Viajá con Gus
InicioSuizaHistoria
Historia del país

Historia de Suiza

Saltá a lo que buscás

Los helvecios, Roma y la frontera que dejaron alamanes y borgoñones

Antes de que existiera Suiza existieron los helvecios (Helvetii), una confederación de tribus celtas que ocupaba buena parte de la meseta entre el Jura y los Alpes. Su momento en la historia universal llegó en el 58 a.C., cuando —según cuenta el propio Julio César en el arranque de La guerra de las Galias— decidieron abandonar en masa su territorio para emigrar hacia el oeste de la Galia, quemando sus propias aldeas para no dar marcha atrás. César los interceptó y los derrotó en la batalla de Bibracte, y obligó a los supervivientes a regresar a sus tierras para que hicieran de tapón frente a los germanos. Bajo el Imperio, la región se romanizó a fondo: Aventicum (la actual Avenches) fue la capital de la Helvetia romana, con foro, teatro y anfiteatro, y ciudades como Augusta Raurica, cerca de Basilea, o Genava (Ginebra) prosperaron durante siglos junto a las calzadas que unían Italia con el Rin.

El fin del mundo romano trajo a los pueblos germánicos, y con ellos una división que marcaría a Suiza para siempre. Por el norte y el este se asentaron los alamanes, que impusieron su lengua germánica; por el oeste, en torno al lago Lemán y el valle del Ródano, se instalaron los burgundios (borgoñones), que adoptaron el latín vulgar del que nacería el francés. Esa doble colonización trazó, sin que nadie lo planificara, la frontera lingüística que todavía hoy atraviesa el país: el llamado Röstigraben, la línea invisible que separa la Suiza de habla alemana de la Suiza de habla francesa. No es una frontera política ni un río: es la huella, más de mil quinientos años después, de dónde se detuvieron unos pueblos y empezaron otros.

Durante la Alta Edad Media, el territorio suizo quedó repartido entre reinos y ducados —el reino de Borgoña, el ducado de Suabia— y terminó integrado en el Sacro Imperio Romano Germánico. Sobre ese mosaico feudal fueron creciendo dinastías locales, monasterios poderosos y ciudades libres, y sobre todo una familia que aspiraba a dominarlo todo desde su castillo del Aar: los Habsburgo. La resistencia a esa familia sería, literalmente, el acta de nacimiento de Suiza.

en.wikipedia.org · Helvetiien.wikipedia.org · Aventicumbritannica.com · Helvetii

El Pacto Federal de 1291, los tres cantones y la leyenda de Guillermo Tell

El documento fundacional de Suiza es el Pacto Federal (Bundesbrief), un pergamino en latín firmado a comienzos de agosto de 1291 por las comunidades rurales de tres valles alpinos en torno al lago de los Cuatro Cantones: Uri, Schwyz y Unterwalden (los llamados Waldstätten, los cantones del bosque). En él, sus habitantes se juraban asistencia mutua frente a cualquiera que quisiera someterlos por la fuerza, y se comprometían a resolver entre ellos sus disputas. El pacto se firmó pocas semanas después de la muerte, el 15 de julio de 1291, del emperador Rodolfo I de Habsburgo, en un momento de incertidumbre. De ese nombre, Schwyz, derivaría con el tiempo el de todo el país: Schweiz, Suisse, Svizzera, Suiza. Y por la fecha de ese documento la Suiza moderna eligió, ya en el siglo XIX, celebrar su fiesta nacional el 1 de agosto.

En torno a ese pacto se tejió después el gran relato patriótico: el juramento del Rütli, la pradera sobre el lago donde, según la tradición, tres hombres en representación de los tres valles habrían sellado la alianza en secreto; y por encima de todo la figura de Guillermo Tell, el ballestero de Uri que se niega a saludar el sombrero del bailío Gessler, es obligado a atravesar de un flechazo una manzana sobre la cabeza de su propio hijo, y termina matando al tirano y encendiendo la rebelión. Conviene decirlo con claridad: Guillermo Tell es una leyenda, no un hecho histórico. No existe un solo documento contemporáneo que lo mencione ni a él ni al bailío Gessler; en los archivos de la época no hay rastro de ninguno de los dos.

El relato aparece por primera vez casi dos siglos después de los hechos que pretende narrar, hacia 1470-1474, en el Libro Blanco de Sarnen (Weisses Buch von Sarnen), y se difunde en las crónicas suizas del siglo XVI. El motivo del tiro de la manzana, además, es un tópico folclórico que reaparece en muchas culturas —el arquero Toko en la Gesta Danorum de Saxo Grammaticus, Egil en las sagas islandesas, William of Cloudesley en Inglaterra—, lo que refuerza que se trata de una construcción legendaria y no de una crónica. ¿Por qué y cuándo se convirtió Tell en héroe nacional? Porque una confederación sin rey ni dinastía necesitaba un mito de origen, y la resistencia del hombre libre contra el señor extranjero encajaba a la perfección; el mito creció en el siglo XVI, se volvió omnipresente con la construcción del Estado nacional en el siglo XIX y quedó fijado para siempre por el drama Guillermo Tell de Friedrich Schiller (1804) y la ópera de Rossini (1829). Los propios suizos suelen reconocer sin problema que Tell nunca existió; eso no le ha quitado ni un gramo de poder como símbolo.

en.wikipedia.org · Federal Charter of 1291en.wikipedia.org · William Tellbritannica.com · William Tell

Morgarten, Sempach y las victorias contra los Habsburgo

El pacto de 1291 no habría pasado de ser un acuerdo local más si los confederados no hubieran demostrado, con las armas, que podían defenderse solos. La primera prueba llegó el 15 de noviembre de 1315 en Morgarten, un desfiladero entre el lago Ägeri y una ladera boscosa, donde los hombres de Schwyz tendieron una emboscada a la caballería del duque Leopoldo I de Austria. Atrapados en el paso estrecho, incapaces de maniobrar, los caballeros habsburgueses fueron aplastados por avalanchas de troncos y piedras y por los campesinos que bajaban de la montaña con alabardas. Fue una humillación para la primera potencia feudal de la región y una demostración de que la infantería de hombres libres, bien situada en el terreno, podía derrotar a la flor de la nobleza a caballo. Poco después de la batalla, en Brunnen, los tres cantones renovaron y ampliaron su alianza.

La segunda gran victoria, y la más célebre, fue la batalla de Sempach, el 9 de julio de 1386. Allí el duque Leopoldo III de Austria, al frente de un poderoso ejército de caballeros, cayó él mismo en combate frente a los confederados. La tradición la asocia a la figura —también legendaria— de Arnold von Winkelried, el héroe de Unterwalden que se habría arrojado sobre las lanzas enemigas abrazándolas contra su pecho para abrir una brecha en la formación austríaca y permitir el paso de sus compañeros. Dos años más tarde, en 1388, una nueva victoria en Näfels consolidó el prestigio militar suizo.

Estas victorias tuvieron un efecto de bola de nieve. Al núcleo de los tres cantones se fueron sumando ciudades y territorios que veían en la Confederación una protección frente a los Habsburgo y una garantía de sus libertades: Lucerna (1332), Zúrich (1351), Glaris y Zug (1352) y Berna (1353) formaron la Confederación de los Ocho Cantones (Acht Orte). Cada nueva incorporación se hacía por un tratado propio, de modo que Suiza fue creciendo no como un Estado planificado desde arriba, sino como una red de alianzas superpuestas entre comunidades que querían gobernarse a sí mismas.

en.wikipedia.org · Growth of the Old Swiss Confederacymyswitzerland.com · Rise of the swiss confederation

Los mercenarios suizos y la Guardia del Vaticano

La fama militar ganada contra los Habsburgo convirtió a los suizos, durante los siglos XV y XVI, en los soldados más codiciados de Europa. Sus formaciones cerradas de piqueros y alabarderos —los Reisläufer— eran capaces de detener y romper cargas de caballería y de moverse como un solo bloque erizado de puntas de acero. Ningún príncipe que se preciara quería hacer la guerra sin ellos. El resultado fue una exportación masiva de hombres: pobres los valles alpinos, con poca tierra y muchos brazos, la Confederación encontró en el servicio mercenario extranjero (el Solddienst) una fuente enorme de ingresos, a costa de que miles de jóvenes fueran a morir en guerras ajenas, a veces enfrentándose entre sí en bandos contrarios. Los cantones firmaban capitulaciones con reyes de Francia, papas y ciudades italianas, y las pensiones y sobornos que llegaban con esos contratos corrompieron buena parte de la vida política de la época.

De toda aquella tradición sobrevive hoy un vestigio célebre: la Guardia Suiza Pontificia, el cuerpo que custodia al papa en el Vaticano. Fue fundada por el papa Julio II en 1506 y es una de las unidades militares en activo más antiguas del mundo. Su día más glorioso y más trágico fue el 6 de mayo de 1527, durante el Saco de Roma por las tropas del emperador Carlos V: la mayoría de los guardias suizos murió defendiendo al papa Clemente VII para permitirle huir por el pasadizo hacia el castillo de Sant'Angelo. Todavía hoy los nuevos guardias juran su cargo cada 6 de mayo en memoria de aquel sacrificio.

