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Historia de Croacia

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Ilirios, liburnos y Roma: Salona, Diocleciano y el emperador que abdicó

Mucho antes de que existieran los croatas, la costa oriental del Adriático y su interior montañoso estaban habitados por pueblos indoeuropeos que los antiguos englobaban bajo el nombre de ilirios. Entre ellos destacaron dos: los liburnos, expertos navegantes y temibles piratas del golfo de Kvarner y del norte de Dalmacia, cuyas ligeras naves —las liburnas— llegaron a inspirar los barcos de guerra romanos; y los dálmatas propiamente dichos, que dieron nombre a la región. En el interior vivían los japodes y, más al norte, tribus panonias. Griegos de Siracusa fundaron colonias en las islas, como Issa (Vis) y Pharos (Stari Grad, en Hvar), en el siglo IV a.C.

Roma tardó más de dos siglos en dominar esta orilla. Tras derrotar al último rey ilirio, Gencio, en el 168 a.C., y sofocar sucesivas rebeliones —la gran revuelta panonio-dálmata del 6 al 9 d.C. fue una de las guerras más duras que libró Augusto—, el territorio quedó organizado en la provincia de Dalmacia y en las dos Panonias. Ciudades como Iader (Zadar), Salona, Pola (Pula) o Parentium (Poreč) se romanizaron a fondo: acueductos, foros, anfiteatros. Salona, cerca de la actual Split, se convirtió en la capital y en una de las mayores ciudades del Adriático.

De esa Dalmacia romana salió uno de los personajes más notables de la Antigüedad tardía. Diocleciano, nacido cerca de Salona hacia el 244 en una familia humilde, llegó a emperador en el 284 y reorganizó el Imperio con la tetrarquía. En el 305 protagonizó un gesto sin precedentes: fue el único emperador romano que abdicó voluntariamente, dejó el poder y se retiró a un colosal palacio fortificado que había mandado construir junto a Salona, en Spalatum. Allí, según la anécdota, respondió a quienes le pedían que volviera al trono que si vieran las coles que él plantaba con sus manos no le hablarían de recuperar el poder. Murió en aquel palacio hacia el 311. Siglos después, cuando los ávaros y los eslavos arrasaron Salona en el siglo VII, sus habitantes se refugiaron dentro de aquellas murallas: de ese modo el palacio de un emperador se transformó, poco a poco, en el núcleo de la ciudad de Split.

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La llegada de los croatas (siglo VII)

El derrumbe del poder romano en el Adriático dejó un vacío que llenaron nuevos pueblos. En los siglos VI y VII, tribus eslavas —a menudo empujadas o acompañadas por los ávaros, un pueblo esteparia de origen asiático— se derramaron sobre los Balcanes y sobre Panonia, saqueando ciudades romanas como Salona. Entre esos recién llegados o poco después arribaron los croatas (Hrvati), que fueron asentándose en la antigua Dalmacia y en la Panonia meridional y mezclándose con los eslavos y con la población romanizada superviviente que se había refugiado en las ciudades costeras y en las islas.

La fuente más citada sobre este episodio es el tratado De administrando imperio, escrito en el siglo X por el emperador bizantino Constantino VII Porfirogéneta, que sitúa la llegada de los croatas en el siglo VII, procedentes de una "Croacia Blanca" al norte de los Cárpatos, en torno a la actual Polonia meridional y Ucrania occidental. Los historiadores modernos discuten la fecha y el relato: la corriente principal ubica el asentamiento entre finales del siglo VI y principios del VII, mientras que algunas hipótesis minoritarias lo retrasan. Lo seguro es que hacia el año 800 existían ya comunidades croatas organizadas en torno a ciudades como Nin, Zadar y Trogir.

Aquellos croatas se cristianizaron a lo largo de los siglos VIII y IX, atraídos a la órbita de Roma y del Imperio franco de Carlomagno, que a comienzos del siglo IX incorporó la región a su esfera. De ese periodo datan los primeros principados o ducados croatas —la Croacia litoral o dálmata y la Croacia panonia— y algunos de los monumentos más antiguos del país, como pequeñas iglesias preromânicas y las primeras inscripciones en escritura glagolítica, el alfabeto eslavo que en Croacia tendría una pervivencia excepcionalmente larga.

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El reino medieval, Tomislav y la unión con Hungría (925-1102)

A lo largo del siglo IX los duques croatas fueron ganando autonomía frente a francos y bizantinos. El primer gran salto llegó con Tomislav, de la dinastía Trpimirović, que hacia el 910 era duque y que hacia el 925 aparece ya llamado rey de los croatas (rex Chroatorum) en una carta del papa Juan X. Tomislav unificó bajo su cetro la Croacia dálmata y la panonia y frenó tanto a los búlgaros como a los magiares; su reinado es recordado como el nacimiento del reino medieval croata, y por eso su figura se convertiría siglos después en símbolo nacional.

El reino vivió su apogeo en el siglo XI. Bajo Petar Krešimir IV (1059-1074), Croacia extendió su dominio sobre buena parte de las ciudades dálmatas —a Krešimir se debe la primera mención de Šibenik, en 1066, la única gran ciudad de la costa fundada por los propios croatas— y se afirmó como potencia adriática. Su sucesor, Demetrio Zvonimir, fue coronado en 1075 con el respaldo del papado, en plena reforma gregoriana. Pero Zvonimir murió sin heredero directo hacia 1089, y su desaparición abrió una crisis dinástica que dejó al reino sin un sucesor firme y expuesto a las ambiciones de sus vecinos.

Esa crisis la resolvió Hungría. Tras años de disputas, el rey Colomán de Hungría se impuso y fue coronado rey de Croacia y Dalmacia en Biograd, en 1102. Según una tradición recogida en el documento conocido como Pacta Conventa, doce linajes nobiliarios croatas reconocieron a Colomán como rey a cambio de conservar sus tierras y privilegios y de la obligación de aportar caballería en caso de guerra. Se iniciaba así una unión con la corona húngara que, con altibajos, duraría más de ocho siglos: Croacia conservó su propia dieta o parlamento (el Sabor) y su virrey (el ban), pero compartió monarca con Hungría hasta 1918. No fue una simple anexión ni una plena independencia, sino un vínculo dinástico que los croatas invocarían una y otra vez para reclamar su estatalidad propia.

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Venecia y la costa dálmata: Zadar y la Cuarta Cruzada

Desde el año 1000, cuando el dux Pietro Orseolo II recorrió el Adriático y recibió el título de "duque de Dalmacia", la República de Venecia disputó a húngaros, bizantinos y croatas el control de las ciudades y las islas de la costa. Durante siglos, los puertos dálmatas —Zadar, Šibenik, Trogir, Split, las islas— cambiaron de manos una y otra vez entre Venecia, Hungría-Croacia y Bizancio, atraídos por el comercio marítimo y por su posición estratégica en la ruta hacia Levante. Venecia necesitaba dominar la orilla oriental para asegurar sus rutas, y lo hizo con dureza.

El episodio más brutal de esa pugna fue la caída de Zadar (Zara) en 1202. La ciudad, rica y rebelde, se había puesto bajo protección del rey de Hungría. Ese año, los ejércitos de la Cuarta Cruzada, que no podían pagar a Venecia el precio de la flota que los debía llevar a Tierra Santa, aceptaron el trato que les propuso el anciano dux Enrico Dandolo: saldar la deuda conquistando para Venecia la cristiana Zadar. Entre el 10 y el 24 de noviembre de 1202, cruzados y venecianos sitiaron y saquearon la ciudad, el primer ataque de una cruzada católica contra una urbe católica. El papa Inocencio III, escandalizado, excomulgó a los cruzados, aunque poco después levantó la pena a todos salvo a los venecianos. La cruzada, desviada de su rumbo, terminaría saqueando también Constantinopla en 1204.

