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Historia de Portugal

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Los lusitanos, Viriato y la Roma de Lusitania

Mucho antes de que existiera Portugal, el occidente de la península ibérica estaba habitado por pueblos que los romanos llamaron genéricamente lusitanos, además de galaicos en el extremo norte y otras tribus celtas e íberas. Vivían en poblados fortificados de piedra en lo alto de los cerros, los castros, dedicados al pastoreo, la agricultura y la guerra. En las costas habían dejado huella también los navegantes fenicios y griegos, que comerciaban con los metales del interior, y más tarde los cartagineses.

La expansión de Roma por Hispania, a partir del siglo III a.C., encontró en los lusitanos a uno de sus adversarios más tenaces. Su resistencia tuvo un nombre propio: Viriato, un pastor y caudillo que entre los años 147 y 139 a.C. mantuvo en jaque a las legiones romanas mediante una brillante guerra de guerrillas, infligiéndoles varias derrotas humillantes. Roma no pudo vencerlo en el campo de batalla: recurrió al soborno de tres de sus lugartenientes, que lo asesinaron mientras dormía. La frase que la tradición atribuye a los romanos —"Roma no paga traidores"— y la figura de Viriato lo convirtieron, siglos después, en un símbolo de la identidad tanto portuguesa como española.

Sofocada la resistencia, Roma organizó el territorio. Bajo Augusto se creó la provincia de Lusitania, con capital en Emerita Augusta (la actual Mérida, ya en España), que abarcaba buena parte del actual Portugal al sur del Duero. Se fundaron ciudades como Olisipo (Lisboa), Bracara Augusta (Braga), Conimbriga (junto a Coímbra) o Ebora (Évora), se trazaron calzadas, puentes, acueductos y templos —como el que todavía se alza en Évora—, y se latinizó profundamente la tierra: del latín vulgar hablado en estas provincias nacería, con los siglos, la lengua portuguesa. La romanización dejó, además, la vid, el olivo y una organización del paisaje que perdura.

es.wikipedia.org · Viriatoes.wikipedia.org · Lusitania

Suevos y visigodos: el ocaso romano

La crisis del Imperio romano de Occidente arrastró también al extremo atlántico de Hispania. A comienzos del siglo V, en el año 409, pueblos germánicos cruzaron los Pirineos y se repartieron la península. En el noroeste —la antigua Gallaecia, que incluía el norte del actual Portugal— se instalaron los suevos, que hacia el 411 fundaron uno de los primeros reinos germánicos de Europa occidental, con capital en Bracara Augusta (Braga). El Reino Suevo duró más de siglo y medio y llegó a convertirse al catolicismo, dejando una impronta duradera en el norte portugués.

Mientras tanto, en el resto de Hispania se imponía el pueblo más poderoso: los visigodos, que desde su reino con capital en Toledo fueron sometiendo a los demás. Hacia el año 585, el rey visigodo Leovigildo conquistó y anexó el Reino Suevo, unificando bajo la corona visigoda casi toda la península. Portugal, como territorio diferenciado, todavía no existía: la tierra que hoy ocupa era simplemente la parte occidental del reino hispanogodo.

La época visigoda fue de continuidad más que de ruptura: se mantuvo el latín, la organización eclesiástica y buena parte de las estructuras romanas, cristianizadas. Pero fue también un período de inestabilidad, con una monarquía electiva sacudida por conspiraciones y guerras civiles entre facciones nobiliarias. Esa debilidad interna resultaría fatal: en el año 711, una de las facciones enfrentadas llamó en su auxilio a las tropas musulmanas del norte de África, y aquella intervención se transformó en una conquista que barrería al reino visigodo en apenas unos años y cambiaría por completo la historia de la península.

es.wikipedia.org · Reino suevoes.wikipedia.org · Reino visigodo

El Gharb al-Ándalus: casi cinco siglos de islam

A partir del año 711, los ejércitos musulmanes —árabes y sobre todo bereberes del norte de África— conquistaron con extraordinaria rapidez casi toda la península ibérica, que pasó a llamarse al-Ándalus. El territorio del actual Portugal, en el extremo occidental, recibió el nombre de Gharb al-Ándalus, es decir "el occidente de al-Ándalus". Durante los siglos siguientes, mientras el norte montañoso quedaba en manos de núcleos cristianos, el centro y el sur vivieron plenamente integrados en la civilización andalusí.

El dominio musulmán en el sur portugués fue largo y hondo, especialmente en el Algarve y el Alentejo, donde se prolongó más de cinco siglos, hasta mediados del siglo XIII. Ciudades como Xelb (Silves) —capital de una taifa y célebre por sus poetas—, Yābura (Évora), Shantarīn (Santarém), Qulumriyya (Coímbra) o al-Ushbūna (Lisboa) florecieron como centros urbanos con mezquitas, baños, mercados y huertas. Los andalusíes introdujeron nuevos cultivos y técnicas de regadío, cítricos, el almendro, avances en agronomía, matemáticas y medicina, y dejaron una arquitectura de la que quedan castillos, cisternas y trazados urbanos.

Esa herencia sigue viva en el Portugal de hoy, sobre todo en el sur: en las casas encaladas y las chimeneas caladas del Algarve, en las azoteas y patios, en topónimos que empiezan por "Al-" (Albufeira, Alcácer, Aljezur) y en centenares de palabras portuguesas de origen árabe (alface, azeite, almofada, oxalá). La convivencia entre musulmanes, cristianos mozárabes y comunidades judías fue compleja y no siempre pacífica, pero legó a la futura nación portuguesa un sustrato cultural mediterráneo y africano que la distingue. Sobre ese Gharb andalusí avanzaría, lenta y violentamente, la Reconquista cristiana desde el norte.

en.wikipedia.org · Gharb al Andaluses.wikipedia.org · Reino del Algarve

El condado Portucalense, Afonso Henriques y el nacimiento de Portugal

En el extremo noroeste, entre los ríos Miño y Duero, sobrevivía desde la época sueva y visigoda un poblamiento cristiano que a fines del siglo XI quedó bajo el dominio del reino de León y Castilla. Para defender y repoblar esa frontera, el rey Alfonso VI entregó hacia 1096 el condado Portucalense —cuyo nombre venía de la vieja ciudad de Portucale, el actual Oporto— a un noble cruzado borgoñón, Enrique (Henrique) de Borgoña, casado con su hija Teresa. Aquel condado, todavía dependiente de León, fue el embrión de Portugal.

A la muerte del conde Enrique, su viuda Teresa gobernó el condado, pero su acercamiento a la nobleza gallega enfrentó a los barones portucalenses y a su propio hijo. El 24 de junio de 1128, en la batalla de São Mamede, cerca de Guimarães, el joven Afonso Henriques derrotó a las tropas de su madre Teresa y de su aliado gallego, el conde Fernão Peres de Trava. Aquella victoria le dio el control del condado y marcó el comienzo del camino hacia la independencia. Afonso Henriques se fue afirmando como caudillo autónomo y guerreó contra los musulmanes al sur: en 1139, tras la victoria de Ourique, empezó a titularse rey.

El reconocimiento formal llegó en 1143 con el Tratado de Zamora, por el cual su primo Alfonso VII de León y Castilla admitió a Afonso Henriques como rey de Portugal (aunque en un juego de vasallajes propio de la época). La consagración definitiva fue eclesiástica: en 1179, el papa Alejandro III, mediante la bula Manifestis Probatum, reconoció a Afonso Henriques como rey y a Portugal como reino independiente bajo la protección de la Santa Sede. Guimarães, donde el rey había nacido y crecido, quedó en la memoria como la cuna de la nación: "Aqui nasceu Portugal".

pt.wikipedia.org · Tratado de Zamoraen.wikipedia.org · Treaty of Zamora

La Reconquista y la conquista del Algarve (1249)

Con el reino ya reconocido, los sucesores de Afonso Henriques dedicaron el siglo siguiente a empujar la frontera hacia el sur, a costa del al-Ándalus musulmán. En 1147, con ayuda de cruzados del norte de Europa que se dirigían a Tierra Santa, Afonso Henriques conquistó Lisboa tras un largo asedio, un hito decisivo que puso la desembocadura del Tajo en manos cristianas. A lo largo del siglo XII y XIII fueron cayendo, una tras otra, las ciudades del Alentejo y del sur: Évora, Beja, Santarém, Alcácer do Sal.

El tramo final fue la conquista del Algarve, la región más meridional y la que había estado más profundamente islamizada. Entre 1238 y 1249, las órdenes militares —sobre todo la Orden de Santiago, con su maestre Paio Peres Correia— y las tropas reales fueron tomando plaza por plaza: Silves, la antigua capital de la taifa, Loulé, Aljezur, Albufeira. La campaña culminó en 1249, cuando el rey Afonso III conquistó Faro, el último bastión musulmán importante. Con ello quedó completada, en lo esencial, la Reconquista portuguesa, más de dos siglos antes de que Castilla tomara Granada.

