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Historia del país

Historia de Grecia

La Edad del Bronce: cicládicos, minoicos y micénicos

Mucho antes de que existiera la palabra 'Grecia', el Egeo fue cuna de tres de las primeras civilizaciones de Europa. La más antigua floreció en las islas Cícladas hacia el 3200-2000 a.C.: pueblos de marinos y pastores que tallaron en mármol blanco unas figuras humanas de líneas puras y abstractas, los ídolos cicládicos, cuya modernidad fascinaría milenios después a artistas como Brancusi, Modigliani o Picasso. Casi nada sabemos de su lengua o sus creencias, pero aquellas islas eran ya, en plena prehistoria, una encrucijada de rutas comerciales.

El gran salto lo dio Creta. Allí, en torno al 2000 a.C., surgió la civilización minoica, la primera civilización avanzada del suelo europeo, bautizada así por el arqueólogo británico Arthur Evans en honor al mítico rey Minos. Los minoicos levantaron palacios monumentales —Knossos, Festos, Malia, Zakros—, verdaderos complejos administrativos y religiosos de cientos de habitaciones, escaleras y almacenes, decorados con frescos luminosos de delfines, azafranes, saltos sobre toros y elegantes damas de corte. Fueron una potencia marítima, la talasocracia que dominó el Egeo, comerció con Egipto y el Levante y escribió en dos sistemas aún hoy en parte indescifrados, el jeroglífico cretense y el Lineal A. Su religión giraba en torno a diosas, al toro y al hacha doble (labrys), y de ese mundo de corredores y salas nació la leyenda del laberinto y del Minotauro. Hacia el 1600 a.C., la colosal erupción del volcán de Thera (Santorini) sepultó la ciudad minoica de Akrotiri bajo la ceniza y sacudió toda la región; aunque no destruyó de inmediato a los minoicos, marcó el principio del fin de su hegemonía.

En el continente, mientras tanto, se alzaba una civilización distinta y más guerrera: la micénica (c. 1600-1100 a.C.), la de los griegos aqueos, hablantes ya de una forma temprana de griego que escribían en Lineal B, una escritura descifrada en 1952 por Michael Ventris. Los micénicos construyeron ciudadelas amuralladas con bloques ciclópeos —Micenas, Tirinto, Pilos—, enterraron a sus reyes con máscaras de oro (la célebre 'máscara de Agamenón') y hacia 1450 a.C. ocuparon Knossos y heredaron el poder de los minoicos en el Egeo. Fueron los micénicos, casi con seguridad, quienes dieron origen al recuerdo lejano de la Guerra de Troya. Pero hacia el 1200-1100 a.C., en el marco del gran colapso que arrasó todo el Mediterráneo oriental, sus palacios ardieron y su mundo se desplomó, arrastrando consigo la escritura, el comercio y la memoria.

https://www.britannica.com/topic/Minoan-civilizationhttps://en.wikipedia.org/wiki/Minoan_civilizationhttps://en.wikipedia.org/wiki/Mycenaean_Greece

La Edad Oscura y el mundo de Homero

Con la caída de los palacios micénicos, Grecia se hundió en los llamados 'Siglos Oscuros' (c. 1100-800 a.C.), un período de despoblación, empobrecimiento y aislamiento del que apenas quedan restos materiales. Se perdió por completo la escritura: durante unos cuatro siglos, los griegos fueron un pueblo ágrafo. Las grandes ciudadelas quedaron desiertas, el comercio de larga distancia se contrajo y la población cayó en picada. En ese vacío, sin embargo, se estaban gestando en silencio los rasgos de la Grecia clásica: la lengua griega sobrevivió, los cultos se transmitieron oralmente y llegaron nuevas poblaciones, como los dorios, que reconfiguraron el mapa humano de la península y las islas.

De aquel mundo sin escritura brotó, paradójicamente, la mayor obra de la literatura griega. Transmitidas de memoria por generaciones de aedos, las tradiciones sobre la guerra contra Troya cristalizaron en la Ilíada y la Odisea, los dos grandes poemas épicos atribuidos a Homero y compuestos, tal como los conocemos, hacia los siglos VIII-VII a.C., justo cuando los griegos adoptaban el alfabeto fenicio y lo enriquecían con vocales, creando el primer alfabeto completo de la historia. Aquellos poemas no eran solo relatos de héroes: fueron durante siglos la enciclopedia moral, religiosa y educativa de todos los griegos, el texto común que definía qué significaba ser heleno.