Con el tiempo, el mercenariado dejó de ser un orgullo para volverse un problema. Tras siglos de sangría, la Suiza moderna terminó prohibiendo el servicio militar en ejércitos extranjeros: la Constitución federal y las leyes del siglo XIX y XX lo vedaron por completo, con una única excepción tolerada por su carácter simbólico y religioso —precisamente la Guardia Suiza del Vaticano—, que por eso sigue siendo hoy el último ejército suizo al servicio de una potencia extranjera.

en.wikipedia.org · Swiss mercenariesen.wikipedia.org · Swiss Guard

Marignano (1515) y el giro hacia la neutralidad

En su apogeo militar, a comienzos del siglo XVI, la Confederación no se limitó a alquilar soldados: intervino en las Guerras de Italia como potencia por derecho propio, llegó a controlar el Milanesado y a poner y quitar duques. Parecía que Suiza podía convertirse en un gran Estado guerrero en el corazón de Europa. Ese sueño se hundió en dos jornadas de septiembre de 1515 en Marignano (hoy Melegnano), al sur de Milán. Allí, los aproximadamente 20.000 mercenarios suizos al servicio del duque de Milán se estrellaron contra el ejército del joven rey Francisco I de Francia, apoyado por una potente artillería y por la caballería veneciana. Las picas suizas, invencibles frente a otros piqueros, quedaron a merced de los cañones franceses, que abrían boquetes en sus filas desde lejos. La batalla fue una carnicería, con miles de muertos suizos, y terminó con una derrota sin paliativos.

Marignano fue una de esas fechas que cambian la mentalidad de un pueblo. Al año siguiente, en 1516, la Confederación firmó con Francia la Paz Perpetua, y a partir de entonces los suizos renunciaron, como cuerpo político, a las aventuras de conquista y a tomar partido en las grandes guerras europeas. Siguieron alquilando regimientos a unos y a otros —el negocio del mercenariado duró siglos—, pero la Confederación como tal dejó de hacer política de potencia y se replegó sobre sí misma.

Ese repliegue es el origen remoto de la neutralidad suiza, que hoy es casi un sinónimo del país. No nació de un ideal pacifista abstracto, sino de una lección amarga aprendida en el campo de batalla y, sobre todo, de una necesidad interna: una confederación dividida entre cantones católicos y protestantes, de habla alemana, francesa e italiana, solo podía mantenerse unida si no se dejaba arrastrar a las guerras de los demás. Cualquier alineamiento exterior amenazaba con partir en dos a la propia Suiza. La neutralidad fue, antes que una doctrina, un instrumento de supervivencia.

en.wikipedia.org · Battle of Marignanoen.wikipedia.org · Swiss neutralityblog.nationalmuseum.ch · At the height of swiss power the battle of…

La Reforma de Zwinglio y Calvino y las guerras religiosas internas

Suiza fue uno de los grandes laboratorios de la Reforma protestante, y por eso mismo estuvo a punto de romperse por dentro. En Zúrich, el sacerdote Ulrico Zwinglio (Huldrych Zwingli) empezó hacia 1519 a predicar contra los abusos de la Iglesia, el culto a las imágenes, el celibato y —de manera muy suiza— contra el negocio del mercenariado y las pensiones extranjeras. Con el apoyo del gobierno de la ciudad, Zúrich rompió con Roma y se volvió protestante. Su reforma se extendió a Berna, Basilea y otras ciudades. En Ginebra, algo más tarde, el francés Juan Calvino (Jean Calvin) construyó a partir de 1536 una república religiosa tan rigurosa y tan influyente que la ciudad se ganó el apodo de "la Roma protestante", desde donde el calvinismo se irradió a Francia, los Países Bajos, Escocia y más allá.

Pero el campo cantonal se mantuvo fiel a la vieja fe: los cantones rurales del centro —los mismos del pacto original— siguieron siendo católicos. La Confederación quedó partida en dos, y la tensión estalló en guerra. En las guerras de Kappel, Zwinglio en persona murió en el campo de batalla el 11 de octubre de 1531, en la segunda de ellas; su cuerpo fue descuartizado por los vencedores católicos. La paz que siguió no resolvió el conflicto: lo congeló. Se estableció una convivencia forzada en la que cada cantón conservaba su religión y los territorios comunes se repartían según reglas complicadas, un modelo pionero de coexistencia confesional que, sin embargo, dejó heridas abiertas.

Esa fractura religiosa no volvió a provocar una gran guerra hasta bien entrado el siglo XVII y XVIII, con las guerras de Villmergen: la primera (1656) la ganaron los cantones católicos, la segunda (1712) la ganaron los protestantes, que invirtieron el equilibrio de poder dentro de la Confederación. Durante casi tres siglos, la política interna suiza estuvo dominada por esta línea de fractura entre católicos y reformados, que se superponía a la lingüística y a la que separaba a las ciudades de los cantones rurales. Que un país tan dividido no se disolviera es, quizá, el mayor logro de toda su historia.

en.wikipedia.org · Huldrych Zwinglien.wikipedia.org · Reformation in Switzerlandworldhistory.org · Kappel Wars

La Confederación de los Trece Cantones y la independencia de 1648

Entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, la Confederación siguió creciendo hasta alcanzar la forma que conservaría durante casi tres siglos: la de los Trece Cantones (Dreizehn Orte). A los ocho iniciales se sumaron Friburgo y Soleura (1481), Basilea y Schaffhausen (1501) y, por último, Appenzell (1513). Junto a estos trece miembros de pleno derecho había una periferia compleja de territorios asociados (como Ginebra, San Galo o los Grisones) y, sobre todo, de tierras súbditas o bailías comunes (Gemeine Herrschaften), gobernadas conjuntamente por varios cantones a través de bailíos, sin voz propia: así eran administrados, por ejemplo, los actuales cantones de Vaud, Turgovia, Argovia o el Tesino. La "antigua Confederación" no era una democracia, sino un mosaico de repúblicas urbanas dominadas por patriciados y de comunidades rurales, cada una con sus privilegios y sus súbditos.

Durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que devastó la vecina Alemania, la Confederación logró mantenerse al margen gracias a esa neutralidad nacida tras Marignano, y se convirtió en una isla de relativa paz y prosperidad en medio del continente en llamas. Ese aislamiento tuvo una recompensa histórica: en la Paz de Westfalia de 1648, que puso fin a la guerra, se reconoció formalmente la independencia de la Confederación Suiza respecto del Sacro Imperio Romano Germánico. La gestión la encabezó el burgomaestre de Basilea, Johann Rudolf Wettstein. Suiza, que de hecho ya se gobernaba sola desde hacía generaciones, quedaba por fin desligada de derecho del Imperio.

El siglo y medio siguiente, el del Antiguo Régimen suizo, fue un período de estabilidad conservadora y también de creciente desigualdad. El poder se concentró en oligarquías urbanas cerradas —en Berna, Zúrich, Lucerna o Ginebra unas pocas familias monopolizaban el gobierno— mientras las tierras súbditas y los campesinos quedaban al margen de toda decisión. Al mismo tiempo, ciudades como Ginebra, Zúrich o Basilea se convertían en focos de la Ilustración, la banca y la industria naciente. Esa contradicción entre una sociedad cada vez más ilustrada y unas instituciones cada vez más rígidas haría estallar el edificio cuando llegara, desde Francia, el vendaval revolucionario.

en.wikipedia.org · Growth of the Old Swiss Confederacyen.wikipedia.org · Common bailiwicks in Switzerland

La República Helvética napoleónica y la Restauración (1798-1815)

En 1798, el vendaval de la Revolución Francesa llegó a Suiza en forma de invasión. Las tropas francesas ocuparon el país, derribaron los viejos gobiernos patricios y proclamaron la República Helvética, un Estado unitario y centralizado, calcado del modelo francés, que abolió de un plumazo los privilegios cantonales, liberó a las tierras súbditas y proclamó la igualdad de todos los ciudadanos. Sobre el papel era un enorme avance; en la práctica fue un fracaso. Un país hecho de comunidades acostumbradas a gobernarse a sí mismas no toleraba que todo se decidiera desde una capital, y la República Helvética se hundió en golpes de Estado, revueltas y bancarrota, mientras Suiza se convertía además en campo de batalla entre franceses, austríacos y rusos (las batallas de Zúrich de 1799).

Ante el caos, el propio Napoleón Bonaparte intervino como árbitro. El 19 de febrero de 1803 promulgó el Acta de Mediación, que disolvió la fallida república unitaria y restauró una confederación de cantones con amplia autonomía, pero ya sin súbditos: los antiguos territorios sometidos —Argovia, Turgovia, San Galo, los Grisones, Vaud y el Tesino— se convirtieron en cantones de pleno derecho, iguales a los demás. Suiza pasó así de trece a diecinueve cantones. Durante los años napoleónicos, además, quedó atada a Francia como aliada y tuvo que aportar tropas para sus campañas.

