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Historia de Chequia

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Los celtas boios, los marcomanos y la llegada de los eslavos

Los primeros habitantes que dieron nombre a esta tierra fueron los boios, una tribu celta que se instaló en la cuenca de Bohemia en los últimos siglos antes de Cristo. De ellos deriva el nombre latino Boiohaemum, «la patria de los boios», que a través del germánico y el latín se transformó en el Bohemia que Europa sigue usando. Los boios acuñaron moneda, comerciaron con el mundo mediterráneo y levantaron oppida, poblados fortificados como el de Závist, cerca de Praga, uno de los mayores centros celtas al norte de los Alpes.

Hacia el cambio de era, presionados por los movimientos de pueblos, los celtas fueron desplazados por tribus germánicas. Los marcomanos, conducidos por el rey Marobod (Maroboduus), fundaron en Bohemia a comienzos del siglo I un poderoso reino que llegó a inquietar a la propia Roma; las llamadas guerras marcomanas enfrentaron a estos germanos con el emperador Marco Aurelio, que combatió en el Danubio y murió, según la tradición, en Vindobona (la actual Viena) en el año 180. Durante siglos, la frontera del Imperio romano quedó a las puertas de esta región, que nunca fue conquistada por Roma pero sí profundamente influida por ella.

En el curso de las grandes migraciones, entre los siglos V y VI, llegaron a la región los eslavos occidentales, antepasados directos de los checos actuales. Se asentaron en los valles fértiles de Bohemia y Moravia, desplazando o absorbiendo a los últimos pobladores germánicos. Una leyenda fundacional, recogida siglos después por el cronista Cosmas de Praga, hace descender a los checos de un patriarca llamado Čech que habría guiado a su pueblo hasta el monte Říp, en el centro de Bohemia. Con los eslavos empieza propiamente la historia del pueblo que habitaría estas tierras hasta hoy.

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La Gran Moravia y la misión de Cirilo y Metodio (siglo IX)

El primer gran Estado eslavo de Europa central nació en el siglo IX en Moravia. La Gran Moravia, que en su apogeo llegó a extenderse por territorios de las actuales Chequia, Eslovaquia, Hungría, Austria y Polonia, tuvo sus centros de poder en fortalezas como Mikulčice y Staré Město (la antigua Veligrad), donde la arqueología ha sacado a la luz palacios, talleres de orfebrería y las fundaciones de una docena de iglesias de piedra, testimonio de un Estado sorprendentemente desarrollado. Bajo príncipes como Mojmír I y sobre todo Rastislav, Moravia se afirmó frente a la presión del Imperio franco oriental.

El episodio decisivo llegó en el año 863. El príncipe Rastislav, que buscaba emancipar a su Iglesia de los clérigos francos y de su lengua, pidió al emperador bizantino que le enviara maestros cristianos. Constantinopla mandó a dos hermanos de Tesalónica, Constantino —que al final de su vida tomaría el nombre monástico de Cirilo— y Metodio. Grandes eruditos y conocedores del eslavo, crearon para la ocasión el alfabeto glagolítico, el primer alfabeto diseñado específicamente para una lengua eslava, y tradujeron la Biblia y la liturgia al llamado antiguo eslavo eclesiástico. Fue el nacimiento de la primera cultura literaria eslava de la historia, y la razón por la que Cirilo y Metodio son venerados como «apóstoles de los eslavos» y copatronos de Europa.

La obra de los dos hermanos chocó con la resistencia del clero franco-latino, y tras la muerte de Metodio en 885 sus discípulos fueron expulsados; muchos marcharon al sur, a Bulgaria, donde desarrollaron el alfabeto cirílico que aún hoy usan rusos, búlgaros o serbios. La Gran Moravia, debilitada por las luchas internas, sucumbió a comienzos del siglo X ante las incursiones de los magiares (húngaros), que se establecieron en la llanura panónica y separaron para siempre a los eslavos del norte de los del sur. Pero la semilla cristiana y cultural ya estaba sembrada, y su herencia pasaría al ducado de Bohemia.

en.wikipedia.org · Great Moraviabritannica.com · Saints Cyril and Methodius

Los Přemyslidas, san Wenceslao y la plata de Bohemia

Con el ocaso de la Gran Moravia, el centro de gravedad se trasladó a Bohemia, donde una dinastía local, los Přemyslidas, unificó a las tribus checas en torno a Praga. Su fundador semilegendario, el príncipe Přemysl el Labrador, y su esposa Libuše —que según la leyenda profetizó la gloria de Praga— abren una genealogía que se vuelve histórica con Bořivoj I, primer duque de Bohemia documentado, bautizado hacia el año 883, junto con su esposa Ludmila, por el propio Metodio o sus discípulos. Bohemia entraba así en la cristiandad latina.

El nieto de Ludmila, el duque Wenceslao (Václav), se convirtió en el santo patrón del país. Educado en la fe cristiana por su abuela —a la que una facción pagana hizo estrangular—, Wenceslao gobernó Bohemia hasta que fue asesinado hacia el año 935 por su propio hermano, Boleslao el Cruel, a las puertas de una iglesia en Stará Boleslav. Su martirio lo convirtió de inmediato en símbolo del Estado checo: es el «buen rey Wenceslao» del villancico inglés, su estatua ecuestre preside la gran plaza de Praga que lleva su nombre y su corona es el emblema de la soberanía de las tierras checas. Bajo los sucesores de Boleslao, el ducado se consolidó y en 1085 obtuvo por primera vez el título real.

El poder de los Přemyslidas alcanzó su cima entre los siglos XII y XIII, cuando Bohemia pasó a ser reino hereditario dentro del Sacro Imperio y uno de sus miembros más ricos. La fuente de esa riqueza fue la plata: el descubrimiento de yacimientos en Kutná Hora hacia 1298 convirtió a Bohemia casi de la noche a la mañana en uno de los Estados más prósperos de Europa. En 1300, el rey Wenceslao II lanzó el grosch de Praga (el groschen), una moneda de plata de gran calidad que circuló por toda Europa central durante siglos. La dinastía se extinguió en 1306 con el asesinato del joven Wenceslao III, sin heredero varón, lo que abrió una crisis sucesoria que llevaría al trono a una casa extranjera: los Luxemburgo.

encyclopedia.com · Saint wenceslausen.wikipedia.org · Kutná Hora

Carlos IV y la Praga imperial del siglo XIV

El reinado de Carlos IV (1346-1378) fue la edad de oro de Bohemia y de Praga. Hijo de Juan de Luxemburgo y de Isabel, la última princesa Přemyslida, Carlos se crió en la corte de Francia, hablaba varias lenguas y unía en su persona la sangre checa y la ambición imperial. Rey de Bohemia y, desde 1355, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, hizo de Praga la capital del Imperio y el mayor centro político y cultural de Europa central. Los checos lo recuerdan como «el padre de la patria» y lo votaron, en una encuesta de la televisión pública, como el más grande de todos los checos de la historia.