La presencia veneciana se consolidó a lo largo de la Baja Edad Media y el Renacimiento. Por la Paz de Zadar de 1358, Venecia debió ceder Dalmacia al rey Luis I de Hungría, pero a partir de 1409 recuperó el control de casi toda la costa —Zadar fue vendida ese año por un pretendiente al trono húngaro— y lo mantuvo hasta la caída de la República en 1797. De esa larga dominación proceden los campanarios, las logias, los leones de San Marcos y buena parte del aire veneciano que todavía define las ciudades de la costa dálmata; y también una frontera cultural y lingüística —el véneto de la costa frente al croata del interior— que marcaría la región durante siglos.

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La República de Ragusa: diplomacia, libertad y el terremoto de 1667

En el extremo sur de la costa, una sola ciudad escapó al dominio veneciano y forjó su propio destino: Ragusa, la actual Dubrovnik. Fundada según la tradición por refugiados de la vecina Epidauro tras las invasiones eslavas, Ragusa fue primero bizantina, después vasalla de Venecia (1205-1358) y, tras la Paz de Zadar de 1358, una república aristocrática prácticamente independiente bajo la nominal soberanía —y luego la protección tributaria— de Hungría y del Imperio otomano. Gobernada por un Senado y un rector que cambiaba cada mes para evitar tiranías, la pequeña república hizo de la palabra Libertas su lema y su bandera.

Su fuerza no fueron los ejércitos sino la diplomacia y el comercio. Ragusa mantuvo cónsules y agentes en decenas de puertos del Mediterráneo, pagó tributo al sultán otomano a cambio de comerciar libremente por sus dominios y practicó un equilibrio permanente entre las grandes potencias que le permitió sobrevivir durante siglos como Estado diminuto entre gigantes. Su flota mercante llegó a rivalizar con las mayores de Europa. Y su legislación estuvo entre las más avanzadas de su tiempo: ya en 1416 el Senado prohibió el comercio de esclavos, una de las primeras aboliciones del tráfico de esclavos en Europa, aunque —conviene precisarlo— lo que se vetó fue la trata, no toda forma de servidumbre doméstica, que fue extinguiéndose después.

La catástrofe llegó el 6 de abril de 1667, cuando un violentísimo terremoto arrasó la ciudad: murieron unas 2.000 personas dentro de las murallas y hasta un millar más en el resto del territorio, incluido el propio rector, Šišmundo Gundulić, y buena parte de la nobleza. Se derrumbaron palacios, iglesias y monasterios góticos y renacentistas; quedaron en pie, sobre todo, las murallas. Ragusa se reconstruyó en el estilo barroco que hoy la caracteriza, pero nunca recuperó del todo su antiguo esplendor. La República sobrevivió aún siglo y medio, hasta que las tropas de Napoleón la ocuparon en 1806 y la abolieron formalmente en 1808, poniendo fin a más de cuatro siglos de independencia.

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Los otomanos, la Frontera Militar y los Habsburgo

El siglo XVI trajo a Croacia su prueba más dura. Tras la derrota húngara de Mohács en 1526, donde murió el rey Luis II, la nobleza croata eligió en 1527 como soberano al archiduque Fernando de Habsburgo, esperando de Viena la protección frente al avance otomano. Pero los turcos siguieron ganando terreno durante décadas: cayeron plazas fuertes una tras otra, y el reino quedó reducido a una estrecha franja en torno a Zagreb y el noroeste. Los propios croatas llamaron a lo que les quedaba, en latín, reliquiae reliquiarum olim inclyti regni Croatiae: "los restos de los restos del otrora ilustre reino de Croacia".

La marea empezó a cambiar en 1593 con la batalla de Sisak, donde un ejército austro-croata infligió una derrota aplastante al ejército otomano de Bosnia, cuyo comandante, Hasan Pasha, murió en el campo junto a miles de sus hombres. Sisak frenó la expansión otomana hacia Zagreb y Europa central y marcó el principio del reflujo turco. Para defender de forma permanente la línea de contacto, los Habsburgo organizaron la Frontera Militar (Vojna krajina, Militärgrenze): una vasta zona fronteriza administrada directamente por Viena y poblada por colonos-soldado —muchos de ellos serbios ortodoxos y otros cristianos huidos de los territorios otomanos— que a cambio de tierras y libertades defendían la frontera. Esa política asentó en el interior croata a numerosas comunidades serbias, un hecho de enormes consecuencias en el siglo XX.

Bajo los Habsburgo, Croacia siguió siendo un reino con su Sabor y su ban, pero cada vez más integrado en la maquinaria de la monarquía centroeuropea. La región vivió las tensiones de la Contrarreforma, los intentos de germanización, y en el siglo XVII el fracasado complot de los nobles Zrinski y Frankopan (1671), que buscaban mayor autonomía y terminaron ejecutados en Viena, un episodio que la memoria nacional convirtió después en símbolo de la resistencia croata frente al poder imperial. La Frontera Militar no se disolvería hasta 1881, cuando fue reincorporada a Croacia.

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El iliricismo y el despertar nacional del siglo XIX

Como en el resto de Europa, en la Croacia del siglo XIX el romanticismo alimentó un intenso despertar nacional. Frente a la presión de la nobleza húngara, que intentaba imponer el húngaro como lengua oficial y absorber a Croacia, un grupo de jóvenes escritores encabezados por el poeta y periodista Ljudevit Gaj lanzó en la década de 1830 el llamado movimiento ilirio (iliricismo). Su nombre evocaba a los antiguos ilirios como raíz común de todos los eslavos del sur, y su meta era doble: crear una lengua literaria croata estandarizada como contrapeso al húngaro, y promover la unidad cultural de los eslavos meridionales dentro del Imperio austríaco. En 1835 Gaj fundó el primer periódico en croata y su suplemento literario Danica.

El movimiento tuvo su hora política en la revolución de 1848. Ese año el Sabor eligió ban de Croacia a Josip Jelačić, militar de la Frontera Militar y simpatizante de las ideas ilirias. Jelačić abolió la servidumbre, convocó al Sabor y, sobre todo, rompió con Budapest: cuando estalló la revolución húngara, dirigió sus tropas contra los revolucionarios de Kossuth en nombre del emperador de Viena. Los croatas esperaban que su lealtad a los Habsburgo fuera recompensada con autonomía, pero el resultado fue el absolutismo centralista del régimen de Bach, que decepcionó esas expectativas: de ahí el dicho amargo de que los croatas recibieron "como premio lo que los húngaros como castigo".

Tras el Compromiso austrohúngaro de 1867, que dividió el Imperio entre Austria y Hungría, Croacia quedó en la mitad húngara y firmó al año siguiente el Nagodba (1868), un acuerdo que le concedía cierta autonomía interna pero la mantenía subordinada a Budapest. En esas décadas se consolidaron las grandes corrientes de la política croata moderna: el nacionalismo del Partido del Derecho de Ante Starčević, que reivindicaba un Estado croata; y las ideas yugoslavistas del obispo Josip Juraj Strossmayer, que soñaba con la unión de los eslavos del sur y fundó en Zagreb instituciones culturales decisivas, como la Academia. Ese fermento ideológico —Estado croata propio o unión yugoslava— dominaría el siglo siguiente.

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La Primera Guerra y el reino de los serbios, croatas y eslovenos

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) selló el fin del mundo austrohúngaro al que Croacia había pertenecido durante siglos. Miles de croatas combatieron y murieron en los ejércitos del emperador, en los frentes de Galitzia, Italia y Serbia. A medida que la derrota de las Potencias Centrales se hacía inevitable, los políticos eslavos del sur del Imperio se organizaron para decidir su futuro: en octubre de 1918 el Sabor de Zagreb rompió los lazos con Austria-Hungría y proclamó el Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios, una efímera entidad que, presionada por el avance italiano en el Adriático y por su propia debilidad, buscó de inmediato la unión con el reino de Serbia.