La caída de Napoleón abrió el capítulo de la Restauración. El Congreso de Viena de 1815 redibujó Europa y, en lo que respecta a Suiza, tomó dos decisiones capitales: incorporó a la Confederación tres nuevos cantones —Valais, Ginebra y Neuchâtel—, completando los veintidós que tendría durante casi todo el siglo XIX, y, sobre todo, reconoció y garantizó de manera formal la neutralidad perpetua de Suiza. Por primera vez, la neutralidad dejaba de ser una mera práctica interna para convertirse en un estatus reconocido por las grandes potencias europeas. A cambio, la Restauración devolvió el poder a los viejos patriciados en muchos cantones, lo que reabrió la vieja pelea entre liberales y conservadores que acabaría estallando, tres décadas más tarde, en guerra civil.

en.wikipedia.org · Helvetic Republicen.wikipedia.org · Act of Mediationen.wikipedia.org · Swiss neutrality

La guerra del Sonderbund (1847) y la Constitución de 1848

El país moderno nació de una guerra civil breve pero decisiva. Durante la primera mitad del siglo XIX, los liberales y radicales —mayoritariamente protestantes y urbanos— querían transformar la débil confederación de Estados en un verdadero Estado federal, con un gobierno central, una economía unificada y constituciones democráticas en los cantones. Los conservadores católicos, en cambio, defendían la soberanía plena de cada cantón y los derechos de la Iglesia. En 1845, siete cantones católicos y conservadores —Lucerna, Friburgo, Valais, Uri, Schwyz, Unterwalden y Zug— formaron una alianza separada, el Sonderbund ("liga aparte"), para defender sus intereses, lo que la mayoría liberal de la Dieta consideró una violación del pacto confederal.

En 1847 la Dieta ordenó disolver el Sonderbund; los siete cantones se negaron y tomaron las armas. La guerra del Sonderbund estalló en noviembre de 1847 y fue extraordinariamente corta y poco sangrienta: el ejército federal, unos 100.000 hombres al mando del general Guillaume-Henri Dufour, derrotó a las fuerzas separatistas en apenas tres semanas, con alrededor de un centenar de muertos en total. Dufour, que años después sería uno de los fundadores de la Cruz Roja, dio órdenes expresas de tratar con humanidad a los prisioneros y a los heridos enemigos, y de proteger a la población civil: fue una guerra civil sin represalias, algo casi único en la historia de Europa.

La victoria liberal permitió refundar el país. La Constitución federal de 1848 transformó la vieja confederación de Estados en un Estado federal moderno, con un gobierno central (el Consejo Federal, un ejecutivo colegiado de siete miembros), un parlamento bicameral inspirado en el modelo estadounidense —un Consejo Nacional elegido por población y un Consejo de los Estados que representa a los cantones—, una moneda y un mercado únicos, y Berna como ciudad federal. Los cantones conservaron amplísimas competencias, de modo que Suiza logró unirse sin dejar de ser diversa. Aquella constitución, revisada a fondo en 1874 y en 1999, es la base del Estado suizo actual: uno de los pocos casos en que una guerra civil dio origen, casi de inmediato, a una democracia estable y duradera.

en.wikipedia.org · Sonderbund Warbritannica.com · Sonderbund Swiss political organizationmyswitzerland.com · The restoration and sonderbund war

Cuatro idiomas y democracia directa

Suiza es uno de los pocos países del mundo con cuatro lenguas nacionales, y ese plurilingüismo es central para entender cómo funciona. El alemán —o más bien el suizo alemán, un conjunto de dialectos (Schwyzerdütsch) muy distinto del alemán estándar— lo habla alrededor del 62% de la población, sobre todo en el centro, el norte y el este. El francés, en torno al 23%, domina el oeste (la Suisse romande): Ginebra, Lausana, Neuchâtel, el Jura. El italiano, cerca del 8%, es la lengua del sur, del cantón del Tesino y de algunos valles de los Grisones. Y el romanche (rumantsch), hablado por menos del 1% de la población en los valles de los Grisones, es una lengua románica descendiente directa del latín, superviviente milenaria en las montañas.

El romanche fue reconocido como cuarta lengua nacional en un referéndum del 20 de febrero de 1938, aprobado por más del 91% de los votantes. No fue casual: en pleno ascenso del fascismo, la Italia de Mussolini reivindicaba el Tesino y los Grisones como tierras "étnicamente italianas", y Suiza respondió afirmando su identidad como nación deliberadamente plurilingüe, una "nación por voluntad" (Willensnation) que no se define por la sangre ni por la lengua, sino por la decisión de vivir juntos. Fue parte de la llamada "defensa espiritual" del país frente a las dictaduras vecinas. El alemán, el francés y el italiano son lenguas oficiales plenas de la Confederación; el romanche lo es de forma parcial, para el trato con quienes lo hablan.

El otro pilar de la identidad política suiza es la democracia directa, probablemente la más desarrollada del planeta. Los ciudadanos no se limitan a elegir representantes: votan directamente las leyes varias veces al año. Mediante el referéndum pueden impugnar leyes ya aprobadas por el Parlamento, y mediante la iniciativa popular pueden proponer cambios en la propia Constitución si reúnen 100.000 firmas. En algunos cantones rurales —Appenzell Rodas Interiores, Glaris— sobrevive incluso la Landsgemeinde, la asamblea al aire libre en la que los ciudadanos votan a mano alzada en una plaza. Este sistema hace la política suiza lenta, prudente y consensual, y explica muchas de sus particularidades, incluida —como veremos— la asombrosa tardanza en reconocer el voto de las mujeres.

en.wikipedia.org · Romansh languageen.wikipedia.org · 1938 Swiss referendumsen.wikipedia.org · Voting in Switzerland

Las dos guerras mundiales: neutralidad y zonas grises

Suiza atravesó las dos guerras mundiales sin entrar en combate, protegida por su neutralidad, su geografía de fortaleza alpina (el "Reducto Nacional") y una movilización general que puso en pie de guerra a cientos de miles de hombres. Rodeada por completo por las potencias del Eje entre 1940 y 1944, mantuvo su independencia mediante una combinación de disuasión militar y de concesiones económicas al Tercer Reich. Y es aquí, en esas concesiones, donde la historia suiza entra en sus zonas más grises, largamente silenciadas y estudiadas a fondo solo a partir de los años noventa.

El primer capítulo oscuro es el del oro. El Banco Nacional Suizo compró durante la guerra grandes cantidades de oro al Reichsbank alemán, y una parte de ese oro era oro saqueado: lingotes robados a los bancos centrales de los países ocupados y, en cierta medida, oro arrancado a las víctimas del Holocausto. A cambio, el franco suizo convertible permitía a Alemania comprar en el exterior las materias primas que necesitaba. El segundo capítulo, aún más doloroso, es el de los refugiados. Suiza acogió a lo largo de la guerra a centenares de miles de personas, pero también rechazó en su frontera a decenas de miles de perseguidos, muchos de ellos judíos, sabiendo en muchos casos a qué los devolvía. Ya en 1938 las propias autoridades suizas habían pedido a Alemania que estampara una "J" en los pasaportes de los judíos alemanes para poder identificarlos y rechazarlos. La frase con que un consejero federal justificó el cierre —"la barca está llena" (das Boot ist voll)— quedó como símbolo de esa política.

Estos hechos fueron investigados con rigor por la Comisión Independiente de Expertos, conocida como Comisión Bergier por su presidente, el historiador Jean-François Bergier, creada por el Parlamento suizo en 1996 y cuyo informe final se publicó en 2002. La comisión, integrada por historiadores suizos y extranjeros, documentó las operaciones con el oro nazi, el volumen de los activos judíos en la banca suiza y, sobre todo, concluyó que Suiza rechazó a numerosos refugiados —cifradas las expulsiones en torno a las 20.000 personas o más— y que en esa política pesó de manera decisiva el antisemitismo de una parte de las autoridades, y no solo la escasez de alimentos o la presión militar. El informe evitó tanto la condena fácil como el blanqueo: reconoció que la neutralidad salvó al país y albergó a mucha gente, pero también que hubo complicidad económica con el régimen nazi y decisiones que costaron vidas. Sus conclusiones siguen siendo objeto de debate historiográfico, pero constituyen hoy la base más sólida y honesta para entender el papel real de Suiza en aquellos años.

en.wikipedia.org · Bergier commissionswissinfo.chyadvashem.org · Switzerland and the refugees fleeing nazism

La Suiza contemporánea: Cruz Roja, secreto bancario, voto femenino y la vida fuera de la UE

El país que hoy asociamos a la prosperidad, la banca y los organismos internacionales terminó de perfilarse en los siglos XIX y XX. En 1863, un ginebrino, Henri Dunant, horrorizado por la matanza de heridos que había presenciado en la batalla de Solferino (1859), impulsó en Ginebra la creación del Comité Internacional de la Cruz Roja, cuyo emblema —una cruz roja sobre fondo blanco— es la bandera suiza con los colores invertidos. Al año siguiente, en 1864, el gobierno suizo auspició la firma del primer Convenio de Ginebra, piedra angular del derecho humanitario. De ahí nació la "Ginebra internacional": sede de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial y hoy de la oficina europea de la ONU, la OMS, la OMC, el ACNUR y decenas de organismos, gracias precisamente a la credibilidad de la neutralidad suiza.

