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Historia de San Julián

El coto de caza de San Julián el Hospitalario

Antes de las discotecas de Paceville y de las torres de Portomaso, San Julián fue durante siglos un paraje casi despoblado de campos, matorrales y calas, apenas frecuentado por algunos pescadores y campesinos. Su interés no era urbano sino cinegético: la zona, cubierta de vegetación mediterránea y con caza abundante, era terreno de caza favorito de los Caballeros de la Orden de San Juan, que venían a estas colinas costeras a cazar aves y conejos, deporte y pasatiempo predilecto de la aristocracia de la época.

De esa afición viene el nombre del lugar. Se levantó aquí una capilla dedicada a San Julián el Hospitalario, santo medieval que la tradición cristiana convirtió en patrono de los cazadores (según la leyenda, Julián mató sin querer a sus propios padres durante una cacería y expió su culpa dedicando su vida a hospedar y curar viajeros y enfermos). Los caballeros cazadores encomendaron a ese santo la zona, y así el paraje pasó a llamarse San Ġiljan, San Julián. La devoción por el santo cazador quedó fijada en el topónimo mucho antes de que existiera pueblo alguno.

Aquel San Julián de los orígenes era, pues, silencio, monte y mar: un coto donde resonaban los disparos de los caballeros y las campanas de una capilla, no la música de los clubes que lo harían famoso siglos después. La bahía en herradura de Spinola, hoy corazón turístico, era entonces solo un fondeadero de barcas de pesca al abrigo del viento.

https://en.wikipedia.org/wiki/St._Julian%27s,_Maltahttps://ohmymalta.com.mt/2021/10/14/spotlight-on-st-julians/

Los Spinola y el palacio 'para recreo del pueblo'

El primer gran hito construido de San Julián, y el que le dio a su bahía el nombre con que hoy la conocemos, fue el Palacio Spinola. Lo mandó edificar en 1688 el caballero italiano Fra Paolo Raffaele Spinola, Gran Prior de Lombardía de la Orden de San Juan, como residencia de recreo junto a la tranquila bahía de pescadores. Una inscripción latina sobre la entrada declaraba que el palacio y sus jardines se levantaban 'para recreo del pueblo', y en efecto el lugar se usó para actividades culturales y festejos, y sirvió de residencia estival de los Grandes Maestres de la Orden, sobre todo con motivo de la fiesta de Ta' Lapsi, la Ascensión.

Un año antes, en 1687, el mismo Fra Paolo había hecho construir junto al palacio una capilla dedicada a la Inmaculada Concepción, que hacía las veces de iglesia del conjunto. Décadas más tarde, en 1733, el sobrino del fundador, Fra Giovanni Battista Spinola, amplió y embelleció notablemente el palacio bajo la dirección de Romano Fortunato Carapecchia, uno de los grandes arquitectos del barroco maltés. La fachada posterior, con un elegante reloj, es considerada una obra maestra de la arquitectura civil barroca de la isla, un rasgo poco común en un edificio secular.

Así, la bahía que los Spinola eligieron para su recreo quedó marcada para siempre con su apellido: Spinola Bay. Alrededor del palacio y su capilla se fue formando el germen de un asentamiento, todavía modesto, ligado a la pesca y a la vida rural. Durante el resto del período de los Caballeros y luego bajo el breve dominio francés (1798-1800) y el largo dominio británico que empezó en 1800, San Julián siguió siendo un rincón apacible y de baja densidad, muy lejos del bullicio actual.

https://en.wikipedia.org/wiki/Spinola_Palace,_St_Julian%27shttps://en.wikipedia.org/wiki/Chapel_of_the_Immaculate_Concehttps://en.wikipedia.org/wiki/St._Julian%27s,_Malta

Un pueblo costero en la Malta británica

Durante el siglo XIX y comienzos del XX, con Malta convertida en base naval clave del Imperio británico, San Julián empezó a poblarse y a organizarse como comunidad. Seguía siendo un pueblo costero de arquitectura latina, con el Palacio Spinola y su verde entorno como referencia, y con la pesca y la agricultura como sustento de sus habitantes. La bahía de Spinola se llenaba de luzzus, las barcas de pesca de colores con los ojos pintados en la proa —una herencia fenicia que se dice protege a los marinos—, que todavía hoy son su estampa característica.