Esa unión se proclamó el 1 de diciembre de 1918: nacía el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, bajo la dinastía serbia de los Karađorđević, que en 1929 pasaría a llamarse Yugoslavia. Para muchos croatas la esperanza de una federación de iguales se frustró pronto: el nuevo Estado se organizó de forma centralista desde Belgrado, con predominio serbio en el ejército y la administración, y las reivindicaciones croatas de autonomía chocaron una y otra vez con el poder central. El principal partido croata, el Partido Campesino de Stjepan Radić, encarnó ese descontento.

La crisis estalló de forma trágica en 1928, cuando un diputado serbio disparó dentro del propio Parlamento de Belgrado contra los diputados croatas: Radić murió a consecuencia de las heridas. Su asesinato ahondó la fractura nacional. En 1929 el rey Alejandro suspendió la Constitución e impuso una dictadura personal; él mismo sería asesinado en 1934 en Marsella en un atentado organizado por nacionalistas croatas ustachas y macedonios. En 1939, en vísperas de la nueva guerra, Belgrado y los croatas moderados pactaron por fin el Sporazum, que creaba una amplia Banovina (provincia autónoma) de Croacia. Pero era demasiado tarde: la Segunda Guerra Mundial estaba a las puertas.

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La Segunda Guerra, el Estado Independiente de Croacia y Jasenovac

En abril de 1941 la Alemania nazi y sus aliados invadieron y desmembraron Yugoslavia. Sobre buena parte de la actual Croacia y de Bosnia-Herzegovina, las potencias del Eje instalaron un Estado satélite, el Estado Independiente de Croacia (NDH), entregado al movimiento fascista de los ustachas y a su líder, Ante Pavelić, que asumió el título de Poglavnik ("caudillo"). El NDH nunca fue plenamente soberano —dependía militarmente de Alemania e Italia y cedió gran parte de la costa dálmata a Roma—, pero sus dirigentes usaron su margen de autonomía para poner en marcha, desde las primeras semanas, una política de terror racial y étnico inspirada en el modelo nazi.

El objetivo declarado del régimen ustacha era una Croacia étnicamente "pura", y para ello persiguió y exterminó a serbios, judíos y gitanos (roma), además de a los opositores políticos croatas y musulmanes. Los ustachas montaron un sistema de campos de concentración y exterminio cuyo centro fue Jasenovac, en el río Sava, funcional entre 1941 y 1945. Las cifras de víctimas han sido objeto de una intensa —y politizada— controversia; conviene ceñirse a la historiografía seria y a las instituciones especializadas. El Museo Memorial del Holocausto de Estados Unidos (USHMM) estima que en Jasenovac los ustachas asesinaron entre 77.000 y 99.000 personas: en su mayoría serbios (entre 45.000 y 52.000), junto a entre 12.000 y 20.000 judíos, entre 15.000 y 20.000 roma y varios miles de croatas y musulmanes opositores. El Memorial de Jasenovac mantiene una lista nominal de más de 83.000 víctimas identificadas, que los investigadores consideran aún incompleta.

En torno a esas cifras hay que ser cuidadoso: durante la Yugoslavia socialista y en la propaganda posterior circularon estimaciones muy infladas —de cientos de miles o hasta un millón—, hoy rechazadas por los historiadores; y, en sentido inverso, sectores nacionalistas croatas han intentado minimizar o negar la magnitud del crimen, algo igualmente rechazado por la investigación. La historiografía actual sitúa el total de serbios muertos en todo el NDH entre unos 300.000 y 340.000, además de unos 30.000 judíos y decenas de miles de roma. Frente a ese régimen se alzó la resistencia: el movimiento partisano comunista dirigido por Josip Broz, Tito —él mismo croata-esloveno—, que reunió a antifascistas de todas las nacionalidades yugoslavas y que en 1943, en la ciudad bosnia de Jajce (AVNOJ), sentó las bases de una futura Yugoslavia federal. Zagreb, capital del NDH, cayó el 8 de mayo de 1945; Pavelić huyó y logró escapar a la Argentina y luego a España, sin ser nunca juzgado.

encyclopedia.ushmm.org · Jasenovacen.wikipedia.org · Jasenovac concentration campen.wikipedia.org · Independent State of Croatia

La Yugoslavia de Tito, la ruptura con Stalin y la Primavera Croata

Tras la victoria partisana, Croacia se convirtió en una de las seis repúblicas de la nueva Yugoslavia socialista federal, presidida por Tito con capital en Belgrado. El régimen fue de partido único y reprimió con dureza toda oposición —los primeros años estuvieron marcados por ejecuciones y campos, como el de Goli Otok—, pero también industrializó el país, alfabetizó a la población y, andando el tiempo, abrió Yugoslavia al turismo y a Occidente de un modo impensable en el resto del bloque comunista.

La gran cesura llegó en 1948, cuando Tito rompió con Stalin. Expulsada del Cominform en junio de ese año, Yugoslavia quedó aislada del bloque soviético y sometida a fuertes presiones económicas, pero Tito resistió —Stalin habría dicho, en vano, que bastaría con mover un dedo para derribarlo— y trazó su propio camino: el "socialismo autogestionario" en el interior y, en el exterior, el liderazgo del Movimiento de Países No Alineados, junto a Nasser, Nehru y otros. Esa "tercera vía" entre los dos bloques dio a Yugoslavia un prestigio internacional muy superior a su tamaño y a los yugoslavos un pasaporte que abría casi todas las fronteras.

Dentro de Croacia, sin embargo, las tensiones nacionales no desaparecieron. A finales de los años sesenta creció un movimiento reformista y cultural conocido como la Primavera Croata (o Maspok, "movimiento de masas"), que reclamaba mayor autonomía para la república, reconocimiento pleno de la lengua croata y una distribución económica menos favorable a Belgrado. El movimiento, apoyado por intelectuales, estudiantes y por parte de la propia dirigencia comunista croata, alarmó a Tito. En diciembre de 1971, en su pabellón de caza de Karađorđevo, el mariscal impuso un ultimátum a los líderes croatas: la Primavera fue aplastada, sus dirigentes destituidos o encarcelados y muchos de sus seguidores purgados. Paradójicamente, la Constitución yugoslava de 1974 acabó concediendo a las repúblicas buena parte de la autonomía reclamada, sentando —sin quererlo— algunas bases de la futura disolución del país. Tito murió en 1980, y sin su figura la federación empezó a resquebrajarse.

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La guerra de independencia (1991-1995): Vukovar, Dubrovnik y la Tormenta

Tras la muerte de Tito, la crisis económica, el ascenso del nacionalismo serbio de Slobodan Milošević y el descrédito del comunismo llevaron a Yugoslavia al borde de la ruptura. En las primeras elecciones libres croatas de 1990 venció la Unión Democrática Croata (HDZ) de Franjo Tuđman, y el 25 de junio de 1991 Croacia declaró su independencia, casi al mismo tiempo que Eslovenia. La minoría serbia de Croacia, concentrada sobre todo en la antigua Frontera Militar, rechazó la secesión, proclamó su propia entidad —la República Serbia de Krajina— y, con el respaldo del Ejército Popular Yugoslavo (JNA), dominado por serbios, se levantó en armas. El primer muerto croata de la guerra cayó ya en marzo de 1991, en el incidente de los lagos de Plitvice.

La guerra fue especialmente cruel en su primera fase, a finales de 1991. En el este, la ciudad de Vukovar, sobre el Danubio, resistió un asedio de 87 días (agosto-noviembre de 1991) del JNA y de paramilitares serbios: defendida por apenas unos 1.800 hombres ligeramente armados frente a fuerzas muy superiores, la ciudad fue reducida a ruinas bajo un bombardeo implacable, la primera urbe europea enteramente arrasada desde 1945. Al caer, el 18 de noviembre, cientos de personas fueron ejecutadas —la masacre de Ovčara, con más de dos centenares de prisioneros del hospital asesinados, sería juzgada después como crimen de guerra— y decenas de miles de habitantes, expulsados. En el sur, entre octubre de 1991 y mediados de 1992, el JNA y fuerzas montenegrinas sitiaron y bombardearon Dubrovnik, incluida su ciudad vieja, patrimonio de la humanidad; la Unesco la incluyó en la lista de patrimonio en peligro, y las imágenes del bombardeo de un lugar tan emblemático provocaron la condena internacional y aceleraron el reconocimiento de Croacia.