Esa misma discreción alimentó la otra gran industria del país: la banca. El secreto bancario, codificado por ley en 1934, hizo de Suiza el refugio de capitales de medio mundo y una de las plazas financieras más poderosas del planeta. Ese modelo entró en crisis en el siglo XXI: en 2009, el banco UBS tuvo que pagar una multa multimillonaria a Estados Unidos y revelar nombres de clientes evasores; Suiza acabó firmando la ley estadounidense FATCA y, sobre todo, adoptando en 2017 el intercambio automático de información fiscal con más de un centenar de países, que empezó a aplicarse en 2018. El viejo secreto bancario para clientes extranjeros, símbolo de Suiza durante casi un siglo, quedó así en la práctica desmantelado.

Dos rasgos más definen a la Suiza de hoy. El primero es el asombroso retraso en los derechos de las mujeres: el sufragio femenino no se aprobó a nivel federal hasta un referéndum del 7 de febrero de 1971 —una anomalía en Europa occidental—, y todavía hubo que esperar hasta 1990 para que el último cantón, Appenzell Rodas Interiores, admitiera el voto de las mujeres en asuntos cantonales, y solo porque el Tribunal Federal se lo impuso por sentencia el 27 de noviembre de 1990, contra la voluntad expresada por su asamblea masculina. El segundo es su relación con Europa: Suiza no es miembro de la Unión Europea —rechazó en referéndum incluso el ingreso en el Espacio Económico Europeo el 6 de diciembre de 1992— y se relaciona con Bruselas mediante una densa red de acuerdos bilaterales; ingresó en la ONU recién en 2002, tras otro referéndum. Próspera, plurilingüe, democrática hasta el extremo y celosa de su independencia, la Suiza contemporánea sigue siendo fiel a la vieja fórmula que la mantiene unida desde 1291: la de gobernarse a sí misma sin dejarse arrastrar por nadie.

en.wikipedia.org · Henry Dunanten.wikipedia.org · Banking in Switzerlanden.wikipedia.org · Women's suffrage in Switzerland
Anuncios

🗺️ Historia por provincia / estado

Las 4 historias, una detrás de la otra. Usá los botones de arriba para saltar a la que buscás.

Alpes Berneses

Historia de Alpes Berneses · Suiza

El Oberland bernés y los colonos walser

Los Alpes Berneses, o Oberland bernés (Berner Oberland), son la parte montañosa del cantón de Berna: un mundo de valles profundos, lagos y cumbres nevadas dominado por la tríada mítica del Eiger, el Mönch y la Jungfrau. Durante siglos fue una región de pastores y campesinos de montaña, cuyas comunidades vivían de la ganadería alpina, el queso y el tránsito por los pasos. La región formó parte del amplio dominio de la ciudad de Berna, que la administraba desde la llanura.

Buena parte de la alta montaña suiza fue colonizada en la Edad Media por los walser, un pueblo de habla alemana originario del Valais (de ahí su nombre, "valesanos") que entre los siglos XII y XIV emigró por los altos pasos alpinos y fundó aldeas en lugares altísimos y aislados de los Alpes, desde el propio Oberland hasta los Grisones, el Tesino, el norte de Italia, Austria y Liechtenstein. Los walser eran expertos en sobrevivir a gran altura, y llevaron consigo su dialecto y sus costumbres, que en algunos valles remotos perduran todavía hoy.

Esa Suiza alpina, pobre y remota, apenas cambió durante siglos. Su gran transformación no llegó de la agricultura ni de la guerra, sino de una idea nueva: la de que las montañas, temidas hasta entonces como lugares hostiles, podían ser bellas y dignas de ser visitadas. Ese cambio de mirada, nacido con el Romanticismo, convirtió al Oberland bernés en uno de los primeros destinos turísticos de la historia y en el escenario de la conquista deportiva de los Alpes.

en.wikipedia.org · Bernese Oberlanden.wikipedia.org · Walser people

La edad de oro del alpinismo

A mediados del siglo XIX, los Alpes se convirtieron en el gran campo de juego de una nueva pasión europea: el alpinismo. El período que va de 1854 a 1865 se conoce como la "edad de oro del alpinismo", una carrera en la que montañeros —en su mayoría británicos, acompañados por guías locales suizos— fueron conquistando, una tras otra, las grandes cumbres vírgenes de los Alpes. El impulso partió en buena medida de Inglaterra, donde en 1857 se fundó el Alpine Club, el primer club de montaña del mundo.

Los Alpes Berneses estuvieron en el centro de esa epopeya. Cumbres como la Jungfrau (ascendida por primera vez ya en 1811 por los hermanos Meyer), el Mönch o el Finsteraarhorn fueron escaladas en aquellas décadas, y el temible Eiger, con su pared norte, se convertiría en el siglo XX en el mayor desafío del alpinismo alpino, escenario de célebres tragedias y hazañas. Los guías de los valles del Oberland —de Grindelwald, de Lauterbrunnen— pasaron de ser campesinos a ser profesionales imprescindibles, y su conocimiento del terreno hizo posibles las grandes ascensiones.

La edad de oro se cerró de golpe en 1865 con la primera ascensión del Matterhorn, en el vecino Valais, y la tragedia que costó cuatro vidas en el descenso. A partir de entonces, casi todas las grandes cumbres estaban conquistadas, y el alpinismo entró en una fase distinta, más técnica y deportiva. Pero el impulso ya era imparable: las montañas se habían vuelto un destino, y a los montañeros pioneros los siguió una marea de viajeros que solo querían contemplarlas.

en.wikipedia.org · Golden age of alpinismen.wikipedia.org · Jungfrau

Los ingleses, el Romanticismo y la invención del turismo alpino

Antes de que nadie las escalara, las montañas del Oberland ya atraían a los viajeros románticos. A finales del siglo XVIII y principios del XIX, poetas, pintores y escritores —sobre todo británicos y alemanes— empezaron a recorrer los Alpes suizos buscando lo "sublime": el estremecimiento ante la naturaleza grandiosa y salvaje. El valle de Lauterbrunnen, con sus cascadas cayendo desde paredes verticales, inspiró a Goethe y sirvió de escenario al Manfred de Lord Byron; el compositor Mendelssohn y tantos otros dejaron testimonio de su fascinación por estos paisajes.

Interlaken, la localidad situada entre los lagos de Thun y de Brienz (de ahí su nombre, "entre lagos"), se convirtió en el corazón de ese turismo naciente. Desde su gran avenida, el Höheweg, los viajeros contemplaban la Jungfrau nevada al fondo, y a su alrededor florecieron los grandes hoteles de la Belle Époque, con sus fachadas señoriales, sus jardines y su servicio de lujo. Los británicos, en particular, hicieron de Suiza su destino predilecto: agencias como la de Thomas Cook organizaban viajes en grupo, y los Alpes se llenaron de excursionistas con guía, bastón y cuaderno de acuarelas.

Aquella fue, en sentido pleno, la invención del turismo de montaña moderno. Se construyeron trenes de cremallera, funiculares y miradores para llevar a los visitantes hasta lugares antes inaccesibles: el Rigi, el Schilthorn, el Harder Kulm sobre Interlaken. El paisaje dejó de ser un obstáculo para volverse un producto, y los valles pobres del Oberland encontraron en el forastero una fuente de riqueza que transformó su economía para siempre. La imagen de Suiza que hoy tiene el mundo —cumbres nevadas, praderas verdes, vacas y chalets— se fraguó en buena parte en estos valles, para consumo de aquellos primeros turistas.

en.wikipedia.org · Interlakenen.wikipedia.org · Tourism in Switzerland

El ferrocarril del Jungfraujoch, el "Top of Europe"

La obra que coronó aquel afán de llevar al viajero hasta las cumbres fue el Ferrocarril del Jungfrau (Jungfraubahn), una de las proezas de la ingeniería de comienzos del siglo XX. La idea fue del industrial zuriqués Adolf Guyer-Zeller, que en 1893 concibió un tren que trepara por el interior de la montaña hasta un collado entre el Mönch y la Jungfrau, el Jungfraujoch, a 3.454 metros de altitud. Las obras empezaron en 1896 y fueron durísimas: hubo que perforar un largo túnel a través de la roca del Eiger y el Mönch, en condiciones extremas, con explosiones, accidentes y años de retraso. Guyer-Zeller murió en 1899 sin ver terminada su obra.