En esa época, la San Julián de aire señorial dejó algunas huellas elegantes, como las Balluta Buildings, un conjunto de edificios de estilo art nouveau frente a la bahía de Balluta, y la vistosa iglesia neogótica del Carmen, cuya silueta de catedral europea sorprende en el paisaje mediterráneo. La cercanía con Sliema, el balneario de moda de la burguesía valletana, fue arrastrando también a San Julián hacia una vocación de veraneo y descanso frente al mar.

Como el resto de Malta, San Julián vivió el trauma de la Segunda Guerra Mundial, cuando la isla, base británica, fue uno de los lugares más bombardeados del conflicto entre 1940 y 1943. Y compartió después el camino del país hacia la independencia del Reino Unido en 1964, la república en 1974 y la salida de las tropas británicas en 1979. Pero el gran vuelco de San Julián no vendría de la política, sino del turismo.

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El nacimiento de Paceville y la capital de la noche

La transformación de San Julián de pueblo pesquero a capital del ocio de Malta ocurrió en la segunda mitad del siglo XX, de la mano del turismo internacional. A medida que Malta se abría al turismo de masas desde los años sesenta, la costa entre Sliema y San Julián se fue llenando de hoteles, y la zona alta de la ciudad, un promontorio llamado Paceville, empezó a concentrar la oferta de ocio nocturno: primero bares y salas de baile, luego discotecas, casinos, cines y complejos de entretenimiento.

Con el tiempo, Paceville se consolidó como el epicentro indiscutido de la vida nocturna del país: unas pocas calles apretadas donde se apiñan alrededor de cuarenta bares, pubs y discotecas, además de casinos, una gran sala de cine, bolera, locales de comida rápida y una playa artificial en St George's Bay. El público, mayoritariamente joven y muy internacional —potenciado por las numerosas escuelas de inglés que atraen estudiantes de toda Europa—, convirtió a Paceville en sinónimo de fiesta en el Mediterráneo, con superclubes, rooftops y pool parties.

Ese crecimiento tuvo también su cara conflictiva. La presión inmobiliaria transformó radicalmente San Julián: se levantaron torres de hoteles y departamentos, y a partir de los años noventa y dos mil se construyó Portomaso, un complejo de lujo en torno a una marina artificial coronado por la Portomaso Business Tower, durante años el edificio más alto de Malta. El contraste no puede ser mayor: a pocos metros conviven el bullicio adolescente de Paceville y el lujo silencioso de los yates de Portomaso. El debate por la saturación, el ruido y la altura de las construcciones acompaña desde entonces a la ciudad.

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San Julián hoy: dos ciudades en una

La San Julián del siglo XXI es, en el fondo, dos ciudades superpuestas. Está la San Julián de postal: la bahía de Spinola con sus luzzus de colores, las terrazas de restaurantes de pescado casi sobre el agua, el monumento LOVE, la iglesia neogótica de Balluta, el Palacio Spinola y sus jardines, el atardecer dorado sobre las barcas. Es la cara romántica y mediterránea, la que recuerda al viejo pueblo de pescadores y caza.

Y está la San Julián de la noche: Paceville latiendo hasta el amanecer, los casinos de Portomaso y Dragonara, la playa urbana de St George's, las torres de lujo y la marina de yates. Es la cara moderna, cosmopolita y ruidosa, el gran motor turístico y de ocio del país, junto con la vecina Sliema, con la que forma una conurbación continua unida por el paseo costero.

De coto de caza de los caballeros a capital de la fiesta de Malta: pocos lugares han cambiado tanto y tan rápido. San Julián perdió gran parte de su calma y de su patrimonio bajo el empuje del turismo y el cemento, pero conserva, en Spinola y en el Palacio de los Spinola, la memoria de lo que fue. Hoy es una base cómoda y vibrante para descubrir Malta: comida frente al mar de día, música toda la noche, y a un paseo, el ferry a La Valeta y los cruceros a las aguas turquesas de Comino y Gozo.

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📚 Bibliografía

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