Carlos transformó Praga en una gran capital medieval. En 1348 fundó la Universidad de Praga, la primera universidad de Europa central, hoy llamada Universidad Carolina en su honor; ese mismo año trazó la Ciudad Nueva (Nové Město), un ambicioso ensanche que multiplicó el tamaño de la ciudad. Mandó levantar el puente de piedra sobre el Moldava que lleva su nombre —el puente de Carlos, con sus torres góticas— e impulsó la construcción de la catedral de San Vito, en el castillo, encomendada primero a Matías de Arras y luego al genial Peter Parler. En las afueras erigió el castillo de Karlštejn para custodiar las joyas de la corona imperial. Antes, en 1344, había logrado elevar el obispado de Praga a arzobispado, dando a Bohemia una Iglesia propia e independiente de la alemana.

Bajo Carlos IV, Praga fue una ciudad cosmopolita de checos, alemanes, italianos y judíos, un foco de arte gótico, de estudio y de comercio que rivalizaba con París. Su reinado dejó una huella tan profunda en el paisaje urbano —el puente, la catedral, la universidad, la Ciudad Nueva— que la Praga que hoy recorren los viajeros es, en buena medida, la que él imaginó. Pero esa prosperidad convivía con tensiones religiosas y sociales que, apenas una generación después de su muerte, estallarían en la primera gran revolución religiosa de Europa.

en.wikipedia.org · Charles IV, Holy Roman Emperormyczechrepublic.com · Charles iv

Jan Hus y las guerras husitas (1415-1434)

A comienzos del siglo XV, un siglo antes que Lutero, Bohemia protagonizó la primera gran reforma religiosa de Europa. Su figura central fue Jan Hus, sacerdote, rector de la Universidad de Praga y predicador en la capilla de Belén, donde denunciaba en lengua checa la corrupción del clero, la venta de indulgencias y la riqueza de la Iglesia, e influido por el inglés John Wyclif reclamaba una vuelta a las Escrituras. Convocado al Concilio de Constanza con un salvoconducto imperial que después no se respetó, Hus fue condenado por hereje y quemado vivo en la hoguera el 6 de julio de 1415. Su muerte, lejos de acallar sus ideas, encendió a toda Bohemia: hoy el 6 de julio es fiesta nacional en Chequia.

La indignación desembocó en una revolución. El 30 de julio de 1419, una procesión husita encabezada por el predicador Jan Želivský asaltó el ayuntamiento de la Ciudad Nueva de Praga y arrojó por las ventanas a los concejales católicos, que murieron al caer: fue la primera defenestración de Praga, chispa de las guerras husitas. Contra los husitas, el papado y el emperador Segismundo lanzaron varias cruzadas, pero fueron derrotadas una y otra vez por los ejércitos campesinos y burgueses comandados por el genial general tuerto Jan Žižka, que hizo de los carros de guerra una táctica revolucionaria e invicta. Los husitas se dividieron entre los moderados utraquistas —que reclamaban la comunión bajo las dos especies, pan y vino, para todos los fieles, de ahí el cáliz como su símbolo— y los radicales taboritas, igualitaristas y milenaristas.

Las guerras terminaron en 1434 en la batalla de Lipany, donde la coalición de utraquistas moderados y católicos aplastó a los taboritas radicales, abriendo paso a un compromiso. Bohemia se convirtió así en un país mayoritariamente husita dentro de una Europa católica, una anomalía religiosa que duraría dos siglos. En 1458, la Dieta checa eligió rey a Jorge de Poděbrady, primer y único monarca husita, recordado además por un proyecto pionero de unión pacífica de los príncipes cristianos de Europa. El husismo dejó en los checos una tradición de disidencia religiosa y de orgullo nacional que resonaría siglos más tarde en el discurso patriótico del siglo XIX y en la propia bandera del país.

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Los Jagellón, los Habsburgo y la Praga de Rodolfo II

Tras la muerte de Jorge de Poděbrady, la corona de Bohemia pasó a la dinastía polaco-lituana de los Jagellón, que gobernaron sin gran fuerza a fines del siglo XV y comienzos del XVI, en un reino dominado por una nobleza poderosa y dividido entre husitas y católicos. Todo cambió el 29 de agosto de 1526, cuando el joven rey Luis II Jagellón murió en la batalla de Mohács, aplastado por los turcos otomanos junto a buena parte de la nobleza húngara. Su cuñado, el archiduque Fernando de Habsburgo, hermano del emperador Carlos V, fue elegido rey de Bohemia. Empezaba así la larga vinculación —casi cuatro siglos— de las tierras checas con la casa de Austria.

Al principio, los Habsburgo respetaron las libertades religiosas y los privilegios de los Estados checos, aunque las tensiones entre la corte católica y la mayoría protestante fueron en aumento. El momento más luminoso de este período fue el reinado de Rodolfo II (1576-1611), que trasladó su corte imperial de Viena a Praga y convirtió a la ciudad en un extraordinario foco de arte y de ciencia. Excéntrico y melancólico, coleccionista insaciable, Rodolfo atrajo a Praga a los astrónomos Tycho Brahe y Johannes Kepler —que aquí formuló sus leyes del movimiento planetario—, a pintores manieristas y a alquimistas de toda Europa. La ciudad se llenó de gabinetes de maravillas, laboratorios y talleres, en una atmósfera intelectual que aún hoy alimenta la leyenda mágica de Praga.

Presionado por su familia y por las divisiones religiosas, Rodolfo II se vio obligado en 1609 a firmar la Carta de Majestad, que garantizaba amplia libertad de culto a los protestantes de Bohemia. Pero su sucesor y los círculos católicos más duros de la corte se propusieron revertir esas concesiones. El choque entre una nobleza mayoritariamente protestante, celosa de sus derechos, y una monarquía católica decidida a imponer la Contrarreforma se hizo inevitable. En 1618, en el castillo de Praga, esa tensión estallaría de la forma más literal.

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La Defenestración de 1618, la Montaña Blanca y tres siglos de Austria

El 23 de mayo de 1618, un grupo de nobles protestantes checos irrumpió en el castillo de Praga y arrojó por una ventana a dos gobernadores imperiales católicos y a su secretario. Los tres sobrevivieron a la caída de unos veinte metros —según los católicos, salvados por los ángeles; según los protestantes, amortiguados por un montón de estiércol—, pero el gesto fue una declaración de guerra. Esta segunda defenestración de Praga desencadenó la revuelta de los Estados de Bohemia, que depusieron a los Habsburgo y coronaron rey al elector protestante Federico V del Palatinado, el «rey de invierno». El conflicto se extendió por todo el continente y se convirtió en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), la más devastadora que había conocido Europa hasta entonces.

