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Historia · Andorra

Historia de Las parroquias y los pueblos

Ordino, los barones del hierro y la reforma

Ordino, en el norte del país, es de las parroquias que mejor conservan el aire del pueblo andorrano tradicional, con casas de piedra y pizarra en torno a la iglesia de Sant Corneli. Pero su historia guarda un capítulo de poder poco esperable en un valle tan pequeño: aquí vivió la familia Areny-Plandolit, la más rica y poderosa de la Andorra de los siglos XVIII y XIX, enriquecida con la industria del hierro.

Su residencia, la Casa d'Areny-Plandolit, construida en 1633 y ampliada con lujo a mediados del siglo XIX, es hoy una casa-museo que muestra cómo vivía la aristocracia rural andorrana: mobiliario, biblioteca, capilla y objetos que contrastan con la pobreza del resto del país. La fortuna venía de las fargues, las herrerías que transformaban el mineral de hierro de las montañas.

El miembro más célebre de la familia fue Guillem d'Areny-Plandolit, tercer barón de Senaller, que como síndico impulsó la 'Nova Reforma' de 1866, la modernización política que amplió el derecho al voto a todos los cabezas de familia y sacó al Consell del control de un puñado de casas. Que la principal reforma democrática del siglo XIX andorrano la liderara el heredero de la familia más aristocrática del país dice mucho de lo pequeño y peculiar que era ese mundo. Ordino es hoy, además, puerta del valle de Sorteny y de la reserva de la biosfera de Ordino.

https://en.wikipedia.org/wiki/Casa_d'Areny-Plandolithttps://en.wikipedia.org/wiki/Ordino

Canillo, el románico y la patrona de Andorra

Canillo es la parroquia más extensa y una de las más altas de Andorra, un territorio de montaña salpicado de pueblos y de iglesias medievales. Su joya románica es Sant Joan de Caselles, un templo de los siglos XI y XII con un esbelto campanario lombardo, considerado uno de los mejores ejemplos del románico andorrano, con restos de pintura mural y un Cristo en majestad.

Pero el lugar más importante de la parroquia, y quizás del país, es el santuario de Meritxell, dedicado a la Mare de Déu de Meritxell, patrona de Andorra. La devoción a esta virgen, cuya festividad el 8 de septiembre es la fiesta nacional andorrana, atraviesa toda la historia religiosa del país. El santuario original, con una talla románica muy venerada, ardió por completo en un incendio en 1972, y la imagen se perdió.

En lugar de reconstruirlo igual, Andorra encargó un santuario nuevo al prestigioso arquitecto catalán Ricard Bofill, inaugurado en 1976, que combina arcos y volúmenes modernos con las ruinas del viejo templo conservadas al lado. Así, Meritxell une en un mismo sitio la fe medieval y la arquitectura contemporánea, y sigue siendo el corazón espiritual de un país que hizo de su virgen de montaña un símbolo de identidad nacional. Canillo es, además, una de las puertas del dominio esquiable de Grandvalira.

https://en.wikipedia.org/wiki/Canillohttps://en.wikipedia.org/wiki/Our_Lady_of_Meritxell

La Massana, al pie del techo de Andorra

La Massana ocupa el noroeste del país y tiene un motivo de orgullo geográfico: en su territorio se alza el pico de Comapedrosa, con unos 2.942 metros, la cumbre más alta de Andorra. La montaña da nombre al Parc Natural Comunal de les Valls del Comapedrosa, un paisaje de bosques, lagos de montaña y cascadas que representa la Andorra más agreste y natural.

Como el resto de las parroquias altas, La Massana vivió durante siglos de la ganadería, la agricultura de montaña y el hierro. Conserva testimonios de ese pasado, como la iglesia románica de Sant Climent de Pal, en el pintoresco pueblo de Pal, uno de los mejor preservados del país, con sus casas de piedra que apenas cambiaron en siglos. El contraste entre esos núcleos antiguos y las modernas instalaciones de esquí resume la doble vida de la Andorra actual.

Hoy La Massana es también una base turística importante, puerta del sector Pal-Arinsal del dominio esquiable de Vallnord y punto de partida de numerosas rutas de montaña. Su combinación de patrimonio románico, pueblos de piedra y alta montaña la convierte en una de las parroquias que mejor muestran el paso de la Andorra rural a la Andorra del turismo activo, sin que una cosa haya borrado del todo a la otra.

https://en.wikipedia.org/wiki/La_Massanahttps://www.hotelbringue.com/en/what-to-do-in-andorra/cultur

Sant Julià de Lòria, el tabaco y Canòlich

Sant Julià de Lòria es la parroquia más meridional de Andorra, la primera que se encuentra quien entra desde España, junto a la frontera. Esa posición de puerta sur la ligó históricamente al comercio y, sobre todo, al tabaco. Fue el centro de la industria tabacalera andorrana, una de las más importantes del país, con plantaciones en las laderas y fábricas de elaboración.

El símbolo de ese pasado es el Museu del Tabac, instalado en la antigua fábrica Reig, que funcionó entre 1909 y 1957 y que hoy explica cómo el tabaco —cultivado, elaborado y también contrabandeado— fue durante generaciones un pilar de la economía local. Pocos productos resumen tan bien la historia andorrana: un cultivo de montaña convertido en industria y en materia prima del contrabando hacia los países vecinos.

En las alturas de la parroquia se encuentra el santuario de Canòlich, un templo de origen románico ligado a una intensa devoción popular. Cada año, el último sábado de mayo, se celebra el aplec de Canòlich, una romería que reúne a buena parte de los habitantes de Sant Julià y de todo el país en una de las tradiciones religiosas más queridas de Andorra. Sede, además, de la Universitat d'Andorra, Sant Julià combina el peso del pasado tabacalero con el de un presente más urbano y estudiantil.

https://en.wikipedia.org/wiki/Sant_Juli%C3%A0_de_L%C3%B2riahttps://www.holidaysandorra.org/tobacco-museum

El hierro, las fargues y la vida de montaña

Más allá de sus particularidades, las parroquias y los pueblos comparten un mismo trasfondo histórico: el de una economía de montaña dura, basada en el ganado, la agricultura de terrazas y, sobre todo, el hierro. Entre los siglos XVII y XIX, las fargues —herrerías que fundían y forjaban el mineral aprovechando la fuerza del agua de los ríos— fueron uno de los principales recursos del país y la fuente de las grandes fortunas locales, como la de los Areny-Plandolit de Ordino.

Ese hierro andorrano se trabajaba también con maestría artesanal, visible todavía en las rejas, cruces y herrajes de iglesias y casas señoriales, desde la Casa d'Areny-Plandolit hasta la iglesia de Sant Martí de la Cortinada. La huella del románico —templos de piedra de los siglos XI y XII con campanarios lombardos, esparcidos por todas las parroquias— habla de una comunidad cristiana antigua y de una arquitectura popular de enorme coherencia, adaptada a la montaña y a los materiales de cada valle.

La vida cotidiana giraba en torno a la 'casa', la unidad familiar y patrimonial que era, a la vez, hogar, explotación agraria y sujeto político: solo los cabezas de casa tenían voz en los consejos. La trashumancia llevaba los rebaños a los pastos de altura en verano y los bajaba en invierno, y muchas familias completaban el sustento con la emigración temporal o el contrabando. Esa Andorra profunda, la de las parroquias y los pueblos, es la que sobrevive bajo la fachada comercial del país y la que le da su identidad más honda.

https://www.hotelbringue.com/en/what-to-do-in-andorra/culturhttps://en.wikipedia.org/wiki/Casa_d'Areny-Plandolit

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📚 Bibliografía

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