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Historia de Yogyakarta

El corazón de los reinos hindú-budistas de Java (siglos VIII-X)

La región de Yogyakarta guarda algunas de las raíces más profundas de la civilización javanesa. En la fértil llanura de Kedu, entre los volcanes Merapi y Merbabu, floreció entre los siglos VIII y X una de las culturas más brillantes del sudeste asiático: el reino de Mataram Antiguo (Mataram Kuno), gobernado por dinastías como los Sailendra, de fe budista, y los Sanjaya, de fe hindú. Fue esta civilización, riquísima gracias al arroz y al comercio, la que levantó los dos monumentos que hoy hacen famosa a la zona: el gran templo budista de Borobudur y el complejo hinduista de Prambanan, ambos a menos de una hora de la actual Yogyakarta.

Aquella Java central era un mosaico de reinos donde el hinduismo y el budismo, llegados de la India, se fusionaron con las creencias locales para dar lugar a una cultura sofisticada, con una arquitectura monumental, una escritura propia y una corte refinada. Por razones que aún se debaten —quizá erupciones volcánicas, epidemias o cambios políticos—, hacia el siglo X el centro de poder se trasladó al este de Java, y la llanura de Kedu quedó durante siglos en un segundo plano, con sus grandes templos poco a poco cubiertos por la selva y la ceniza.

Esa herencia hindú-budista, sin embargo, nunca se borró del todo: quedó grabada en la piedra de los templos y en el sustrato cultural javanés, con sus epopeyas del Ramayana y el Mahabharata, que siguen vivas hoy en el teatro de sombras wayang y en la danza. Yogyakarta es, en cierto sentido, la heredera moderna de aquel esplendor antiguo.

Wikipedia (EN) — «Medang Kingdom»: https://en.wikipedia.org/Wikipedia (EN) — «Sailendra»: https://en.wikipedia.org/wiki/Wikipedia (EN) — «Yogyakarta»: https://en.wikipedia.org/wiki

Del sultanato de Mataram a la fundación de Yogyakarta (1755)

La Yogyakarta que conocemos nació de la división de un imperio. A finales del siglo XVI surgió en Java central el Sultanato de Mataram, un poderoso reino islámico que llegó a dominar buena parte de Java bajo soberanos como el sultán Agung, y cuya primera capital estuvo en Kotagede, hoy un barrio de Yogyakarta. Pero con el tiempo, las luchas internas por la sucesión y la creciente injerencia de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (VOC) fueron debilitando y fragmentando el reino.

El punto de quiebre llegó en 1755 con el Tratado de Giyanti, un acuerdo auspiciado por los holandeses que partió el viejo Mataram en dos: el Sunanato de Surakarta (Solo) y el nuevo Sultanato de Yogyakarta. Este último quedó en manos del príncipe Mangkubumi, un líder rebelde que había combatido durante años y que asumió el título de Sultán Hamengkubuwono I. Ese mismo año fundó su nueva corte y comenzó a construir el Kraton, el gran palacio que sigue siendo el corazón de la ciudad, trazado según la cosmología javanesa a lo largo de un eje sagrado que une el volcán Merapi con el mar del Sur.

Así nació Yogyakarta como capital de un sultanato, con su palacio, su castillo de agua Taman Sari, sus plazas y su vida cortesana. Desde el principio fue un centro de cultura javanesa —danza, batik, gamelán, wayang— y, al mismo tiempo, un foco de orgullo y resistencia frente al poder colonial que crecía a su alrededor.

Wikipedia (EN) — «Yogyakarta Sultanate»: https://en.wikipediWikipedia (EN) — «Treaty of Giyanti»: https://en.wikipedia.oWikipedia (EN) — «Mataram Sultanate»: https://en.wikipedia.o

La Guerra de Java y el príncipe Diponegoro (1825-1830)

El siglo XIX enfrentó a Yogyakarta con toda la fuerza del colonialismo. La creciente presión holandesa sobre las tierras, los impuestos y la vida de la corte generó un profundo malestar. El estallido llegó de la mano de un miembro de la propia casa real de Yogyakarta: el príncipe Diponegoro, hijo mayor de un sultán, hombre profundamente religioso y crítico con la decadencia de la corte y con la injerencia europea.

En 1825, Diponegoro se alzó en armas y desató la Guerra de Java (Perang Diponegoro), el conflicto más sangriento y costoso de toda la historia colonial holandesa en el archipiélago. Durante cinco años, sus seguidores libraron una guerra de guerrillas por el centro de Java, con un fuerte componente religioso y popular. La guerra terminó en 1830, cuando Diponegoro fue capturado a traición durante unas negociaciones bajo bandera de tregua y desterrado; murió años después en el exilio, en Célebes (Sulawesi). El conflicto dejó centenares de miles de muertos, sobre todo por el hambre y las enfermedades, y devastó Java central.