El desenlace para Bohemia fue rápido y catastrófico. El 8 de noviembre de 1620, en la batalla de la Montaña Blanca (Bílá hora), a las puertas de Praga, el ejército imperial y de la Liga Católica aplastó en poco más de una hora a las tropas de los Estados checos. Federico V huyó, y la represión fue implacable: el 21 de junio de 1621, veintisiete líderes de la revuelta —nobles y burgueses— fueron ejecutados públicamente en la plaza de la Ciudad Vieja de Praga, cuyos adoquines aún recuerdan el hecho con veintisiete cruces. Los bienes de los rebeldes fueron confiscados y repartidos entre una nueva nobleza católica y extranjera, fiel a Viena.

La Montaña Blanca inauguró casi tres siglos de dominio austríaco y de dura Contrarreforma. El protestantismo fue prohibido, y quien no se convirtiera al catolicismo debía emigrar: decenas de miles de checos —entre ellos el gran pedagogo Jan Amos Komenský (Comenius)— marcharon al exilio. El alemán se impuso como lengua de la administración, la cultura y las élites, mientras el checo quedaba relegado al campo y a las clases populares; este proceso de germanización, sumado a las pérdidas de la guerra y a las epidemias, redujo drásticamente la población. Bohemia y Moravia siguieron siendo territorios ricos e industriosos de la monarquía de los Habsburgo, pero su vida política, religiosa y cultural quedó tutelada desde Viena. La memoria de la Montaña Blanca como catástrofe nacional pesaría durante siglos en la conciencia checa.

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El renacimiento nacional checo del siglo XIX

A fines del siglo XVIII, cuando el checo parecía condenado a ser una lengua de campesinos frente al alemán dominante, un puñado de eruditos, escritores y músicos emprendió su resurrección. Fue el Národní obrození, el «renacimiento nacional» checo, un movimiento cultural que en pocas décadas recuperó el idioma, reescribió la historia del país y forjó una conciencia nacional moderna. El filólogo Josef Dobrovský sentó las bases científicas del estudio del checo, y Josef Jungmann coronó la empresa con su monumental diccionario checo-alemán en cinco volúmenes (1834-1839), que demostró que la lengua podía expresar cualquier idea culta o científica.

El alma histórica del movimiento fue František Palacký, «el padre de la nación», cuya monumental Historia del pueblo checo dio a los checos un relato de su pasado —de la Gran Moravia a los husitas— que alimentó su orgullo y sus reivindicaciones políticas. En 1831, Palacký impulsó la Matice česká, institución para la edición de libros en checo, ligada al Museo Nacional. La cultura se convirtió en la gran arma de un pueblo que aún no tenía Estado: se fundaron periódicos, sociedades científicas, teatros y coros, y se reivindicó con orgullo la memoria de Hus y de la Bohemia husita.

La música fue el vehículo más universal de ese despertar. Bedřich Smetana, considerado el padre de la música nacional checa, compuso óperas como La novia vendida y el ciclo sinfónico Má vlast («Mi patria»), cuyo poema El Moldava se convirtió en un segundo himno nacional; en 1868 colocó simbólicamente la primera piedra del Teatro Nacional de Praga, financiado por suscripción popular e inaugurado en 1881 como templo del arte checo. Su continuador, Antonín Dvořák —que en aquel 1868 tocaba la viola en la orquesta—, llevó la música checa al mundo entero con sus sinfonías y sus Danzas eslavas. Al terminar el siglo, los checos eran ya una nación moderna, con su lengua, su literatura, su música y sus instituciones, que solo aspiraba a completar su despertar cultural con la autonomía política.

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La Primera República de Masaryk (1918-1938)

La Primera Guerra Mundial y el hundimiento del Imperio austrohúngaro en 1918 dieron a checos y eslovacos la oportunidad histórica de su independencia. El 28 de octubre de 1918 se proclamó en Praga la República de Checoslovaquia, un nuevo Estado que unía las tierras checas (Bohemia, Moravia y la Silesia checa) con Eslovaquia y la Rutenia subcarpática. Su artífice fue Tomáš Garrigue Masaryk, filósofo y profesor universitario que había hecho campaña por la causa checoslovaca en las capitales aliadas durante la guerra; elegido primer presidente, gozó de tal autoridad moral que su figura se comparó con la de George Washington. Lo secundaron el diplomático Edvard Beneš y el eslovaco Milan Rastislav Štefánik.

La Primera República fue, en la Europa de entreguerras, una excepción notable: mientras a su alrededor caían las democracias y triunfaban los autoritarismos, Checoslovaquia se mantuvo como un régimen parlamentario estable, laico y respetuoso de las libertades. Fue también una de las diez economías más industrializadas del mundo, heredera del potente aparato fabril austrohúngaro: las armas y automóviles Škoda de Plzeň y Mladá Boleslav, los zapatos Baťa de Zlín —con su modelo pionero de ciudad-fábrica—, el cristal de Bohemia, el textil o el azúcar hicieron de ella una potencia exportadora. Praga y Brno vivieron un fervor artístico y arquitectónico, con el cubismo checo y el funcionalismo de vanguardia.

Pero la Primera República arrastraba una debilidad de fondo: era un Estado multinacional. Junto a checos y eslovacos convivían más de tres millones de alemanes —concentrados en las regiones fronterizas de los Sudetes—, además de húngaros, rutenos, polacos y judíos. En una democracia que se esforzó por integrarlos, las minorías, y sobre todo la alemana, nunca se sintieron del todo representadas. Cuando en la vecina Alemania llegó al poder Adolf Hitler en 1933, el nacionalismo alemán de los Sudetes, encarnado en el Partido Alemán de los Sudetes de Konrad Henlein, se volvió un instrumento en manos de Berlín. La joven democracia checoslovaca se encontró, a fines de los años treinta, en el centro de la tormenta europea.

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Múnich, el protectorado, Heydrich y el Holocausto (1938-1945)

En 1938, Hitler reclamó la anexión de los Sudetes con el pretexto de proteger a su población alemana. En la Conferencia de Múnich, la noche del 29 al 30 de septiembre de 1938, las potencias occidentales —el Reino Unido de Chamberlain y la Francia de Daladier— cedieron a las exigencias del dictador y aceptaron entregar a Alemania las regiones fronterizas de Checoslovaquia, sin que el país afectado fuera siquiera invitado a la mesa. El Acuerdo de Múnich quedó en la memoria checa como «la traición de Múnich»: un aliado abandonado por quienes debían defenderlo. Privada de sus fortificaciones fronterizas y de su industria, Checoslovaquia quedó indefensa. El 15 de marzo de 1939, la Wehrmacht ocupó lo que quedaba del país; Bohemia y Moravia se convirtieron en un «Protectorado» del Reich y Eslovaquia en un Estado títere.