Tras años de frente estancado y de una parte del territorio bajo control serbio y de cascos azules de la ONU, Croacia recuperó la iniciativa en 1995. En agosto, la Operación Tormenta (Oluja) —una gran ofensiva croata sobre la Krajina— derrotó en pocos días a las fuerzas serbias y puso fin a la autoproclamada república. La victoria fue también el comienzo de un éxodo: entre 150.000 y 200.000 serbios de la Krajina, y según algunas estimaciones hasta unos 250.000, huyeron hacia Bosnia y Serbia, en uno de los mayores desplazamientos de población de las guerras yugoslavas; unos cientos de civiles serbios que se quedaron fueron asesinados y muchas casas, saqueadas e incendiadas. El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) de La Haya juzgó crímenes de guerra de ambos bandos: condenó a mandos serbios por Vukovar y Dubrovnik, y a los generales croatas Ante Gotovina y Mladen Markač por la Tormenta en 2011, aunque el tribunal de apelación los absolvió en 2012. La guerra dejó unos 20.000 muertos y cerró con la reintegración pacífica de la región oriental de Eslavonia (Vukovar) a Croacia en 1998.

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La Croacia de hoy: Unión Europea, Schengen y el euro

La posguerra fue larga. Croacia tuvo que reconstruir ciudades enteras, reintegrar territorios, atender a cientos de miles de desplazados de todos los orígenes y afrontar su propio pasado ante los tribunales internacionales, en un proceso a menudo doloroso y polémico. La muerte de Tuđman en 1999 y el cambio político del año 2000 abrieron una etapa de acercamiento a Europa: la cooperación con el TPIY de La Haya —incluida la entrega de acusados— fue una de las condiciones para avanzar hacia la Unión Europea.

El 1 de julio de 2013, tras años de negociaciones y un referéndum favorable, Croacia se convirtió en el 28.º Estado miembro de la Unión Europea, la primera ampliación desde 2007 y la primera incorporación de un país surgido de la antigua Yugoslavia después de Eslovenia. La integración culminó una década más tarde: el 1 de enero de 2023 Croacia adoptó el euro —convirtiéndose en el vigésimo miembro de la eurozona, con una tasa de conversión fijada en 7,53450 kunas por euro— y entró en el espacio Schengen de libre circulación, con lo que desaparecieron los controles en sus fronteras terrestres y marítimas con el resto del área (los controles aéreos se levantaron en marzo de ese año).

Hoy Croacia es un país de algo más de tres millones y medio de habitantes cuya economía depende en gran medida del turismo: las murallas de Dubrovnik, el palacio de Diocleciano, los lagos de Plitvice, las islas dálmatas o el litoral istriano reciben cada verano a millones de visitantes. Persisten desafíos —la despoblación del interior y de muchas islas, la emigración de jóvenes hacia otros países de la UE, las heridas todavía abiertas de la guerra—, pero el país que durante siglos fue frontera de imperios y que en 1991 nació entre bombardeos se ha consolidado como una democracia europea. Su historia, de Diocleciano a la eurozona, sigue leyéndose en cada piedra de su costa.

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Dalmacia norte

Historia de Dalmacia norte · Croacia

Zadar, capital dálmata y la Cuarta Cruzada

Zadar, la antigua Iader romana, fue durante siglos la ciudad principal de Dalmacia. Fundada por los liburnos y romanizada a fondo, conserva un foro romano de época de Augusto y, sobre sus restos, la iglesia prerrománica de San Donato (siglo IX), uno de los edificios más singulares del Adriático. Su posición estratégica en el centro de la costa la convirtió en objeto de disputa permanente entre Venecia, Bizancio y el reino húngaro-croata.

Esa condición de plaza codiciada le valió uno de los episodios más célebres —y trágicos— de la Edad Media. En 1202, la rica y rebelde Zadar, que se había puesto bajo protección del rey de Hungría, fue asediada y saqueada por los ejércitos de la Cuarta Cruzada, que aceptaron el encargo del dux veneciano Enrico Dandolo de tomar la ciudad para saldar la deuda que tenían con Venecia por el transporte de la flota. Fue el primer ataque de una cruzada católica contra una ciudad cristiana, y el papa Inocencio III llegó a excomulgar a los cruzados. Zadar cayó el 24 de noviembre de 1202.

Tras siglos de dominio veneciano, Zadar tuvo un destino singular en el siglo XX: por el Tratado de Rapallo de 1920 fue asignada a Italia como enclave (junto con algunas islas), mientras el resto de Dalmacia quedaba en Yugoslavia. Fuertemente bombardeada por los aliados en 1943-1944, la ciudad pasó a Yugoslavia tras la Segunda Guerra Mundial y vivió entonces su propio episodio del éxodo, con la marcha de buena parte de su población italiana. Reconstruida, Zadar combina hoy su patrimonio romano y medieval con creaciones contemporáneas como el famoso "órgano de mar", que convierte el oleaje en música.

en.wikipedia.org · Siege of Zaraen.wikipedia.org · Zadar

Šibenik, la ciudad fundada por los croatas

A diferencia de las demás grandes ciudades de la costa dálmata —fundadas por ilirios, griegos o romanos—, Šibenik fue una creación de los propios croatas. Su primera mención documental data de 1066, en una carta del rey croata Petar Krešimir IV, que la eligió por un tiempo como una de sus sedes; por eso se la conoce también como "la ciudad del rey Krešimir". Nacida como fortaleza junto a la desembocadura del río Krka, fue la única gran urbe del litoral levantada por manos croatas.

En los siglos siguientes, Šibenik pasó de mano en mano entre Venecia, Bizancio y Hungría-Croacia, hasta que en el siglo XV se consolidó bajo dominio veneciano. De aquella época dorada procede su gran monumento: la catedral de Santiago (Sveti Jakov), construida entre 1431 y 1536, obra maestra que combina el gótico tardío y el Renacimiento. Es célebre por estar levantada íntegramente en piedra, sin ladrillo ni madera, con una técnica de encaje de losas única, y por el friso de setenta y una cabezas esculpidas que rodean su ábside, retratos realistas de ciudadanos de la época obra del maestro Juraj Dalmatinac (Jorge el Dálmata).

Por su valor excepcional, la catedral de Šibenik fue inscrita en el año 2000 en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, como testimonio del intercambio artístico entre el norte de Italia, Dalmacia y la Toscana en el paso del gótico al Renacimiento. La ciudad conserva además un notable conjunto de fortalezas venecianas construidas para defenderla de los otomanos, que llegaron a asediarla sin conseguir tomarla, en particular la imponente fortaleza de San Nicolás en la entrada del canal.

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Split y el palacio de Diocleciano

Ninguna ciudad encarna mejor la superposición de épocas que caracteriza a Croacia que Split. Su corazón es, literalmente, el palacio que el emperador Diocleciano —nacido en la cercana Salona— mandó construir a finales del siglo III para su retiro, tras convertirse en el único emperador romano que abdicó voluntariamente, en el año 305. Aquel colosal recinto amurallado, mitad villa imperial y mitad campamento militar, medía casi cuatro hectáreas y albergaba los aposentos del emperador, un mausoleo, templos y guarniciones.

Cuando en el siglo VII los ávaros y los eslavos arrasaron la vecina Salona, sus habitantes se refugiaron dentro de las sólidas murallas del palacio abandonado. Poco a poco, aquel recinto imperial se transformó en una ciudad viva: el mausoleo de Diocleciano —el emperador que había perseguido a los cristianos— se convirtió, por ironía de la historia, en la catedral cristiana de San Domnio; los sótanos, las callejuelas, los peristilos y las columnas se llenaron de casas, talleres y comercios. Esa continuidad ininterrumpida, con gente que aún hoy vive dentro de los muros de un palacio romano, hace de Split un caso único en el mundo.