Hacia el 800 a.C., Grecia empezó a resurgir. Reapareció la escritura, se recuperó la población, se reanudó el comercio con Oriente y Occidente, y surgieron los santuarios panhelénicos —Delfos, Olimpia— que unían a griegos de todas partes. Sobre esa base se levantaría la institución que definiría la civilización griega: la ciudad-Estado independiente, la polis.

https://en.wikipedia.org/wiki/Greek_Dark_Ageshttps://www.britannica.com/place/ancient-Greece/The-Dark-Age

La polis, las colonias, Esparta y Atenas

Entre los siglos VIII y VI a.C. cristalizó la forma política que hizo única a Grecia: la polis, la ciudad-Estado soberana. No fue un imperio ni un reino unificado, sino un mosaico de centenares de pequeñas comunidades autónomas —Atenas, Esparta, Corinto, Tebas, Argos— cada una con sus leyes, sus dioses tutelares, su ejército de ciudadanos-soldados (los hoplitas, que combatían hombro con hombro en la falange) y una ferocísima independencia. Los griegos se sabían un solo pueblo por la lengua, la religión y los juegos panhelénicos, pero rara vez actuaron unidos: la rivalidad entre polis fue la regla.

El crecimiento demográfico y la sed de tierra y comercio lanzaron a los griegos a una gran expansión colonial (siglos VIII-VI a.C.). Fundaron ciudades por todo el Mediterráneo y el mar Negro: Siracusa y buena parte de Sicilia y el sur de Italia (la 'Magna Grecia'), Marsella en la Galia, Cirene en África, Bizancio a las puertas del mar Negro. Así, la lengua y la cultura griegas se sembraron desde España hasta el Cáucaso siglos antes de Alejandro.

Dos polis encarnaron dos modelos opuestos. Esparta, en el Peloponeso, se convirtió en un Estado militar y oligárquico: sometió a la vecina Mesenia y redujo a su población a la servidumbre de los ilotas, un campesinado esclavizado tan numeroso que obligó a los espartanos a vivir en armas permanentes. Bajo las leyes atribuidas a Licurgo, los varones espartiatas se entregaban desde niños a un durísimo entrenamiento (la agogé) y a la vida en común, despreciando el lujo y el comercio. Atenas, en el Ática, siguió el camino contrario: tras las reformas de Solón (594 a.C.), que abolió la esclavitud por deudas, y de Clístenes (508-507 a.C.), que reorganizó al pueblo y sentó las bases de la isonomía —la igualdad ante la ley—, avanzó hacia un gobierno cada vez más amplio de los ciudadanos. De esa tensión entre la Esparta guerrera y la Atenas comercial y democrática nacería buena parte de la historia griega clásica.

https://www.britannica.com/place/ancient-Greece/The-polishttps://en.wikipedia.org/wiki/Polishttps://en.wikipedia.org/wiki/Sparta

Las Guerras Médicas: Maratón, Termópilas y Salamina

A comienzos del siglo V a.C., el mundo de las pequeñas polis griegas chocó con el mayor imperio de su tiempo: la Persia aqueménida, que se extendía de Egipto a la India. El conflicto empezó cuando las ciudades griegas de Jonia (la costa de la actual Turquía), sometidas a Persia, se rebelaron con apoyo ateniense. Sofocada la revuelta, el rey Darío I quiso castigar a Atenas. En 490 a.C., un ejército persa desembarcó en la llanura de Maratón, en el Ática, y allí fue derrotado por los hoplitas atenienses al mando de Milcíades: la victoria, celebrada por la leyenda del corredor que murió tras anunciarla en Atenas, dio nombre a la prueba deportiva y se grabó para siempre en la memoria griega.

Diez años después, el hijo de Darío, Jerjes I, volvió con una fuerza colosal para conquistar toda Grecia. En 480 a.C., en el desfiladero de las Termópilas, un pequeño contingente griego encabezado por el rey espartano Leónidas y sus trescientos espartiatas resistió durante días a un ejército inmensamente superior hasta caer hasta el último hombre, traicionados por un sendero de montaña. Su sacrificio, aunque fue una derrota, se convirtió en el símbolo eterno de la resistencia de los pocos libres frente a los muchos sometidos. Ese mismo año los persas tomaron y quemaron una Atenas evacuada, incendiando la Acrópolis.