El protectorado de Bohemia y Moravia fue sometido a una ocupación cada vez más brutal. En 1941, Hitler nombró Reichsprotektor a Reinhard Heydrich, uno de los principales arquitectos del Holocausto, apodado «el carnicero de Praga» por su represión. El 27 de mayo de 1942, dos paracaidistas checoslovacos entrenados en Londres, Jozef Gabčík y Jan Kubiš, lo atacaron en Praga en la Operación Antropoide; Heydrich murió a los pocos días de sus heridas. La represalia nazi fue atroz: el 10 de junio de 1942, con el falso pretexto de que allí se ocultaban los atacantes, las SS arrasaron la aldea de Lidice, fusilaron a los 173 hombres y adolescentes del pueblo, deportaron a las mujeres a Ravensbrück y enviaron a la mayoría de los niños a la muerte. Lidice fue borrada del mapa y su nombre se convirtió en símbolo internacional del terror nazi.

La comunidad judía de las tierras checas —una de las más antiguas y florecientes de Europa central— fue prácticamente aniquilada. Los nazis convirtieron la fortaleza de Terezín (Theresienstadt), al norte de Praga, en un gueto y campo de tránsito que usaron como falsa vitrina propagandística ante la Cruz Roja, mientras desde allí deportaban a decenas de miles de judíos a Auschwitz y otros campos de exterminio. De los cerca de 118.000 judíos que vivían en el protectorado, unos 78.000 fueron asesinados en el Holocausto. La guerra terminó en mayo de 1945 con el Levantamiento de Praga y la llegada del Ejército Rojo, mientras el oeste de Bohemia, con Plzeň, era liberado por el ejército estadounidense del general Patton.

en.wikipedia.org · Munich Agreementen.wikipedia.org · Lidice massacre

La expulsión de los alemanes de los Sudetes (1945-1946)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la sociedad checa, marcada por seis años de ocupación nazi, se volvió contra la minoría alemana que durante siglos había habitado las regiones fronterizas. Entre 1945 y 1946, alrededor de tres millones de alemanes de los Sudetes y de otras zonas fueron expulsados de Checoslovaquia y sus bienes, confiscados. El marco legal de esta expulsión y de la privación de la ciudadanía a alemanes y húngaros fueron los llamados decretos del presidente Beneš, dictados en 1945. La expulsión organizada, avalada por las potencias vencedoras en la Conferencia de Potsdam, comenzó formalmente en enero de 1946; pero estuvo precedida, en los meses posteriores a la liberación, por las «expulsiones salvajes» de mayo a agosto de 1945.

Estos hechos son reales y graves, y deben nombrarse con precisión. Los primeros meses estuvieron marcados por episodios de violencia extrema cometidos por grupos militares y paramilitares checos —linchamientos, ejecuciones sumarias, marchas forzadas, internamientos en campos—, contra una población civil que incluía ancianos, mujeres y niños. Las cifras de muertos han sido objeto de estudio y de debate historiográfico: durante décadas se manejaron estimaciones muy altas, pero una comisión conjunta de historiadores checos y alemanes ha fijado el número de víctimas en un rango de aproximadamente 17.000 a 30.000 muertos, incluidos los fallecidos por violencia, hambre, enfermedad y suicidios durante el proceso.

La expulsión transformó de raíz la geografía humana de las tierras checas: regiones enteras de Bohemia y Moravia que habían sido de mayoría alemana durante siglos quedaron despobladas y fueron recolonizadas por checos y eslovacos, con pérdidas económicas y culturales duraderas. El asunto sigue siendo, hasta hoy, un tema delicado en las relaciones entre Chequia, Alemania y Austria: los decretos Beneš nunca fueron derogados, y su valoración enfrenta a quienes los ven como un castigo colectivo injusto y a quienes los interpretan en el contexto de la ocupación nazi y de la colaboración de buena parte de los alemanes de los Sudetes con el Tercer Reich. La historiografía reciente insiste en describir los hechos sin justificarlos ni relativizarlos, y sin borrar tampoco el contexto que los precedió.

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El golpe de 1948, la Primavera de Praga y la normalización

La liberación por el Ejército Rojo y el desprestigio de las potencias occidentales tras Múnich reforzaron a la izquierda checoslovaca. El Partido Comunista fue el más votado en las elecciones libres de 1946, y en febrero de 1948 dio un golpe de fuerza que le entregó el control total del Estado. Empezaron cuatro décadas de régimen comunista alineado con Moscú. El estalinismo checoslovaco de los años cincuenta fue especialmente duro: nacionalizaciones, colectivización forzosa del campo, campos de trabajo y juicios políticos amañados, como el proceso contra el propio dirigente comunista Rudolf Slánský y otros trece acusados en 1952, once de ellos ejecutados, en un juicio con fuerte componente antisemita.

En 1968, un ala reformista del propio partido, encabezada por el eslovaco Alexander Dubček —elegido primer secretario en enero—, intentó construir un «socialismo de rostro humano»: se aflojó la censura, se rehabilitó a víctimas de la represión y floreció un breve período de libertad conocido como la Primavera de Praga. Pero Moscú no toleró la disidencia dentro del bloque. En la noche del 20 al 21 de agosto de 1968, tropas de la Unión Soviética y de otros cuatro países del Pacto de Varsovia —Polonia, Bulgaria, Hungría y la RDA— invadieron Checoslovaquia con cientos de miles de soldados y miles de tanques, aplastando las reformas. La resistencia fue mayoritariamente pacífica y desesperada.

El símbolo más estremecedor de esa desesperación fue Jan Palach, un estudiante de veinte años que el 16 de enero de 1969 se prendió fuego en la plaza de Wenceslao de Praga en protesta contra la ocupación y la resignación de su pueblo; murió tres días después, y su entierro se convirtió en una gran manifestación de duelo y de rechazo. Vino luego la «normalización» dirigida por Gustáv Husák: purga de reformistas, restauración de la censura y del control policial, y dos décadas de gris conformismo bajo la ocupación soviética, que se prolongaría hasta 1989. Cientos de miles de checoslovacos fueron expulsados de sus empleos o marcharon al exilio.

en.wikipedia.org · Prague Springen.wikipedia.org · Jan Palach

La Carta 77, Havel y la Revolución de Terciopelo

Contra el silencio de la normalización se alzó una disidencia minoritaria pero tenaz. En 1977, un grupo de intelectuales, artistas y ciudadanos —a raíz, entre otras cosas, del proceso contra el grupo de rock underground The Plastic People of the Universe— firmó la Carta 77, un manifiesto que exigía al gobierno respetar los derechos humanos que él mismo se había comprometido a garantizar al firmar los Acuerdos de Helsinki. Entre sus autores y portavoces destacaba el dramaturgo Václav Havel, que pagó su compromiso con varios años de cárcel y se convirtió en la conciencia moral de la oposición. La Carta 77 mantuvo viva, durante más de una década, la llama de la libertad.

