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Historia de Hampi

Kishkindha: el reino de los monos y las rocas sagradas

Antes de ser la capital de un imperio, antes incluso de la historia, Hampi ya era un lugar sagrado y legendario. El paisaje surrealista que rodea el sitio —ese caos magnífico de colinas de rocas de granito gigantescas, redondeadas y apiladas en equilibrios imposibles— no es solo un capricho geológico de miles de millones de años: para la tradición hindú, es un escenario mítico. Esta región, a orillas del río Tungabhadra, se identifica con Kishkindha, el reino de los monos de la gran epopeya del Ramayana.

Según el Ramayana, fue aquí donde el dios Rama, en busca de su esposa Sita, raptada por el demonio Ravana, se alió con el rey mono Sugriva y con el poderoso Hanuman, el dios mono, que se convertiría en su más fiel devoto. La colina de Anjanadri, al otro lado del río, es venerada como el lugar de nacimiento de Hanuman. Todo el entorno de Hampi está lleno de lugares asociados a esta historia, lo que le da un aura sagrada muy anterior a cualquier imperio.

Más allá del mito, la zona tiene un culto antiquísimo. El templo de Virupaksha, dedicado a Shivá, tiene raíces que se remontan más de mil años, y hay indicios de asentamientos y santuarios desde tiempos muy remotos. Hampi (cuyo nombre deriva de Pampa, un antiguo nombre del río Tungabhadra y de una diosa local asociada a Shivá) era ya un centro de peregrinación cuando, en el siglo XIV, la historia le tenía reservado un destino extraordinario: convertirse en la capital de uno de los mayores imperios que ha conocido India.

Wikipedia (EN) — «Hampi»: https://en.wikipedia.org/wiki/HampWikipedia (ES) — «Hampi»: https://es.wikipedia.org/wiki/HampWikipedia (EN) — «Kishkindha»: https://en.wikipedia.org/wiki

1336: nace Vijayanagara, la 'ciudad de la victoria'

En la primera mitad del siglo XIV, el sur de India vivía tiempos convulsos. Los ejércitos de los sultanatos musulmanes del norte, y en particular del sultanato de Delhi, habían irrumpido en el Decán y en el sur, saqueando reinos hindúes y templos y sembrando el caos. En medio de esa amenaza, hacia 1336, dos hermanos, Harihara y Bukka Raya, fundaron a orillas del Tungabhadra una nueva ciudad y un nuevo reino destinados a frenar ese avance y a defender el orden hindú del sur: la ciudad de Vijayanagara, la 'ciudad de la victoria', que dio nombre al imperio.

La leyenda y la historia se mezclan en su fundación, a menudo asociada a la figura de un sabio llamado Vidyaranya, que habría inspirado y bendecido a los hermanos fundadores. Lo cierto es que Vijayanagara creció con una rapidez asombrosa. En poco más de un siglo, se convirtió en el centro de un imperio que llegó a dominar casi toda la India peninsular al sur del Decán, con distintas dinastías (Sangama, Saluva, Tuluva) que se sucedieron en el trono.

La elección del lugar no fue casual: el terreno era una fortaleza natural. Las colinas de rocas gigantescas, el río Tungabhadra y una serie de murallas y fortificaciones hacían de la capital una plaza casi inexpugnable, protegida por anillos de defensas. Dentro de ese recinto se levantó una ciudad enorme, con palacios, templos, mercados, sistemas de agua y barrios para una población que, en su apogeo, se contaba por cientos de miles de personas. Vijayanagara estaba destinada a deslumbrar al mundo.

Wikipedia (EN) — «Vijayanagara Empire»: https://en.wikipediaWikipedia (ES) — «Imperio Vijayanagara»: https://es.wikipediWikipedia (EN) — «Vijayanagara»: https://en.wikipedia.org/wi

El apogeo: Krishnadevaraya y una de las ciudades más ricas del mundo

El imperio de Vijayanagara alcanzó su máximo esplendor a comienzos del siglo XVI, sobre todo bajo el reinado de Krishnadevaraya (1509-1529), considerado uno de los más grandes gobernantes de la historia de India. Bajo su mando, el imperio se expandió, derrotó a sus rivales, alcanzó una enorme prosperidad y vivió una edad de oro del arte, la arquitectura y la literatura. Fue en esta época cuando se construyeron los monumentos más exquisitos de Hampi, como el deslumbrante templo de Vittala, con su carro de piedra y sus pilares musicales.

La riqueza de la ciudad era legendaria y quedó registrada por los viajeros extranjeros que la visitaron y no daban crédito a lo que veían. Cronistas portugueses como Domingo Paes y Fernão Nunes, y el persa Abdur Razzaq, describieron una metrópolis inmensa, quizás una de las ciudades más grandes y pobladas del mundo en su tiempo, comparable o superior a las grandes capitales europeas. Hablaban de mercados donde se vendían diamantes, rubíes, perlas y oro a montones, de calles llenas de comercios, de palacios fastuosos, de elefantes ceremoniales, de festivales espectaculares y de una corte de un lujo asombroso.