Pero la guerra se decidió en el mar. Siguiendo la estrategia del ateniense Temístocles, la flota griega atrajo a la enorme armada persa al estrecho de Salamina, frente a Atenas, donde los pesados barcos enemigos, apiñados y sin espacio para maniobrar, fueron destruidos por las ágiles trirremes griegas (480 a.C.). Jerjes, que contemplaba la batalla desde un trono en la costa, regresó a Asia. Al año siguiente, la victoria terrestre de Platea (479 a.C.) expulsó definitivamente a los persas de Grecia. Contra todo pronóstico, un puñado de ciudades divididas había derrotado al mayor imperio del mundo, y de esa hazaña nació una nueva conciencia de sí mismos: la de un pueblo libre que se había salvado a sí mismo.

https://www.britannica.com/event/Greco-Persian-Warshttps://en.wikipedia.org/wiki/Greco-Persian_Warshttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Salamis

El siglo de Pericles y la democracia ateniense (con sus límites)

La victoria sobre Persia catapultó a Atenas. Al frente de la Liga de Delos, una alianza de ciudades para continuar la guerra, Atenas fue transformando poco a poco a sus aliados en súbditos y convirtió la liga en un imperio marítimo cuyo tesoro trasladó a su propia Acrópolis. Con ese poder y esa riqueza, la ciudad vivió bajo el liderazgo de Pericles (c. 461-429 a.C.) su época dorada, el llamado 'Siglo de Pericles'. Se reconstruyó la Acrópolis arrasada por los persas y se levantó el Partenón, el templo de mármol dedicado a Atenea que sigue siendo el símbolo del genio clásico. Florecieron la tragedia de Esquilo, Sófocles y Eurípides, la comedia de Aristófanes, la historia de Heródoto y Tucídides, la escultura de Fidias, la filosofía de Sócrates: nunca antes, en tan poco espacio y tan poco tiempo, se concentró tanta creación.

En el plano político, Atenas llevó la democracia (dêmokratía, 'poder del pueblo') a su forma más radical y directa. No había representantes ni parlamento elegido: los ciudadanos se reunían en persona en la Asamblea (Ekklesía), en la colina de la Pnix, para debatir y votar las leyes, la guerra y la paz. Los cargos se sorteaban entre los ciudadanos, los tribunales estaban formados por cientos de jurados populares y existía el ostracismo, el destierro por votación de quien se juzgara peligroso. Era un experimento asombroso de gobierno colectivo, sin precedentes en el mundo antiguo.

Pero esa democracia tenía límites que hoy resultan brutales y que es preciso decir sin adornos. La ciudadanía —el derecho a participar— estaba reservada a los varones adultos nacidos de padre y madre atenienses, apenas una fracción de la población. Las mujeres, incluso las de familias ciudadanas, quedaban excluidas por completo de la vida política y confinadas al ámbito doméstico. Los metecos —extranjeros residentes, muchos de ellos comerciantes y artesanos imprescindibles para la ciudad— pagaban impuestos y servían en el ejército, pero jamás podían votar ni poseer tierras. Y por debajo de todos estaban los esclavos, decenas de miles de personas —prisioneros de guerra, comprados o nacidos en cautiverio— que trabajaban en las casas, los talleres y, sobre todo, en las mortíferas minas de plata de Laurion, y sobre cuyo trabajo forzado se sostenía en buena medida el ocio y la libertad de los ciudadanos. La democracia ateniense fue una conquista extraordinaria, pero fue la democracia de una minoría de hombres libres sobre una mayoría sin derechos.

https://www.britannica.com/biography/Pericles-Athenian-statehttps://en.wikipedia.org/wiki/Athenian_democracyhttps://en.wikipedia.org/wiki/Slavery_in_ancient_Greece

La Guerra del Peloponeso

El imperialismo ateniense y el creciente poder de la ciudad de Pericles alarmaron a Esparta y a sus aliados. En 431 a.C. estalló la Guerra del Peloponeso, un conflicto largo y devastador que enfrentó durante casi treinta años a dos bloques: la Atenas democrática y marítima, dueña del mar con su flota, y la Esparta oligárquica y terrestre, invencible en tierra con su ejército de hoplitas. Fue, en palabras de su gran cronista Tucídides —cuya historia de la guerra fundó el análisis político y militar riguroso—, una guerra total que arrastró a casi todo el mundo griego y lo desangró.

Los primeros años fueron un empate agotador: los espartanos arrasaban cada verano el campo del Ática mientras los atenienses, refugiados tras sus murallas y abastecidos por mar, castigaban las costas del Peloponeso. En ese hacinamiento, una terrible peste asoló Atenas en el 430-429 a.C. y se llevó a una parte enorme de su población, incluido el propio Pericles. Tras una tregua inestable, Atenas cometió su mayor error: en el 415 a.C. lanzó una desmesurada expedición para conquistar Sicilia y la rica Siracusa. La empresa terminó en 413 a.C. en una catástrofe absoluta, con la flota destruida y el ejército aniquilado o esclavizado.