El desenlace llegó en noviembre de 1989, cuando el bloque comunista se desmoronaba en toda Europa del Este. El 17 de noviembre, la policía reprimió con violencia una manifestación estudiantil en Praga, y la indignación desató una ola imparable de protestas y huelgas. En pocas semanas, medio millón de personas se congregaron en las plazas coreando «¡Havel al castillo!», y el régimen comunista se derrumbó sin apenas violencia: por eso se la llamó la Revolución de Terciopelo. El 29 de diciembre de 1989, Václav Havel —el disidente encarcelado meses antes— fue elegido presidente por el mismo parlamento que hasta entonces había sido comunista. El país recuperaba la democracia, la economía de mercado y su lugar en Europa.

Recobrada la libertad, resurgieron las viejas tensiones entre checos y eslovacos sobre la forma del Estado común. Sin referéndum y por acuerdo de las élites políticas —encabezadas por el checo Václav Klaus y el eslovaco Vladimír Mečiar—, Checoslovaquia se dividió pacíficamente: a la medianoche del 31 de diciembre de 1992, tras 74 años de existencia, el país se disolvió, y el 1 de enero de 1993 nacieron dos Estados independientes, la República Checa y Eslovaquia. Fue el «divorcio de terciopelo», una separación sin un solo disparo, insólita en la historia europea. La joven Chequia se integró luego en la OTAN (1999) y en la Unión Europea (2004), y hoy es una república democrática y próspera en el corazón del continente, que sigue mirando su historia —husita, imperial, ocupada y libre— con una mezcla de orgullo y de memoria.

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Bohemia meridional y norte

Historia de Bohemia meridional y norte · Chequia

Los Rožmberk y Český Krumlov

La Bohemia meridional fue durante siglos el feudo de la casa de Rožmberk (Rosenberg), la familia nobiliaria más poderosa del reino después de los reyes. Rama de los antiguos Vítkovci, los Rožmberk se establecieron hacia 1250 en el castillo de Rožmberk y, poco después, hacia 1253, levantaron el castillo de Český Krumlov, que se convirtió en el centro de su vasto dominio. Su emblema, la rosa roja de cinco pétalos, aún preside los muros de media Bohemia del sur.

Bajo los Rožmberk, y en especial durante el Renacimiento, Český Krumlov floreció como una pequeña capital cultural. Guillermo de Rožmberk (Vilém), la figura más notable de la familia en el siglo XVI, convirtió su corte en un centro de refinamiento, y su hermano Petr Vok fue el último de la estirpe. Endeudado, Petr Vok se vio obligado en 1601 a vender el castillo de Krumlov al emperador Rodolfo II y a trasladar su residencia a Třeboň, donde reunió una de las mayores bibliotecas de Europa. Con su muerte en 1611 se extinguió la casa de Rožmberk.

El castillo pasó luego a otras grandes familias —los Eggenberg y los Schwarzenberg—, que lo ampliaron y le dieron su fisonomía barroca, con su célebre teatro barroco conservado casi intacto. Encajonado en un meandro del río Moldava, con su casco medieval y renacentista perfectamente preservado dominado por la torre pintada del castillo, Český Krumlov es hoy uno de los conjuntos históricos más bellos de Europa central, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1992.

en.wikipedia.org · Rosenberg familyencyklopedie.ckrumlov.cz · Mesto histor rozmbe

České Budějovice, ciudad real y cervecera

Frente al poder señorial de los Rožmberk, la corona checa fundó en la Bohemia del sur su propio bastión: České Budějovice (Budweis en alemán). La ciudad fue creada en 1265 por el rey Přemysl Otakar II como plaza real fortificada para contrapesar la influencia de la nobleza local, y en torno a su enorme plaza cuadrada —una de las mayores de Europa, la plaza de Přemysl Otakar II— creció una próspera ciudad de comerciantes.

Su riqueza se basó en el comercio, la minería de plata de la zona y, sobre todo, la sal, que llegaba desde Austria por una vía comercial que en el siglo XIX se materializó en uno de los primeros ferrocarriles de tracción animal del continente, entre České Budějovice y la austríaca Linz. La ciudad conservó su fidelidad a la corona y su carácter mayoritariamente católico y, en parte, de habla alemana, durante siglos.

Como Plzeň, České Budějovice quedó ligada para siempre a la cerveza. Aquí se elabora la Budějovický Budvar, conocida internacionalmente como Budweiser, cuyo nombre —derivado de Budweis, el nombre alemán de la ciudad— ha sido objeto de una larga y célebre disputa legal con la cervecera estadounidense Anheuser-Busch por el uso de la marca «Budweiser». La tradición cervecera de la ciudad se remonta a la Edad Media, cuando ya gozaba de derechos de elaboración de cerveza.

en.wikipedia.org · České Budějoviceen.wikipedia.org · Budweiser Budvar Brewery

Třeboň y los grandes estanques de Bohemia

Uno de los legados más originales de los Rožmberk es el vasto sistema de estanques piscícolas de la región de Třeboň, un paisaje de agua creado por la mano del hombre a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento. En una comarca de tierras bajas y pantanosas, los Rožmberk vieron un negocio: hacia 1367 fundaron el monasterio de Třeboň y, con el tiempo, transformaron los humedales en una red de grandes estanques para la cría de carpas, que se convirtió en una de sus principales fuentes de riqueza.

La obra fue posible gracias a dos ingenieros hidráulicos geniales al servicio de la familia. A comienzos del siglo XVI, Štěpánek Netolický concibió un ingenioso canal, la «Zlatá stoka» (la acequia dorada), que regulaba el agua de todo el sistema; más tarde, Jakub Krčín de Jelčany construyó los mayores estanques, entre ellos el gigantesco Rožmberk, el estanque más grande de Chequia, y el Svět, a orillas de la propia Třeboň. Estos espejos de agua, integrados en el bosque y las praderas, siguen produciendo hoy la carpa que los checos comen tradicionalmente en Navidad.

El paisaje de estanques, bosques y turberas de la comarca de Třeboň es hoy una reserva de biosfera de la Unesco, un ecosistema de gran valor para las aves acuáticas y la biodiversidad. La propia ciudad de Třeboň, con su castillo renacentista —donde se retiró y murió el último Rožmberk, Petr Vok—, su casco histórico y su tradición balnearia de baños de turba, es un remanso de la Bohemia del sur, testimonio vivo de aquella ingeniosa domesticación del agua.

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Liberec, el Mánchester bohemio y los Sudetes

En el norte de Bohemia, al pie de las montañas que la separan de Alemania y Polonia, Liberec (Reichenberg en alemán) fue durante siglos el gran centro de la industria textil de la región. Fundada en el siglo XIII y con carta de ciudad desde 1577, se desarrolló bajo la familia noble de los Redern y, con la Revolución Industrial, se convirtió en el corazón de la industria textil de la monarquía de los Habsburgo, hasta ganarse el apodo de «el Mánchester de Bohemia» (o «Mánchester austríaco») por sus fábricas de paños, alfombras y tejidos.

