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Historia de Sliema

Il-Qortin: la punta desierta que rezaba a la Estrella del Mar

Cuesta imaginarlo hoy, paseando entre torres de departamentos y shoppings, pero durante siglos la península donde se levanta Sliema fue un páramo casi deshabitado, azotado por el viento y el mar. Se la conocía como il-Qortin, un topónimo maltés que designa una meseta rocosa y estéril. No había pueblo ni caserío: solo campos pobres, canteras, alguna torre de vigía y un puñado de pescadores que faenaban en las aguas del puerto de Marsamxett, frente a lo que sería La Valeta.

En esa punta desnuda se alzaba una modesta capilla dedicada a la Virgen bajo la advocación de Stella Maris, 'Estrella del Mar', patrona de los marinos. Aquella capilla servía de faro espiritual y de referencia visual a los pescadores que salían y volvían del mar: era el punto que buscaban con la vista para orientarse. De esa advocación mariana, que hablaba de calma y protección, derivó con el tiempo el nombre del lugar: Sliema, palabra maltesa emparentada con la idea de 'paz', 'sosiego' y 'salud', y con el saludo de bienvenida.

La Sliema primitiva fue, entonces, mar y oración: una costa de pescadores encomendados a una estrella. Nada anticipaba que ese arrabal olvidado terminaría siendo la ciudad más moderna, densa y cosmopolita de todo el archipiélago maltés. La transformación tardaría siglos en llegar, y vendría de la mano, primero, de la guerra.

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El Gran Sitio de 1565 y la muerte de Dragut

El episodio histórico más dramático ligado a esta costa ocurrió en 1565, durante el Gran Sitio de Malta, uno de los enfrentamientos decisivos entre el Imperio otomano y la cristiandad en el Mediterráneo. Ese verano, una enorme flota y ejército otomanos, enviados por el sultán Solimán el Magnífico, desembarcaron en la isla con el objetivo de arrasar a los Caballeros de San Juan (los Caballeros de Malta) y hacerse con la isla como trampolín hacia Europa. Los defensores eran pocos: unos cientos de caballeros y algunos miles de soldados y malteses, frente a decenas de miles de atacantes.

La punta de il-Qortin, la futura Sliema, se convirtió en un campamento otomano. Desde estas alturas, sobre el puerto de Marsamxett, las baterías turcas al mando del temible corsario Dragut (Turgut Reis) bombardeaban el Fuerte San Telmo, que se alzaba en la punta de enfrente y cuya toma era clave para el asedio. San Telmo resistió semanas con un heroísmo que se hizo legendario, y su defensa numantina desangró al atacante y le hizo perder un tiempo precioso.

Fue precisamente aquí, en esta costa, donde Dragut encontró la muerte. Mientras dirigía el fuego contra San Telmo, una bala de cañón disparada desde el fuerte (según la tradición, un rebote de piedra) lo hirió mortalmente en la cabeza. La muerte de uno de los mejores estrategas otomanos fue un golpe moral enorme para los sitiadores. El Gran Sitio terminó en septiembre de 1565 con la retirada otomana y la victoria de los Caballeros, un hecho celebrado en toda Europa y que consagró a Malta como bastión cristiano. La punta de Sliema, escenario de aquel drama, volvió luego a su silencio de páramo costero.

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Fuerte Tigné y las fortificaciones: de los Caballeros a los británicos

Tras el Gran Sitio, los Caballeros de San Juan fortificaron cada vez más el archipiélago. La punta de Sliema, que dominaba la entrada al puerto de Marsamxett, era demasiado estratégica para dejarla sin defensas. A fines del siglo XVIII, entre 1793 y 1795, la Orden levantó allí el Fuerte Tigné, una fortificación poligonal de artillería —un diseño moderno para su época— destinada a proteger el puerto y a batir cualquier flota enemiga que intentara acercarse. Fue una de las últimas grandes obras militares de los Caballeros en Malta, ya que en 1798 la Orden fue expulsada por Napoleón, que tomó la isla camino a Egipto.

El dominio francés duró poco: en 1800, con ayuda británica, los malteses expulsaron a los franceses, y Malta pasó a la órbita del Imperio británico, que la convirtió en una de sus grandes bases navales del Mediterráneo. Los británicos comprendieron enseguida el valor militar de la península de Sliema y la llenaron de fortificaciones a lo largo del siglo XIX. Ampliaron y modernizaron el Fuerte Tigné, y construyeron un cinturón de baterías costeras: la Sliema Point Battery (1872-1876), la Cambridge Battery (1878-1886) y la Garden Battery (1889-1894), pensadas para defender el acceso al puerto con la artillería de la era industrial.

De aquella época data también la curiosa Il-Fortizza, una construcción de aspecto neomedieval, con almenas y torreones, levantada por los británicos hacia 1880 sobre Tower Road (hoy convertida en restaurante). Y en 1881 se instaló en la costa la primera destiladora de agua de mar de la isla, para abastecer a los cuarteles británicos. Sliema empezaba, poco a poco, a poblarse: primero de soldados y estructuras militares, y muy pronto también de familias.