El conjunto histórico de Split, con el palacio de Diocleciano como núcleo, fue inscrito en 1979 en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Bajo dominio veneciano desde el siglo XV y austríaco después, Split creció con los siglos hasta convertirse en la mayor ciudad de Dalmacia y la segunda de Croacia, un puerto bullicioso donde la vida cotidiana transcurre entre piedras que tienen mil setecientos años.

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Trogir, joya veneciana sobre una isla griega

A pocos kilómetros de Split, sobre un pequeño islote unido a tierra por puentes, se asienta Trogir, una de las ciudades históricas mejor conservadas del Adriático. Fue fundada en el siglo III a.C. por colonos griegos de Issa con el nombre de Tragurion, y romanizada después. A lo largo de la Edad Media pasó, como el resto de Dalmacia, por manos húngaro-croatas y venecianas, y bajo Venecia (desde 1420) vivió su época de mayor esplendor artístico.

El casco antiguo de Trogir es un laberinto de callejuelas medievales, palacios, iglesias y murallas de origen románico, gótico, renacentista y barroco. Su monumento culminante es la catedral de San Lorenzo, y en particular su portal occidental, esculpido por el maestro Radovan en 1240, una de las obras cumbre de la escultura románica en esta parte de Europa, con su rico programa de figuras, meses del año y escenas bíblicas.

Por la excepcional continuidad y coherencia de su patrimonio, el conjunto histórico de Trogir fue inscrito en 1997 en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, considerado un ejemplo sobresaliente de ciudad medieval construida sobre y con los restos de asentamientos anteriores helenísticos y romanos. Trogir resume así, en un espacio diminuto, más de dos mil años de historia adriática.

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El Krka y la Dalmacia norte en el siglo XX

El río Krka, que nace en las montañas del interior y desemboca cerca de Šibenik, ha modelado uno de los paisajes fluviales más bellos de Croacia, protegido desde 1985 como parque nacional. Como en Plitvice, el agua ha construido a lo largo de milenios barreras naturales de toba caliza que forman una escalera de cascadas; la más famosa es Skradinski buk, una amplia sucesión de saltos y pozas. En una isla del río se levanta, además, el monasterio ortodoxo serbio de Krka y, en otro punto, el monasterio franciscano de Visovac, testimonio de la larga y a veces conflictiva convivencia de comunidades y confesiones en esta frontera histórica.

Esa condición fronteriza marcó a la Dalmacia norte en el siglo XX. La región fue escenario de los combates de las dos guerras mundiales —Zadar, italiana desde 1920, quedó devastada por los bombardeos aliados de 1943-1944— y, sobre todo, de la guerra de independencia de 1991-1995. El interior de la región, en torno a Knin, fue el centro de la autoproclamada República Serbia de Krajina, y la zona vivió duros enfrentamientos: el puente de Maslenica, clave para unir el norte y el sur del país por la costa, fue destruido y reconquistado en operaciones militares croatas.

La guerra terminó aquí con la Operación Tormenta de agosto de 1995, que reintegró el interior dálmata a Croacia y provocó el éxodo de la población serbia de la Krajina. Superado el conflicto, la Dalmacia norte ha recuperado su vocación turística: Zadar, Šibenik, las cascadas del Krka, el archipiélago de las islas Kornati —un rosario de más de un centenar de islas e islotes deshabitados convertido en parque nacional— y las playas del litoral atraen hoy a viajeros de toda Europa, en una región donde la belleza natural convive con una memoria histórica todavía reciente.

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📍 Destinos de Dalmacia norte
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📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Zadar»: https://en.wikipedia.org/wiki/Zadar
  • Wikipedia (EN) — «Siege of Zara»: https://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Zara
  • Wikipedia (EN) — «Šibenik»: https://en.wikipedia.org/wiki/%C5%A0ibenik
  • Unesco — «Cathedral of St James in Šibenik»: https://whc.unesco.org/en/list/963/
  • Wikipedia (EN) — «Diocletian's Palace»: https://en.wikipedia.org/wiki/Diocletian's_Palace
  • Unesco — «Historical Complex of Split with the Palace of Diocletian»: https://whc.unesco.org/en/list/97/
  • Wikipedia (EN) — «Trogir»: https://en.wikipedia.org/wiki/Trogir
  • Unesco — «Historic City of Trogir»: https://whc.unesco.org/en/list/810/
  • Wikipedia (EN) — «Krka National Park»: https://en.wikipedia.org/wiki/Krka_National_Park

Dalmacia sur e islas

Historia de Dalmacia sur e islas · Croacia

Ragusa y el arte de la diplomacia

En el sur de Dalmacia, la ciudad de Ragusa —la actual Dubrovnik— construyó a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna un Estado singular: una república mercantil aristocrática que, sin ejércitos poderosos, logró mantener su independencia durante más de cuatro siglos entre potencias mucho mayores. Tras la etapa de dominio veneciano (1205-1358), la Paz de Zadar de 1358 liberó a Ragusa del yugo de la Serenísima y le abrió el camino a una autonomía casi total bajo la soberanía nominal, primero, de Hungría, y luego bajo la protección tributaria del Imperio otomano.

El secreto de su supervivencia fue la diplomacia. Gobernada por un Senado de nobles y por un rector cuyo mandato duraba apenas un mes —para impedir que nadie acumulara demasiado poder—, Ragusa mantenía cónsules y espías en decenas de puertos, pagaba un tributo anual al sultán a cambio de comerciar libremente por todo el Imperio otomano y practicaba un delicado equilibrio entre cristianos y turcos, entre Venecia y los Habsburgo. Su lema, esculpido en la fortaleza de Lovrijenac, resumía su ideal: Non bene pro toto libertas venditur auro, "la libertad no se vende ni por todo el oro del mundo".

Esa política prudente hizo de Ragusa una potencia comercial cuya flota mercante llegó a rivalizar con las mayores del Mediterráneo, y una república cuya sofisticación institucional asombraba a los viajeros. La ciudad se dotó de instituciones avanzadas para su época —una de las farmacias en funcionamiento más antiguas de Europa, en el monasterio franciscano; un sistema de cuarentena para prevenir epidemias; hospicios y orfanatos— que la convirtieron en un modelo de organización urbana.

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La abolición de la esclavitud (1416) y el terremoto de 1667

Entre las decisiones más notables de la República de Ragusa figura la que tomó su Senado el 27 de enero de 1416: prohibir el comercio de esclavos en todos sus territorios, una de las primeras abstenciones legales del tráfico de esclavos en Europa. Conviene precisar el alcance de la medida: lo que se vetó fue la trata, el comercio de personas —en particular la venta de esclavos eslavos que algunos mercaderes ragusanos practicaban—, y no de golpe toda forma de servidumbre doméstica, que fue extinguiéndose después. Aun así, la decisión situó a la pequeña república muy por delante de su tiempo en materia de derechos.

La mayor catástrofe de su historia llegó el 6 de abril de 1667, cuando un violentísimo terremoto sacudió la ciudad. Murieron unas 2.000 personas dentro de las murallas y hasta un millar más en el resto del territorio, incluido el propio rector, Šišmundo Gundulić, y buena parte de la nobleza. El seísmo, seguido de incendios, derrumbó palacios, iglesias y monasterios góticos y renacentistas; sólo quedaron en pie, sobre todo, las murallas y algunos edificios sólidos como el palacio Sponza.

Ragusa se reconstruyó con notable disciplina urbanística en el estilo barroco que hoy domina su casco antiguo, con calles regulares y edificios de altura uniforme. La necesidad de reponer a la diezmada nobleza obligó incluso a ennoblecer a algunas familias plebeyas, alterando la vieja estructura social. La República sobrevivió aún siglo y medio más, hasta que las tropas napoleónicas la ocuparon en 1806 y la abolieron en 1808; por el Congreso de Viena de 1815, Dubrovnik y toda Dalmacia pasaron a los Habsburgo, cerrando la historia del Estado independiente ragusano.