Debilitada, Atenas resistió aún años, pero Esparta —que llegó a aliarse con Persia y a construir su propia flota— acabó imponiéndose. En 405 a.C. la armada ateniense fue destruida en Egospótamos, y en 404 a.C. Atenas, sitiada y hambrienta, se rindió: debió derribar sus murallas, entregar su flota y aceptar un gobierno títere. Esparta quedó como potencia hegemónica de Grecia, pero su dominio fue breve y odiado; pronto Tebas la derrotaría (Leuctra, 371 a.C.). La larga guerra dejó a las polis exhaustas, empobrecidas y enfrentadas entre sí, incapaces de unirse. En esa Grecia agotada y dividida iba a irrumpir, desde el norte, un reino hasta entonces menospreciado: Macedonia.

https://www.britannica.com/event/Peloponnesian-Warhttps://en.wikipedia.org/wiki/Peloponnesian_War

Filipo, Alejandro Magno y el helenismo

Al norte de Grecia, en Macedonia, un reino considerado semibárbaro por los atenienses se transformó en potencia bajo Filipo II (359-336 a.C.). Filipo reorganizó el ejército con la temible falange macedonia de largas picas (sarissas) y la caballería de compañeros, y con una mezcla de guerra, oro y diplomacia sometió una a una a las polis griegas. En 338 a.C., en la batalla de Queronea, derrotó a la coalición de Atenas y Tebas y puso fin a la libertad de las ciudades-Estado: Grecia quedó bajo la hegemonía macedonia. Filipo preparaba una gran invasión de Persia cuando fue asesinado en 336 a.C.

Le sucedió su hijo, de veinte años, educado por el filósofo Aristóteles: Alejandro III, Alejandro Magno. En apenas trece años protagonizó una de las campañas más asombrosas de la historia. Cruzó a Asia en 334 a.C., derrotó a los persas en el Gránico, Issos y Gaugamela, conquistó Egipto —donde fundó Alejandría—, destruyó el Imperio aqueménida, tomó Babilonia y Persépolis y siguió avanzando hasta el Punjab, en la India, antes de que sus agotadas tropas lo obligaran a regresar. Murió en Babilonia en 323 a.C., a los treinta y dos años, dueño del mayor imperio que el mundo había visto hasta entonces.

Alejandro no dejó heredero capaz, y su imperio se despedazó en guerras entre sus generales, los diádocos, que fundaron grandes reinos: el de los Ptolomeos en Egipto, el de los Seléucidas en Asia, el de los Antigónidas en Macedonia. Pero su verdadero legado fue cultural. De sus conquistas nació el helenismo: la difusión de la lengua griega común (la koiné), del arte, la ciudad y el pensamiento griegos por todo Oriente, desde Egipto hasta Afganistán, durante tres siglos. Alejandría de Egipto, con su Faro y su legendaria Biblioteca, se convirtió en la capital intelectual del mundo. La cultura griega dejó de ser la de un puñado de ciudades para volverse universal: fue el griego, y no el latín, la lengua franca del Mediterráneo oriental durante casi mil años, la lengua en la que se escribiría después el Nuevo Testamento.

https://www.britannica.com/biography/Alexander-the-Greathttps://en.wikipedia.org/wiki/Alexander_the_Greathttps://en.wikipedia.org/wiki/Hellenistic_period

La conquista romana y la Grecia grecorromana

Mientras los reinos helenísticos se desgastaban en guerras, una nueva potencia se alzaba en Occidente: Roma. Atraída al Egeo por sus conflictos con Macedonia, Roma intervino una y otra vez en Grecia a lo largo del siglo II a.C. Derrotó a Macedonia en Pidna (168 a.C.) y, tras una última rebelión, arrasó y saqueó la rica Corinto en 146 a.C., el mismo año en que destruyó Cartago: fue una advertencia sangrienta. Grecia quedó reducida a provincia romana con el nombre de Acaya. Los reinos helenísticos fueron cayendo uno tras otro hasta que Egipto, el último, se rindió con la muerte de Cleopatra en el 30 a.C.

Y sin embargo, la Grecia conquistada conquistó culturalmente a su vencedora. El poeta Horacio lo resumió en un verso célebre: 'Grecia, cautiva, cautivó a su fiero vencedor'. Las élites romanas aprendían griego, copiaban el arte griego, contrataban maestros y filósofos griegos, y enviaban a sus hijos a estudiar a Atenas, que siguió siendo durante siglos la gran universidad del mundo antiguo. Bajo la paz romana (Pax Romana), Grecia gozó de una relativa tranquilidad; emperadores filohelenos como Adriano embellecieron Atenas con nuevos monumentos. La cultura del Imperio romano fue, en su mitad oriental, profundamente griega.

Ese mundo grecorromano fue también el escenario de la expansión del cristianismo. El apóstol Pablo predicó en Filipos, Tesalónica, Corinto y en el mismo Areópago de Atenas a mediados del siglo I, y sus cartas a esas comunidades —escritas en griego— forman parte del Nuevo Testamento. Cuando en el 330 el emperador Constantino trasladó la capital del Imperio a Bizancio, a la que rebautizó Constantinopla, y el Imperio se dividió después definitivamente entre Oriente y Occidente (395), la mitad oriental —de habla y cultura griegas y crecientemente cristiana— quedó destinada a sobrevivir mil años más a la caída de Roma. De esa continuidad nacería Bizancio.

