Vidzeme es la gran región del centro-norte de Letonia y, en muchos sentidos, el corazón histórico del país. En época medieval fue el núcleo de la Livonia de la Orden y del arzobispado de Riga, sembrado de castillos de ladrillo que controlaban los ríos y los caminos. Su nombre significa, literalmente, "la tierra del medio". Tras la guerra de Livonia pasó a Polonia y luego a Suecia, y el período sueco (siglo XVII) dejó buena memoria entre sus campesinos por las escuelas parroquiales y cierto orden administrativo; a Vidzeme y Riga se las llamaba "el granero de Suecia".
Con la Gran Guerra del Norte, la región cayó bajo el Imperio ruso en 1721 y formó el núcleo de la gobernación de Livonia. Fue justamente en Vidzeme donde la servidumbre se abolió temprano, en 1819, y donde el despertar nacional letón echó raíces profundas entre un campesinado que empezaba a alfabetizarse. La geografía de la región —bosques, colinas suaves y el sinuoso valle del río Gauja— la convirtió además en el gran refugio natural del país.
El río Gauja excavó a lo largo de milenios un valle ancho y boscoso de acantilados de arenisca roja, cuevas y meandros que es hoy uno de los paisajes más queridos de Letonia. En 1973 se creó allí el Parque Nacional Gauja, el más antiguo y extenso del país, que protege bosques, formaciones de arenisca, cuevas y una gran concentración de castillos e iglesias históricas. La zona en torno a Sigulda suele llamarse "la Suiza de Letonia" por sus relieves inusualmente marcados para un país tan llano.
Entre las curiosidades del valle está la cueva de Gūtmanis (Gūtmaņala), la más grande del Báltico, cubierta de inscripciones que algunos visitantes dejaron a lo largo de siglos. El parque combina naturaleza y patrimonio: senderos, cuevas y miradores conviven con las ruinas y los castillos de la época de la Orden de Livonia, lo que hace del Gauja a la vez un destino de aire libre y un libro de historia al aire libre.
En el tramo más espectacular del valle se enfrentan, a ambos lados del Gauja, dos castillos que resumen la Edad Media livonia: el de Sigulda, levantado por la Orden de los Portaespadas en el siglo XIII, y el de Turaida, construido en ladrillo rojo por el arzobispado de Riga a partir de 1214 sobre un antiguo castro de los livonios. El nombre Turaida viene, de hecho, de la lengua livonia y significaría algo así como "el jardín de Thor". Hoy Turaida es un gran museo al aire libre que combina la torre restaurada, la iglesia de madera y un parque de esculturas.
Turaida es también el escenario de la leyenda más famosa del país: la "Rosa de Turaida", la historia de Maija, una joven de comienzos del siglo XVII que, según la tradición, prefirió morir antes que ser deshonrada por un pretendiente al que engañó para salvar su fidelidad. La leyenda, con base en un hecho real documentado en actas judiciales de la época, convirtió a Maija en un símbolo del amor y la lealtad, y su tumba en el cerro de Turaida sigue siendo lugar de visita. Estas historias muestran cómo el valle del Gauja mezcla la piedra de los conquistadores con la memoria oral del pueblo letón y livonio.
Cēsis (Wenden en alemán) es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Letonia y tuvo un peso histórico muy superior a su tamaño. Su imponente castillo, fundado a comienzos del siglo XIII, fue durante mucho tiempo la residencia del maestre de la Orden de Livonia, es decir, uno de los centros de poder de toda la región. En 1577, durante la guerra de Livonia, la guarnición asediada por las tropas de Iván el Terrible prefirió volar el castillo con su propia pólvora antes que rendirse, un episodio que quedó grabado en la memoria local.
Cēsis está además ligada a dos símbolos nacionales. La tradición sostiene que la bandera letona —roja con una franja blanca— tiene su origen en una crónica medieval que menciona un estandarte de esos colores usado por guerreros de la zona de Cēsis en el siglo XIII, lo que convierte a la ciudad en una especie de cuna del emblema patrio. Y en junio de 1919, en los alrededores de Cēsis, las fuerzas letonas y estonias derrotaron a la Landeswehr germano-báltica en la batalla de Cēsis, una victoria decisiva para asegurar la independencia recién proclamada. Historia medieval y fundación nacional se dan la mano en sus calles empedradas.
Más allá de sus castillos, Vidzeme es la región donde mejor arraigó la cultura campesina letona que sostuvo la identidad nacional. La abolición temprana de la servidumbre (1819) y la expansión de las escuelas parroquiales crearon un campesinado alfabetizado y relativamente próspero para los estándares de la época, del que salieron muchos de los protagonistas del despertar nacional del siglo XIX. Fue en este mundo rural donde se recogieron miles de dainas, las canciones populares tradicionales que Krišjānis Barons ordenó en su famoso archivo.
La región conserva viva esa tradición coral que es el gran rito colectivo de los letones. Los festivales de canto, que se celebran desde 1873, movilizan a miles de cantantes de todo el país en una liturgia laica de la identidad nacional que la Unesco reconoció como patrimonio inmaterial. En Vidzeme, tierra de bosques, granjas dispersas y viejos castillos, esa herencia se percibe con particular claridad: es el paisaje donde el pueblo letón, sometido durante siglos, guardó su lengua y su música hasta que llegó el momento de reclamar un país propio.