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De aldea de pescadores a balneario de la burguesía

El verdadero nacimiento de Sliema como pueblo ocurrió a mediados del siglo XIX. El hito fue religioso: en 1855 se abrió al culto una nueva iglesia dedicada a Nuestra Señora Estrella del Mar (Stella Maris), heredera de aquella vieja capilla que había dado nombre al lugar. Alrededor del templo, la pequeña aldea de pescadores empezó a crecer y a organizarse como comunidad, con sus calles, sus casas y su parroquia propia.

Lo que disparó el crecimiento fue la moda del veraneo. En la segunda mitad del siglo XIX, las familias acomodadas de La Valeta y de las Tres Ciudades descubrieron Sliema como lugar de descanso estival: estaba enfrente de la capital, a un corto cruce de bote, tenía aire limpio de mar abierto y espacio para construir. Empezaron a levantarse elegantes casas de veraneo de estilo victoriano, con jardines y galerías, y a lo largo de la costa surgieron villas, hoteles y los característicos balcones cerrados de madera (gallariji) que son emblema de la arquitectura maltesa. Sliema se convirtió en el balneario chic de la isla, el lugar donde la burguesía valletana pasaba el verano.

El agua de mar plana de la costa, con sus plataformas de roca, se prestaba al baño, y hasta se tallaron piletas rectangulares en la piedra —las mal llamadas Roman Baths, que de romanas no tienen nada, pues datan de fines del siglo XIX— para nadar con más resguardo. A comienzos del siglo XX, Sliema ya era una ciudad hecha y derecha, con tranvías, comercios y una vida social propia, muy distinta de la punta desierta que había sido apenas unas décadas antes.

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Guerra, independencia y el boom del cemento

El siglo XX puso a prueba a Sliema como a toda Malta. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla, base clave de la flota británica en el Mediterráneo, sufrió uno de los bombardeos más intensos de la contienda: entre 1940 y 1943, la aviación italiana y alemana descargó miles de toneladas de bombas sobre los puertos y las ciudades. Sliema, pegada al puerto de Marsamxett y a los objetivos militares, recibió su parte de destrucción, y muchas familias se refugiaron en túneles y refugios excavados en la roca. La resistencia del pueblo maltés durante aquel asedio aéreo le valió a toda la isla la George Cross, la más alta condecoración civil británica, en 1942.

Tras la guerra vino la descolonización. Malta obtuvo la independencia del Reino Unido el 21 de septiembre de 1964, se proclamó república en 1974 y vio partir la última guarnición británica en 1979. Sliema, como el resto del país, entró en una nueva era: la del turismo internacional y el desarrollo inmobiliario. A partir de los años sesenta y setenta, y con más fuerza en las décadas recientes, la ciudad vivió un boom de la construcción que cambió su fisonomía por completo.

Aquel encanto victoriano se fue perdiendo bajo la piqueta: las casas señoriales y las villas con jardín que bordeaban Tower Road fueron demolidas una tras otra y reemplazadas por edificios de departamentos cada vez más altos. La antigua zona militar de Tigné Point se transformó en un desarrollo moderno de torres residenciales, oficinas y el centro comercial The Point. Sliema perdió buena parte de su patrimonio histórico, algo que muchos malteses lamentan, pero ganó densidad, servicios y vida urbana.

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La Sliema de hoy: la cara moderna de Malta

La Sliema del siglo XXI es la ciudad más moderna, poblada y cosmopolita del archipiélago maltés, y el gran polo turístico y comercial del país junto con la vecina San Julián. Su largo paseo marítimo, que bordea la península desde el pontón del ferry hasta Tower Road y sigue hacia San Julián, es el escenario cotidiano de la vida al aire libre: gente que camina, corre, saca al perro o toma café frente al mar, con La Valeta dorada recortada en la orilla de enfrente.

Es una ciudad de contrastes. Junto a las torres de vidrio de Tigné y los shoppings sobreviven la vieja iglesia de Stella Maris, algún balcón de madera, los restos de Il-Fortizza y de las baterías británicas, y el ferry de siempre cruzando el puerto en cinco minutos, tal como hace un siglo. Sliema no ofrece el peso histórico de La Valeta ni el silencio medieval de Mdina, y quien busque monumentos deberá ir a otra parte; pero como base para conocer Malta es difícil de superar, por sus conexiones, su oferta hotelera para todos los bolsillos y su ubicación.

De aquel il-Qortin desierto donde unos pescadores rezaban a la Estrella del Mar, Sliema se convirtió en menos de dos siglos en el corazón moderno de Malta. Su historia —campo de batalla otomano, cinturón de fuertes británicos, balneario victoriano y hoy metrópoli costera de cemento y vidrio— resume, en pequeño, la de toda la isla: un cruce de imperios, mares y culturas en el centro del Mediterráneo. Y su nombre, que significa paz, sigue prometiendo lo mismo que buscaban aquellos marineros: un refugio frente al mar.

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📚 Bibliografía

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