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Hvar y Korčula: teatro, estatutos y piedra

Las islas de la Dalmacia meridional guardan algunas de las historias más singulares de Croacia. Hvar, la isla más soleada del Adriático, fue colonia griega (la antigua Pharos, hoy Stari Grad) ya en el siglo IV a.C.; la llanura agrícola de Stari Grad (Ager), con su parcelario geométrico trazado por los colonos griegos y cultivado sin interrupción durante veinticuatro siglos, es Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2008. Bajo dominio veneciano, la ciudad de Hvar inauguró en 1612 un teatro comunal considerado uno de los primeros teatros públicos de Europa, abierto a nobles y plebeyos por igual, levantado precisamente para apaciguar las tensiones entre unos y otros. La isla es hoy célebre también por sus campos de lavanda.

Korčula, la "Corfú negra" de los griegos, cubierta de espesos bosques de pino, es célebre por dos motivos. El primero es su Estatuto de 1214, uno de los códigos legales más antiguos de esta parte de Europa, que regulaba minuciosamente la vida de la isla y que, entre otras disposiciones pioneras, restringía severamente la esclavitud, dos siglos antes que la propia Ragusa. El segundo es la tradición —discutida pero tenazmente defendida por los isleños— de que Marco Polo, el gran viajero, habría nacido en Korčula.

Ambas islas comparten una larga tradición de cantería. La piedra blanca de Korčula, extraída en canteras como la de la islita de Vrnik, y la habilidad de sus canteros y maestros de obra alimentaron durante siglos la construcción de palacios e iglesias en toda Dalmacia e incluso más allá del Adriático. Ese oficio de la piedra, junto con la viña, el olivo y la pesca, sostuvo durante generaciones la economía de unas islas cuya belleza atrae hoy a viajeros de todo el mundo.

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Mljet y la despoblación de las islas

Mljet, una de las islas más boscosas y menos pobladas del Adriático, condensa a la vez la belleza y el drama de las islas croatas. Su extremo occidental, protegido como parque nacional desde 1960, alberga dos lagos de agua salada comunicados con el mar, y en uno de ellos, sobre un islote, se levanta un antiguo monasterio benedictino del siglo XII. La tradición quiere que fuera aquí donde Ulises pasó años retenido por la ninfa Calipso, y también se asocia la isla al naufragio de san Pablo camino de Roma: leyendas que hablan de la fascinación milenaria por estas aguas.

Pero la historia real de Mljet y de tantas otras islas dálmatas es también una historia de despoblación. Durante siglos, las islas vivieron de la viña, el olivo, la pesca y la sal, con poblaciones que en su apogeo llenaban pueblos hoy semivacíos. A finales del siglo XIX, la plaga de la filoxera arruinó los viñedos y hundió la principal fuente de ingresos; la crisis empujó a decenas de miles de isleños a emigrar, sobre todo hacia América —Estados Unidos, Chile, Argentina— y más tarde a Australia y a las ciudades del continente.

Ese éxodo, prolongado durante todo el siglo XX, dejó muchas islas y aldeas del interior insular casi despobladas, con una población envejecida y viviendas cerradas buena parte del año. La emigración croata fue tan masiva que hoy viven fuera del país comunidades de origen croata que suman millones de personas. El turismo ha reactivado en las últimas décadas la economía de las islas mayores, pero la despoblación sigue siendo uno de los grandes desafíos de la Dalmacia insular, donde la belleza del paisaje convive con el silencio de los pueblos vaciados.

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El asedio de Dubrovnik (1991)

En el otoño de 1991, la ciudad que durante siglos había sobrevivido gracias a la diplomacia se encontró de pronto bajo el fuego. Tras la declaración de independencia croata, el Ejército Popular Yugoslavo (JNA), apoyado por fuerzas montenegrinas, lanzó a partir del 1 de octubre de 1991 una ofensiva sobre la región de Dubrovnik y sitió la ciudad, cortándola por tierra y por mar. Militarmente, Dubrovnik apenas tenía valor estratégico y carecía de defensas serias; el asedio tuvo, sobre todo, un carácter de castigo y de presión.

El bombardeo alcanzó a la ciudad vieja, un conjunto amurallado declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, que fue alcanzado por proyectiles de mortero y cohetes. El día más intenso fue el 6 de diciembre de 1991, cuando la artillería castigó durante horas el casco histórico: resultaron dañados palacios, iglesias y tejados —el monasterio franciscano, el palacio Sponza, la torre del reloj—, y hubo víctimas civiles. Durante el conjunto del asedio murieron en la región unas ochenta a noventa personas civiles, y miles de edificios sufrieron daños.

El bombardeo de un lugar tan universalmente reconocido provocó una oleada de condena internacional: la Unesco incluyó a Dubrovnik en la lista de Patrimonio Mundial en peligro, y las imágenes de la ciudad en llamas se volvieron un desastre de imagen para Belgrado y Podgorica, contribuyendo al reconocimiento internacional de Croacia. Levantado el asedio en 1992, la ciudad fue cuidadosamente restaurada bajo supervisión de la Unesco, y hoy sus murallas y sus tejados nuevos —de un rojo más vivo allí donde las tejas fueron repuestas— vuelven a atraer a multitudes, que recorren el mismo casco por el que caminaron los embajadores de la vieja República de Ragusa.

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DubrovnikHvarKorculaMljetSipanLopudKolocep

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Republic of Ragusa»: https://en.wikipedia.org/wiki/Republic_of_Ragusa
  • FEE — «Remembering the Ragusan Republic»: https://fee.org/articles/remembering-the-ragusan-republic/
  • Wikipedia (EN) — «1667 Dubrovnik earthquake»: https://en.wikipedia.org/wiki/1667_Dubrovnik_earthquake
  • Wikipedia (EN) — «Hvar»: https://en.wikipedia.org/wiki/Hvar
  • Wikipedia (EN) — «Korčula»: https://en.wikipedia.org/wiki/Kor%C4%8Dula
  • Unesco — «Stari Grad Plain»: https://whc.unesco.org/en/list/1240/
  • Wikipedia (EN) — «Mljet»: https://en.wikipedia.org/wiki/Mljet
  • Wikipedia (EN) — «Siege of Dubrovnik»: https://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Dubrovnik
  • Unesco — «Old City of Dubrovnik»: https://whc.unesco.org/en/list/95/

Istria

Historia de Istria · Croacia

Los histros, Roma y el anfiteatro de Pula

La península de Istria debe su nombre a los histros, un pueblo ilirio de navegantes y a veces piratas que la habitaba en la Antigüedad. Roma sometió a los histros en el 177 a.C. y romanizó a fondo la península, que quedó integrada como una de las regiones más occidentales de la Iliria adriática y, andando el tiempo, muy ligada a la vecina Italia. Ciudades como Pola (Pula) y Parentium (Poreč) se dotaron de foros, templos y murallas.

El monumento más impresionante de aquella época es el anfiteatro de Pula, la Arena, levantado en el siglo I, en época de los emperadores Julio-Claudios y ampliado bajo Vespasiano. Con capacidad para más de veinte mil espectadores, es uno de los seis mayores anfiteatros romanos conservados en el mundo y uno de los mejor preservados: sus tres órdenes de arcos siguen en pie, y en él se celebraban combates de gladiadores. Hoy la Arena de Pula acoge conciertos y festivales de cine bajo el cielo del Adriático.

Pula conserva además otros vestigios romanos notables, como el templo de Augusto en el antiguo foro y el arco de los Sergios. Toda la península quedó marcada por esa impronta latina, que se prolongó a través de Bizancio y de la Alta Edad Media y que explica en buena parte la fuerte presencia de la cultura y la lengua italianas en Istria a lo largo de los siglos siguientes.

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Bizancio y la basílica Eufrasiana de Poreč

Tras la caída del Imperio romano de Occidente, Istria pasó a la órbita del Imperio bizantino, que gobernó buena parte del Adriático desde Rávena. De ese periodo procede la joya artística de la península: la basílica Eufrasiana de Poreč, construida a mediados del siglo VI bajo el obispo Eufrasio sobre los restos de iglesias más antiguas.