La conquista del Algarve consolidó las fronteras de Portugal, que desde entonces apenas cambiarían, convirtiéndolo en uno de los estados más antiguos de Europa con límites estables. Los reyes portugueses empezaron a titularse "reyes de Portugal y del Algarve", subrayando que se trataba casi de dos reinos unidos. Bajo el rey Dinis (1279-1325), "el labrador", el joven reino se afianzó: se fomentó la agricultura y la repoblación, se plantó el gran pinar de Leiría, se fundó la universidad (que acabaría en Coímbra) y el portugués sustituyó al latín como lengua oficial, dotando a la nación de una identidad cultural propia.

en.wikipedia.org · Portuguese conquest of the Algarveen.wikipedia.org · Kingdom of the Algarve

La crisis de 1383-1385 y Aljubarrota: la independencia salvada

A fines del siglo XIV, la independencia portuguesa estuvo a punto de perderse. En 1383 murió el rey Fernando I sin dejar heredero varón. Su única hija, Beatriz, estaba casada con el rey Juan I de Castilla, de modo que la corona amenazaba con caer en manos castellanas y Portugal con ser absorbido por su poderoso vecino. Se abrió así un período de guerra civil y contra Castilla conocido como la crisis de 1383-1385.

Una parte de la nobleza y buena parte del pueblo de Lisboa, los comerciantes y las clases urbanas se opusieron a la solución castellana y se agruparon en torno a João, Maestre de Avis, hijo ilegítimo del rey Pedro I. En diciembre de 1383, João mató al conde Andeiro, favorito de la reina viuda Leonor Teles, y fue proclamado "regidor y defensor del reino". Juan I de Castilla invadió Portugal y en 1384 puso sitio a Lisboa, que resistió heroicamente pese al hambre y la peste. Las Cortes de Coímbra proclamaron rey a João de Avis en 1385.

El desenlace llegó el 14 de agosto de 1385 en la batalla de Aljubarrota. Un ejército portugués muy inferior en número, mandado por el rey João I y su genial condestable Nuno Álvares Pereira, y reforzado por arqueros ingleses, aplastó al numeroso ejército castellano empleando tácticas defensivas aprendidas en la Guerra de los Cien Años. La derrota castellana fue tan rotunda que aseguró definitivamente la independencia de Portugal y entronizó a la dinastía de Avis. De esa alianza militar nació también la Alianza anglo-portuguesa, sellada en el Tratado de Windsor de 1386 y considerada la alianza diplomática más antigua del mundo aún vigente. Portugal, salvado e independiente, quedaba listo para lanzarse al océano.

pt.wikipedia.org · Batalha de Aljubarrotapt.wikipedia.org · Crise dinástica de 1383 1385

La era de los descubrimientos y la otra cara: la trata de esclavos

Con la dinastía de Avis, Portugal inauguró la era de los descubrimientos, la epopeya que lo convertiría en la primera potencia marítima global. El punto de partida simbólico fue la conquista de Ceuta, en el norte de África, en 1415. A partir de ahí, bajo el impulso del infante Enrique el Navegante (Henrique o Navegador), hijo del rey João I, Portugal organizó desde el Algarve —en torno a Sagres y Lagos— expediciones metódicas que fueron bajando por la costa de África occidental. Se poblaron Madeira y las Azores, se dobló el temido cabo Bojador (1434) y se perfeccionaron la carabela y las técnicas de navegación oceánica.

La aceleración fue vertiginosa. En 1488, Bartolomeu Dias dobló el extremo sur de África, el cabo que el rey João II rebautizó "de Buena Esperanza". En 1498, Vasco da Gama llegó por mar hasta Calicut, en la India, abriendo la ruta de las especias que enriquecería a Portugal. En 1500, la flota de Pedro Álvares Cabral tocó las costas de Brasil el 22 de abril antes de seguir hacia Oriente. En pocas décadas, los portugueses tejieron una red de puertos y fortalezas que iba de Brasil a Goa, Malaca, Ormuz, Macao y las Molucas: un imperio comercial sin precedentes.

Pero aquella gesta tuvo desde el comienzo una cara atroz. Ya en 1444, seis carabelas al mando de Lançarote de Freitas descargaron en Lagos a 235 africanos capturados en la costa de Mauritania, que fueron repartidos y vendidos en presencia del infante Enrique: fue el primer gran mercado de esclavos africanos de la Europa moderna, escena descrita con crudeza por el cronista Gomes Eanes de Zurara. A partir de ahí, Portugal inauguró y organizó la trata atlántica de esclavos, que se prolongaría durante más de cuatro siglos —fue la más larga de todas las potencias europeas— y que llevaría por la fuerza a millones de africanos a Brasil y a las colonias. Los descubrimientos y la esclavitud nacieron, así, de la misma empresa: la grandeza imperial portuguesa se construyó, en buena parte, sobre el sufrimiento de los pueblos esclavizados.

en.wikipedia.org · Portuguese explorationen.wikipedia.org · Mercado de Escravos

El imperio, la Unión Ibérica (1580-1640) y la Restauración

El siglo XVI fue el siglo de oro de Portugal. Lisboa se convirtió en el gran emporio de las especias, el marfil, el oro y los esclavos, y en una de las ciudades más ricas y cosmopolitas de Europa. El imperio se extendía por cuatro continentes: Brasil, factorías y fortalezas a lo largo de las costas de África, Goa y otras plazas en la India, Malaca, las Molucas, Timor y, desde 1557, Macao, en China, la puerta del comercio con Oriente. La lengua portuguesa se volvió lengua franca de los mares de Asia y África. Fue también la época del poeta Luís de Camões, que en Os Lusíadas (1572) cantó la epopeya marítima nacional.

Esa cima ocultaba una fragilidad demográfica y financiera. El desastre llegó en 1578, cuando el joven rey Sebastião I murió con la flor de la nobleza en la batalla de Alcazarquivir (Ksar el-Kebir), en Marruecos, sin dejar heredero. Su muerte abrió una crisis sucesoria que aprovechó el rey Felipe II de España, sobrino del difunto monarca portugués, para hacer valer sus derechos. En 1580, tras una breve campaña, Felipe fue reconocido rey de Portugal: nacía la Unión Ibérica, sesenta años en que Portugal y su imperio compartieron monarca con España, conservando sus leyes e instituciones propias.

La unión, al principio ventajosa, terminó por resultar onerosa: Portugal se vio arrastrado a las guerras de España y perdió plazas del imperio a manos de holandeses e ingleses, enemigos de la corona española. El descontento estalló el 1 de diciembre de 1640, cuando un grupo de nobles depuso a los gobernadores españoles en Lisboa y proclamó rey al duque de Braganza como João IV. Comenzaba la Restauración: una larga guerra con España que se prolongó hasta 1668, año en que Madrid reconoció por fin la independencia portuguesa. La dinastía de Braganza reinaría hasta el fin de la monarquía, en 1910.

es.wikipedia.org · Unión ibéricaes.wikipedia.org · Guerra de Restauración portuguesa

El oro de Brasil, el terremoto de 1755 y Pombal

El siglo XVIII portugués estuvo marcado por dos hechos opuestos: la riqueza del oro brasileño y la catástrofe del terremoto de Lisboa. A partir de fines del siglo XVII se descubrieron enormes yacimientos de oro y luego diamantes en el interior de Brasil, sobre todo en Minas Gerais. Aquel torrente de metales precioso —extraído en gran medida con trabajo esclavo— financió el reinado suntuoso de João V, que levantó obras faraónicas como el monasterio-palacio de Mafra, pero que se dilapidó sin modernizar la economía del reino.

El 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos, un terremoto de magnitud estimada entre 8,5 y 9 sacudió Lisboa con epicentro en el Atlántico. A la sacudida siguieron un tsunami que arrasó la zona ribereña del Tajo y una serie de incendios que ardieron durante días. La ciudad, una de las más ricas de Europa, quedó devastada; las estimaciones de muertos oscilan mucho, entre unos 12.000 y hasta 50.000 o más, sobre una población de en torno a 200.000 habitantes. El desastre conmocionó a toda Europa e influyó en el pensamiento ilustrado: Voltaire lo evocó en su Cándido como argumento contra el optimismo de que "todo está bien en el mejor de los mundos posibles".

