A diferencia de otras ciudades chipriotas, Limassol no hunde sus raíces en una gran ciudad-reino de la Antigüedad, sino que nació y creció en el espacio que quedaba entre dos de ellas: Amathus, al este, y Kourion, al oeste. Ambas figuran entre los reinos más antiguos e importantes de Chipre. Amathus, habitada desde el siglo XI a.C., fue un próspero puerto y un célebre centro de culto a Afrodita y a un dios local; sus restos se conservan hoy junto a la costa, al este del centro de Limassol. Kourion, sobre su acantilado al oeste, fue igualmente una ciudad-reino griega de gran relieve.
En medio de ambas existió, ya en época grecorromana y bizantina, un asentamiento menor conocido como Neápolis ("ciudad nueva"), germen de la futura Limassol. Durante siglos vivió a la sombra de sus poderosas vecinas. El declive de Amathus y de Kourion —afectadas por terremotos, cambios económicos y las incursiones árabes de los siglos VII y VIII— fue, paradójicamente, la oportunidad de aquel modesto núcleo intermedio.
Cuando las grandes ciudades antiguas se despoblaron, la población y la importancia se fueron desplazando hacia ese asentamiento situado en un buen punto de la costa sur, con un puerto natural. Así, sobre las ruinas de dos reinos milenarios, empezó a crecer lentamente la ciudad que hoy es la segunda de Chipre.
El episodio que puso a Limassol en el mapa de la historia europea ocurrió en 1191, durante la Tercera Cruzada. El rey Ricardo I de Inglaterra, llamado Corazón de León, navegaba hacia Tierra Santa cuando una tormenta dispersó su flota. Varios de sus barcos, entre ellos el que llevaba a su prometida, Berengaria de Navarra, y a su hermana Juana, acabaron en las costas de Chipre, cerca de Limassol.
El gobernante de la isla en ese momento era Isaac Comneno, un déspota bizantino que se había proclamado emperador de Chipre y que trató con hostilidad a los náufragos. Enfurecido, Ricardo desembarcó, derrotó a Isaac y conquistó toda la isla en pocas semanas. Según la tradición, fue en Limassol donde Ricardo se casó con Berengaria de Navarra en mayo de 1191, y donde ella fue coronada reina de Inglaterra: el único caso de una reina inglesa coronada fuera de Inglaterra.
Ricardo no quería quedarse con Chipre, sino continuar la cruzada. Vendió la isla a los Caballeros Templarios y, poco después, esta pasó a Guido de Lusignan, dando origen al Reino de Chipre de los Lusignan, que gobernaría casi tres siglos. Aquel matrimonio real y aquella conquista relámpago marcaron el comienzo del período medieval latino de Chipre, y quedaron para siempre asociados a Limassol, aunque el castillo que hoy la evoca fuera construido bastante después.
Durante la Edad Media, bajo los Lusignan, Limassol fue un puerto activo y un centro comercial, muy vinculado a las órdenes militares. Los Caballeros Templarios y, sobre todo, los Caballeros Hospitalarios de San Juan tuvieron aquí importantes posesiones. En el cercano Kolossi, los Hospitalarios establecieron su Grande Commanderie, la encomienda que administraba vastas tierras de cultivo. De ese nombre, Commanderie, deriva el del célebre vino dulce de Chipre, la Commandaria, elaborado con uvas pasificadas al sol en las laderas de Troodos y exportado por toda Europa. Se considera uno de los vinos con denominación de origen más antiguos del mundo aún en producción.
Además del vino, la región prosperó con el cultivo de la caña de azúcar, y junto al castillo de Kolossi se conservan los restos de una fábrica de azúcar medieval. Limassol era el puerto por el que salían estos productos hacia los mercados europeos, lo que le dio riqueza y relevancia.
Pero la ciudad también sufrió. A lo largo de los siglos XIV y XV padeció ataques, saqueos —entre ellos incursiones genovesas y mamelucas— y terremotos que la dañaron gravemente. En 1373-1374, durante la guerra entre Génova y los Lusignan, la zona sufrió mucho. Cuando Venecia tomó el control de Chipre en 1489, Limassol era una ciudad venida a menos, eclipsada por Famagusta y Nicosia, aunque conservaba su puerto y su papel en el comercio del vino.