El túnel se completó el 21 de febrero de 1912 y la estación del Jungfraujoch se inauguró el 1 de agosto de ese año. Desde entonces, el tren de cremallera parte de la región de Interlaken, sube por Lauterbrunnen o Grindelwald hasta la estación de Kleine Scheidegg, y desde allí se interna en la montaña hasta emerger en el Jungfraujoch, comercializado como el "Top of Europe": alberga la estación de tren más alta de Europa, un observatorio científico (la Esfinge), restaurantes, miradores y un palacio de hielo excavado en el glaciar de Aletsch, el mayor de los Alpes.

Más de un siglo después, el ferrocarril del Jungfrau sigue siendo uno de los grandes atractivos turísticos de Suiza, capaz de llevar en pocas horas a cualquier visitante desde los valles verdes hasta el mundo de nieves eternas de la alta montaña. Junto con la región circundante de la Jungfrau-Aletsch, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco, representa la culminación de aquella larga transformación por la cual los Alpes Berneses pasaron de ser un rincón pobre y temido a convertirse en uno de los paisajes más admirados y visitados del planeta.

en.wikipedia.org · Jungfrau Railwayhfsjg.ch · History

Lauterbrunnen y Grindelwald, los valles de la Jungfrau

A los pies de las grandes cumbres se abren los dos valles emblemáticos del Oberland. Lauterbrunnen se encajona entre paredes rocosas verticales de casi mil metros, por las que se despeñan setenta y dos cascadas: la más famosa, la Staubbach, cae en un velo de agua de casi 300 metros y fue precisamente la que impresionó a Goethe y a los viajeros románticos. El valle, con su hilera de granjas y su iglesia bajo los farallones, es una de las estampas más reproducidas de los Alpes y punto de partida hacia Wengen, Mürren y el Schilthorn.

Grindelwald, en el valle vecino, se extiende al pie de la pared norte del Eiger, la más temida de los Alpes. Antiguo pueblo de campesinos y guías de montaña, fue uno de los primeros centros del alpinismo y del turismo del Oberland, con sus glaciares que antaño llegaban casi hasta las casas —hoy en franco retroceso por el cambio climático— y sus cumbres como escenario. Desde Grindelwald y Lauterbrunnen parten los trenes de montaña que suben a Kleine Scheidegg y al Jungfraujoch.

Hoy estos valles viven casi por entero del turismo, en verano por el senderismo y el paisaje, en invierno por el esquí en el gran dominio de la Jungfrau. Combinan la infraestructura moderna de teleféricos y trenes con la memoria viva de los guías, los pastores y los primeros hoteleros que hicieron de estos rincones el corazón de la Suiza turística. Pocos lugares condensan mejor esa doble Suiza —la ancestral de la montaña y la inventada para el viajero— que los valles gemelos de la Jungfrau.

en.wikipedia.org · Lauterbrunnenen.wikipedia.org · Grindelwald
📍 Destinos de Alpes Berneses
InterlakenGrindelwaldLauterbrunnenJungfraujoch

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Bernese Oberland»: https://en.wikipedia.org/wiki/Bernese_Oberland
  • Wikipedia (EN) — «Walser people»: https://en.wikipedia.org/wiki/Walser_people
  • Wikipedia (EN) — «Golden age of alpinism»: https://en.wikipedia.org/wiki/Golden_age_of_alpinism
  • Wikipedia (EN) — «Jungfrau»: https://en.wikipedia.org/wiki/Jungfrau
  • Wikipedia (EN) — «Interlaken»: https://en.wikipedia.org/wiki/Interlaken
  • Wikipedia (EN) — «Jungfrau Railway»: https://en.wikipedia.org/wiki/Jungfrau_Railway
  • Estación de investigación del Jungfraujoch — «History»: https://www.hfsjg.ch/en/jungfraujoch/history/
  • Wikipedia (EN) — «Lauterbrunnen»: https://en.wikipedia.org/wiki/Lauterbrunnen
  • Wikipedia (EN) — «Grindelwald»: https://en.wikipedia.org/wiki/Grindelwald

Norte y ciudades

Historia de Norte y ciudades · Suiza

La meseta suiza y el corazón germánico del país

El norte de Suiza se organiza en torno al Mittelland, la meseta ondulada que se extiende entre el macizo del Jura y los Alpes, del lago Lemán al lago de Constanza. Es la Suiza más habitada y más rica: aquí se concentran las grandes ciudades, la industria, las universidades y la mayoría de la población. Es también el núcleo de la Suiza de habla alemana, heredera de los alamanes que la colonizaron tras el fin de Roma, donde no se habla el alemán estándar sino el suizo alemán (Schwyzerdütsch), un abanico de dialectos que los propios suizos usan a diario y que forma parte esencial de su identidad.

A diferencia de los valles alpinos del pacto original, las ciudades del norte —Zúrich, Berna, Basilea, Lucerna, Schaffhausen— eran repúblicas urbanas gobernadas por gremios y patriciados, con murallas, catedrales, universidades y una intensa vida comercial. Se integraron en la Confederación entre los siglos XIV y XVI, y aportaron el peso económico y cultural que equilibró al mundo campesino de los cantones fundadores. Su rivalidad y su cooperación con esos cantones rurales estructuró buena parte de la historia suiza.

En estas ciudades se decidieron muchos de los grandes episodios del país: la Reforma prendió en Zúrich, Berna y Basilea; el humanismo floreció junto al Rin; y de aquí saldrían, en el siglo XIX, los impulsos liberales que crearon el Estado federal moderno, con Berna como capital. Recorrer el norte de Suiza es visitar, una tras otra, las capitales de esa vieja Suiza urbana que hizo de contrapeso a la de las montañas.

en.wikipedia.org · Swiss Plateauen.wikipedia.org · Growth of the Old Swiss Confederacy

Zúrich, la ciudad de Zwinglio

Zúrich, a orillas de su lago y del río Limmat, es hoy la mayor ciudad de Suiza y una de las capitales financieras del mundo, pero su papel decisivo en la historia fue religioso. Aquí, desde 1519, el sacerdote Ulrico Zwinglio predicó desde el púlpito de la Grossmünster —la gran iglesia románica que domina el casco viejo— una reforma radical de la Iglesia. Con el respaldo del gobierno de la ciudad, Zúrich rompió con Roma: se retiraron las imágenes de las iglesias, se abolió la misa católica, se cerraron los conventos y se atacó el negocio del mercenariado. Zúrich se convirtió así en el primer gran foco de la Reforma en tierras de lengua alemana, rival y a la vez paralelo al de Lutero.

Esa opción por el protestantismo enfrentó a Zúrich con los cantones católicos del centro y desembocó en las guerras de Kappel, en la segunda de las cuales, en 1531, Zwinglio murió en combate. Su sucesor, Heinrich Bullinger, consolidó la Zúrich reformada y la convirtió en un centro intelectual de referencia para el protestantismo europeo. Durante siglos, la ciudad fue un bastión austero, laborioso y calvinizante, con una ética del trabajo que marcó su carácter.

De aquella tradición de disciplina y de aquel dinamismo comercial nació la Zúrich moderna: gran plaza bancaria y bursátil, sede de bancos y aseguradoras, y hogar de la Escuela Politécnica Federal (ETH), fundada en 1855, una de las mejores universidades técnicas del mundo, por cuyas aulas pasó Albert Einstein. Hoy Zúrich combina ese peso financiero con una vida cultural intensa —fue, curiosamente, la cuna del movimiento dadaísta en el Cabaret Voltaire durante la Primera Guerra Mundial— y encabeza sistemáticamente los rankings de calidad de vida del planeta.

en.wikipedia.org · Huldrych Zwinglien.wikipedia.org · Zürich

Berna, la ciudad-Estado que se volvió capital

Berna fue fundada, según la tradición, en 1191 por el duque Bertoldo V de Zähringen en un meandro cerrado del río Aar, una posición defensiva casi perfecta. La leyenda dice que el duque prometió dar a la ciudad el nombre del primer animal que cazara, y que ese animal fue un oso (Bär): el oso es desde entonces el símbolo de Berna, presente en su escudo y en los fosos donde todavía se los cuida. Su casco medieval de piedra arenisca, con kilómetros de soportales, fuentes renacentistas y la torre del reloj astronómico (Zytglogge), es hoy Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Berna se incorporó a la Confederación en 1353, como octavo cantón, y se convirtió con el tiempo en la ciudad-Estado más poderosa al norte de los Alpes: mediante conquistas y compras extendió su dominio sobre un vasto territorio que llegaba hasta el lago Lemán, incluida toda la actual región de Vaud. Gobernada por un patriciado cerrado, fue durante siglos una república aristocrática, protestante y expansionista, uno de los pesos pesados de la política suiza.