Diponegoro se convirtió con el tiempo en uno de los grandes héroes nacionales de Indonesia, símbolo de la resistencia contra el colonialismo. Tras la guerra, los holandeses reforzaron su control y recortaron el poder de los sultanatos, pero Yogyakarta conservó su casa real y su identidad, y siguió siendo el gran bastión de la cultura javanesa a lo largo de todo el período colonial.

Wikipedia (EN) — «Java War»: https://en.wikipedia.org/wiki/JWikipedia (EN) — «Prince Diponegoro»: https://en.wikipedia.oWikipedia (EN) — «Yogyakarta»: https://en.wikipedia.org/wiki

Capital de la revolución: Yogyakarta y la independencia (1946-1949)

El momento más glorioso de Yogyakarta llegó con el nacimiento de Indonesia. Tras la proclamación de la independencia en 1945 y el intento holandés de recuperar la colonia, la joven república se encontró en una situación desesperada: en 1946, con Yakarta cada vez más insegura y presionada, el gobierno republicano trasladó su capital a Yogyakarta. Durante casi tres años, entre 1946 y 1948, esta ciudad fue la capital de facto de Indonesia y el centro nervioso de la revolución.

El papel del sultán fue decisivo. Hamengkubuwono IX, el soberano de Yogyakarta, apoyó sin reservas la causa republicana: puso su palacio y sus recursos al servicio de la revolución, protegió a los combatientes y se negó a colaborar con los holandeses. Cuando en diciembre de 1948 las tropas holandesas ocuparon Yogyakarta y capturaron a los líderes republicanos (Sukarno y Hatta), la resistencia no cesó. En marzo de 1949, en la célebre 'Serangan Umum' (ofensiva general del 1 de marzo), las fuerzas guerrilleras indonesias —con el respaldo del sultán— tomaron por sorpresa la ciudad durante seis horas, un golpe militarmente breve pero de enorme impacto: demostró al mundo que la república seguía viva y reforzó la presión internacional que llevaría al reconocimiento de la independencia a finales de 1949.

En agradecimiento por ese papel crucial, la nueva Indonesia concedió a Yogyakarta un estatus político único: el de Región Especial, que le permite conservar su monarquía. Por eso, hasta hoy, el sultán de Yogyakarta es también, por derecho propio, el gobernador de la región, un caso sin igual en la república.

Wikipedia (EN) — «Special Region of Yogyakarta»: https://en.Wikipedia (EN) — «Hamengkubuwono IX»: https://en.wikipedia.oWikipedia (EN) — «General Offensive of 1 March 1949»: https:

La Jogja de hoy: cultura viva, volcanes y patrimonio

Yogyakarta entró en el siglo XXI fiel a su doble identidad: guardiana de la tradición javanesa y, a la vez, ciudad joven y dinámica. Es uno de los grandes centros universitarios de Indonesia, con decenas de miles de estudiantes que le dan una energía creativa, artística y cafetera muy particular, mientras el Kraton sigue en pie, habitado por el sultán Hamengkubuwono X, y la vida cultural —el batik, la danza, el gamelán, el wayang— continúa transmitiéndose de generación en generación. En 2023, el eje cosmológico de la ciudad, que une el Merapi, el Kraton y el mar del Sur, fue reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, sumándose a Borobudur y Prambanan, ya inscritos.

Pero vivir a los pies del Merapi, el volcán más activo del país, tiene su precio. La región ha sufrido catástrofes recientes: la gran erupción del Merapi de 2010, que causó cientos de muertos y masivas evacuaciones, y el devastador terremoto de mayo de 2006, que sacudió la zona de Yogyakarta y Bantul dejando más de cinco mil muertos y decenas de miles de casas destruidas. La ciudad, acostumbrada a convivir con la fuerza de la tierra, se reconstruyó con notable resiliencia, y hoy el propio volcán es un atractivo turístico, con sus tours en jeep por las laderas afectadas.

Hoy Yogyakarta es uno de los destinos más queridos de Indonesia: base para los grandes templos, capital de la cultura javanesa, ciudad de estudiantes, artesanos y buena comida, y último reino vivo de la república. Jogja combina, como pocos lugares, la profundidad de más de mil años de historia con el pulso de una ciudad que mira hacia adelante.

Wikipedia (EN) — «Yogyakarta»: https://en.wikipedia.org/wikiWikipedia (EN) — «2006 Yogyakarta earthquake»: https://en.wiWikipedia (EN) — «Mount Merapi»: https://en.wikipedia.org/wi

📚 Bibliografía

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