Savusavu es la puerta de entrada a la Fiyi menos turística: un pueblo de una sola calle asomado a una bahía profunda y protegida, con veleros fondeados, un mercado colorido y colinas verdes que caen al mar. Está en la costa sur de Vanua Levu, la segunda isla más grande del archipiélago, a un vuelo corto de Nadi pero a años luz del bullicio de Denarau y las Mamanuca. Acá no hay grandes complejos ni fiestas de espuma: hay aguas termales que burbujean entre las casas, la primera granja de perlas negras del país, y algunos de los mejores sitios de buceo de Fiyi a la vuelta de la esquina.
El apodo de "puerto secreto" no es marketing: la bahía de Savusavu es un cráter volcánico inundado, un fondeadero natural que desde el siglo XIX atrajo a comerciantes de sándalo, pepino de mar y copra, y que hoy es refugio de yates que cruzan el Pacífico. Ese mismo volcanismo alimenta las famosas fuentes termales de Nakama, donde los vecinos todavía cocinan taro y mandioca metiéndolos en el agua hirviendo. Es un lugar donde la vida real fiyiana y el turismo conviven sin disfraces.
Esta guía recorre Savusavu con mirada práctica: cómo llegar (vuelo de Fiji Link o ferry de Goundar), qué ver en el pueblo y sus alrededores, dónde bucear —desde la bahía y Split Rock hasta la joya de la Reserva Marina de Namena—, cómo funciona la visita a la granja de perlas J. Hunter, y dónde alojarse, del emblemático Jean-Michel Cousteau Resort a los guesthouses del centro. También honra su historia: la de los jefes de Cakaudrove, los plantadores de copra del siglo XIX y los girmitiyas que cambiaron para siempre la cara de Fiyi.
La bahía de Savusavu es un cráter volcánico inundado que fue durante siglos territorio de los iTaukei de Cakaudrove, uno de los tres grandes confederados de jefaturas de Fiyi. En la primera mitad del siglo XIX su puerto se convirtió en un centro del comercio de sándalo y bêche-de-mer, y desde la década de 1860 colonos australianos y neozelandeses levantaron plantaciones de coco alrededor: Savusavu llegó a ser un gran centro copra hasta que la Gran Depresión hundió los precios en los años 1930. Como todo Fiyi, quedó bajo dominio británico con la cesión de 1874 firmada por Cakobau, y su economía se entrelazó con la llegada de los girmitiyas, los trabajadores indios contratados entre 1879 y 1916. Hoy vive de las perlas negras, el buceo y el eco-turismo. La historia completa está en nuestra página de historia.
Leer la historia completa ↓La otra Fiyi, más salvaje y remota: la segunda gran isla, Vanua Levu, con su bohemia Savusavu; la exuberante "isla jardín" de Taveuni, atravesada por el meridiano 180; los arrecifes de Kadavu, y Levuka, la antigua capital y único Patrimonio de la Humanidad del país.
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Origen, formación y qué dicen las fuentes.
En Savusavu el suelo respira. Basta caminar unos minutos desde la calle principal para encontrar columnas de vapor que suben entre las casas, y pozos de agua que hierve a casi cien grados donde los vecinos, como hace generaciones, sumergen atados de taro y mandioca para cocinarlos sin fuego. Son las fuentes termales de Nakama, la prueba viva de que el pueblo entero se asienta sobre un volcán dormido. La bahía profunda y protegida que le dio fama —ese "puerto secreto" al que llegan los veleros que cruzan el Pacífico— no es otra cosa que un cráter volcánico inundado por el mar.
Esa geología define la historia del lugar. Vanua Levu, la segunda isla de Fiyi, es un archipiélago dentro del archipiélago: montañas cubiertas de selva, costas recortadas y una división tajante entre la vertiente húmeda del sur, donde está Savusavu, y la seca del norte, alrededor de Labasa. Sobre esa geografía se construyeron milenios de vida iTaukei, siglos de comercio, plantaciones coloniales y, finalmente, el pueblo tranquilo de perlas y buceo que conocemos hoy.
Para entender Savusavu hay que mirar más allá de la postal: detrás de las aguas termales y las ostras negras hay una historia de navegantes lapita, jefaturas poderosas, comerciantes de sándalo, colonos de copra y trabajadores traídos desde la India que cambiaron para siempre la cara de Fiyi.
Los primeros en llegar a estas costas fueron los portadores de la cultura lapita, los extraordinarios navegantes del Pacífico que, hace unos tres mil años, poblaron Fiyi como parte de la gran expansión austronesia hacia el este de Oceanía. Se los reconoce por su cerámica de motivos geométricos estampados, hallada en yacimientos de todo el archipiélago. De aquellos primeros pobladores desciende el pueblo iTaukei, los fiyianos indígenas, cuya sociedad se organiza hasta hoy en torno al mataqali (el clan basado en el linaje), el vanua (la unión indisoluble entre la gente, su tierra y sus ancestros) y el respeto al jefe.
Vanua Levu y la vecina Taveuni quedaron, con los siglos, bajo la órbita de una de las confederaciones de jefaturas más poderosas de Fiyi: Cakaudrove, cuyo jefe supremo lleva el título de Tui Cakau. Savusavu y su costa forman parte de ese territorio tradicional. Cakaudrove fue, junto con Bau y Rewa en Viti Levu, uno de los grandes polos de poder del Fiyi precolonial, en un mundo de alianzas, tributos, matrimonios estratégicos y guerras entre jefaturas.