Cuando en 1848 la nueva Constitución federal creó el Estado moderno, Berna fue elegida como sede del gobierno y del parlamento: la "ciudad federal" (Bundesstadt), es decir, la capital de facto de Suiza, aunque el país, fiel a su espíritu descentralizador, nunca la haya nombrado formalmente "capital". Hoy alberga el Palacio Federal (Bundeshaus), el Consejo Federal y la Asamblea Federal. En una de sus casas vivió, entre 1903 y 1905, un joven empleado de la oficina de patentes llamado Albert Einstein, que allí concibió buena parte de la teoría de la relatividad.

en.wikipedia.org · Bernen.wikipedia.org · History of Bern

Basilea, el humanismo y Erasmo

Basilea, en el punto exacto donde el Rin dobla hacia el norte y donde hoy se tocan las fronteras de Suiza, Francia y Alemania, fue durante el Renacimiento uno de los grandes focos intelectuales de Europa. Su universidad, fundada en 1460, es la más antigua de Suiza, y en el siglo XV la ciudad había albergado ya el largo Concilio de Basilea (1431-1449). Pero lo que la hizo célebre fue la conjunción de dos cosas: la imprenta y el humanismo. Basilea se convirtió en una capital europea de la edición, con talleres como el de Johann Froben, que publicaban a los grandes autores de la época con un cuidado extraordinario.

A esa Basilea llegó, y en ella murió, el mayor humanista de su tiempo: Erasmo de Róterdam. El sabio holandés vivió largas temporadas en la ciudad, trabajó codo a codo con los impresores basileos —allí publicó su edición del Nuevo Testamento en griego— y encontró en ella un ambiente de tolerancia y de amor por las letras que encajaba con su ideal de una cristiandad reformada desde dentro y sin violencia. Erasmo murió en Basilea en 1536 y está enterrado en su catedral (Münster). El pintor Hans Holbein el Joven, que retrató a Erasmo, también desarrolló en Basilea buena parte de su obra.

Basilea se sumó a la Confederación en 1501 y abrazó la Reforma poco después, aunque conservó su vocación abierta y cosmopolita. Esa herencia perdura: hoy es la capital de la industria farmacéutica mundial —sede de gigantes como Novartis y Roche—, un centro cultural de primer orden con decenas de museos y la feria de arte contemporáneo más importante del planeta, Art Basel. Ciudad de frontera, culta y comerciante, Basilea sigue siendo la Suiza más volcada hacia Europa.

en.wikipedia.org · Baselen.wikipedia.org · University of Basel

Lucerna y el corazón del Pacto

Lucerna se asienta a orillas del lago de los Cuatro Cantones (Vierwaldstättersee), el mismo lago sobre cuyas riberas nació la Confederación en 1291. Rodeada por las montañas del Pilatus y el Rigi, la ciudad fue durante siglos la puerta comercial entre la Suiza central y el paso alpino de San Gotardo, ruta clave hacia Italia. En 1332, Lucerna se convirtió en la primera ciudad en unirse a la alianza de los tres cantones rurales fundadores, un paso decisivo: por primera vez una comunidad urbana se sumaba al pacto campesino, ampliándolo y dándole peso económico.

De su prosperidad medieval quedan dos joyas célebres en todo el mundo: el Puente de la Capilla (Kapellbrücke), un puente de madera cubierto construido hacia 1333, con sus paneles pintados bajo el techo y su vieja torre octogonal, uno de los puentes de madera más antiguos de Europa; y, junto a él, el Museggmauer, la muralla con sus torres. Católica y conservadora, Lucerna fue durante siglos el bastión de la vieja fe frente a la Zúrich protestante, y en el siglo XIX encabezó el bando del Sonderbund derrotado en 1847.

Un segundo monumento de Lucerna enlaza directamente con la historia de los mercenarios suizos: el Monumento del León (Löwendenkmal), un enorme león agonizante esculpido en la roca que Mark Twain describió como "el trozo de piedra más triste y conmovedor del mundo". Conmemora a los guardias suizos que murieron en París en 1792 defendiendo al rey Luis XVI durante el asalto al palacio de las Tullerías en plena Revolución Francesa: el recordatorio en piedra de aquellos siglos en que la principal exportación de Suiza fueron sus soldados. Hoy Lucerna, con su lago y su festival de música clásica, es una de las postales más visitadas del país.

en.wikipedia.org · Lucerneen.wikipedia.org · Lion Monument
📍 Destinos de Norte y ciudades
ZurichLucernaBernaBasilea

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Swiss Plateau»: https://en.wikipedia.org/wiki/Swiss_Plateau
  • Wikipedia (EN) — «Zürich»: https://en.wikipedia.org/wiki/Z%C3%BCrich
  • Wikipedia (EN) — «Huldrych Zwingli»: https://en.wikipedia.org/wiki/Huldrych_Zwingli
  • Wikipedia (EN) — «Bern»: https://en.wikipedia.org/wiki/Bern
  • Wikipedia (EN) — «History of Bern»: https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Bern
  • Wikipedia (EN) — «Basel»: https://en.wikipedia.org/wiki/Basel
  • Wikipedia (EN) — «University of Basel»: https://en.wikipedia.org/wiki/University_of_Basel
  • Wikipedia (EN) — «Lucerne»: https://en.wikipedia.org/wiki/Lucerne
  • Wikipedia (EN) — «Lion Monument»: https://en.wikipedia.org/wiki/Lion_Monument

Oeste y lago Lemán

Historia de Oeste y lago Lemán · Suiza

La Suiza romanda, de Saboya a la Confederación

El oeste de Suiza, en torno al gran arco del lago Lemán (o lago de Ginebra), es la Suisse romande, la Suiza de habla francesa. Su lengua es la huella de los burgundios que se latinizaron tras la caída de Roma, y su historia fue durante siglos muy distinta de la de los cantones alemanes del pacto original. Estas tierras —Vaud, Ginebra, Neuchâtel, el Valais— estuvieron largo tiempo bajo la órbita del ducado de Saboya, del obispado de Ginebra y de otros señoríos, y no de la Confederación.

El gran giro llegó en el siglo XVI. La poderosa Berna, protestante y expansionista, conquistó en 1536 el país de Vaud, hasta entonces saboyano, e impuso allí la Reforma; Vaud sería gobernado por Berna como territorio súbdito durante más de dos siglos. Ginebra, por su parte, se sacudió el dominio de sus obispos y de Saboya y se convirtió en una república independiente aliada de los cantones suizos. Así, la Suiza francesa se fue vinculando a la Confederación como zona de territorios asociados y súbditos, más que como miembro de pleno derecho.

La integración plena llegó tarde. Vaud solo se emancipó de Berna con la Revolución Helvética de 1798 y se convirtió en cantón en 1803; Ginebra, Neuchâtel y el Valais no ingresaron como cantones hasta 1815, con el Congreso de Viena. Por eso la Suiza romanda tiene una relación particular con el resto del país: comparte instituciones y neutralidad, pero mira culturalmente hacia Francia, y de tanto en tanto vota distinto que la mayoría alemana, marcando esa frontera invisible —el Röstigraben— que todavía separa las dos Suizas.

en.wikipedia.org · Romandyen.wikipedia.org · Canton of Vaud

Ginebra y Calvino, la Roma protestante

Ginebra, en el extremo suroeste del lago, es una de las ciudades más influyentes de la historia europea muy por encima de lo que sugiere su tamaño, y lo es sobre todo por un hombre: Juan Calvino (Jean Calvin). El teólogo y jurista francés llegó a Ginebra en 1536, poco después de que la ciudad hubiera abrazado la Reforma y expulsado a su obispo, y con algunas interrupciones la gobernó espiritualmente hasta su muerte en 1564. Bajo su dirección, Ginebra se transformó en una república religiosa de una severidad extrema, regida por un consistorio que vigilaba la conducta y la fe de los ciudadanos.

La Ginebra de Calvino se convirtió en la capital del calvinismo y en un faro para los protestantes de toda Europa. A ella acudieron miles de refugiados perseguidos por su fe —franceses hugonotes, italianos, ingleses, escoceses—, que la llamaron "la Roma protestante". Desde Ginebra, el calvinismo se irradió a Francia, los Países Bajos, Escocia (donde inspiró a John Knox) y las colonias americanas, moldeando una parte enorme del mundo moderno. Calvino fundó además, en 1559, la Academia de Ginebra, germen de la actual universidad. Ese pasado está grabado en el gran Muro de los Reformadores, en el parque de los Bastiones, presidido por las figuras colosales de Calvino y sus compañeros.