La reconstrucción quedó en manos de Sebastião José de Carvalho e Melo, futuro marqués de Pombal, ministro todopoderoso del rey José I. Con energía implacable —"enterrar a los muertos y cuidar de los vivos"—, Pombal reconstruyó el centro de Lisboa (la Baixa Pombalina) con un trazado racional en cuadrícula, calles anchas y edificios dotados de una estructura antisísmica de madera, la gaiola pombalina, pionera en el mundo. Encarnación del despotismo ilustrado, Pombal modernizó el estado, reformó la enseñanza, impulsó la economía, expulsó a los jesuitas (1759) y abolió la esclavitud en la Portugal continental (1761, aunque no en las colonias). Autoritario y temido, dejó una Lisboa nueva y un país reformado, pero también la memoria de una represión feroz contra sus adversarios.

es.wikipedia.org · Terremoto de Lisboa de 1755es.wikipedia.org · Sebastião José de Carvalho e Melo

Napoleón, la corte en Río, la independencia de Brasil y la República

El siglo XIX comenzó con una humillación y una fuga extraordinaria. En 1807, Napoleón, decidido a cerrar Europa al comercio británico, exigió a Portugal —viejo aliado de Inglaterra— que se sumara al bloqueo. Ante la negativa, envió a sus tropas, que invadieron el país. En noviembre de 1807, con los franceses a las puertas de Lisboa, toda la corte portuguesa, con el príncipe regente Juan (futuro João VI) a la cabeza, se embarcó rumbo a Brasil escoltada por la flota británica. Fue la única vez en la historia en que una monarquía europea trasladó su capital a una colonia: Río de Janeiro se convirtió, de hecho, en el centro del imperio portugués.

Entre 1808 y 1814, Portugal fue escenario de la Guerra Peninsular: tres invasiones francesas fueron rechazadas con el apoyo decisivo del ejército británico del duque de Wellington y de la resistencia popular, en una guerra devastadora. La corte, entretanto, permaneció en Brasil, que fue elevado a la categoría de reino en 1815, en pie de igualdad con Portugal. Cuando João VI regresó por fin a Lisboa en 1821, presionado por la revolución liberal de 1820, dejó en Río como regente a su hijo Pedro.

El desenlace fue la pérdida de la joya del imperio. El 7 de septiembre de 1822, ante el intento portugués de volver a subordinar Brasil, Pedro proclamó su independencia y se hizo coronar emperador Pedro I de Brasil. Portugal perdía su colonia más rica y quedaba reducido, en América, a casi nada. El resto del siglo fue de convulsión: guerras civiles entre liberales y absolutistas (las guerras miguelistas), la instauración de una monarquía constitucional, la abolición definitiva de la esclavitud en todo el imperio en 1869, y un lento declive económico. La creciente desconfianza hacia una monarquía debilitada y desprestigiada culminó el 5 de octubre de 1910, cuando una revolución en Lisboa derrocó al rey Manuel II y proclamó la Primera República Portuguesa.

es.wikipedia.org · Guerra de la Independencia españolaes.wikipedia.org · Independencia de Brasil

El Estado Novo: la dictadura de Salazar, la PIDE y las guerras coloniales

La Primera República (1910-1926) fue un período agitado e inestable: en dieciséis años se sucedieron decenas de gobiernos, hubo conflictos con la Iglesia, crisis económicas y la participación en la Primera Guerra Mundial junto a los Aliados, con miles de muertos portugueses en Flandes y África. El caos abrió paso a un golpe militar en 1926, que instauró una dictadura. De ese régimen emergió la figura que dominaría Portugal durante casi medio siglo: António de Oliveira Salazar, un austero profesor de economía llamado en 1928 para sanear las finanzas, que en 1932 fue nombrado jefe de gobierno y en 1933 institucionalizó el Estado Novo, un régimen autoritario, corporativista y conservador inspirado en los modelos fascistas de la época.

El Estado Novo se sostuvo sobre tres pilares que la propaganda resumía como "Dios, Patria y Familia". Fue un régimen de partido único, sin elecciones libres, que suprimió las libertades y encuadró a la sociedad. Su columna represiva fue la policía política, la PIDE (Polícia Internacional e de Defesa do Estado), célebre por la vigilancia, las detenciones arbitrarias, la tortura y una red de informantes que sembró el miedo; los opositores llenaron cárceles como la de Peniche o el campo de Tarrafal, en Cabo Verde. La censura previa (el llamado "lápiz azul") controlaba prensa, libros, teatro y cine. Salazar mantuvo a Portugal neutral en la Segunda Guerra Mundial, aunque con simpatías y negocios ambiguos, y sostuvo un país pobre, rural y aislado, con altísimas tasas de analfabetismo y una fuerte emigración hacia Francia y otros países.

El talón de Aquiles del régimen fue el imperio. Mientras las demás potencias europeas descolonizaban, Salazar se aferró a las colonias africanas —Angola, Mozambique, Guinea-Bissau— proclamando que Portugal era una nación "pluricontinental". A partir de 1961 estallaron guerras de independencia en los tres territorios, y Portugal se enredó en trece años de guerras coloniales (1961-1974) que consumían casi la mitad del presupuesto nacional y enviaban a África a decenas de miles de jóvenes conscriptos, muchos de los cuales murieron o volvieron marcados. Salazar sufrió en 1968 un derrame y fue reemplazado por Marcelo Caetano, que no cambió lo esencial. El desgaste de aquellas guerras interminables acabaría, precisamente, por derribar al régimen.

es.wikipedia.org · Estado Novo (Portugal)es.wikipedia.org · Guerra Colonial Portuguesa

La Revolución de los Claveles, la descolonización y la Europa democrática

El 25 de abril de 1974, un movimiento de capitanes del ejército hartos de una guerra colonial sin salida —el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA)— derrocó al Estado Novo en un golpe casi incruento. Fue la Revolución de los Claveles (Revolução dos Cravos), llamada así porque la población salió a la calle a apoyar a los soldados y las mujeres pusieron claveles rojos en los caños de los fusiles. La emisión por radio de la canción prohibida "Grândola, Vila Morena" fue la señal convenida para el alzamiento. En pocas horas cayó la dictadura más antigua de Europa occidental y Portugal recuperó, tras casi cincuenta años, la libertad.

El período que siguió, el PREC (Proceso Revolucionario En Curso), fue intenso y turbulento: nacionalizaciones, reforma agraria en el sur, pugnas entre corrientes de izquierda y sectores moderados, y un fuerte protagonismo militar, hasta que la crisis se encauzó y la Constitución democrática de 1976 fijó las reglas de una república parlamentaria. Al mismo tiempo se produjo una descolonización acelerada: en 1974-1975, Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde y Santo Tomé accedieron a la independencia, a veces en medio de guerras civiles. Aquella retirada precipitada provocó el retorno a Portugal de cerca de medio millón de personas, los "retornados", muchos nacidos en África, que llegaron en pocos meses y transformaron la sociedad portuguesa. Timor Oriental, invadido por Indonesia en 1975, no lograría su independencia hasta 2002; Macao fue devuelto a China en 1999, cerrando cinco siglos de imperio.

Libre y sin colonias, Portugal miró hacia Europa. En 1986 ingresó en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea) junto con España, lo que impulsó una profunda modernización: infraestructuras, inversión, apertura y un ascenso notable del nivel de vida. Adoptó el euro en 1999-2002, organizó la Expo 98 y la Eurocopa 2004, y en 2011 atravesó una dura crisis de deuda que obligó a un rescate financiero y a años de austeridad, superados después con una recuperación que hizo del país un destino turístico y tecnológico en auge. El 25 de abril, hoy fiesta nacional del "Día de la Libertad", sigue siendo la fecha fundacional de la democracia portuguesa: la memoria de que la larga noche del Estado Novo terminó con flores en los fusiles.

en.wikipedia.org · Carnation Revolutionpt.wikipedia.org · Revolução de 25 de Abril de 1974
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Algarve

Historia de Algarve · Portugal

Al-Gharb: la herencia árabe del sur

El nombre mismo del Algarve delata su pasado: viene del árabe al-Gharb, "el occidente", porque esta era la región más occidental de todo al-Ándalus y del mundo islámico. El Algarve fue, en efecto, la parte de Portugal donde el dominio musulmán se prolongó más tiempo y caló más hondo: desde el siglo VIII hasta mediados del siglo XIII, cerca de quinientos años. Durante ese período floreció una cultura andalusí refinada, con ciudades, agricultura de regadío, comercio marítimo y una vida intelectual notable.

Su gran capital fue Xelb (la actual Silves), sede de una taifa independiente en el siglo XI y célebre por sus poetas —el propio rey-poeta al-Mutamid pasó por aquí— y por su comercio. De aquella época quedan el imponente castillo de Silves, de arenisca roja, y numerosos vestigios: cisternas, pozos, aljibes y trazados urbanos. Tras la conquista cristiana, completada por Afonso III con la toma de Faro en 1249, el Algarve se incorporó al reino, aunque conservó una identidad propia: los reyes se titularían "reyes de Portugal y de los Algarves", en plural, incluyendo las posesiones del norte de África.