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Bizancio: los mil cien años del Imperio de Oriente

Cuando en el año 476 cayó el último emperador romano de Occidente, el Imperio romano no desapareció: siguió vivo en su mitad oriental durante otros mil años. Los historiadores lo llaman Imperio bizantino, pero sus habitantes se llamaron siempre a sí mismos rhomaioi, 'romanos', aunque su lengua fuera el griego y su fe, el cristianismo ortodoxo. Con capital en Constantinopla —la actual Estambul, refundada por Constantino sobre la antigua Bizancio en el 330—, fue el Estado más duradero y una de las civilizaciones más brillantes de la Edad Media, y el puente que transmitió a la posteridad la herencia de la Antigüedad grecolatina.

El imperio conoció su primer gran esplendor bajo Justiniano I (527-565), que reconquistó por un tiempo Italia y el norte de África, codificó todo el derecho romano en el monumental Corpus Iuris Civilis —base del derecho de media Europa— y levantó en Constantinopla Santa Sofía (Hagia Sophía), la mayor iglesia de la cristiandad durante casi mil años, cuya cúpula inmensa asombra todavía hoy. Bizancio desarrolló un arte propio y sublime —el mosaico dorado, el icono, la arquitectura de cúpulas— y una cultura religiosa que marcaría para siempre al mundo eslavo: fueron misioneros bizantinos, los hermanos Cirilo y Metodio, quienes evangelizaron a los eslavos, les crearon un alfabeto (el cirílico) y llevaron la fe ortodoxa a Bulgaria, Serbia y, sobre todo, a la Rusia de Kiev, que a partir del 988 se hizo heredera espiritual de Constantinopla.

Mil cien años no fueron un tiempo quieto. El imperio libró guerras interminables contra persas, ávaros, búlgaros, árabes y turcos; sobrevivió a los asedios árabes de Constantinopla gracias al legendario 'fuego griego'; se desgarró por dentro en la crisis iconoclasta (siglos VIII-IX) sobre la licitud de las imágenes sagradas; y en 1054 protagonizó el Gran Cisma que separó definitivamente a la Iglesia ortodoxa de Oriente de la católica de Roma, una fractura que dura hasta hoy. Tras un nuevo apogeo bajo la dinastía macedonia (siglos IX-XI), el imperio empezó a declinar: la derrota ante los turcos selyúcidas en Manzikert (1071) le costó buena parte de Asia Menor, su corazón demográfico. El golpe más traicionero, sin embargo, vino de los propios cristianos: en 1204, la Cuarta Cruzada, desviada por los intereses de Venecia, en lugar de ir a Tierra Santa asaltó y saqueó salvajemente Constantinopla, repartió el imperio entre señores latinos y venecianos y estuvo a punto de acabar con él. Aunque los bizantinos recuperaron su capital en 1261, el imperio ya nunca se recompuso: quedó reducido a poco más que la ciudad y sus alrededores, un Estado moribundo rodeado por el poder ascendente de los turcos otomanos.

https://www.britannica.com/place/Byzantine-Empirehttps://en.wikipedia.org/wiki/Byzantine_Empirehttps://en.wikipedia.org/wiki/Fall_of_Constantinople

La caída de Constantinopla (1453) y los cuatro siglos otomanos

El 29 de mayo de 1453, tras un asedio de casi dos meses, las tropas del sultán otomano Mehmed II —Mehmed 'el Conquistador'— irrumpieron por las murallas de Constantinopla. El último emperador, Constantino XI Paleólogo, murió combatiendo entre sus soldados, con la espada en la mano, y su cuerpo nunca fue identificado. Con su caída terminaban de golpe los mil cien años del Imperio bizantino y los dos mil de continuidad del Imperio romano. Santa Sofía, la gran iglesia de Justiniano, fue convertida en mezquita, y Constantinopla —pronto llamada Estambul— pasó a ser la capital del Imperio otomano. La noticia conmocionó a toda la cristiandad; para los griegos, el martes de la caída quedó marcado como día aciago para siempre.