Ginebra siguió siendo, sin embargo, una república independiente y no ingresó en la Confederación Suiza hasta 1815. Su carácter de ciudad-refugio, culta y cosmopolita, sobrevivió a la Reforma: fue patria de acogida de Voltaire y de Rousseau —que nació allí en 1712—, centro de relojería de precisión y, ya en el siglo XIX y XX, sede natural de la diplomacia internacional. La misma vocación de acoger a los perseguidos que la definió en tiempos de Calvino explica, en buena medida, su destino posterior como capital humanitaria del mundo.

en.wikipedia.org · Genevaen.wikipedia.org · John Calvin

La Ginebra internacional: Cruz Roja y diplomacia mundial

La segunda gran vocación de Ginebra, la humanitaria y diplomática, nació también aquí y en el siglo XIX. En 1859, el comerciante ginebrino Henri Dunant presenció por casualidad las secuelas de la batalla de Solferino, en el norte de Italia: decenas de miles de heridos abandonados a su suerte, sin nadie que los atendiera. Conmovido, escribió Recuerdo de Solferino (1862) y propuso crear sociedades de socorro neutrales para auxiliar a los heridos de guerra sin distinción de bando. De esa idea nació, en Ginebra en 1863, el Comité Internacional de la Cruz Roja, cuyo emblema —la cruz roja sobre fondo blanco— es la bandera suiza con los colores invertidos, en homenaje al país anfitrión.

Al año siguiente, en 1864, el gobierno suizo auspició en Ginebra la firma del primer Convenio de Ginebra, el tratado fundacional del derecho internacional humanitario, que obligaba a los ejércitos a cuidar a todos los heridos y a respetar al personal médico. Dunant recibiría por ello, en 1901, el primer Premio Nobel de la Paz de la historia. La Cruz Roja y los sucesivos Convenios de Ginebra hicieron de la ciudad la capital mundial de la ayuda humanitaria y de las leyes de la guerra.

Sobre esa base, y gracias a la credibilidad de la neutralidad suiza, Ginebra se convirtió en la sede de la diplomacia internacional. Tras la Primera Guerra Mundial acogió la Sociedad de Naciones, instalada en el Palacio de las Naciones; hoy es la sede europea de la ONU y de una constelación de organismos: la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial del Comercio, el ACNUR, la Organización Internacional del Trabajo y muchos más. En Ginebra se negocian tratados, se atienden crisis y se reúnen delegaciones de todo el planeta. Pocas ciudades del mundo concentran tanta influencia en la gobernanza global.

en.wikipedia.org · Henry Dunanten.wikipedia.org · International Committee of the Red Cross

Lausana, capital del olimpismo

Lausana, capital del cantón de Vaud, se despliega en terrazas empinadas sobre la orilla norte del lago Lemán, coronada por su catedral gótica, una de las más bellas de Suiza. Como el resto de Vaud, estuvo bajo dominio del obispado y de Saboya, adoptó la Reforma al ser conquistada por Berna en 1536, y solo se convirtió en cantón independiente con la caída del Antiguo Régimen. Ciudad universitaria y cultural, fue durante siglos un lugar de paso y de residencia de escritores e intelectuales atraídos por el paisaje del lago; el historiador Edward Gibbon terminó allí su Historia de la decadencia y caída del Imperio romano.

Pero lo que ha dado a Lausana proyección mundial es el deporte. Desde 1915, la ciudad es la sede del Comité Olímpico Internacional (COI), instalado allí por su fundador, el barón Pierre de Coubertin, precisamente por la seguridad que ofrecía la neutralidad suiza en plena Primera Guerra Mundial. Coubertin, que resucitó los Juegos Olímpicos en 1896, vivió sus últimos años en Lausana y está enterrado en la ciudad.

Desde entonces, Lausana es oficialmente la "Capital Olímpica". Alberga la sede del COI, el Museo Olímpico a orillas del lago y las federaciones internacionales de numerosos deportes, además del Tribunal Arbitral del Deporte, que dirime los grandes litigios deportivos del mundo. La ciudad se ha convertido así en el centro de gobierno del deporte internacional, un papel que combina con su prestigio académico —su Escuela Politécnica Federal (EPFL) es una de las punteras de Europa— y con la belleza serena de su emplazamiento sobre el Lemán.

en.wikipedia.org · Lausanneen.wikipedia.org · International Olympic Committee

Chillon, Montreux y la ribera de Saboya

En el extremo oriental del lago Lemán, donde las montañas empiezan a cerrarse sobre el agua, se levanta el castillo de Chillon (Château de Chillon), quizá el monumento más fotografiado de Suiza. Construido sobre una roca a la orilla del lago, controlaba la ruta estratégica entre el norte de Europa e Italia por el paso del Gran San Bernardo. Fue durante siglos la fortaleza y residencia de los condes y duques de Saboya, que desde aquí dominaban el lago y cobraban peajes a quienes lo cruzaban. Cuando Berna conquistó Vaud en 1536, tomó también Chillon y lo usó como fortaleza, arsenal y prisión.

Chillon debe su fama literaria a un prisionero y a un poeta. En sus mazmorras estuvo encadenado, entre 1530 y 1536, el patriota ginebrino François Bonivard, encarcelado por Saboya por defender la independencia de Ginebra. Casi tres siglos después, en 1816, el poeta inglés Lord Byron visitó el castillo y escribió El prisionero de Chillon, un poema que convirtió la fortaleza en un icono del Romanticismo y en destino obligado del turismo culto que empezaba a recorrer Suiza. Byron llegó incluso a grabar su nombre en una de las columnas del subsuelo.

Muy cerca, la localidad de Montreux se benefició de ese mismo descubrimiento romántico del Lemán y de su microclima suave, casi mediterráneo, que permite crecer palmeras a orillas del lago. Convertida en elegante estación de veraneo en la Belle Époque, Montreux alcanzó fama mundial en el siglo XX gracias a su festival de jazz, fundado en 1967, que cada verano reúne a las grandes figuras de la música. La ciudad quedó ligada además a la historia del rock: el grupo Queen tuvo allí sus estudios de grabación, y una estatua de su cantante, Freddie Mercury, mira hoy hacia el lago desde el paseo, frente a las mismas aguas que inspiraron a Byron.

en.wikipedia.org · Chillon Castleen.wikipedia.org · Montreux
📍 Destinos de Oeste y lago Lemán
GinebraLausanaMontreux

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Romandy»: https://en.wikipedia.org/wiki/Romandy
  • Wikipedia (EN) — «Canton of Vaud»: https://en.wikipedia.org/wiki/Canton_of_Vaud
  • Wikipedia (EN) — «Geneva»: https://en.wikipedia.org/wiki/Geneva
  • Wikipedia (EN) — «John Calvin»: https://en.wikipedia.org/wiki/John_Calvin
  • Wikipedia (EN) — «Henry Dunant»: https://en.wikipedia.org/wiki/Henry_Dunant
  • Wikipedia (EN) — «International Committee of the Red Cross»: https://en.wikipedia.org/wiki/International_Committee_of_the_Red_Cross
  • Wikipedia (EN) — «Lausanne»: https://en.wikipedia.org/wiki/Lausanne
  • Wikipedia (EN) — «International Olympic Committee»: https://en.wikipedia.org/wiki/International_Olympic_Committee
  • Wikipedia (EN) — «Chillon Castle»: https://en.wikipedia.org/wiki/Chillon_Castle
  • Wikipedia (EN) — «Montreux»: https://en.wikipedia.org/wiki/Montreux

Valais y sur

Historia de Valais y sur · Suiza

El Valais, el Ródano y el obispado de Sión

El Valais (Wallis) ocupa el gran valle superior del Ródano, un surco recto de más de un centenar de kilómetros flanqueado por las cumbres más altas de Suiza, entre ellas el Matterhorn y el Dom. Es una tierra de fuertes contrastes: la parte alta (Oberwallis) es de habla alemana, herencia de los colonos walser, mientras que la baja es francófona, otra muestra de esa frontera lingüística que atraviesa el país. Durante la Edad Media y hasta la época moderna, el Valais fue en buena medida un Estado teocrático: el príncipe-obispo de Sión (Sitten) ejercía el poder temporal sobre el valle, y las comunidades campesinas del alto Valais defendían con celo sus libertades frente a él y frente a los duques de Saboya.

El Valais estuvo asociado a la Confederación como aliado, pero no fue cantón hasta muy tarde. Tras la turbulenta época napoleónica —durante la cual llegó a ser incluso un efímero "departamento del Simplón" anexionado a Francia—, ingresó como cantón de pleno derecho en 1815, con el Congreso de Viena. Su capital, Sión, conserva sobre dos colinas los castillos de Valère y Tourbillon, testimonios de aquel largo poder episcopal, y su basílica alberga uno de los órganos más antiguos del mundo aún en uso.

Región soleada y agrícola, el Valais es el gran viñedo de Suiza —sus laderas producen vinos como el Fendant— y tierra de grandes obras hidroeléctricas, como la colosal presa de la Grande Dixence, una de las más altas del planeta. Pero su fama mundial la deben, sobre todo, a sus montañas: en los valles laterales que suben desde el Ródano se esconden algunas de las estaciones alpinas más célebres, con Zermatt y su Matterhorn a la cabeza.

en.wikipedia.org · Valaisen.wikipedia.org · Sion, Switzerland

El Matterhorn y la tragedia de 1865

Ninguna montaña simboliza a Suiza como el Matterhorn (Cervin en francés, Cervino en italiano), la pirámide casi perfecta de 4.478 metros que se alza sobre el pueblo de Zermatt, en un valle lateral del Valais. Durante la edad de oro del alpinismo fue la gran cumbre invicta, la última de las grandes montañas de los Alpes que quedaba por conquistar, y su ascensión se convirtió en una carrera obsesiva entre montañeros británicos e italianos, que la intentaban desde ambas vertientes.