La huella árabe sigue siendo la más visible de todas las regiones portuguesas. Se percibe en la arquitectura popular —las casas cúbicas y blancas, las azoteas planas y sobre todo las chimeneas caladas, verdaderos encajes de yeso—, en la agricultura de higueras, almendros, algarrobos y naranjos, en la cocina y en centenares de topónimos que empiezan por "Al-": Albufeira, Alcoutim, Aljezur, Alvor. El Algarve es, en muchos sentidos, el Portugal más mediterráneo y africano, el más cercano a su vecino magrebí al otro lado del mar.

en.wikipedia.org · Algarveen.wikipedia.org · Kingdom of the Algarve

Sagres, Enrique el Navegante y el inicio de los descubrimientos

En el extremo suroeste del Algarve, en el promontorio de Sagres —junto al cabo de San Vicente, el punto más suroccidental de Europa continental—, la tradición sitúa el punto de arranque de la era de los descubrimientos. Fue aquí donde el infante Enrique el Navegante (Henrique o Navegador), hijo del rey João I, estableció su base a comienzos del siglo XV y desde donde impulsó, organizó y financió las primeras expediciones sistemáticas por la costa de África occidental.

La historiografía romántica imaginó en Sagres una gran "escuela de navegación" donde Enrique habría reunido a cartógrafos, astrónomos, constructores navales y pilotos de distintas naciones. Los historiadores actuales matizan mucho ese mito: no hubo probablemente una academia formal, pero sí un centro de impulso real, ligado al vecino puerto de Lagos, desde donde partían las carabelas. Bajo el patrocinio de Enrique, los portugueses fueron perfeccionando la carabela, avanzando por la costa africana, superando en 1434 el temido cabo Bojador —una barrera psicológica más que física— y abriendo la ruta que llevaría, décadas más tarde, a doblar África y llegar a la India.

En Sagres se conserva la Fortaleza de Sagres, con la enigmática rosa de los vientos grabada en el suelo (la rosa dos ventos), un enorme círculo de piedra cuyo origen se discute. Sea o no el emplazamiento exacto de la corte de Enrique, el promontorio de Sagres, batido por el viento y el océano, se ha convertido en un lugar simbólico: el confín desde donde un pequeño reino atlántico se lanzó a explorar y conquistar el mundo.

en.wikipedia.org · Prince Henry the Navigatoren.wikipedia.org · Sagres

Lagos y el primer mercado de esclavos de Europa (1444)

El puerto de Lagos, en el Algarve occidental, fue uno de los grandes protagonistas de la primera expansión portuguesa. Desde su bahía partían las expediciones patrocinadas por Enrique el Navegante, y a él regresaban cargadas de oro, mercancías y cautivos africanos. Fue aquí donde se produjo uno de los episodios más sombríos de la historia europea: la apertura del comercio atlántico de esclavos.

En 1444, seis carabelas al mando de Lançarote de Freitas regresaron a Lagos con 235 africanos capturados en la costa de lo que hoy es Mauritania. El 8 de agosto de ese año, aquellos hombres, mujeres y niños fueron desembarcados, repartidos y vendidos en una plaza de Lagos, en presencia del propio infante Enrique, que asistió a caballo y se quedó con su parte como "quinto real". El cronista Gomes Eanes de Zurara describió la escena con inusual crudeza para la época: el llanto, la separación de las familias, el reparto de los cautivos. Fue el primer gran mercado de esclavos africanos de la Europa moderna.

Aquel acto inaugural dio comienzo a la trata atlántica portuguesa, que se prolongaría durante más de cuatro siglos —la más larga de todas las potencias europeas— y que arrancaría por la fuerza a millones de africanos de su tierra para llevarlos a Europa, a las islas atlánticas y, sobre todo, a Brasil. En Lagos, sobre el lugar donde se realizaban aquellas ventas, funciona hoy el Mercado de Escravos, convertido en 2016 en un museo dedicado a la memoria de la esclavitud. Es un contrapunto necesario a la epopeya de los descubrimientos: recordar que la gloria marítima portuguesa y el mayor crimen colectivo de la época moderna nacieron de la misma empresa y en el mismo lugar.

en.wikipedia.org · Mercado de Escravosen.wikipedia.org · Slavery in Portugal

El terremoto de 1755, la pesca y el atún

El Algarve, por su posición frente al Atlántico y cerca de la falla que separa las placas de África y Europa, fue una de las regiones más castigadas por el terremoto de 1755. El maremoto que siguió a la sacudida —un tsunami con olas de varios metros— arrasó pueblos costeros del sur, especialmente en el Algarve occidental, cerca del epicentro. Lagos, Faro, Portimão y otras localidades sufrieron enormes daños, y muchas de las ciudades del sur debieron ser reconstruidas, lo que explica que buena parte de su arquitectura histórica sea posterior a esa fecha.

Durante siglos, la vida del Algarve giró en torno al mar. La pesca fue la gran actividad económica: la sardina, salada o en conserva, y sobre todo la almadraba del atún, un antiquísimo arte de pesca de origen mediterráneo —heredado de fenicios y árabes— que consistía en tender laberintos de redes fijas para capturar los grandes atunes rojos en su migración. Las almadrabas del Algarve, en lugares como Tavira o la costa de Sagres, sostuvieron a poblaciones enteras y a una importante industria conservera, hoy casi desaparecida.

A esa economía marinera se sumaban la agricultura tradicional del interior —higos, almendras, algarrobas y, más tarde, naranjas, que hicieron famosos a los cítricos del Algarve— y la sal. Era, en conjunto, una región pobre y periférica, alejada de los centros de poder del norte, con fuerte emigración. Todo eso cambiaría radicalmente en la segunda mitad del siglo XX con la llegada de un fenómeno que transformaría el Algarve por completo: el turismo.

en.wikipedia.org · Algarvees.wikipedia.org · Terremoto de Lisboa de 1755

El boom turístico: la costa dorada de Portugal

En los años sesenta del siglo XX, el Algarve empezó a transformarse en el gran destino de sol y playa de Portugal. La construcción del aeropuerto de Faro en 1965 abrió la región al turismo internacional, sobre todo británico, y las playas de arena dorada, las aguas templadas, los acantilados esculpidos y grutas de la costa de Lagos y Portimão, y el clima suave todo el año atrajeron a un número creciente de visitantes. Pueblos de pescadores como Albufeira, Lagos o Vilamoura se llenaron de hoteles, apartamentos y campos de golf.

El crecimiento fue vertiginoso y no siempre ordenado: en pocas décadas, la franja costera del Algarve central se cubrió de urbanizaciones, con los problemas de especulación, presión sobre el agua y transformación del paisaje que ello supuso. Hoy el turismo es, con enorme diferencia, la principal actividad de la región, que recibe cada año a millones de visitantes y concentra buena parte de la oferta hotelera de Portugal. El contraste entre el litoral urbanizado y el interior serrano, todavía rural y despoblado, es una de las tensiones de la región.

Pese a la masificación de algunos tramos, el Algarve conserva rincones de gran belleza y autenticidad: la Costa Vicentina, en el oeste, salvaje y protegida; la ría Formosa, junto a Faro, un laberinto de islas, marismas y lagunas de enorme valor ecológico; los pueblos blancos del interior y las villas históricas de Silves, Tavira o Lagos. La región que fue el último bastión musulmán y la cuna de los descubrimientos es hoy la soleada puerta sur de Portugal, donde la historia milenaria convive con las sombrillas de la costa dorada.

en.wikipedia.org · Algarveen.wikipedia.org · Faro, Portugal
📍 Destinos de Algarve
LagosFaro

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Algarve»: https://en.wikipedia.org/wiki/Algarve
  • Wikipedia (EN) — «Kingdom of the Algarve»: https://en.wikipedia.org/wiki/Kingdom_of_the_Algarve
  • Wikipedia (EN) — «Prince Henry the Navigator»: https://en.wikipedia.org/wiki/Prince_Henry_the_Navigator
  • Wikipedia (EN) — «Mercado de Escravos» (Lagos): https://en.wikipedia.org/wiki/Mercado_de_Escravos
  • Wikipedia (EN) — «Slavery in Portugal»: https://en.wikipedia.org/wiki/Slavery_in_Portugal
  • Wikipedia (EN) — «Faro, Portugal»: https://en.wikipedia.org/wiki/Faro,_Portugal
  • Wikipedia (EN) — «Silves, Portugal»: https://en.wikipedia.org/wiki/Silves,_Portugal

Centro

Historia de Centro · Portugal

Coímbra y una de las universidades más antiguas del mundo

A orillas del río Mondego, Coímbra fue la primera capital efectiva del reino de Portugal: aquí residieron los primeros reyes y aquí está enterrado, en el monasterio de Santa Cruz, el fundador Afonso Henriques. Pero lo que hizo célebre a la ciudad en el mundo entero es su universidad. Fundada por el rey Dinis en Lisboa en 1290 y trasladada definitivamente a Coímbra en 1537, es una de las universidades más antiguas de Europa y del mundo en funcionamiento continuo.