El conjunto episcopal Eufrasiano es uno de los ejemplos mejor conservados de arquitectura paleocristiana y bizantina temprana del Mediterráneo. Su ábside está decorado con espléndidos mosaicos de fondo dorado —con la Virgen entronizada, ángeles, santos y el propio obispo Eufrasio ofreciendo la iglesia—, emparentados con los célebres mosaicos de Rávena. El complejo incluye también el baptisterio, el atrio y el palacio episcopal.

Por su valor excepcional, el conjunto episcopal de la basílica Eufrasiana fue inscrito en 1997 en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Poreč, la antigua Parentium romana, conserva además su trazado urbano de origen romano, con las calles principales (el cardo y el decumano) todavía reconocibles, testimonio de la larga continuidad histórica de esta ciudad istriana.

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Venecia y la larga frontera istriana

Durante la Edad Media y buena parte de la Moderna, Istria estuvo dividida por una frontera que la partió durante siglos. La mayor parte de la costa —Poreč, Rovinj, Koper, Piran— cayó bajo el dominio de la República de Venecia, que la gobernó desde el siglo XIII hasta su desaparición en 1797. El interior, en cambio, junto con Pula y algunas zonas, quedó ligado a los Habsburgo a través del condado de Istria y de Pazin (Pisino). Así, una misma península pequeña quedó dividida entre la Serenísima y el Imperio.

Esa doble pertenencia dejó una huella cultural profunda. En la costa veneciana se hablaba y se sentía en italiano (más precisamente en dialecto véneto e istriota), y las ciudades adoptaron la fisonomía típica de los dominios de San Marcos: plazas con logias, campanarios, leones alados esculpidos en las puertas. Rovinj, encaramada sobre una península con su iglesia de Santa Eufemia coronando el conjunto, es quizá el ejemplo más fotogénico de esa Istria veneciana de casas apiñadas y callejuelas que caen al mar.

En el interior, en cambio, predominaba la población croata (y, hacia el norte, eslovena), campesina y de habla eslava. Esta convivencia y a la vez separación entre una costa latina-veneciana y un interior eslavo definió la identidad plural de Istria y sería, ya en el siglo XX, el origen de tensiones nacionales muy dolorosas cuando el nacionalismo moderno convirtiera esas diferencias culturales en conflicto político.

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De Austria a Italia: anexión y fascismo

Con la caída de Venecia en 1797, Istria pasó a manos de los Habsburgo, que la gobernaron durante todo el siglo XIX como parte del Litoral austríaco, con Pula convertida en el gran puerto de guerra de la marina imperial austrohúngara. La península era entonces un mosaico de italianos en las ciudades de la costa y croatas y eslovenos en el campo, que en las últimas décadas del Imperio empezaron a organizarse políticamente según líneas nacionales.

La Primera Guerra Mundial cambió el mapa. Italia, que había entrado en la guerra del lado de la Entente con la promesa de recibir estos territorios, obtuvo Istria (y la ciudad de Zadar, en Dalmacia) por el Tratado de Rapallo de 1920. Toda la península quedó así integrada en el Reino de Italia.

Bajo el régimen fascista de Mussolini, la numerosa población croata y eslovena de Istria sufrió una intensa política de italianización forzosa: se prohibió el uso público del croata y el esloveno, se italianizaron los nombres y apellidos y los topónimos, se cerraron escuelas y asociaciones eslavas y se persiguió a los disidentes. Aquella represión nacional dejó un profundo resentimiento y alimentó, del lado eslavo, un antifascismo que se volcaría en la resistencia partisana durante la Segunda Guerra Mundial. Istria se convertía así en un territorio disputado donde dos nacionalismos —el italiano y el yugoslavo— chocarían con especial violencia.

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El éxodo istriano de los italianos y el bilingüismo actual

El final de la Segunda Guerra Mundial invirtió por completo la situación. Entre 1943 y 1945, la caída del fascismo y el avance de los partisanos yugoslavos desataron una ola de violencia contra la población considerada vinculada al régimen italiano: las llamadas masacres de las foibe, en las que fuerzas partisanas y de la policía política yugoslava (OZNA) arrojaron a numerosas víctimas —italianos, pero también anticomunistas de otras nacionalidades— a las simas kársticas (foibe) de la región. El número exacto de víctimas sigue siendo objeto de debate historiográfico, pero la violencia fue real y quedó grabada en la memoria italiana.

Cuando, tras la guerra, Istria pasó a Yugoslavia (definitivamente por los tratados de 1947 y 1954, con la excepción transitoria de la zona de Trieste), se produjo el llamado éxodo istriano-dálmata: entre el final de la guerra y mediados de los años cincuenta, la gran mayoría de la población italiana de Istria, Rijeka y las zonas costeras abandonó sus casas y emigró a Italia y a otros países. Las estimaciones varían mucho según las fuentes —entre unos 200.000 y 350.000 personas para el conjunto de Istria, Fiume y Dalmacia—, empujadas por el miedo a la violencia, por el rechazo al régimen comunista y por la presión sobre su identidad nacional. A quienes optaron por marcharse conservando la ciudadanía italiana se los llamó optanti; ellos mismos se llaman esuli, exiliados. Es un episodio real y doloroso que durante décadas apenas se contó y que hoy la historiografía seria reconoce como una tragedia de desarraigo masivo.

De aquel mundo italiano de Istria quedó, sin embargo, una minoría que decidió permanecer, y que hoy constituye una comunidad reconocida. La Croacia actual —y en particular la región de Istria— es oficialmente bilingüe en buena parte de su territorio: el italiano goza de estatuto cooficial junto al croata en numerosos municipios, hay escuelas, medios y asociaciones en italiano, y los carteles aparecen en las dos lenguas. Ese bilingüismo es el rastro vivo de una historia de siglos de convivencia latino-eslava, y también de la herida del éxodo que la interrumpió.

en.wikipedia.org · Istrian–Dalmatian exodusen.wikipedia.org · Foibe massacresen.wikipedia.org · Istrian Italians
📍 Destinos de Istria
RovinjPulaPorec

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Istria»: https://en.wikipedia.org/wiki/Istria
  • Wikipedia (EN) — «Pula Arena»: https://en.wikipedia.org/wiki/Pula_Arena
  • Wikipedia (EN) — «Euphrasian Basilica»: https://en.wikipedia.org/wiki/Euphrasian_Basilica
  • Unesco — «Episcopal Complex of the Euphrasian Basilica in Poreč»: https://whc.unesco.org/en/list/809/
  • Wikipedia (EN) — «Istrian–Dalmatian exodus»: https://en.wikipedia.org/wiki/Istrian%E2%80%93Dalmatian_exodus
  • Wikipedia (EN) — «Foibe massacres»: https://en.wikipedia.org/wiki/Foibe_massacres
  • Wikipedia (EN) — «Istrian Italians»: https://en.wikipedia.org/wiki/Istrian_Italians

Zagreb e interior

Historia de Zagreb e interior · Croacia

Dos colinas: la ciudad episcopal y la ciudad libre

Zagreb nació de la unión, no siempre pacífica, de dos colinas vecinas. La primera fue Kaptol, la colina eclesiástica: allí el rey húngaro Ladislao fundó en 1094 el obispado de Zagreb, que convirtió al lugar en centro religioso y administrativo. El nombre Kaptol viene del latín capitulum, el cabildo de canónigos que gobernaba el barrio en torno a la catedral. La segunda colina fue Gradec (o Grič), un burgo laico de comerciantes y artesanos.

El salto decisivo de Gradec llegó en 1242. Mientras la invasión mongola asolaba Europa central, el rey Bela IV de Hungría —que se había refugiado en la zona— concedió a Gradec, mediante un documento solemne llamado la Bula de Oro, el rango de "ciudad real libre". Sus habitantes obtuvieron el derecho a elegir cada año a su juez o alcalde, a sus jurados y concejales, a amurallarse y a regirse por sus propias leyes, al margen del poder del obispo. Gradec se rodeó de murallas y torres, algunas de las cuales todavía se conservan en la Ciudad Alta.