La cima se alcanzó por fin el 14 de julio de 1865. Una expedición encabezada por el británico Edward Whymper, con los guías Michel Croz y los Taugwalder, padre e hijo, de Zermatt, y otros compañeros, logró coronar el Matterhorn por la arista suiza. Pero el triunfo se transformó en catástrofe durante el descenso: uno de los montañeros resbaló y arrastró en su caída a otros tres, que murieron despeñados por la pared norte al romperse la cuerda que los unía. De los siete que habían llegado a la cima, solo tres sobrevivieron. La tragedia conmocionó a Europa —hubo incluso sospechas, luego desestimadas, de que se hubiera cortado la cuerda— y marcó el fin de la edad de oro del alpinismo.

Aquella conquista trágica hizo famoso a Zermatt de la noche a la mañana. El pueblo, hasta entonces una modesta aldea de montaña, se convirtió en una de las mecas del alpinismo y luego del turismo mundial. Hoy Zermatt es una estación de lujo sin coches de combustión, meta de montañeros, esquiadores y viajeros que llegan de todo el planeta atraídos por la silueta del Matterhorn, la montaña más fotografiada del mundo y emblema, entre otras cosas, de una conocida marca de chocolate suizo.

en.wikipedia.org · First ascent of the Matterhornen.wikipedia.org · Matterhorn

El Tesino: la tierra súbdita que se volvió cantón

Al sur de los Alpes, donde el paisaje se vuelve mediterráneo —lagos rodeados de palmeras, casas de piedra, campanarios lombardos—, se extiende el Tesino (Ticino), el único cantón enteramente de lengua italiana. Su historia es distinta de la del resto de Suiza, porque el Tesino no ingresó libremente en la Confederación: fue conquistado. Entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, en el marco de las Guerras de Italia, los cantones suizos arrebataron estos territorios al ducado de Milán y los convirtieron en bailías (baliaggi), tierras súbditas administradas por bailíos que los cantones enviaban por turnos para gobernar —y a menudo para enriquecerse.

Durante unos tres siglos, el Tesino fue así una tierra dominada, sin voz propia en la Confederación, gobernada desde el norte por señores que no hablaban su lengua. Esa condición subalterna solo terminó con la Revolución Helvética: durante la efímera República Helvética se crearon dos cantones, Bellinzona y Lugano, y el Acta de Mediación de Napoleón los unificó en 1803 en un único cantón, el Tesino, que por primera vez ingresaba en la Confederación como miembro de pleno derecho, igual a los demás.

Desde entonces, el Tesino ha sido la Suiza italiana: fiel a la Confederación pero orgulloso de su lengua y su cultura mediterráneas, lo que le valió, en los años treinta, ser reivindicado por la Italia fascista de Mussolini como territorio "étnicamente italiano" —una pretensión que Suiza rechazó de plano, reafirmando su identidad plurilingüe. Sus principales ciudades, Lugano —a orillas de su lago, hoy importante plaza financiera y turística— y Locarno, combinan el encanto italiano con la organización suiza, y hacen del Tesino uno de los destinos más apreciados del país, sobre todo por los propios suizos del norte que bajan a buscar el sol y las palmeras.

en.wikipedia.org · Ticinoen.wikipedia.org · Common bailiwicks in Switzerland

La Engadina, el romanche y la invención del turismo de invierno

En el sureste de Suiza, en el cantón de los Grisones (Graubünden), se abre la Engadina, el alto valle del río Eno (Inn) que discurre a más de 1.800 metros de altitud entre montañas y lagos. Es una de las últimas tierras del romanche, esa lengua románica descendiente del latín que sobrevive en los valles de los Grisones; en la Alta Engadina se habla la variante ladina, y muchos topónimos —incluido el de la propia St. Moritz, San Murezzan en romanche— conservan esa raíz milenaria. Los Grisones, antigua Liga Gris, fueron durante siglos una confederación de comunidades de montaña independientes, asociada a Suiza, que solo se convirtió en cantón en 1803.

Fue en la Engadina, y más concretamente en St. Moritz, donde nació el turismo de invierno tal como lo conocemos. Hasta mediados del siglo XIX, los viajeros solo iban a los Alpes en verano; el invierno se consideraba una estación muerta e inhóspita. En el otoño de 1864, el hotelero Johannes Badrutt, del Kulm Hotel de St. Moritz, hizo a cuatro huéspedes ingleses una apuesta célebre: los invitó a volver en invierno y les prometió pagarles el viaje si no disfrutaban del sol y la nieve de la Engadina. Los ingleses aceptaron, regresaron en diciembre, se quedaron hasta la primavera encantados con el clima luminoso y frío, y al volver a Inglaterra difundieron la noticia. Había nacido una industria entera.

St. Moritz se convirtió así en la cuna del turismo invernal y en sinónimo de lujo alpino. La localidad organizó las primeras competiciones de deportes de invierno, dio nombre a pistas legendarias como la del bobsleigh Cresta Run, y llegó a acoger dos veces los Juegos Olímpicos de Invierno, en 1928 y en 1948. Junto a otras estaciones de los Grisones —como Davos, sede hoy del Foro Económico Mundial—, la Engadina consolidó un modelo de turismo alpino elegante e internacional. De aquella apuesta junto a la chimenea del Kulm Hotel salió, en buena medida, toda la Suiza invernal que hoy conoce el mundo.

kulm.com · Historyen.wikipedia.org · St. Moritz

Un mosaico de lenguas y culturas al pie de los Alpes

El sur de Suiza es, en pequeño, un resumen de todo el país: en un radio de pocos valles conviven el francés del bajo Valais, el alemán del alto Valais, el italiano del Tesino y el romanche de la Engadina. Es la prueba viviente de que Suiza no es una nación de una sola lengua ni una sola cultura, sino una "nación por voluntad" que ha hecho de su diversidad su seña de identidad. En ninguna otra parte se percibe con tanta claridad cómo la geografía alpina —valles aislados unos de otros por altos pasos— preservó durante siglos lenguas y tradiciones distintas a muy pocos kilómetros de distancia.

Esa misma geografía, antes sinónimo de pobreza y aislamiento, es hoy la mayor riqueza de la región. Las grandes obras de ingeniería suiza han horadado los Alpes con túneles legendarios —el del San Gotardo, el del Simplón, y en el siglo XXI el túnel de base del Gotardo, el más largo del mundo— que conectan el norte germánico con el sur italiano y con el resto de Europa. Lo que durante siglos fue una barrera se ha convertido en un cruce de caminos.

Del obispado de Sión a las mazmorras de los bailíos del Tesino, del drama del Matterhorn a la apuesta del Kulm Hotel, el sur de Suiza condensa las grandes líneas de la historia del país: la formación tardía y negociada de la Confederación, la conquista y luego la integración de tierras diversas, el paso de la miseria montañesa a la prosperidad turística, y la convivencia, siempre delicada y siempre lograda, de pueblos que hablan lenguas distintas y han decidido, pese a todo, seguir siendo un mismo país.

en.wikipedia.org · Graubündenen.wikipedia.org · Romansh language
📍 Destinos de Valais y sur
ZermattSt MoritzLugano

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Valais»: https://en.wikipedia.org/wiki/Valais
  • Wikipedia (EN) — «Sion, Switzerland»: https://en.wikipedia.org/wiki/Sion,_Switzerland
  • Wikipedia (EN) — «First ascent of the Matterhorn»: https://en.wikipedia.org/wiki/First_ascent_of_the_Matterhorn
  • Wikipedia (EN) — «Matterhorn»: https://en.wikipedia.org/wiki/Matterhorn
  • Wikipedia (EN) — «Ticino»: https://en.wikipedia.org/wiki/Ticino
  • Wikipedia (EN) — «Common bailiwicks in Switzerland»: https://en.wikipedia.org/wiki/Common_bailiwicks_in_Switzerland
  • Kulm Hotel St. Moritz — «History»: https://www.kulm.com/en/history
  • Wikipedia (EN) — «St. Moritz»: https://en.wikipedia.org/wiki/St._Moritz
  • Wikipedia (EN) — «Graubünden»: https://en.wikipedia.org/wiki/Graub%C3%BCnden

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Suiza
Créditos de las imágenes
Fotos de Wikimedia Commons, cada una bajo su propia licencia (CC BY, CC BY-SA o dominio público). Tocá cada archivo para ver su autor y su licencia.
Oeschinensee panorama view with turquoise water