La Universidad de Coímbra se instaló en el antiguo palacio real, en lo alto de la colina que domina la ciudad. Su corazón es un conjunto monumental extraordinario: el Paço das Escolas con su torre y su Vía Latina, la Capilla de São Miguel y, sobre todo, la Biblioteca Joanina, una biblioteca barroca del siglo XVIII de una opulencia deslumbrante, con estanterías doradas y talladas y una célebre colonia de murciélagos que, de noche, protege los libros de los insectos. Durante siglos, por sus aulas pasó la élite intelectual de Portugal y de su imperio.

En 2013, la Universidad de Coímbra, con su Alta y la calle da Sofía, fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. La ciudad conserva un fuerte espíritu estudiantil, con sus tradiciones académicas seculares: las capas negras de los estudiantes, las tunas, las serenatas y el fado de Coímbra —distinto del de Lisboa, cantado solo por hombres— que resuena en sus noches. "Coímbra estudia", dice el refrán, y en verdad es la ciudad del saber por antonomasia en Portugal.

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Fátima: las apariciones de 1917 y la peregrinación

Fátima es hoy uno de los mayores centros de peregrinación católica del mundo, pero hasta comienzos del siglo XX era una aldea anónima del centro rural de Portugal. Todo cambió en 1917, en plena Primera Guerra Mundial. Según el relato, entre mayo y octubre de ese año, tres pastorcitos —Lúcia dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto— afirmaron haber visto en varias ocasiones a la Virgen María en un lugar llamado Cova da Iria. La Virgen les habría transmitido mensajes y tres "secretos".

El acontecimiento que consolidó la devoción fue el llamado "milagro del sol" del 13 de octubre de 1917, cuando una multitud de decenas de miles de personas, reunidas bajo la lluvia, describió que el sol "danzaba" y giraba en el cielo. La Iglesia católica investigó los hechos durante años y en 1930 autorizó oficialmente el culto. Fátima se transformó rápidamente en un imán de peregrinos, sobre todo tras la construcción de la gran basílica y el enorme santuario.

El santuario adquirió proyección mundial en el siglo XX, especialmente ligado a la figura del papa Juan Pablo II, que atribuyó a la Virgen de Fátima su supervivencia al atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981 —el mismo día del calendario de la primera aparición— y que canonizó a los dos pastorcitos fallecidos en la infancia. Cada 13 de mayo y 13 de octubre, cientos de miles de fieles, muchos de ellos de rodillas, acuden a Fátima, que se ha convertido en un símbolo del catolicismo popular portugués y en uno de los grandes centros marianos del planeta.

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Nazaré: del pueblo pesquero a las olas gigantes

Nazaré fue durante siglos un típico pueblo de pescadores de la costa central portuguesa, célebre por sus tradiciones marineras: los barcos de colores varados en la playa, la pesca con redes tiradas desde la arena, el pescado secándose al sol y, sobre todo, sus mujeres vestidas con las características siete faldas (as sete saias) y sus tocados. La villa se organiza en dos niveles: la playa al pie del mar y, en lo alto de un acantilado, el barrio del Sítio, unido por un funicular, con el santuario de Nossa Senhora da Nazaré, un antiguo lugar de peregrinación.

Desde comienzos del siglo XXI, Nazaré se ha vuelto mundialmente famosa por otra razón: sus olas gigantes. Frente a la playa do Norte se abre en el fondo del océano un enorme cañón submarino, el cañón de Nazaré, uno de los mayores de Europa, que concentra y amplifica la energía del oleaje atlántico y genera, en invierno, olas descomunales. Allí, en 2011, el surfista hawaiano Garrett McNamara sorprendió al mundo al surfear una ola gigantesca, y desde entonces la playa se ha consagrado como la meca mundial del surf de olas grandes.

En Nazaré se han batido récords mundiales de la ola más grande jamás surfeada, con muros de agua que superan los 20 metros de altura. Cada invierno, cuando las condiciones se alinean, los mejores surfistas del planeta acuden a desafiar al océano, remolcados por motos de agua, ante multitudes que los observan desde el faro del fuerte de São Miguel Arcanjo. El viejo pueblo de pescadores se ha convertido así, sin perder sus raíces, en un símbolo del poder del Atlántico.

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Aveiro, la ría y la sal: la Venecia portuguesa

Aveiro, en la costa central, se ha ganado el apodo de "la Venecia portuguesa" por los canales que atraviesan su casco urbano, surcados por los moliceiros, unas barcas tradicionales de proa alta y colorida decoradas con pinturas a menudo picantes. Pero el rasgo que define a Aveiro no es tanto la ciudad como la ría de Aveiro, una vasta laguna litoral de canales, esteros e islas que se forma donde el río Vouga se encuentra con el Atlántico.

La historia de Aveiro está atada a los caprichos de esa barra de arena que separa la laguna del mar. En 1575, una violenta tormenta cerró la comunicación de la ría con el océano: el puerto se arruinó, las aguas se estancaron, las fiebres diezmaron a la población y la ciudad entró en una larga decadencia. Solo en 1808, tras siglos de intentos, se logró abrir artificialmente una nueva barra, la actual Barra de Aveiro, que devolvió la vida a la laguna y al puerto y permitió el resurgimiento de la ciudad.

De esa laguna nacieron las dos actividades tradicionales de Aveiro: la producción de sal en las salinas, mediante la evaporación del agua marina en las marismas, y la recolección de algas (el moliço) que daban nombre a los moliceiros y servían de abono. A ellas se sumó, ya en el siglo XX, la pesca del bacalao en los lejanos bancos de Terranova, en la que Aveiro tuvo una flota destacada. Rica también en azulejos y en arquitectura art nouveau de comienzos del siglo XX, y célebre por sus dulces ovos moles, Aveiro combina hoy su patrimonio con el atractivo de una ría única en Portugal.

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Óbidos: la villa de las reinas

Óbidos es una de las villas medievales mejor conservadas de Portugal: un caserío de casas encaladas, calles empedradas y flores, encerrado por completo dentro de un cinturón de murallas coronado por un castillo, sobre una colina que domina la llanura. Su aspecto de estampa detenida en el tiempo la ha convertido en uno de los pueblos más visitados y fotografiados del país.

Su historia tiene una particularidad singular. Tras la conquista cristiana a los musulmanes en 1148, la villa fue creciendo en importancia, y en 1282 el rey Dinis la ofreció como regalo de bodas a su esposa, la reina Isabel de Aragón (Santa Isabel). Desde entonces y durante más de cinco siglos, Óbidos y su comarca formaron parte de la "Casa das Rainhas": pertenecían directamente a las reinas de Portugal, que percibían sus rentas. Por eso se la conoce como "a Vila das Rainhas", la villa de las reinas.

Hoy Óbidos vive del turismo y de sus tradiciones. Es célebre por la ginja de Óbidos, un licor de guindas que suele servirse en pequeños vasitos comestibles de chocolate, y por sus festivales que animan el recinto amurallado a lo largo del año: el Mercado Medieval en verano, que transforma la villa en una recreación de la Edad Media, y la Vila Natal en invierno. Reconocida por la Unesco como Ciudad Literaria, Óbidos es la prueba de cómo un pequeño pueblo medieval del centro portugués supo conservar intacto su encanto de otra época.

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📍 Destinos de Centro
CoimbraAveiroObidosNazareFatima

📚 Bibliografía

  • Unesco — «University of Coimbra – Alta and Sofia»: https://whc.unesco.org/en/list/1387/
  • Wikipedia (EN) — «University of Coimbra»: https://en.wikipedia.org/wiki/University_of_Coimbra
  • Wikipedia (EN) — «Our Lady of Fátima»: https://en.wikipedia.org/wiki/Our_Lady_of_F%C3%A1tima
  • Wikipedia (EN) — «Sanctuary of Fátima»: https://en.wikipedia.org/wiki/Sanctuary_of_F%C3%A1tima
  • Wikipedia (EN) — «Nazaré, Portugal»: https://en.wikipedia.org/wiki/Nazar%C3%A9,_Portugal
  • Wikipedia (EN) — «Aveiro, Portugal»: https://en.wikipedia.org/wiki/Aveiro,_Portugal
  • Wikipedia (EN) — «Óbidos, Portugal»: https://en.wikipedia.org/wiki/%C3%93bidos,_Portugal

Islas atlánticas

Historia de Islas atlánticas · Portugal

Madeira: el azúcar, la esclavitud y el modelo de plantación

El archipiélago de Madeira fue redescubierto por los navegantes portugueses hacia 1419-1420, en el marco de las primeras expediciones patrocinadas por Enrique el Navegante, y hallado deshabitado. Su nombre —"madera"— alude a los densos bosques que lo cubrían, en parte quemados por los primeros colonos para despejar tierras de cultivo. El poblamiento comenzó hacia 1425 y pronto la isla se reveló como un laboratorio de lo que sería el futuro sistema colonial atlántico.

