamentos, villas, casas adosadas, una marina y espacios públicos abiertos, con participación de arquitectos de renombre internacional.

Mareterra se presentó, además, como un proyecto con fuerte acento ambiental: 9.000 metros cuadrados de paneles solares, cientos de puntos de carga para autos eléctricos y el trasplante de praderas de posidonia a la reserva marina de Larvotto para compensar el impacto sobre el fondo del mar. Es la última página, por ahora, de la vieja costumbre monegasca de fabricar tierra donde no la hay: un país que, cuando ya no puede crecer hacia los costados ni hacia arriba, avanza sobre las olas.

https://en.wikipedia.org/wiki/Mareterrahttps://en.wikipedia.org/wiki/Larvotto

Una costa de eventos, festivales y glamour

El litoral de Monte Carlo y Larvotto es el escenario del Mónaco espectáculo, el que se muestra al mundo. Aquí se concentran los grandes acontecimientos que llenan el calendario del Principado: el Rally de Montecarlo, uno de los más antiguos y prestigiosos del automovilismo; el Masters de tenis de Montecarlo, que se juega en realidad en la vecina localidad francesa de Roquebrune-Cap-Martin pero lleva el nombre del Principado; el Festival Internacional del Circo; galas benéficas como el Baile de la Rosa, y las temporadas de la Ópera y de la Orquesta Filarmónica de Montecarlo.

El Grimaldi Forum, gran centro de congresos y exposiciones frente al mar en Larvotto, inaugurado en 2000, dio al país una infraestructura moderna para conferencias, ferias y muestras de arte de escala internacional. Buena parte de la economía monegasca actual se apoya justamente en esta capacidad de atraer eventos de lujo, turismo de alto poder adquisitivo y visitantes que llegan por unos días a gastar.

Esa vocación de escaparate tiene raíces profundas: desde la Belle Époque, Monte Carlo se pensó como una vidriera del refinamiento europeo. Más de siglo y medio después, la fórmula sigue funcionando. En pocos cientos de metros de costa, el Principado despliega una densidad de glamour, dinero y espectáculo que ninguna otra franja litoral del mundo iguala.

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