Como buena parte de la Bohemia septentrional, Liberec fue hasta 1945 una ciudad de mayoría alemana, y ese carácter determinó su trágica historia en el siglo XX. En los años treinta, la región de los Sudetes se convirtió en el bastión del Partido Alemán de los Sudetes de Konrad Henlein, que agitó el descontento de la minoría alemana al servicio de la Alemania nazi; el propio Henlein tenía su base en Liberec. Tras el Acuerdo de Múnich de 1938, la ciudad fue anexionada por el Tercer Reich y convertida en capital de la región de los Sudetes (Reichsgau Sudetenland).

Al terminar la guerra, la población alemana de Liberec y de toda la Bohemia del norte fue expulsada en 1945-1946 en virtud de los decretos Beneš, y la ciudad fue repoblada por checos. Aquel vuelco demográfico borró en pocos meses siglos de vida germánica en la región. Hoy Liberec es una animada ciudad universitaria, dominada por su espectacular ayuntamiento neorrenacentista y por la torre y el hotel de la cercana montaña Ještěd, icono de la arquitectura moderna checa, y sirve de puerta de entrada a las montañas del norte.

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La Suiza Bohemia, un paisaje de arenisca

En el extremo norte de Bohemia, en la frontera con Alemania, se extiende uno de los paisajes naturales más asombrosos del país: la Suiza Bohemia (České Švýcarsko), una región de espectaculares formaciones de arenisca —cañones, gargantas, torres y murallas de roca esculpidas por la erosión durante millones de años—, atravesada por el río Elba (Labe) y su afluente Kamenice. Su joya es la Pravčická brána, el mayor arco natural de arenisca de Europa, un puente de roca de proporciones monumentales.

El nombre, curioso, tiene una historia. La región fue «descubierta» y bautizada en el siglo XVIII por dos pintores románticos suizos, Adrian Zingg y Anton Graff, que trabajaban en Dresde y encontraron que estos paisajes rocosos les recordaban a los de su país; llamaron a la zona alemana «Suiza sajona» (Sächsische Schweiz), y el nombre se extendió al lado checo como «Suiza bohemia». El paisaje sublime de estas rocas fascinó a los pintores del Romanticismo, entre ellos al gran Caspar David Friedrich, e inspiró toda una estética de la naturaleza salvaje.

Para proteger este patrimonio natural, el 1 de enero de 2000 la parte checa fue declarada Parque Nacional de la Suiza Bohemia, contiguo al parque alemán de la Suiza Sajona, formando juntos un gran espacio protegido transfronterizo. En 2022, un devastador incendio forestal —el mayor de la historia moderna del país— arrasó buena parte del bosque del parque, en un episodio que recordó la fragilidad de estos ecosistemas. Recuperándose de aquella herida, la Suiza Bohemia sigue siendo uno de los grandes destinos de senderismo de Chequia, con la aldea de Hřensko como puerta de entrada.

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📍 Destinos de Bohemia meridional y norte
Cesky KrumlovCeske BudejoviceTrebonLiberecSuiza Bohemia

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Rosenberg family»: https://en.wikipedia.org/wiki/Rosenberg_family
  • Encyklopedie Českého Krumlova — «Rosenbergs»: https://encyklopedie.ckrumlov.cz/en/mesto_histor_rozmbe/
  • Wikipedia (EN) — «České Budějovice»: https://en.wikipedia.org/wiki/%C4%8Cesk%C3%A9_Bud%C4%9Bjovice
  • Wikipedia (EN) — «Třeboň»: https://en.wikipedia.org/wiki/T%C5%99ebo%C5%88
  • VisitCzechia — «Chateau Třeboň»: https://www.visitczechia.com/en-us/things-to-do/places/landmarks/chateaux/c-trebon-chateau
  • Encyclopædia Britannica — «Liberec»: https://www.britannica.com/place/Liberec
  • Wikipedia (EN) — «Liberec»: https://en.wikipedia.org/wiki/Liberec
  • Wikipedia (EN) — «Bohemian Switzerland»: https://en.wikipedia.org/wiki/Bohemian_Switzerland

Bohemia occidental

Historia de Bohemia occidental · Chequia

Una tierra de frontera entre checos y alemanes

La Bohemia occidental se extiende hasta las montañas que la separan de Baviera y de Sajonia, y durante siglos fue una tierra de frontera y de contacto entre los mundos checo y alemán. Desde la Edad Media, colonos alemanes se instalaron en sus zonas montañosas y fronterizas —parte de los llamados Sudetes—, atraídos por la minería, el bosque y el comercio, dando a la región una fuerte impronta germánica que se mantuvo hasta mediados del siglo XX.

Esa doble identidad, checa y alemana, marcó su historia. La riqueza del subsuelo —plata, estaño, carbón, caolín— y de las aguas termales impulsó desde antiguo la minería, la industria y el termalismo, mientras las ciudades combinaban población checa y alemana. En el siglo XIX, la región se industrializó con fuerza, y sus balnearios se convirtieron en lugares de moda de la aristocracia europea.

El siglo XX trajo el drama de la frontera. La mayoría alemana de los distritos limítrofes hizo de la Bohemia occidental uno de los focos de la crisis de los Sudetes: anexionada por Hitler tras el Acuerdo de Múnich de 1938, la región vivió luego, al terminar la guerra, la expulsión de su población alemana en 1945-1946, que vació y transformó buena parte de sus pueblos fronterizos. Durante la Guerra Fría, la frontera occidental de Chequia fue parte del «telón de acero», sellada con alambradas y torres de vigilancia frente a la Alemania Occidental.

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Karlovy Vary y la edad de oro del termalismo

Karlovy Vary —Karlsbad en alemán— es el más célebre de los balnearios checos, y su propio nombre remite a Carlos IV: la tradición atribuye al emperador el descubrimiento de sus fuentes termales hacia 1370 y la fundación de la ciudad, a la que dio su nombre («los baños de Carlos»). En torno a sus aguas calientes y minerales, que brotan de una docena de manantiales —el más espectacular, el géiser Vřídlo, lanza un chorro hirviente a varios metros de altura—, creció durante siglos una cultura del termalismo.

La gran época de Karlovy Vary llegó en los siglos XVIII y XIX, cuando se convirtió en uno de los balnearios de moda de Europa, punto de encuentro de la aristocracia, los artistas y los monarcas del continente. Por sus columnatas y sus fuentes pasaron figuras como Goethe, Beethoven, Chopin, Bach, el zar Pedro el Grande o el escritor Gógol, que acudían a «tomar las aguas». La ciudad se llenó de hoteles señoriales, casas de baños, teatros y jardines, en un estilo elegante que aún hoy define su casco histórico, encajonado en un valle boscoso.