La clave fue el azúcar. A partir de mediados del siglo XV se introdujo el cultivo de la caña, que encontró en el clima de Madeira condiciones ideales. La isla se cubrió de plantaciones e ingenios (engenhos) y se convirtió, hacia 1500, en uno de los mayores productores de azúcar del mundo, el "oro blanco" que se vendía carísimo en Europa. Pero ese cultivo era brutalmente intensivo en mano de obra, y para trabajar en los cañaverales e ingenios los colonos recurrieron masivamente a esclavos: primero guanches capturados en las Canarias y cautivos del norte de África, y muy pronto africanos subsaharianos traídos por la naciente trata portuguesa.

Madeira fue así el primer lugar donde se ensayó el modelo trágico que definiría la economía colonial de América: la plantación de azúcar basada en el trabajo esclavo. Ese esquema —caña, ingenio, esclavitud— se exportaría después a las Azores, Cabo Verde, Santo Tomé y, sobre todo, a Brasil y al Caribe, donde alcanzaría dimensiones inmensas. La riqueza azucarera de Madeira decayó cuando la competencia brasileña, mucho más barata, hundió los precios en el siglo XVI, pero la isla ya había cumplido su papel histórico como cuna del sistema de plantación atlántico.

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El vino de Madeira y la isla-jardín

Tras el ocaso del azúcar, Madeira encontró otra fuente de riqueza que la haría célebre en el mundo entero: el vino. El vino de Madeira es un vino fortificado, como el de Oporto, pero con una particularidad única nacida por casualidad. En los siglos XVII y XVIII, la isla era escala obligada de los barcos que cruzaban el Atlántico, y el vino que embarcaban viajaba en las bodegas por los trópicos, sometido al calor y al vaivén. Lejos de estropearse, aquel vino mejoraba: el calor le daba un sabor característico. Los productores empezaron entonces a imitar ese proceso deliberadamente, "cocinando" el vino, lo que dio origen a un caldo casi indestructible que podía durar siglos.

El vino de Madeira se convirtió en un producto de lujo apreciadísimo en Inglaterra, las colonias americanas y las cortes europeas. Cuenta la tradición que con vino de Madeira se brindó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776. Ese comercio, en gran parte en manos de firmas británicas, ligó estrechamente a la isla con el mundo anglosajón y sostuvo su economía durante generaciones.

Madeira es conocida también como "la isla-jardín" o "la perla del Atlántico", por su clima subtropical suave todo el año y su exuberante vegetación. Sus laderas están surcadas por las levadas, un ingenioso sistema de canales de riego que conducen el agua desde las montañas húmedas del norte hacia los cultivos del sur, hoy convertidos en célebres rutas de senderismo. La capital, Funchal, con su puerto, su casco histórico y sus jardines, fue durante el siglo XIX y XX un destino de reposo para la aristocracia europea. En 1976, tras la Revolución de los Claveles, Madeira se convirtió en Región Autónoma de Portugal, con gobierno propio.

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Las Azores: poblamiento y escala de la Carrera de Indias

Las Azores son un archipiélago de nueve islas volcánicas perdidas en medio del Atlántico, a más de 1.400 kilómetros de Portugal continental, en plena dorsal mediooceánica. Fueron alcanzadas por los navegantes portugueses hacia 1427-1431 y halladas, como Madeira, deshabitadas. El poblamiento comenzó hacia 1439 en las islas orientales y centrales, y se extendió a lo largo de los siglos XV y XVI a las occidentales, con colonos del continente portugués a los que se sumaron flamencos —de ahí el fuerte poblamiento flamenco de algunas islas, como Faial— y otros europeos.

La posición de las Azores en mitad del océano les dio un valor estratégico enorme durante la era de los descubrimientos y el imperio. El archipiélago se convirtió en la gran escala atlántica de la navegación: los barcos que regresaban de la India (la Carreira da Índia), de Brasil o de las flotas de la plata española hacían aquí su última parada para reabastecerse antes de llegar a Europa. El puerto de Angra, en la isla Terceira, fue durante los siglos XVI a XVIII uno de los puntos de apoyo más importantes de toda la navegación transatlántica, una verdadera encrucijada del comercio mundial. Por su valor patrimonial, la zona central de Angra do Heroísmo fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1983.

Esa posición central tuvo también consecuencias militares y políticas. Las Azores fueron escenario de batallas navales durante la Unión Ibérica, refugio de causas liberales en el siglo XIX —Angra recibió el título de "do Heroísmo" por su papel en las guerras liberales— y, en el siglo XX, base aérea clave para los Aliados en la Segunda Guerra Mundial y para la OTAN en la Guerra Fría (la base de las Lajes, todavía en uso). Como Madeira, las Azores obtuvieron en 1976 el estatuto de Región Autónoma de Portugal.

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Los balleneros de las Azores

Durante casi dos siglos, la caza de ballenas fue una de las grandes actividades de las Azores y forjó buena parte de su identidad. Comenzó a fines del siglo XVIII, cuando los balleneros de Nueva Inglaterra, que recorrían el Atlántico persiguiendo cachalotes, empezaron a recalar en las islas para aprovisionarse y a reclutar tripulación entre los azorianos, famosos por su valentía y pericia marinera. Muchos isleños se enrolaron en aquellos barcos yanquis y aprendieron el oficio.

Con el tiempo, los azorianos montaron su propia industria ballenera desde tierra. Desde vigías (vigias) instalados en lo alto de los acantilados, oteadores avistaban el soplo de los cachalotes y daban la alarma; entonces las tripulaciones se lanzaban al mar en frágiles botes de remo, los botes baleeiros, para arponear a mano a los enormes animales, en una faena tan peligrosa como espectacular que se mantuvo casi sin cambios hasta bien entrado el siglo XX. La grasa, el aceite, el marfil y el ámbar gris de los cachalotes se procesaban en las fábricas balleneras de las islas.

La caza de ballenas en las Azores no terminó hasta los años ochenta del siglo XX, cuando la presión internacional y las moratorias pusieron fin a la actividad; la última captura se produjo en 1987. Aquella cultura ballenera, sin embargo, no desapareció: se transformó. Hoy las Azores son uno de los mejores lugares del mundo para el avistamiento de ballenas y delfines (whale watching), y los antiguos vigías y botes se han reconvertido al turismo de naturaleza. Los museos balleneros de islas como Pico y Faial conservan la memoria de un oficio que marcó a generaciones de azorianos.

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La gran emigración azoriana a América

Pocas comunidades del mundo han emigrado tanto, en proporción, como los azorianos. La combinación de una tierra volcánica limitada, una economía pobre y una fuerte natalidad empujó durante siglos a los isleños a buscar futuro allende el mar. El vínculo con los balleneros de Nueva Inglaterra abrió el camino: muchos azorianos que se enrolaban en aquellos barcos terminaban quedándose en la costa este de los Estados Unidos, en puertos como New Bedford o Provincetown (Massachusetts), que se convirtieron en verdaderas colonias azorianas.

Desde el siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX, la emigración azoriana se dirigió sobre todo a Estados Unidos y Canadá, y también a Brasil, Bermudas y Hawái, donde muchos isleños trabajaron en las plantaciones. Comunidades enteras de las islas se trasladaron a California —a valles agrícolas del centro del estado, donde se dedicaron a la ganadería lechera— y a la región de Nueva Inglaterra, manteniendo durante generaciones la lengua, las fiestas religiosas del Espírito Santo y las tradiciones azorianas. Se calcula que hay muchas más personas de origen azoriano fuera de las islas que en ellas.

