Pocas ciudades del mundo pueden decir que deben su nombre, su trazado y hasta su razón de ser a una guerra. Tongyeong es una de ellas. A diferencia de otras ciudades coreanas, que crecieron a partir de un cruce de caminos, un mercado o un palacio, Tongyeong nació como base militar: fue, durante más de dos siglos, el cuartel general de la armada de la dinastía Joseon en el mar del Sur.
Para entender por qué, hay que remontarse al final del siglo XVI, cuando Corea vivió una de las guerras más terribles de su historia. En 1592, el señor de la guerra japonés Toyotomi Hideyoshi lanzó una invasión masiva sobre la península coreana con el objetivo de conquistarla y usarla como trampolín hacia China. Es la guerra que en Corea se conoce como Imjin (por el año en el calendario coreano) y que se extendió, con una tregua de por medio, hasta 1598.
Mientras los ejércitos japoneses avanzaban por tierra con una rapidez arrolladora, en el mar la historia fue muy distinta. Y ahí entra en escena el hombre que lo cambió todo, y sin el cual Tongyeong no existiría: el almirante Yi Sun-sin.
Yi Sun-sin (1545-1598) es, probablemente, el héroe más venerado de la historia de Corea: su estatua preside una de las plazas centrales de Seúl y su rostro estuvo en los billetes. Militar meticuloso y estratega brillante, al estallar la guerra comandaba la flota de la provincia de Jeolla, en el suroeste. Frente a una armada japonesa numéricamente superior, Yi consiguió una serie de victorias tan aplastantes que privaron a Japón del dominio del mar y cortaron sus líneas de abastecimiento, lo que resultó decisivo para el rumbo de la guerra.
Su arma más célebre fue el geobukseon, el 'barco tortuga': un buque de guerra acorazado, cubierto por una techumbre erizada de púas para impedir el abordaje, con cabeza de dragón en la proa y cañones a los costados. Aunque no fue el único factor de sus victorias —el grueso de su flota eran los robustos panokseon, barcos de tablazón—, el barco tortuga se convirtió en el símbolo de su genio naval y hoy es un ícono nacional coreano.
La batalla que ató para siempre a este héroe con Tongyeong fue la de la isla de Hansan, en agosto de 1592, librada en las aguas frente a la ciudad. Allí Yi Sun-sin atrajo a la flota japonesa a mar abierto y la envolvió con una maniobra en forma de 'ala de grulla' (hagikjin), hundiendo decenas de barcos enemigos. La victoria de Hansan es recordada como una de las grandes batallas navales de la historia de Asia y como el momento en que se frenó el avance japonés por mar.
Durante la guerra, para coordinar mejor la defensa naval, la corte de Joseon creó un mando unificado sobre las armadas de las tres provincias del sur (Gyeongsang, Jeolla y Chungcheong). Ese cuartel general se llamó Samdo Sugun Tongjeyeong, que literalmente significa 'el cuartel que controla las fuerzas navales de las tres provincias'. El primer comandante en jefe de ese mando (el 'Tongjesa') fue, como no podía ser de otro modo, el propio Yi Sun-sin.
En 1604, ya terminada la guerra, el tercer comandante en jefe trasladó definitivamente el cuartel a su emplazamiento actual, en la península donde hoy se levanta la ciudad. Alrededor de esa base militar creció un asentamiento de soldados, funcionarios, comerciantes y artesanos. Y de la palabra 'Tongjeyeong' se acabó abreviando el nombre del lugar: Tongyeong. Es decir, la ciudad se llama, literalmente, 'el cuartel'.
De aquellos años se conservan edificios notables. El más impresionante es el Sebyeonggwan, un gigantesco pabellón de madera de una sola planta construido en 1605 que fue la sala principal del cuartel: con sus 50 columnas es uno de los edificios de madera antiguos más grandes que quedan en Corea y hoy es Tesoro Nacional. También sobreviven puertas, murallas y el santuario Chungnyeolsa, levantado en 1606 para honrar la memoria del almirante, donde cada año se le rinden ofrendas.
El largo período como sede naval no solo dejó cuarteles y murallas: convirtió a Tongyeong en un insólito polo de artesanía y de arte. Para abastecer y decorar el cuartel y a sus oficiales, la corte instaló en la ciudad talleres especializados (los '12 gongbang' o talleres artesanales). En ellos se perfeccionaron oficios que hicieron célebre a Tongyeong: la laca incrustada de nácar (najeon chilgi), los abanicos plegables, los sombreros de crin, la ebanistería fina. Muchas de esas artesanías se consideran hoy patrimonio cultural de Corea, y todavía hay talleres y un museo que las mantienen vivas.
Esa sensibilidad artística se prolongó en el siglo XX en una generación asombrosa de creadores nacidos o formados en la ciudad. El más internacional es el compositor Yun Isang (1917-1995), una de las grandes figuras de la música contemporánea del siglo XX, cuya vida estuvo marcada por el exilio y la política de la Guerra Fría; Tongyeong lo homenajea con un centro de conciertos y un festival de música internacional que lleva su nombre. De aquí salieron también el poeta Yu Chi-hwan y el novelista Park Kyong-ni, autora de la monumental saga 'Tierra' (Toji).
Así, la 'ciudad-cuartel' se transformó, con los siglos, en una ciudad de doble alma: militar y artística, marinera y refinada. Esa combinación es la que hoy respira el visitante entre los muros del viejo cuartel, los murales de Dongpirang y las salas de concierto.
Con la abolición del sistema militar de Joseon a fines del siglo XIX, el cuartel de las tres provincias se disolvió (en 1895) y Tongyeong pasó a ser una ciudad portuaria más, dedicada a la pesca y al comercio marítimo. Durante buena parte del siglo XX, el centro urbano llevó el nombre de Chungmu, en honor al título póstumo del almirante Yi Sun-sin ('Chungmugong', el 'príncipe leal y marcial'). En 1995, en la gran reorganización administrativa de Corea, la ciudad de Chungmu y el condado rural de Tongyeong se fusionaron en la actual ciudad de Tongyeong.
La Tongyeong contemporánea vive de la pesca y la acuicultura —es uno de los grandes centros ostrícolas del país— y, cada vez más, del turismo interno. La apertura del teleférico del Hallyeo en 2008 y de atracciones como el Skyline Luge multiplicaron las visitas de coreanos, atraídos también por el marisco, las islas y el ambiente de puerto. La salvación de la aldea de Dongpirang, en 2007, cuando el arte comunitario impidió su demolición, se volvió un caso emblemático de regeneración urbana.
Hoy Tongyeong combina, en pocos kilómetros, todas sus capas: el recuerdo del héroe naval y sus barcos tortuga en el puerto; los pabellones del viejo cuartel; los talleres de laca de nácar; la música de Yun Isang; y un paisaje de islas que la corona como una de las escapadas costeras más queridas del sur de Corea. Una ciudad que nació para la guerra y terminó siendo, con el tiempo, un remanso de arte y de mar.