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Historia · Suiza

Historia de Valais y sur

El Valais, el Ródano y el obispado de Sión

El Valais (Wallis) ocupa el gran valle superior del Ródano, un surco recto de más de un centenar de kilómetros flanqueado por las cumbres más altas de Suiza, entre ellas el Matterhorn y el Dom. Es una tierra de fuertes contrastes: la parte alta (Oberwallis) es de habla alemana, herencia de los colonos walser, mientras que la baja es francófona, otra muestra de esa frontera lingüística que atraviesa el país. Durante la Edad Media y hasta la época moderna, el Valais fue en buena medida un Estado teocrático: el príncipe-obispo de Sión (Sitten) ejercía el poder temporal sobre el valle, y las comunidades campesinas del alto Valais defendían con celo sus libertades frente a él y frente a los duques de Saboya.

El Valais estuvo asociado a la Confederación como aliado, pero no fue cantón hasta muy tarde. Tras la turbulenta época napoleónica —durante la cual llegó a ser incluso un efímero "departamento del Simplón" anexionado a Francia—, ingresó como cantón de pleno derecho en 1815, con el Congreso de Viena. Su capital, Sión, conserva sobre dos colinas los castillos de Valère y Tourbillon, testimonios de aquel largo poder episcopal, y su basílica alberga uno de los órganos más antiguos del mundo aún en uso.

Región soleada y agrícola, el Valais es el gran viñedo de Suiza —sus laderas producen vinos como el Fendant— y tierra de grandes obras hidroeléctricas, como la colosal presa de la Grande Dixence, una de las más altas del planeta. Pero su fama mundial la deben, sobre todo, a sus montañas: en los valles laterales que suben desde el Ródano se esconden algunas de las estaciones alpinas más célebres, con Zermatt y su Matterhorn a la cabeza.

https://en.wikipedia.org/wiki/Valaishttps://en.wikipedia.org/wiki/Sion,_Switzerland

El Matterhorn y la tragedia de 1865

Ninguna montaña simboliza a Suiza como el Matterhorn (Cervin en francés, Cervino en italiano), la pirámide casi perfecta de 4.478 metros que se alza sobre el pueblo de Zermatt, en un valle lateral del Valais. Durante la edad de oro del alpinismo fue la gran cumbre invicta, la última de las grandes montañas de los Alpes que quedaba por conquistar, y su ascensión se convirtió en una carrera obsesiva entre montañeros británicos e italianos, que la intentaban desde ambas vertientes.

La cima se alcanzó por fin el 14 de julio de 1865. Una expedición encabezada por el británico Edward Whymper, con los guías Michel Croz y los Taugwalder, padre e hijo, de Zermatt, y otros compañeros, logró coronar el Matterhorn por la arista suiza. Pero el triunfo se transformó en catástrofe durante el descenso: uno de los montañeros resbaló y arrastró en su caída a otros tres, que murieron despeñados por la pared norte al romperse la cuerda que los unía. De los siete que habían llegado a la cima, solo tres sobrevivieron. La tragedia conmocionó a Europa —hubo incluso sospechas, luego desestimadas, de que se hubiera cortado la cuerda— y marcó el fin de la edad de oro del alpinismo.

Aquella conquista trágica hizo famoso a Zermatt de la noche a la mañana. El pueblo, hasta entonces una modesta aldea de montaña, se convirtió en una de las mecas del alpinismo y luego del turismo mundial. Hoy Zermatt es una estación de lujo sin coches de combustión, meta de montañeros, esquiadores y viajeros que llegan de todo el planeta atraídos por la silueta del Matterhorn, la montaña más fotografiada del mundo y emblema, entre otras cosas, de una conocida marca de chocolate suizo.

https://en.wikipedia.org/wiki/First_ascent_of_the_Matterhornhttps://en.wikipedia.org/wiki/Matterhorn

El Tesino: la tierra súbdita que se volvió cantón

Al sur de los Alpes, donde el paisaje se vuelve mediterráneo —lagos rodeados de palmeras, casas de piedra, campanarios lombardos—, se extiende el Tesino (Ticino), el único cantón enteramente de lengua italiana. Su historia es distinta de la del resto de Suiza, porque el Tesino no ingresó libremente en la Confederación: fue conquistado. Entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, en el marco de las Guerras de Italia, los cantones suizos arrebataron estos territorios al ducado de Milán y los convirtieron en bailías (baliaggi), tierras súbditas administradas por bailíos que los cantones enviaban por turnos para gobernar —y a menudo para enriquecerse.

Durante unos tres siglos, el Tesino fue así una tierra dominada, sin voz propia en la Confederación, gobernada desde el norte por señores que no hablaban su lengua. Esa condición subalterna solo terminó con la Revolución Helvética: durante la efímera República Helvética se crearon dos cantones, Bellinzona y Lugano, y el Acta de Mediación de Napoleón los unificó en 1803 en un único cantón, el Tesino, que por primera vez ingresaba en la Confederación como miembro de pleno derecho, igual a los demás.

