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Historia de Busan

Un puerto natural en el confín de la península

Busan nació de su geografía. En el extremo sureste de la península coreana, donde las montañas se hunden en el mar formando bahías resguardadas, se abre uno de los mejores puertos naturales del país, mirando hacia Japón, que está a un paso al otro lado del estrecho. Esa posición marcó su destino desde tiempos remotos: la zona estuvo habitada desde la prehistoria, como atestiguan los conchales y yacimientos hallados en sus alrededores, y formó parte de las confederaciones y reinos que se sucedieron en el sureste, en la órbita del poderoso reino de Silla.

Durante siglos, la localidad fue una plaza pesquera y militar de cierta importancia, con fortalezas que vigilaban la costa. Pero lo que la distinguió de otras ciudades coreanas fue, desde muy pronto, su papel como puerta hacia Japón. Ninguna otra parte de Corea estaba tan cerca ni tan naturalmente comunicada con el archipiélago vecino, y eso convirtió a Busan en un lugar de encuentro —y a veces de choque— entre las dos culturas.

Esa vocación de frontera marítima, de puente y a la vez de muralla frente a Japón, atraviesa toda la historia de la ciudad y explica muchos de sus episodios más importantes, desde el comercio regulado de la época Joseon hasta las guerras que asolaron la península.

Wikipedia (ES) — «Busan»: https://es.wikipedia.org/wiki/BusaWikipedia (EN) — «Busan»: https://en.wikipedia.org/wiki/BusaWikipedia (EN) — «History of Korea»: https://en.wikipedia.or

La puerta a Japón: el waegwan y las invasiones

Durante la dinastía Joseon (1392-1897), Busan fue el principal punto de contacto oficial entre Corea y Japón. Aquí funcionó el 'waegwan', un enclave comercial y diplomático japonés cuidadosamente regulado y confinado, donde los mercaderes del archipiélago podían comerciar bajo estrictas condiciones. Era una forma de mantener el intercambio con el vecino sin abrir del todo el país: una válvula controlada en la costa sureste. Por Busan entraban y salían mercancías, embajadas y, con ellas, influencias culturales.

Pero esa cercanía también hizo de Busan la primera víctima cuando las relaciones se rompían. En 1592, el señor de la guerra japonés Toyotomi Hideyoshi lanzó una gran invasión de Corea (la guerra Imjin) con el objetivo de conquistar el país y, a través de él, China. Busan fue el primer lugar en caer: sus fortalezas, como la de Dongnae, resistieron heroicamente antes de ser arrasadas, en episodios que la memoria coreana recuerda como ejemplos de sacrificio. La guerra, larga y devastadora, terminó con la retirada japonesa, en parte gracias a las victorias navales del almirante Yi Sun-sin y sus célebres 'barcos tortuga'.

Superado el conflicto, el comercio con Japón acabó por reanudarse y el waegwan volvió a funcionar. Busan siguió siendo, durante el resto de la época Joseon, la ventana coreana hacia el este, un papel que la distinguía de todas las demás ciudades del país.

Wikipedia (EN) — «Busan»: https://en.wikipedia.org/wiki/BusaWikipedia (ES) — «Guerra Imjin»: https://es.wikipedia.org/wiWikipedia (EN) — «Japanese invasions of Korea (1592–1598)»:

Puerto abierto y ciudad colonial

En el siglo XIX, la vieja función de Busan como puerta a Japón cobró un nuevo y decisivo protagonismo. En 1876, el tratado que Japón impuso a la Corea del 'reino ermitaño' obligó a abrir varios puertos al comercio exterior, y Busan fue el primero de ellos. La ciudad se transformó rápidamente: se instalaron comerciantes y colonos japoneses, se construyeron muelles modernos, bancos y edificios de nuevo cuño, y creció una población mixta en torno al puerto.

Con la anexión de Corea por Japón en 1910, Busan pasó a ser una pieza clave del sistema colonial. Convertida en el gran puerto de enlace entre la península y el archipiélago, se llenó de infraestructuras al servicio del imperio: por aquí partían hacia Japón las mercancías y los recursos coreanos, y por aquí llegaban colonos y funcionarios. La ciudad se modernizó, pero al precio de la explotación colonial y de la represión de la identidad coreana que sufrió todo el país durante los 35 años de ocupación.

Cuando llegó la liberación en 1945, con la derrota de Japón, Busan era ya una de las principales ciudades portuarias de Corea, con una fuerte impronta de esas décadas de contacto y dominación. Pero el episodio que la marcaría de forma más profunda estaba aún por llegar, y sería una tragedia que convertiría a Busan, por unos años, en la capital de todo un país.