Las erupciones volcánicas fueron a veces el detonante de esas partidas masivas: la erupción del volcán de los Capelinhos, en la isla de Faial, entre 1957 y 1958, sepultó pueblos bajo las cenizas y provocó una emigración tan grande que llevó al Congreso de Estados Unidos a aprobar leyes especiales (las Azorean Refugee Acts) para acoger a los desplazados. Esa diáspora convirtió a las Azores en un pueblo repartido por el mundo, unido por los lazos familiares, las remesas y un profundo apego a las islas de origen. La emigración es, todavía hoy, una de las claves para entender la sociedad y la cultura azorianas.

en.wikipedia.org · Azoresen.wikipedia.org · Azorean Americans
📍 Destinos de Islas atlánticas
MadeiraAzores

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Madeira»: https://en.wikipedia.org/wiki/Madeira
  • Wikipedia (EN) — «History of Madeira»: https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Madeira
  • Wikipedia (EN) — «Madeira wine»: https://en.wikipedia.org/wiki/Madeira_wine
  • Wikipédia (PT) — «História dos Açores»: https://pt.wikipedia.org/wiki/Hist%C3%B3ria_dos_A%C3%A7ores
  • Unesco — «Central Zone of the Town of Angra do Heroísmo»: https://whc.unesco.org/en/list/206/
  • Wikipedia (EN) — «Whaling in the Azores»: https://en.wikipedia.org/wiki/Whaling_in_the_Azores
  • Wikipedia (EN) — «Azores»: https://en.wikipedia.org/wiki/Azores
  • Wikipedia (EN) — «Azorean Americans»: https://en.wikipedia.org/wiki/Azorean_Americans

Lisboa y centro-sur

Historia de Lisboa y centro-sur · Portugal

Lisboa: de Olisipo a capital del imperio

Lisboa es una de las ciudades más antiguas de Europa occidental, con más de tres milenios de historia. Fenicios y griegos frecuentaron su magnífico puerto natural en el estuario del Tajo; los romanos la llamaron Olisipo y la convirtieron en un municipio próspero; los musulmanes, que la dominaron durante más de cuatro siglos, la conocieron como al-Ushbūna y la rodearon de murallas, cuyo trazado aún se adivina en el laberinto de la Alfama, el barrio más antiguo de la ciudad. En 1147, Afonso Henriques la conquistó con ayuda de cruzados y la incorporó al joven reino.

Con los descubrimientos, Lisboa vivió su época dorada. En el siglo XVI, desde el barrio de Belém partían las naves hacia la India y Brasil y allí regresaban cargadas de especias, oro y esclavos, convirtiendo a la ciudad en uno de los grandes emporios del mundo. De aquella opulencia quedan el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, joyas del estilo manuelino y hoy Patrimonio Mundial. El terremoto de 1755 destruyó buena parte de la ciudad, que el marqués de Pombal reconstruyó con el trazado geométrico de la Baixa.

Hoy Lisboa combina esa herencia imperial con el encanto de sus siete colinas, los tranvías amarillos que trepan por sus cuestas, los miradouros, el fado que brota de las tabernas de Alfama y Mouraria, y una vida cultural vibrante. Capital de un país que un día gobernó medio planeta, conserva en sus piedras la memoria de la grandeza y de la caída, y ese sentimiento agridulce, la saudade, que impregna su música y su carácter.

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Sintra: la sierra encantada de reyes y románticos

A poca distancia de Lisboa, la sierra de Sintra ha fascinado desde siempre por su microclima húmedo y fresco, su vegetación exuberante y sus brumas, un contraste absoluto con la aridez del entorno. Ya los romanos la asociaban a cultos lunares (Mons Lunae) y los musulmanes construyeron aquí un castillo. Desde la Edad Media fue lugar de veraneo de los reyes de Portugal, que levantaron en el centro histórico el Palacio Nacional de Sintra, reconocible por sus dos enormes chimeneas cónicas.

En el siglo XIX, Sintra se convirtió en el gran escenario del Romanticismo portugués. El rey consorte Fernando II, primo de la realeza alemana, transformó las ruinas de un monasterio en el Palacio da Pena, una fantasía ecléctica de colores estridentes y estilos mezclados, encaramada sobre un cerro entre un parque de árboles traídos de todo el mundo. El poeta inglés Lord Byron, que la visitó, la llamó "el glorioso Edén". Aristócratas y millonarios llenaron la sierra de quintas y jardines, como la enigmática Quinta da Regaleira, con su pozo iniciático y sus símbolos masónicos.

Ese conjunto excepcional de palacios, parques y montañas hizo que en 1995 el paisaje cultural de Sintra fuera declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, como ejemplo pionero de arquitectura paisajística romántica en Europa. Hoy es uno de los destinos más visitados de Portugal, un lugar donde la historia real y la imaginación romántica se funden entre nieblas.

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Cascais y Estoril: del pescado a los reyes exiliados

En la costa que se abre al oeste de Lisboa, donde el Tajo se encuentra con el Atlántico, Cascais fue durante siglos un modesto pueblo de pescadores. Su fortuna cambió a fines del siglo XIX: en 1870, el rey Luís I eligió la ciudadela de Cascais como residencia de verano de la familia real portuguesa, y la corte lo siguió. La llegada del ferrocarril y las primeras instalaciones de baños de mar convirtieron a Cascais y a la vecina Estoril en el balneario de moda de la aristocracia.

El período más singular llegó durante la Segunda Guerra Mundial. Como Portugal era neutral, Estoril y Cascais se llenaron de exiliados, refugiados, aristócratas caídos, espías y diplomáticos de ambos bandos. Reyes destronados de media Europa —de España, Italia, Rumanía, Bulgaria— fijaron aquí su residencia, y el ambiente de intriga del Casino de Estoril inspiró, según la tradición, al escritor Ian Fleming, que trabajó para la inteligencia británica, para crear a su personaje James Bond.

Hoy Cascais es una elegante ciudad costera que combina su marina, sus playas y su casco antiguo con museos y una intensa vida turística, mientras conserva rincones de su pasado marinero. Muy cerca, el cabo da Roca, el punto más occidental de la Europa continental, marca el lugar donde, en palabras de Camões, "la tierra se acaba y el mar empieza": el confín desde donde Portugal miraba al océano que iba a conquistar.

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Évora y el Alentejo: Roma, el islam y los huesos

Tierra adentro, en las vastas llanuras doradas del Alentejo, Évora es una ciudad-museo que resume como pocas los estratos de la historia portuguesa. Fue importante ya en época romana, cuando se llamó Ebora Liberalitas Julia: de aquel tiempo se conserva su monumento más célebre, el llamado "Templo de Diana", un templo romano del siglo I con sus columnas corintias milagrosamente en pie en pleno centro. Bajo dominio musulmán, como Yābura, fue una plaza fuerte del Gharb al-Ándalus hasta su conquista cristiana en 1165.

En la Edad Media y el Renacimiento, Évora vivió su apogeo como sede de la corte de varios reyes y de una universidad jesuita. La ciudad se llenó de palacios, iglesias, conventos y una catedral gótica, todo rodeado por un cinturón de murallas. Su rincón más impresionante es la Capela dos Ossos, la "capilla de los huesos", cuyas paredes están recubiertas con los restos de miles de esqueletos y una inscripción que recuerda al visitante: "Nós ossos que aqui estamos, pelos vossos esperamos" ("Nosotros, los huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos").

En 1986, el centro histórico de Évora fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco como conjunto urbano excepcionalmente conservado. En torno a ella se extiende el Alentejo profundo, región de latifundios, corcho, olivares, viñedos y pueblos blancos, escenario de una fuerte tradición agraria y jornalera y, tras la Revolución de los Claveles, de la reforma agraria de los años setenta. Es el Portugal más lento y ancho, de horizontes largos y calor seco, muy distinto del norte verde y montañoso.

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El estuario del Tajo, eje del poder portugués

La región de Lisboa y el centro-sur ha sido, durante casi toda la historia moderna del país, el centro del poder político, económico y cultural de Portugal. La razón es geográfica: el estuario del Tajo, uno de los mejores puertos naturales del Atlántico, capaz de albergar flotas enteras al abrigo de la mar abierta. Desde allí se gobernó el imperio y por allí entró y salió la riqueza que hizo grande al reino.

En esta región se concentran los grandes hitos de la memoria nacional. En Belém, junto al río, se levantan los monumentos de la era de los descubrimientos y, del lado opuesto, el moderno Padrão dos Descobrimentos, erigido bajo el Estado Novo para exaltar la epopeya marítima. Fue también en Lisboa donde estallaron los momentos decisivos de la historia contemporánea: la proclamación de la República en 1910 y, sobre todo, la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, cuyos episodios clave —la toma del cuartel do Carmo, la rendición de Caetano, la multitud en la plaza del Rossio— tuvieron por escenario las calles de la capital.

Hoy, el área metropolitana de Lisboa reúne a cerca de un tercio de la población portuguesa y es el motor del país: sede del gobierno, de las finanzas, de las universidades y de un creciente sector tecnológico y turístico. La región combina el peso de la historia con la vida de una capital europea dinámica, tendida entre las colinas de la ciudad vieja, las playas de la costa de Estoril y las llanuras infinitas del Alentejo.