Empezaban así casi cuatro siglos de dominación otomana, la Tourkokratía, que los griegos recuerdan como una larga noche. Bajo el sistema del millet, el Imperio otomano organizaba a sus súbditos por religión: los cristianos ortodoxos formaban un millet propio gobernado por el patriarca de Constantinopla, que era a la vez líder religioso y responsable político de su comunidad ante el sultán. Los griegos conservaron así su fe y su Iglesia —que se convirtió en el gran custodio de la identidad y la lengua nacionales durante la ocupación—, pero como súbditos de segunda: pagaban impuestos especiales como el haraç, tenían prohibido portar armas o montar a caballo, veían sus iglesias convertidas o restringidas, y sufrieron durante generaciones el devşirme, el impuesto de sangre por el que los otomanos reclutaban por la fuerza a niños cristianos, los convertían al islam y los formaban como jenízaros o funcionarios del sultán.

No toda Grecia cayó a la vez ni de la misma manera. Los venecianos conservaron durante siglos plazas clave —Creta hasta 1669, las islas Jónicas hasta el final—, y algunas comunidades desarrollaron formas de resistencia y autonomía. En las montañas sobrevivieron los kleftes, bandidos-guerrilleros que se convertirían en héroes populares, y una próspera clase mercantil y letrada griega, los fanariotas de Constantinopla, llegó a ocupar altos cargos en la administración otomana. A lo largo del siglo XVIII, el comercio marítimo griego floreció, surgió una intelectualidad ilustrada y las ideas de la Revolución Francesa y del nacionalismo europeo empezaron a filtrarse. Pensadores como Rigas Feraios y sociedades secretas como la Filikí Etería (la 'Sociedad de Amigos', fundada en 1814) prepararon el terreno para lo que vendría: la insurrección.

https://en.wikipedia.org/wiki/Fall_of_Constantinoplehttps://www.britannica.com/place/Greece/Greece-under-Ottomanhttps://en.wikipedia.org/wiki/Ottoman_Greece

La Guerra de Independencia (1821), el filohelenismo y el reino

En la primavera de 1821, la Grecia sometida se levantó en armas. La revuelta, preparada por la Filikí Etería, estalló en el Peloponeso, en las islas y en la Grecia continental, y quedó simbólicamente fechada el 25 de marzo de 1821 —hoy fiesta nacional—, cuando la tradición sitúa el alzamiento en el monasterio de Aghía Lavra. Fue una guerra brutal y desigual, librada por caudillos como Theodoros Kolokotronis, marinos isleños que incendiaban las flotas turcas con brulotes, y klephtes de la montaña, contra el poderío del sultán. Ambos bandos cometieron matanzas terribles: los griegos masacraron a poblaciones musulmanas, y los otomanos respondieron con represalias atroces, como la masacre de la isla de Quíos en 1822, donde decenas de miles de griegos fueron asesinados o esclavizados, un horror que el pintor Delacroix inmortalizó y que conmovió a toda Europa.

Porque Europa miraba. La causa griega despertó una ola de simpatía sin precedentes: el filohelenismo. Para la Europa romántica y liberal, educada en el culto a la antigüedad clásica, los griegos que luchaban por su libertad eran los herederos de Pericles y Leónidas frente a la 'tiranía oriental'. Cientos de voluntarios extranjeros —idealistas, veteranos, aventureros— cruzaron a Grecia a combatir. El más célebre de todos fue el poeta inglés Lord Byron, la mayor estrella literaria de su tiempo, que puso su fama, su dinero y su persona al servicio de la revolución: llegó a Mesolongi para organizar y financiar la lucha y allí murió de unas fiebres en abril de 1824. Su muerte convirtió la causa griega en causa sagrada de la opinión pública europea.

El giro decisivo llegó cuando las grandes potencias intervinieron. En 1827, las flotas combinadas de Gran Bretaña, Francia y Rusia destruyeron a la armada turco-egipcia en la batalla de Navarino, sellando la suerte de la guerra. En 1830, el Protocolo de Londres reconoció a Grecia como Estado independiente —el primero en desgajarse del Imperio otomano—, aunque reducido a un pequeño territorio en el sur. El primer gobernante, Ioannis Kapodistrias, fue asesinado en 1831, y las potencias impusieron entonces una monarquía: en 1832 llevaron al trono a un príncipe bávaro de diecisiete años, Otón de Wittelsbach, que fijó la capital en Atenas en 1834. Nacía el reino de Grecia, un Estado pequeño, pobre y tutelado por las potencias, pero libre, y con un sueño enorme por delante.

https://www.britannica.com/event/War-of-Greek-Independencehttps://en.wikipedia.org/wiki/Greek_War_of_Independencehttps://en.wikipedia.org/wiki/Philhellenism

La Idea Megali y la Catástrofe de Asia Menor (1922)

El pequeño reino nacido en 1830 llevaba en su corazón un sueño desmesurado: la Megáli Idéa, la 'Gran Idea', el proyecto de reunir a todos los griegos de Oriente en un solo Estado que resucitara, con capital en Constantinopla, la vieja grandeza bizantina. Durante casi un siglo, ese ideal irredentista guió la política griega y llevó a la expansión gradual del país: las islas Jónicas se unieron en 1864, Tesalia en 1881, y las victoriosas guerras balcánicas de 1912-1913 casi duplicaron el territorio incorporando Macedonia con Salónica, el Epiro, Creta y las islas del Egeo. Bajo el gran estadista Elefthérios Venizélos, cretense, Grecia parecía a punto de coronar su sueño.