A la fama termal se sumaron productos que hicieron mundialmente conocido su nombre: el licor de hierbas Becherovka, creado en Karlovy Vary a comienzos del siglo XIX y considerado la «decimotercera fuente» de la ciudad; el fino cristal de Moser; y las obleas de balneario (oplatky). En 2021, Karlovy Vary fue inscrita, junto a otras diez ciudades-balneario europeas, en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco como una de las «Grandes ciudades termales de Europa». Hoy es también sede de un prestigioso festival internacional de cine.

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Plzeň y la invención de la cerveza pilsner (1842)

Plzeň (Pilsen), la gran ciudad de la Bohemia occidental, fue fundada en 1295 por el rey Wenceslao II como plaza mercantil y militar en el cruce de rutas comerciales hacia Baviera. Ciudad rica y de derecho de cerveza desde la Edad Media, entró en la historia universal por una razón muy concreta: aquí nació, en 1842, el tipo de cerveza más consumido del planeta.

Durante siglos, la cerveza de Plzeň había sido de calidad irregular. Hartos de un producto malo, los cerveceros de la ciudad se unieron para construir una nueva fábrica municipal y contrataron a un maestro cervecero bávaro, Josef Groll, que el 5 de octubre de 1842 elaboró un lote de cerveza revolucionario: una lager de fermentación baja, clara, dorada y transparente, muy distinta de las cervezas turbias y oscuras de la época. Aquella cerveza rubia, la Pilsner Urquell —«la fuente original de Pilsen»—, se hizo tan popular y fue tan imitada que dio origen a todo un estilo: hoy la inmensa mayoría de la cerveza que se bebe en el mundo es una pale lager de tipo «pilsen» o «pils».

La cervecería Pilsner Urquell, con sus vastas bodegas subterráneas y su monumental puerta de entrada, sigue siendo el gran emblema de la ciudad y una visita imprescindible. Plzeň, además, es una de las capitales cerveceras del país en el que más cerveza per cápita se consume del mundo, y su nombre quedó ligado para siempre a una bebida que conquistó el planeta.

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Škoda y la gran industria de Plzeň

Más allá de la cerveza, Plzeň fue durante siglo y medio uno de los grandes centros industriales de Europa central. En 1859 se instaló en la ciudad una fábrica de maquinaria que, comprada en 1869 por el ingeniero Emil Škoda, se convirtió en las célebres Škoda Works (Škodovy závody): un gigantesco complejo metalúrgico y de armamento que llegó a ser uno de los mayores de la monarquía austrohúngara y, luego, de la Primera República checoslovaca.

Las fábricas Škoda de Plzeň producían acero, locomotoras, turbinas, puentes, maquinaria pesada y, sobre todo, armamento: cañones y material bélico que abastecieron a los ejércitos de media Europa. (Conviene no confundir esta Škoda de Plzeň, la industria pesada, con los automóviles Škoda, fabricados en Mladá Boleslav, aunque ambas nacieron del mismo tronco empresarial.) Durante la ocupación nazi, las Škoda Works trabajaron para la maquinaria de guerra alemana, lo que convirtió a Plzeň en objetivo de los bombardeos aliados.

El final de la guerra dejó en Plzeň un episodio singular: mientras el resto de Bohemia era liberado por el Ejército Rojo soviético, el oeste del país, con Plzeň, fue liberado en mayo de 1945 por el ejército estadounidense del general George Patton. Cada año, la ciudad conmemora esa liberación con un festival, un hecho que durante el régimen comunista fue silenciado y que hoy se celebra abiertamente como parte de la memoria local.

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Del telón de acero a la Bohemia termal de hoy

Tras la Segunda Guerra Mundial, la Bohemia occidental quedó marcada por dos procesos traumáticos. El primero fue la expulsión, en 1945-1946, de la numerosa población alemana de sus distritos fronterizos, que vació pueblos enteros y borró siglos de presencia germánica en la región. El segundo fue la instalación del «telón de acero»: con el golpe comunista de 1948 y la Guerra Fría, la frontera con la Alemania Occidental se convirtió en una zona militar sellada, con alambradas electrificadas, campos minados y torres de vigilancia que costaron la vida a numerosos fugitivos.

La caída del comunismo en 1989 y la posterior integración de Chequia en la Unión Europea (2004) y en el espacio Schengen transformaron por completo esta frontera antaño hermética, hoy abierta y transitada, con un intenso intercambio económico y turístico con la vecina Baviera. Los pueblos y bosques fronterizos, despoblados durante la Guerra Fría, se han convertido en algunos casos en espacios naturales protegidos de gran valor.

Libre de aquellas tensiones, la Bohemia occidental vive hoy de su doble vocación histórica: la industria de Plzeň y su cerveza mundialmente famosa, y el termalismo de lujo del llamado «triángulo balneario» de Karlovy Vary, Mariánské Lázně (Marienbad) y Františkovy Lázně (Franzensbad), tres ciudades-balneario reconocidas por la Unesco. Es la Bohemia elegante de las columnatas y las aguas curativas, que ha recuperado su antiguo prestigio de destino de salud y de reposo.

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📍 Destinos de Bohemia occidental
Karlovy VaryPlzen

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Karlovy Vary»: https://en.wikipedia.org/wiki/Karlovy_Vary
  • Unesco — «Great Spa Towns of Europe» (Patrimonio Mundial): https://whc.unesco.org/en/list/1613/
  • Wikipedia (EN) — «Pilsner Urquell»: https://en.wikipedia.org/wiki/Pilsner_Urquell
  • Wikipedia (EN) — «Pilsner Urquell Brewery»: https://en.wikipedia.org/wiki/Pilsner_Urquell_Brewery
  • Wikipedia (EN) — «Plzeň»: https://en.wikipedia.org/wiki/Plze%C5%88
  • Wikipedia (EN) — «Škoda Works»: https://en.wikipedia.org/wiki/%C5%A0koda_Works
  • Wikipedia (EN) — «Expulsion of Germans from Czechoslovakia»: https://en.wikipedia.org/wiki/Expulsion_of_Germans_from_Czechoslovakia

Moravia y el este

Historia de Moravia y el este · Chequia

La cuna de la Gran Moravia

Moravia, la tierra checa oriental, da nombre al primer gran Estado eslavo de Europa central: la Gran Moravia del siglo IX. Fue en esta región, a orillas del río Morava, donde príncipes como Mojmír I, Rastislav y Svatopluk edificaron un poderoso reino cuyos centros de poder han sacado a la luz los arqueólogos en lugares como Mikulčice —donde se han hallado las fundaciones de una docena de iglesias de piedra, palacios y ricos ajuares— y Staré Město, la antigua Veligrad.