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📍 Destinos de Lisboa y centro-sur
LisboaSintraCascaisEvora

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Lisbon»: https://en.wikipedia.org/wiki/Lisbon
  • Encyclopædia Britannica — «Lisbon»: https://www.britannica.com/place/Lisbon
  • Unesco — «Cultural Landscape of Sintra»: https://whc.unesco.org/en/list/723/
  • Wikipedia (EN) — «Sintra»: https://en.wikipedia.org/wiki/Sintra
  • Wikipedia (EN) — «Cascais»: https://en.wikipedia.org/wiki/Cascais
  • Unesco — «Historic Centre of Évora»: https://whc.unesco.org/en/list/361/
  • Wikipedia (EN) — «Évora»: https://en.wikipedia.org/wiki/%C3%89vora

Norte

Historia de Norte · Portugal

Guimarães: "Aquí nació Portugal"

Ninguna ciudad portuguesa carga con un lema tan rotundo como Guimarães: "Aqui nasceu Portugal", "Aquí nació Portugal". Y no es exageración turística. Fue en este rincón del norte, entre el Miño y el Duero, donde a comienzos del siglo XII se gestó el reino. Aquí tuvo su corte la condesa Teresa; aquí, según la tradición, nació hacia 1109 su hijo Afonso Henriques, el primer rey; y muy cerca, en el monte de São Mamede, libró en 1128 la batalla que le dio el control del condado y abrió el camino a la independencia.

El casco histórico de Guimarães conserva ese aire fundacional. Sobre la ciudad se alza el Castillo de Guimarães, del siglo X, con su torre del homenaje, donde la leyenda sitúa el bautismo del primer rey en la vecina iglesia de São Miguel. Al lado se levanta el Palacio de los Duques de Braganza, del siglo XV, y a los pies del cerro se despliega un centro medieval de callejuelas, plazas y casas con soportales excepcionalmente bien conservado, uno de los ejemplos más auténticos de villa medieval de la península.

Por ese valor, el centro histórico de Guimarães fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 2001, reconocido como testimonio de la evolución de la tipología de la casa medieval a la moderna. En 2012, la ciudad fue Capital Europea de la Cultura. Para los portugueses, Guimarães sigue siendo un lugar de peregrinación patriótica: el sitio donde una nación de casi nueve siglos dio sus primeros pasos.

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Braga: la Roma portuguesa y capital religiosa

Braga es una de las ciudades más antiguas de Portugal y su gran capital religiosa. Fundada por los romanos como Bracara Augusta en tiempos del emperador Augusto, fue un importante cruce de calzadas y capital de un convento jurídico. En el siglo V se convirtió en la capital del Reino Suevo, uno de los primeros reinos germánicos cristianizados de Europa, lo que la dotó de una temprana relevancia eclesiástica que nunca perdió.

Su arzobispo se convirtió en una de las figuras más poderosas de la península: los prelados de Braga reclamaron durante siglos la primacía sobre todas las iglesias de Hispania, en pugna con Toledo y Santiago de Compostela. Esa preeminencia llenó la ciudad de iglesias, capillas, conventos y palacios episcopales; su catedral, la Sé de Braga, es la más antigua del país. El dicho popular resume el carácter de las principales ciudades del norte: "Braga reza, Oporto trabaja, Coímbra estudia y Lisboa se divierte".

El monumento que hizo célebre a Braga en el mundo es el santuario del Bom Jesus do Monte, a las afueras de la ciudad: una imponente escalinata barroca en zigzag, adornada con fuentes, estatuas y capillas que representan la Pasión, que asciende por la ladera hasta la iglesia, en una escenografía espectacular del catolicismo contrarreformista. En 2019 fue declarado Patrimonio Mundial. Braga es hoy una ciudad joven y universitaria, pero sigue siendo el corazón espiritual del norte y escenario de célebres celebraciones de Semana Santa.

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Oporto y la Ribeira: la ciudad que dio nombre al país

Oporto (Porto) es la segunda ciudad de Portugal y, en cierto modo, la que le dio el nombre: del antiguo puerto romano y medieval de Portus Cale, en la desembocadura del Duero, derivó "Portugal". Ciudad trabajadora y orgullosa, capital del norte, se despliega en un anfiteatro de casas apiñadas sobre las laderas escarpadas del río, con la Ribeira —el viejo barrio ribereño— como corazón. Sobre el Duero cruzan los famosos puentes de hierro, entre ellos el Ponte Dom Luís I, de fines del siglo XIX, inspirado en la escuela de Eiffel.

El centro histórico de Oporto, con su catedral románica, la torre dos Clérigos, la estación de São Bento revestida de azulejos y el dédalo de callejuelas de la Ribeira, fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1996. La ciudad tuvo un papel destacado en la historia liberal del siglo XIX: resistió un largo asedio absolutista en 1832-1833 (el "Cerco do Porto") en defensa de la causa constitucional, lo que le valió el título de "Cidade Invicta", la ciudad invicta.

Pero la fama mundial de Oporto va unida a su vino. En la orilla opuesta del río, en Vila Nova de Gaia, se alinean las bodegas ("caves") donde envejece el vino de Oporto, el famoso vino generoso y dulce de postre que durante siglos se exportó en barricas por el Duero. Esa industria explica una de las señas de identidad de la ciudad: su vieja y estrecha relación con los ingleses.

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El vino de Oporto, el Duero y los ingleses

El vino de Oporto nació del encuentro entre las viñas del valle del Alto Duero y el comercio inglés. La antigua alianza anglo-portuguesa, sellada en el Tratado de Windsor de 1386, y sobre todo las guerras entre Inglaterra y Francia, hicieron que a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII los comerciantes británicos, privados del vino francés, buscaran en Portugal un sustituto. Descubrieron los vinos tintos y fuertes del Duero, y para que resistieran el viaje por mar empezaron a añadirles aguardiente, lo que detenía la fermentación y daba un vino dulce y alcohólico: el oporto.

El Tratado de Methuen (1703) entre Portugal e Inglaterra rebajó los aranceles al vino portugués a cambio de abrir el mercado portugués a los tejidos ingleses, y disparó las exportaciones. Se instalaron en Oporto y Gaia poderosas firmas de comerciantes británicos —Taylor's, Graham's, Sandeman, Croft— cuyos apellidos todavía figuran en las bodegas. La demanda creció tanto que en 1756 el marqués de Pombal creó una compañía monopolista y demarcó oficialmente la región del Duero: fue una de las primeras denominaciones de origen vinícolas reguladas del mundo.

Ese paisaje de viñedos en terrazas escalonadas sobre las laderas vertiginosas del Alto Duero, moldeado por siglos de trabajo humano, fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 2001. La presencia inglesa dejó huella en Oporto —clubes, apellidos, el gusto por el vino y hasta la afición al fútbol— y convirtió a la ciudad en un lugar de doble cultura. Del Duero al mundo, el oporto se transformó en uno de los emblemas de Portugal y en el sustento de toda una región.

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El Miño y el alma del norte

El norte de Portugal, entre los ríos Miño y Duero, es el corazón histórico y demográfico del país y el lugar donde se conservan con más fuerza las tradiciones. Es una tierra verde, lluviosa y montañosa, de minifundios, aldeas de granito, romerías y una intensa religiosidad popular. Aquí se hallan también el Parque Nacional de Peneda-Gerês, el único parque nacional de Portugal, y regiones vinícolas como la del vinho verde, el vino joven y afrutado típico del Miño.

Desde el punto de vista cultural, el norte tiene un fuerte sentido de identidad. Comparte con la vecina Galicia raíces célticas y suevas, un paisaje y una religiosidad muy parecidos, y hasta rasgos lingüísticos: el gallego-portugués medieval, lengua común de trovadores, nació precisamente en esta franja a ambos lados del Miño. En el extremo nordeste, en Miranda do Douro y la comarca de las Tierras de Miranda, se habla todavía el mirandés, la segunda lengua oficial de Portugal, emparentada con el astur-leonés.

Económicamente, el norte fue durante el siglo XX la región más industrial del país, con la textil y el calzado en torno a Oporto, Braga y Guimarães, y también una de las que más emigrantes envió a Francia, Alemania, Suiza y América. Ese carácter de tierra trabajadora, tenaz y apegada a sus costumbres —el bacalao, el caldo verde, las fiestas de São João de Oporto y Braga— define el alma de un norte que se siente, con razón, el origen de Portugal.

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📚 Bibliografía

  • Unesco — «Historic Centre of Guimarães»: https://whc.unesco.org/en/list/1031/
  • Wikipedia (EN) — «Guimarães»: https://en.wikipedia.org/wiki/Guimar%C3%A3es
  • Unesco — «Bom Jesus do Monte, Braga»: https://whc.unesco.org/en/list/1590/
  • Wikipedia (EN) — «Braga»: https://en.wikipedia.org/wiki/Braga
  • Unesco — «Historic Centre of Oporto»: https://whc.unesco.org/en/list/755/
  • Wikipedia (EN) — «Porto»: https://en.wikipedia.org/wiki/Porto
  • Wikipedia (EN) — «Port wine»: https://en.wikipedia.org/wiki/Port_wine
  • Unesco — «Alto Douro Wine Region»: https://whc.unesco.org/en/list/1046/

📚 Bibliografía

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