Con la conquista otomana de Chipre en 1571, Limassol entró en una larga etapa de decadencia. Durante buena parte del período otomano fue poco más que un pueblo grande y empobrecido, con un puerto modesto, castigado además por terremotos y por la peste. El castillo actual data en gran parte de esta época otomana temprana, levantado sobre las fortificaciones medievales anteriores. La ciudad quedó lejos del esplendor que tuvo en la Edad Media.
El renacer llegó con el dominio británico, iniciado en 1878. Los británicos vieron el potencial del puerto de Limassol y lo desarrollaron, mejorando las instalaciones portuarias y las comunicaciones. La ciudad empezó a crecer de nuevo y a industrializarse, sobre todo en torno al vino y a otros productos agrícolas. Surgieron las primeras grandes bodegas modernas de Chipre —algunas todavía activas— y Limassol se consolidó como el centro de la industria vinícola de la isla, aprovechando la tradición milenaria de los viñedos de Troodos.
A lo largo del siglo XX, bajo administración británica y luego ya en la República independiente (1960), Limassol siguió expandiéndose como puerto comercial y como ciudad. Su comunidad era mixta, con población grecochipriota y turcochipriota conviviendo en distintos barrios, como en el resto de la isla.
El acontecimiento que transformó definitivamente a Limassol fue la crisis de 1974. Aquel año, un golpe de Estado de sectores grecochipriotas partidarios de la unión con Grecia precipitó la invasión militar turca, que ocupó el tercio norte de la isla. La guerra provocó un desplazamiento masivo de población: miles de grecochipriotas que huían del norte se instalaron en el sur, y muchos llegaron a Limassol. Al mismo tiempo, la comunidad turcochipriota de la ciudad se trasladó al norte.
La división tuvo un efecto económico decisivo. Chipre perdió el puerto de Famagusta, hasta entonces el principal de la isla, que quedó en la zona ocupada. También perdió el aeropuerto de Nicosia y buena parte de su infraestructura turística del norte (Kyrenia, Famagusta). Como consecuencia, el puerto de Limassol pasó a ser el principal de la República de Chipre, y la ciudad asumió el papel de gran centro económico, comercial y turístico del sur.
Desde entonces, Limassol ha vivido un crecimiento acelerado. Se convirtió en un importante centro de servicios financieros, navieros y empresariales, con una gran comunidad internacional —incluida una notable presencia rusa y de otros países— atraída por su economía abierta. La ciudad se llenó de nuevos barrios, hoteles, marinas y, en las últimas décadas, rascacielos frente al mar. Hoy es la segunda ciudad de Chipre y su motor económico.
La Limassol actual es la ciudad más dinámica y cosmopolita de Chipre. Su frente marítimo se ha transformado con la Marina de Limassol —un desarrollo de lujo con yates, restaurantes y apartamentos— y con una hilera de torres de gran altura que han cambiado su silueta. Al mismo tiempo, el casco antiguo en torno al castillo se ha revitalizado con tabernas, bares de vinos, tiendas de diseño y espacios culturales, conservando su encanto histórico.
La ciudad es un importante centro de negocios, con una economía basada en los servicios financieros, el sector naviero, el turismo y el comercio. Su población es marcadamente internacional, con comunidades de decenas de nacionalidades, lo que se refleja en su vida cotidiana, su gastronomía y su ambiente. Limassol es también famosa por su vida nocturna y por celebrar uno de los carnavales más animados de la isla, además de un festival del vino en septiembre que hunde sus raíces en la antigua tradición vinícola de la zona.
Como base turística, Limassol es difícil de superar: a un lado tiene los yacimientos grecorromanos de Kourion y Amathus y el castillo de Kolossi; al otro, las laderas de Troodos con sus pueblos del vino y sus iglesias bizantinas; y en medio, playas, buen comer y una ciudad que no para de crecer. Es el corazón palpitante de la Chipre del sur.