Desde entonces, el Tesino ha sido la Suiza italiana: fiel a la Confederación pero orgulloso de su lengua y su cultura mediterráneas, lo que le valió, en los años treinta, ser reivindicado por la Italia fascista de Mussolini como territorio "étnicamente italiano" —una pretensión que Suiza rechazó de plano, reafirmando su identidad plurilingüe. Sus principales ciudades, Lugano —a orillas de su lago, hoy importante plaza financiera y turística— y Locarno, combinan el encanto italiano con la organización suiza, y hacen del Tesino uno de los destinos más apreciados del país, sobre todo por los propios suizos del norte que bajan a buscar el sol y las palmeras.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ticinohttps://en.wikipedia.org/wiki/Common_bailiwicks_in_Switzerla

La Engadina, el romanche y la invención del turismo de invierno

En el sureste de Suiza, en el cantón de los Grisones (Graubünden), se abre la Engadina, el alto valle del río Eno (Inn) que discurre a más de 1.800 metros de altitud entre montañas y lagos. Es una de las últimas tierras del romanche, esa lengua románica descendiente del latín que sobrevive en los valles de los Grisones; en la Alta Engadina se habla la variante ladina, y muchos topónimos —incluido el de la propia St. Moritz, San Murezzan en romanche— conservan esa raíz milenaria. Los Grisones, antigua Liga Gris, fueron durante siglos una confederación de comunidades de montaña independientes, asociada a Suiza, que solo se convirtió en cantón en 1803.

Fue en la Engadina, y más concretamente en St. Moritz, donde nació el turismo de invierno tal como lo conocemos. Hasta mediados del siglo XIX, los viajeros solo iban a los Alpes en verano; el invierno se consideraba una estación muerta e inhóspita. En el otoño de 1864, el hotelero Johannes Badrutt, del Kulm Hotel de St. Moritz, hizo a cuatro huéspedes ingleses una apuesta célebre: los invitó a volver en invierno y les prometió pagarles el viaje si no disfrutaban del sol y la nieve de la Engadina. Los ingleses aceptaron, regresaron en diciembre, se quedaron hasta la primavera encantados con el clima luminoso y frío, y al volver a Inglaterra difundieron la noticia. Había nacido una industria entera.

St. Moritz se convirtió así en la cuna del turismo invernal y en sinónimo de lujo alpino. La localidad organizó las primeras competiciones de deportes de invierno, dio nombre a pistas legendarias como la del bobsleigh Cresta Run, y llegó a acoger dos veces los Juegos Olímpicos de Invierno, en 1928 y en 1948. Junto a otras estaciones de los Grisones —como Davos, sede hoy del Foro Económico Mundial—, la Engadina consolidó un modelo de turismo alpino elegante e internacional. De aquella apuesta junto a la chimenea del Kulm Hotel salió, en buena medida, toda la Suiza invernal que hoy conoce el mundo.

https://www.kulm.com/en/historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/St._Moritz

Un mosaico de lenguas y culturas al pie de los Alpes

El sur de Suiza es, en pequeño, un resumen de todo el país: en un radio de pocos valles conviven el francés del bajo Valais, el alemán del alto Valais, el italiano del Tesino y el romanche de la Engadina. Es la prueba viviente de que Suiza no es una nación de una sola lengua ni una sola cultura, sino una "nación por voluntad" que ha hecho de su diversidad su seña de identidad. En ninguna otra parte se percibe con tanta claridad cómo la geografía alpina —valles aislados unos de otros por altos pasos— preservó durante siglos lenguas y tradiciones distintas a muy pocos kilómetros de distancia.

Esa misma geografía, antes sinónimo de pobreza y aislamiento, es hoy la mayor riqueza de la región. Las grandes obras de ingeniería suiza han horadado los Alpes con túneles legendarios —el del San Gotardo, el del Simplón, y en el siglo XXI el túnel de base del Gotardo, el más largo del mundo— que conectan el norte germánico con el sur italiano y con el resto de Europa. Lo que durante siglos fue una barrera se ha convertido en un cruce de caminos.

Del obispado de Sión a las mazmorras de los bailíos del Tesino, del drama del Matterhorn a la apuesta del Kulm Hotel, el sur de Suiza condensa las grandes líneas de la historia del país: la formación tardía y negociada de la Confederación, la conquista y luego la integración de tierras diversas, el paso de la miseria montañesa a la prosperidad turística, y la convivencia, siempre delicada y siempre lograda, de pueblos que hablan lenguas distintas y han decidido, pese a todo, seguir siendo un mismo país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Graub%C3%BCndenhttps://en.wikipedia.org/wiki/Romansh_language

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📚 Bibliografía

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