Wikipedia (EN) — «Busan»: https://en.wikipedia.org/wiki/BusaWikipedia (EN) — «Korea under Japanese rule»: https://en.wikWikipedia (ES) — «Busan»: https://es.wikipedia.org/wiki/Busa

El último reducto: Busan, capital de la guerra

El momento más dramático de la historia moderna de Busan llegó con la guerra de Corea. Cuando Corea del Norte invadió el sur en junio de 1950, sus tropas avanzaron con tal rapidez que en pocas semanas ocuparon casi toda la península. El gobierno de Corea del Sur y las fuerzas de la ONU quedaron acorralados en un pequeño rincón del sureste: el llamado 'perímetro de Busan', una línea defensiva en torno a la ciudad que fue, literalmente, el último reducto que no cayó en manos del norte.

Busan se convirtió en la capital provisional de la República de Corea durante la mayor parte de la guerra. A la ciudad llegaron, huyendo del frente, cientos de miles, millones de refugiados de todo el país, que se hacinaron donde podían. Muchos levantaron viviendas precarias en las laderas de las montañas que rodean el puerto, dando origen a barrios enteros de casitas apiladas y callejones empinados. Uno de esos asentamientos de refugiados es el que, décadas después, se transformaría en el colorido y famoso pueblo cultural de Gamcheon.

La guerra dejó una huella imborrable en la ciudad, tanto en su tejido urbano como en su gastronomía y su carácter. Platos hoy emblemáticos de Busan, como el dwaeji gukbap (la sopa de arroz y cerdo), nacieron o se popularizaron en aquellos años de escasez, aprovechando ingredientes humildes. Busan es, en buena medida, una ciudad forjada por los refugiados y por la memoria de aquel tiempo en que fue el corazón de una nación al borde de la desaparición.

Wikipedia (EN) — «Busan»: https://en.wikipedia.org/wiki/BusaWikipedia (ES) — «Guerra de Corea»: https://es.wikipedia.orgWikipedia (EN) — «Pusan Perimeter»: https://en.wikipedia.org

El gran puerto de la Corea del milagro

Tras el armisticio de 1953, Busan protagonizó, como el resto del país, la extraordinaria recuperación conocida como el 'milagro del río Han'. Su puerto natural, uno de los mejores del país, se convirtió en la pieza clave de la Corea exportadora: por Busan salían hacia el mundo los productos de las fábricas coreanas, y la ciudad creció como gran centro industrial, logístico y pesquero. Con el tiempo, el puerto de Busan llegó a ser uno de los mayores y más activos del planeta en tráfico de contenedores, motor económico de toda la región del sureste.

La ciudad se expandió por sus valles y laderas, se llenó de fábricas, astilleros y muelles, y su población se disparó hasta convertirse en la segunda de Corea. En 1963 obtuvo el estatus de ciudad metropolitana con administración propia, y a lo largo de las décadas siguientes fue modernizando su frente marítimo, transformando viejas zonas portuarias e industriales en barrios de rascacielos, playas urbanas y paseos, como el actual Haeundae y Marine City.

Busan supo, además, proyectarse al mundo por la vía de la cultura y los grandes eventos. En 1996 nació el Festival Internacional de Cine de Busan (BIFF), que se ha convertido en el más importante de Asia y en una seña de identidad de la ciudad, cada octubre. Y en 2005, Busan acogió la cumbre del foro APEC, otra muestra de su papel en la escena internacional.

Wikipedia (EN) — «Busan»: https://en.wikipedia.org/wiki/BusaWikipedia (EN) — «Port of Busan»: https://en.wikipedia.org/wWikipedia (EN) — «Busan International Film Festival»: https:

Busan hoy: la ciudad del mar y del cine

El Busan de hoy es una moderna metrópoli costera que ha hecho de su relación con el mar y de su energía cultural sus grandes bazas. La ciudad combina, como pocas, playas urbanas repletas en verano, rascacielos de lujo frente a la arena, mercados de pescado centenarios, templos junto a los acantilados y barrios de posguerra convertidos en obras de arte. Es una Corea distinta de la de Seúl: más marinera, más relajada, con un acento propio (el dialecto de Gyeongsang, directo y expresivo) y un enorme orgullo de ciudad.

Gracias al festival de cine, a su escena gastronómica y a lugares tan fotogénicos como Gamcheon, el templo Haedong Yonggungsa o el puente iluminado de Gwangalli, Busan se ha convertido en uno de los destinos más deseados del país, tanto para turistas extranjeros como para los propios coreanos, muchos de los cuales sueñan con retirarse a vivir frente a su mar. La ciudad no deja de reinventar su frente costero, con miradores, teleféricos y paseos que aprovechan su espectacular geografía.

Recorrer Busan es asomarse a la vez a la vieja Corea que miraba a Japón, a la tragedia de la guerra y los refugiados que la moldearon, y a una de las ciudades más dinámicas y disfrutables del país. Entre el pescado del mercado de Jagalchi, las cápsulas de colores volando sobre la costa y las casitas de Gamcheon, Busan cuenta su propia historia: la de una ciudad forjada por el mar que ha sabido convertir su geografía y hasta sus cicatrices en su mayor encanto.

📚 Bibliografía

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