La vida giraba en torno a la agricultura del taro y el ñame, la pesca, y el yaqona o kava —la raíz con la que se prepara la bebida ceremonial que sella cada acuerdo y cada bienvenida—. El protocolo del sevusevu, la presentación de un atado de kava al jefe al llegar a una aldea, sigue vigente en las comunidades de la zona y es la llave para visitar respetuosamente lugares como la cascada de Vuadomo.
El primer contacto sostenido con los europeos no llegó por el turismo sino por el comercio, y fue voraz. A comienzos del siglo XIX Vanua Levu era conocida como "Sandalwood Island", la isla del sándalo: barcos mercantes de Europa, Estados Unidos y Australia recalaban en sus bahías —Savusavu entre ellas— para cargar la preciada madera aromática, que se vendía a precio de oro en los mercados asiáticos. Cuando el sándalo se agotó, el negocio pasó al bêche-de-mer, el pepino de mar seco que también se comerciaba con China. El puerto natural de Savusavu, ese cráter inundado y abrigado, era un fondeadero ideal para aquellos tratos.
Hacia la década de 1860 llegó una nueva ola: colonos de Australia y Nueva Zelanda que compraron o arrendaron tierras y plantaron cocoteros en los alrededores de Savusavu. El producto era la copra —la pulpa seca del coco, de la que se extrae aceite—, y durante décadas fue el motor económico de la costa sur de Vanua Levu. Savusavu se convirtió en un centro copra de peso, con su galpón de acopio (el Copra Shed que hoy es marina y corazón social del pueblo) y una comunidad de plantadores que, al mezclarse con familias fiyianas, dio origen a una élite mestiza que prosperó con el negocio.
Aquella bonanza no fue eterna. La Gran Depresión de los años 1930 hundió el precio internacional de la copra y golpeó de lleno a Savusavu. Pero el paisaje quedó marcado para siempre: las hileras de cocoteros que todavía cubren la costa son la huella viva de aquel siglo de plantaciones.
Mientras Savusavu comerciaba copra, en el resto de Fiyi se decidía el destino político del archipiélago. Tras décadas de guerras entre jefaturas, presiones de colonos extranjeros y deudas impagables, el jefe Seru Epenisa Cakobau —a quien las potencias reconocían como "rey" de Fiyi— terminó cediendo la soberanía a Gran Bretaña. El 10 de octubre de 1874, a bordo del buque HMS Pearl fondeado en Levuka, Cakobau y otros doce jefes supremos firmaron el Deed of Cession, el acta que convirtió a Fiyi en colonia británica bajo la reina Victoria. Cakaudrove y Vanua Levu quedaron incorporadas a la nueva administración colonial.
La decisión que más transformó a Fiyi vino poco después. Para hacer rentable la colonia sin desmantelar la sociedad iTaukei —el primer gobernador, Arthur Gordon, prohibió emplear a los fiyianos como mano de obra en las plantaciones—, los británicos importaron trabajadores desde la India bajo contratos de servidumbre. El primer barco, el Leonidas, llegó en 1879 con 463 personas; entre ese año y 1916 arribaron unos 60.000 trabajadores indios. Llamaban a su contrato girmit (deformación de la palabra inglesa agreement, "acuerdo") y a sí mismos girmitiyas.
Las condiciones fueron durísimas: jornadas extenuantes en los cañaverales, castigos, hacinamiento y abusos que con los años provocaron denuncias en la propia India. El sistema de indenture se abolió recién en 1916-1919. Muchos girmitiyas se quedaron al terminar sus contratos, y sus descendientes —los indofiyianos— pasaron a formar cerca de la mitad de la población del país, aportando el hindi, el hinduismo, el islam y una cocina que hoy es parte esencial de la identidad fiyiana. En Savusavu, ese legado se prueba en cada curry de la calle principal.
Fiyi recuperó su soberanía el 10 de octubre de 1970 —exactamente 96 años después de la cesión—, al convertirse en nación independiente dentro de la Commonwealth. Las décadas siguientes trajeron tensiones entre las comunidades iTaukei e indofiyiana y una serie de golpes de Estado (1987, 2000, 2006) que sacudieron la política nacional, aunque Savusavu, lejos de la capital, siguió su ritmo pausado de pueblo copra reconvertido.
Esa reconversión fue el gran cambio de las últimas décadas. Con la copra en decadencia, Savusavu encontró nuevos motores. En su bahía de aguas limpias se instaló la primera granja de perlas negras de Fiyi, J. Hunter Pearls, que hizo de la ostra de labios negros un emblema local. El buceo puso a la zona en el mapa mundial, con la Reserva Marina de Namena y los arrecifes de coral blando a un paso. Y los veleros que cruzan el Pacífico convirtieron a la Copra Shed —el viejo galpón restaurado— en marina y club náutico. Resorts como el Jean-Michel Cousteau, fundado por el hijo del legendario oceanógrafo Jacques Cousteau, apostaron por un turismo de naturaleza y conservación.
Hoy Savusavu es un pueblo pequeño y multicultural de unos cinco mil habitantes: fiyianos iTaukei, indofiyianos, descendientes de plantadores y una comunidad internacional que echó raíces. Sigue viviendo del mar y de la tierra, pero también de mostrar su rincón de Fiyi tal como es, sin artificios. Las fuentes de Nakama todavía hierven, la kava todavía sella cada bienvenida, y la bahía-cráter sigue guardando barcos como hace dos siglos. Cambió el negocio; el puerto secreto sigue siendo el mismo.