Aquellas dos comunidades —la clerical de Kaptol y la burguesa de Gradec— vivieron durante siglos enfrentadas por cuestiones de jurisdicción, mercados y peajes, en disputas que a veces derivaron en violencia abierta. El propio topónimo de una de las calles que las separa, el arroyo hoy soterrado del Medveščak, recuerda esa antigua frontera. Sólo en la época moderna las dos colinas y sus arrabales terminaron fundiéndose en una sola ciudad, que conservó como núcleo histórico la Ciudad Alta (Gornji grad), con la catedral en Kaptol y la iglesia de San Marcos, de tejado multicolor, en Gradec.

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Frontera del reino y refugio del Sabor

Durante los siglos XVI y XVII, cuando el avance otomano redujo a Croacia a los "restos de los restos" de su antiguo reino, Zagreb quedó cerca de la línea del frente y se convirtió en uno de los últimos bastiones seguros. A medida que caían las plazas del sur y del este, la ciudad ganó importancia como centro político: fue aquí donde el Sabor, el parlamento croata, empezó a reunirse de forma habitual, y donde se refugiaron nobles e instituciones huidos de los territorios ocupados.

La cercanía de la batalla de Sisak (1593), librada a pocos kilómetros al sur, muestra hasta qué punto la región fue frontera activa. La victoria austro-croata en Sisak alejó definitivamente el peligro turco de la capital y permitió que Zagreb creciera con más seguridad. La ciudad se fue dotando de conventos, iglesias barrocas, palacios nobiliarios y una vida cultural cada vez más intensa, aunque seguía siendo una urbe modesta comparada con Viena o Budapest.

En el siglo XVIII y comienzos del XIX, Zagreb consolidó su papel como capital administrativa y eclesiástica de Croacia dentro de la monarquía de los Habsburgo. El Sabor, el ban y la burocracia del reino tenían aquí su sede, y la ciudad se convirtió en el escenario donde se debatía, una y otra vez, la relación de Croacia con Hungría y con Viena. Ese peso institucional prepararía a Zagreb para el papel protagonista que asumiría en el despertar nacional del siglo XIX.

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Cuna del iliricismo y del nacionalismo croata

En el siglo XIX Zagreb se transformó en el laboratorio del renacimiento nacional croata. Fue aquí donde, en la década de 1830, Ljudevit Gaj y el círculo del movimiento ilirio lanzaron su campaña por una lengua literaria croata y por la unidad cultural de los eslavos del sur: en Zagreb se imprimió en 1835 el primer periódico en croata y su suplemento Danica, y desde Zagreb se irradiaron las ideas que darían forma a la política croata moderna.

La ciudad fue también el centro del drama político de 1848. En su Sabor fue elegido ban Josip Jelačić, cuya estatua ecuestre preside desde el siglo XIX la gran plaza central de la ciudad, el corazón simbólico de Zagreb. A lo largo de la segunda mitad del siglo, figuras como el obispo Josip Juraj Strossmayer dotaron a la ciudad de instituciones culturales de primer orden —la Academia Yugoslava (hoy Croata) de Ciencias y Artes, la Universidad moderna reorganizada en 1874, galerías y museos—, convirtiendo a Zagreb en la capital intelectual indiscutible de los croatas.

Ese liderazgo cultural fue de la mano de un rápido crecimiento urbano. Tras el devastador terremoto de 1880, la ciudad se reconstruyó y se expandió hacia el sur con la llamada "Herradura verde" (Lenucci), una sucesión de plazas ajardinadas rodeadas de edificios historicistas —el teatro nacional, pabellones, museos— que le dieron su aire de capital centroeuropea de fin de siglo. Zagreb entraba en el siglo XX como una ciudad moderna, orgullosa de su papel de metrópoli nacional croata.

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La capital en el siglo XX y hoy

En el siglo XX Zagreb fue el gran escenario de la turbulenta historia croata. En octubre de 1918 fue en su Sabor donde se rompieron los lazos con Austria-Hungría y se proclamó la unión con los eslavos del sur. Entre 1941 y 1945 fue la capital del Estado Independiente de Croacia de los ustachas, y su caída el 8 de mayo de 1945 marcó el fin de aquel régimen. Durante la Yugoslavia socialista, Zagreb fue la capital de la República Socialista de Croacia y la segunda ciudad del país después de Belgrado, con un fuerte desarrollo industrial y urbano, incluida la moderna Nueva Zagreb al sur del río Sava.

La ciudad fue también epicentro de la Primavera Croata de 1971, el movimiento reformista y nacional que Tito reprimió, y en 1991 vivió en primera línea la guerra de independencia: en mayo de 1995, ya casi al final del conflicto, fue blanco de un ataque con cohetes de racimo lanzados por las fuerzas serbias de la Krajina, que causó muertos y heridos entre la población civil en pleno centro.

Hoy Zagreb es la capital de la Croacia independiente y europea, con cerca de 800.000 habitantes en la ciudad y más de un millón en su área metropolitana: sede del gobierno, el parlamento y las principales instituciones, y motor económico y cultural del país. En marzo de 2020, en plena pandemia, un fuerte terremoto volvió a golpear su casco histórico y dañó la catedral y numerosos edificios de la Ciudad Alta, en un recordatorio de la vieja vulnerabilidad sísmica de la ciudad. Aun así, Zagreb combina su patrimonio austrohúngaro con una animada vida contemporánea de cafés, museos y mercados como el de Dolac.

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El interior kárstico y los lagos de Plitvice

Más allá de la capital, el interior de Croacia se despliega en un paisaje muy distinto al de la costa: colinas boscosas, mesetas kársticas y ríos que, en la región de Lika, han modelado uno de los conjuntos naturales más espectaculares de Europa, los lagos de Plitvice. Se trata de una sucesión de dieciséis lagos escalonados de aguas verdeazuladas, unidos por decenas de cascadas y separados por barreras naturales de toba caliza que el agua, la vegetación y los microorganismos van construyendo lentamente a lo largo de los siglos.

Protegidos como parque nacional desde 1949 —el más antiguo del país— e inscritos en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1979, los lagos de Plitvice son hoy el gran icono natural de Croacia y uno de sus destinos más visitados. Las pasarelas de madera que serpentean sobre el agua permiten recorrer un ecosistema de excepcional riqueza, refugio de osos, lobos y numerosas aves.

Pero Plitvice guarda también un lugar en la historia reciente del país: fue aquí, el domingo de Pascua del 31 de marzo de 1991, donde se produjo el llamado "incidente de los lagos de Plitvice", un enfrentamiento entre la policía croata y milicianos serbios de la Krajina que intentaban tomar el control de la zona. En aquel choque murió el policía Josip Jović, considerado el primer croata caído en la guerra de independencia. Aquel episodio, en uno de los parajes más hermosos del país, anticipó la tragedia que se abatiría sobre Croacia en los años siguientes.

whc.unesco.orgen.wikipedia.org · Plitvice Lakes incident
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📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «History of Zagreb»: https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Zagreb
  • Wikipedia (EN) — «Golden Bull of 1242»: https://en.wikipedia.org/wiki/Golden_Bull_of_1242
  • Wikipedia (EN) — «Zagreb»: https://en.wikipedia.org/wiki/Zagreb
  • Wikipedia (EN) — «Illyrian movement»: https://en.wikipedia.org/wiki/Illyrian_movement
  • Wikipedia (EN) — «Battle of Sisak»: https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Sisak
  • Wikipedia (EN) — «Plitvice Lakes incident»: https://en.wikipedia.org/wiki/Plitvice_Lakes_incident
  • Unesco — «Plitvice Lakes National Park»: https://whc.unesco.org/en/list/98/

📚 Bibliografía

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Créditos de las imágenes
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Dalmatian islands seen from the Vratnik pass (2025-05-18)