La ocasión llegó tras la Primera Guerra Mundial, con la derrota y el desmembramiento del Imperio otomano. En 1919, con la bendición de los aliados, Grecia desembarcó en Esmirna (İzmir), la gran ciudad griega de la costa de Asia Menor, y lanzó una campaña para anexar la región de Jonia, poblada por más de un millón de griegos desde la Antigüedad. Al principio los ejércitos griegos avanzaron hacia el interior de Anatolia, pero se internaron demasiado y chocaron con el movimiento nacionalista turco de Mustafá Kemal (Atatürk). En el verano de 1922, el contraataque turco desbarató al ejército griego, que se retiró en desbandada hacia la costa.

El final fue una catástrofe: la Mikrasiatikí Katastrofí. En septiembre de 1922, las tropas turcas entraron en Esmirna y la ciudad ardió en un gran incendio, mientras decenas de miles de griegos y armenios se agolpaban aterrorizados en el muelle intentando huir por mar; miles murieron. En las semanas siguientes, según el Alto Comisionado de la Sociedad de Naciones, cerca de 900.000 refugiados de Asia Menor llegaron a una Grecia arruinada. El desastre puso fin brutalmente a la Gran Idea y a tres mil años de presencia griega en Anatolia. En 1923, el Tratado de Lausana consagró lo que la guerra ya había impuesto: un intercambio obligatorio de poblaciones basado únicamente en la religión, por el que alrededor de 1.200.000 cristianos ortodoxos fueron trasladados de Turquía a Grecia y entre 355.000 y 400.000 musulmanes de Grecia a Turquía. Familias arrancadas de tierras que habían habitado durante siglos, gente que no siempre hablaba la lengua del país al que ahora 'pertenecía', fueron desarraigadas de un plumazo. Grecia, un país pequeño y pobre, tuvo que absorber de golpe a más de un millón de refugiados que cambiaron para siempre su demografía, su economía, su música (el rebétiko nació en los barrios de refugiados) y su política.

https://en.wikipedia.org/wiki/Population_exchange_between_Grhttps://en.wikipedia.org/wiki/Greco-Turkish_War_(1919%E2%80%https://www.britannica.com/event/Greco-Turkish-War-1921-1922

Ocupación, hambre, Holocausto y Guerra Civil (1940-1949)

En octubre de 1940, la Italia fascista de Mussolini exigió rendición a Grecia; el dictador Ioannis Metaxás respondió con un rotundo 'No' (Óchi), y el país rechazó la invasión italiana e incluso la hizo retroceder por Albania, la primera victoria terrestre aliada contra el Eje. Pero en abril de 1941 la Alemania nazi acudió en auxilio de su aliada, invadió Grecia y en pocas semanas la ocupó. En mayo, la temible batalla de Creta selló la conquista. Empezaba una triple ocupación —alemana, italiana y búlgara— que sería una de las más atroces de Europa.

El invierno de 1941-1942 trajo la Gran Hambruna. Las requisas alemanas, el colapso de la economía y el bloqueo naval provocaron una catástrofe alimentaria: en las calles de Atenas la gente moría de inanición, con carros que recogían cada mañana los cadáveres. Se estima que la hambruna mató entre 200.000 y 300.000 griegos, sobre todo en el invierno más duro. Sobre ese fondo de muerte se consumó, además, el Holocausto de los judíos griegos. La comunidad más antigua y numerosa era la de Salónica (Tesalónica), corazón del judaísmo sefardí en Europa: descendientes de los judíos expulsados de España en 1492, hablaban ladino y habían hecho de la ciudad, durante siglos, un centro sefardí de fama mundial. En marzo de 1943, los ocupantes alemanes iniciaron su deportación: en pocos meses, unos 46.000 a 49.000 judíos de Salónica —cerca del 96% de la comunidad— fueron enviados en tren a Auschwitz-Birkenau, donde la inmensa mayoría fue asesinada. Con ellos desapareció para siempre una de las grandes culturas judías del Mediterráneo.