Los grandes bazares de Hampi —esas largas avenidas de piedra que todavía se ven frente a los templos de Virupaksha y Vittala— eran centros de un comercio internacional que movía algodón, especias, caballos importados de Arabia y piedras preciosas. El imperio era también un bastión de la cultura hindú, con un enorme mecenazgo de templos, poetas y sabios en varias lenguas. Vijayanagara parecía, a comienzos del siglo XVI, invencible y eterna. Pero su caída estaba a solo unas décadas de distancia, y sería tan brutal como había sido su gloria.

Wikipedia (EN) — «Krishnadevaraya»: https://en.wikipedia.orgWikipedia (EN) — «Vijayanagara Empire»: https://en.wikipediaWikipedia (EN) — «Hampi»: https://en.wikipedia.org/wiki/Hamp

1565: la batalla de Talikota y el fin de un imperio

La caída de Vijayanagara fue tan repentina como devastadora. Al norte de sus fronteras se extendían los sultanatos musulmanes del Decán (Bijapur, Ahmednagar, Golconda, Bidar y Berar), que durante décadas habían rivalizado entre sí y con el imperio. En 1565, esos sultanatos, tradicionalmente enfrentados, se unieron en una alianza para acabar de una vez con el poderoso vecino hindú. Los dos ejércitos se enfrentaron en la batalla de Talikota (también llamada de Rakkasa-Tangadi), a cierta distancia de la capital.

La batalla fue un desastre para Vijayanagara. Pese a su enorme ejército, el imperio fue derrotado; su anciano regente, Rama Raya, fue capturado y ejecutado en el campo de batalla, lo que sembró el pánico y desató la desbandada de las tropas. La derrota dejó a la fabulosa capital indefensa. Y entonces llegó lo peor: los ejércitos vencedores marcharon sobre la ciudad y la sometieron a un saqueo sistemático y a una destrucción metódica que se prolongó durante meses.

Vijayanagara, una de las ciudades más ricas y hermosas del mundo, fue incendiada, arrasada y despojada de sus tesoros. Se destrozaron templos y palacios, se derribaron estatuas (muchas de las mutilaciones que hoy se ven en las esculturas de Hampi, como la del gran Narasimha, datan de entonces), y la población huyó o fue masacrada. La ciudad quedó reducida a ruinas y prácticamente abandonada para siempre; nunca se reconstruyó. En apenas unos meses, uno de los grandes imperios de la historia de India se derrumbó, y su capital gloriosa se convirtió en el campo de ruinas magníficas que hoy conocemos como Hampi.

Wikipedia (EN) — «Battle of Talikota»: https://en.wikipedia.Wikipedia (ES) — «Batalla de Talikota»: https://es.wikipediaWikipedia (EN) — «Vijayanagara Empire»: https://en.wikipedia

Hampi hoy: ruinas, peregrinos y viajeros del mundo

Durante siglos, las ruinas de Vijayanagara quedaron olvidadas, habitadas solo por algunas aldeas y por los peregrinos que seguían acudiendo al templo de Virupaksha, que nunca dejó de funcionar. La grandeza de la ciudad quedó reducida a un vasto campo de templos, palacios y monumentos derruidos, dispersos entre las rocas y los arrozales, testigos silenciosos de un esplendor perdido. Con el tiempo, arqueólogos y viajeros redescubrieron la magnitud de lo que había allí, y en 1986 la Unesco declaró el conjunto de monumentos de Hampi Patrimonio de la Humanidad.

Hoy Hampi es uno de los sitios arqueológicos más importantes y espectaculares de India, y un imán para viajeros de todo el mundo. Su combinación única —cientos de monumentos de un imperio legendario esparcidos por un paisaje surrealista de rocas gigantescas, con el río, los templos y los atardeceres dorados— lo convierte en un lugar mágico que va mucho más allá de una simple visita histórica. Además de los turistas culturales, atrae a mochileros, a amantes de la naturaleza, a escaladores (Hampi es famosa mundialmente por el bouldering entre sus rocas) y a buscadores de un ambiente relajado y espiritual.

El sitio afronta también sus desafíos: la conservación de un patrimonio tan extenso y frágil, la presión del turismo, y las tensiones entre el desarrollo y la protección (hace años, por ejemplo, se demolieron construcciones que habían crecido de forma irregular en la zona protegida del bazar). Pero Hampi sigue siendo, ante todo, un lugar donde la historia y la leyenda se respiran en el aire: donde uno puede sentarse en lo alto de una colina de rocas al atardecer, ver el sol ponerse sobre las ruinas de un imperio que deslumbró al mundo, y entender por qué este rincón de Karnataka es, para muchos viajeros, uno de los lugares más inolvidables de toda India.

Wikipedia (EN) — «Hampi»: https://en.wikipedia.org/wiki/HampUNESCO — Group of Monuments at Hampi: https://whc.unesco.orgKarnataka Tourism — Hampi: https://www.karnatakatourism.org/

📚 Bibliografía

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