Contra la ocupación surgió una poderosa resistencia, dividida entre la guerrilla comunista (EAM-ELAS) y grupos no comunistas. Cuando los alemanes se retiraron en 1944, esa división estalló en violencia. Tras un breve y sangriento enfrentamiento en Atenas (los Dekemvrianá de diciembre de 1944), el país se precipitó a una guerra civil abierta (1946-1949) entre el gobierno monárquico, respaldado primero por Gran Bretaña y luego decididamente por Estados Unidos —fue precisamente Grecia el detonante de la Doctrina Truman de 1947, primera gran línea de contención de la Guerra Fría—, y el Ejército Democrático comunista, apoyado por los vecinos del bloque soviético (Yugoslavia, Bulgaria, Albania). Fue una guerra feroz y fratricida, con ejecuciones, deportaciones de niños y aldeas arrasadas por ambos bandos. La ruptura entre Stalin y Tito en 1948 cortó el apoyo yugoslavo a los guerrilleros y decidió su derrota. En 1949, el gobierno se impuso. El balance de la década fue devastador: unos 158.000 muertos en la sola guerra civil, cientos de miles de exiliados y desplazados, y un país arrasado, empobrecido y profundamente dividido, cuyas heridas tardarían generaciones en cerrar.

https://en.wikipedia.org/wiki/Great_Famine_(Greece)https://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/salonikahttps://en.wikipedia.org/wiki/Greek_Civil_War

Los coroneles, la democracia, la UE y la crisis de la deuda

La posguerra fue de reconstrucción y de tutela: una monarquía frágil, un anticomunismo férreo y una fuerte dependencia de Estados Unidos. El 21 de abril de 1967, un grupo de coroneles del ejército encabezado por Geórgios Papadópoulos dio un golpe de Estado y estableció una dictadura militar, la 'Junta de los Coroneles' (1967-1974). Fueron siete años de represión: censura, tortura de opositores, disolución de los partidos, exilio de intelectuales y artistas. El régimen se sostuvo con un discurso ultranacionalista y religioso ('Grecia de los griegos cristianos') y con el respaldo tácito de Occidente en plena Guerra Fría. La resistencia culminó en noviembre de 1973 con el levantamiento estudiantil del Politécnico de Atenas, aplastado cuando un tanque derribó la verja de la facultad, dejando muertos cuya cifra sigue discutida. Poco después, un golpe interno llevó al poder al aún más duro Dimítrios Ioannídis, y fue su aventura exterior la que hundió a la dictadura: en julio de 1974, la Junta patrocinó un golpe en Chipre para unir la isla a Grecia, lo que dio a Turquía el pretexto para invadir Chipre y ocupar su tercio norte. Incapaz de responder, el régimen se derrumbó y entregó el poder a los civiles.

Empezó entonces la Metapolítefsi, la transición a la democracia, conducida por el veterano político Konstantinos Karamanlís. Se legalizó el Partido Comunista, y en diciembre de 1974 un referéndum abolió la monarquía y proclamó la república. En 1981, dos hechos marcaron una nueva era: Grecia ingresó en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea), anclándose definitivamente a Occidente y a Europa, y llegó al poder por primera vez la izquierda, con el PASOK socialista de Andreas Papandréou. Las décadas siguientes trajeron modernización, fondos europeos, la adopción del euro en 2001 y los brillantes Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

Pero bajo la prosperidad se acumulaba una deuda enorme, en parte ocultada en las cuentas públicas. En 2010, incapaz de financiarse, Grecia tuvo que ser rescatada por la 'troika' —la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI— con un primer préstamo de 110.000 millones de euros a cambio de durísimos programas de austeridad. Fue el comienzo de la crisis más grave que sufrió un país europeo en tiempos de paz: sucesivos memorandos, recortes de salarios y pensiones, subidas de impuestos, privatizaciones, una economía que se contrajo alrededor de un cuarto y un desempleo que superó el 27%, con más de la mitad de los jóvenes sin trabajo. La sociedad estalló en huelgas y protestas. En julio de 2015, un gobierno de la izquierda radical (Syriza), liderado por Aléxis Tsipras, convocó un referéndum en el que más del 61% de los votantes rechazó las condiciones del rescate; días después, sin embargo, y ante la amenaza de salir del euro (el temido 'Grexit'), el gobierno firmó un tercer rescate de hasta 86.000 millones con condiciones aún más severas. Grecia salió formalmente de los programas de rescate en agosto de 2018, tras casi una década de sacrificios que dejaron cicatrices sociales profundas. Hoy, miembro de la UE y de la eurozona, con una economía recuperada pero marcada por aquellos años, Grecia sigue negociando, como durante toda su historia moderna, su lugar entre Oriente y Occidente, entre su grandeza antigua y sus desafíos presentes.

https://en.wikipedia.org/wiki/Greek_juntahttps://en.wikipedia.org/wiki/Metapolitefsihttps://en.wikipedia.org/wiki/Greek_government-debt_crisis

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📚 Bibliografía

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