Aquí tuvo lugar, en el año 863, el episodio fundacional de la cultura eslava: la llegada de los hermanos Constantino (Cirilo) y Metodio, enviados desde Bizancio a petición del príncipe Rastislav. Los dos misioneros crearon el alfabeto glagolítico, tradujeron la Biblia y la liturgia al antiguo eslavo eclesiástico y sentaron las bases de la primera literatura eslava. Cirilo y Metodio son hoy copatronos de Europa, y el 5 de julio, día de su festividad, es fiesta nacional en Chequia; el lugar de peregrinación de Velehrad, en Moravia, mantiene viva su memoria.

Aquella herencia dio a Moravia una identidad propia, distinta de la de Bohemia, que ha perdurado durante mil años. Aunque desde la Edad Media Moravia estuvo unida a la corona checa —como margraviato dentro del reino de Bohemia—, los moravos conservaron un fuerte sentimiento regional, sus dialectos, sus trajes, su música y sus tradiciones folclóricas, especialmente vivas en el sudeste, en la región de la Eslovaquia Morava (Slovácko). Ser moravo, todavía hoy, es una manera particular de ser checo.

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Olomouc, la vieja capital eclesiástica de Moravia

Durante siglos, Olomouc fue la capital histórica de Moravia y su gran centro religioso. Ya en 1063 se estableció allí un obispado, que hizo de la ciudad la sede eclesiástica de toda la región y una de las diócesis más importantes de las tierras checas. En torno a su catedral de San Wenceslao y a su poder episcopal, Olomouc creció como ciudad de clérigos, comerciantes y estudiantes, capital del margraviato de Moravia.

Su papel intelectual se afianzó en el siglo XVI con la fundación de una universidad jesuita en 1573, la segunda más antigua de las tierras checas después de la de Praga; en ella estudiaría, siglos después, el joven Mendel. La historia de Olomouc, sin embargo, estuvo marcada por la guerra: durante la Guerra de los Treinta Años, la ciudad fue tomada y ocupada durante ocho años por los suecos (1642-1650), que la saquearon y la despoblaron, un golpe del que tardó en recuperarse y que le hizo perder su primacía frente a Brno.

El prestigio de Olomouc culminó en 1777, cuando su obispado fue elevado a arzobispado por el papa Pío VI, a instancias de la emperatriz María Teresa. Ciudad de palacios, iglesias barrocas y fuentes monumentales, Olomouc conserva en su plaza mayor la impresionante Columna de la Santísima Trinidad, una obra maestra del barroco centroeuropeo inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Hoy es una animada ciudad universitaria que muchos consideran la segunda joya monumental del país después de Praga.

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Brno, la capital moravia y el jardín de Mendel

Brno, la mayor ciudad de Moravia y segunda de Chequia, es hoy la capital moderna de la región y sede del Tribunal Constitucional del país. Dominada por la fortaleza de Špilberk —que los Habsburgo convirtieron en una temida prisión política, «la cárcel de los pueblos», donde encerraron a patriotas italianos, húngaros y polacos— y por la catedral de San Pedro y San Pablo, Brno fue una próspera ciudad industrial, tan textil que también se ganó el apodo de «el Mánchester moravo».

Pero la mayor gloria de Brno es discreta: un jardín monástico. En la abadía agustina de Santo Tomás, el fraile Gregor Mendel llevó a cabo entre 1856 y 1863 sus pacientes experimentos con miles de plantas de guisantes, cruzándolas y contando sus caracteres. De aquel trabajo dedujo las leyes fundamentales de la herencia —los «factores» hoy llamados genes—, que fundaron la genética moderna. Mendel, que había estudiado en Olomouc y llegó a ser abad de su convento, publicó sus resultados en 1866, pero su genialidad no fue reconocida hasta décadas después de su muerte. Hoy el Museo Mendel, en la propia abadía, honra al «padre de la genética».

Brno es también una capital de la arquitectura del siglo XX. Aquí se levanta la Villa Tugendhat, obra maestra del funcionalismo diseñada por Ludwig Mies van der Rohe entre 1928 y 1930, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco como icono de la arquitectura moderna. Ciudad universitaria y tecnológica, con ferias internacionales y una intensa vida cultural, Brno combina su pasado industrial y su herencia científica con un presente dinámico y joven.

en.wikipedia.org · Gregor Mendelgotobrno.cz · Go to mendels brno

Telč, joya del Renacimiento

En el suroeste de Moravia, junto a la frontera con Bohemia, la pequeña ciudad de Telč conserva una de las plazas más bellas de Europa: un largo espacio triangular rodeado de casas burguesas con arcadas y frontones pintados, todas de estilo renacentista italiano, que parecen detenidas en el siglo XVI. Es «el más perfecto ejemplo de Renacimiento italiano al norte de los Alpes», según la fórmula que suele repetirse, y una imagen casi intacta de una ciudad de aquella época.

Esa unidad y esa armonía se deben a un hombre y a un incendio. Tras un fuego que devastó la ciudad en 1530, el señor de Telč, Zachariáš de Hradec, que había viajado por Italia y quedado deslumbrado por su arquitectura, decidió reconstruir tanto su castillo gótico —transformándolo en un elegante palacio renacentista— como las casas de la plaza, imponiendo un estilo uniforme. El resultado fue un conjunto de una coherencia extraordinaria, rodeado de estanques que refuerzan su aire de ciudad encantada.

Gracias a que la historia posterior la mantuvo al margen de las grandes transformaciones, Telč conservó su casco histórico prácticamente inalterado durante casi cinco siglos. En 1992 fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, y hoy es una de las visitas obligadas de Moravia, un viaje directo al urbanismo y la estética del Renacimiento centroeuropeo.

whc.unesco.orgen.wikipedia.org · Telč

Los viñedos del sur y el paisaje de Lednice-Valtice

El sur de Moravia, cálido y soleado, es la gran región vitivinícola de Chequia: de aquí procede la inmensa mayoría del vino checo. La viña se cultiva en estas laderas desde época muy antigua —hay indicios de viticultura ya en tiempos de los romanos y de la Gran Moravia—, y localidades como Mikulov, Valtice o Znojmo son hoy el corazón de una cultura del vino profundamente arraigada, con sus bodegas, sus fiestas de la vendimia y sus tradiciones folclóricas moravas, entre las más vivas del país.

En esta comarca fronteriza con Austria se extiende uno de los paisajes más singulares de Europa: el conjunto de Lednice-Valtice. Entre los siglos XVII y XX, la poderosa familia principesca de Liechtenstein transformó sus dominios del sur de Moravia en un inmenso jardín paisajístico de unos 200 kilómetros cuadrados, uno de los mayores paisajes diseñados por la mano del hombre en el continente. En torno a sus dos residencias —el palacio neogótico de Lednice y el castillo barroco de Valtice— tendieron avenidas, lagos, bosques y una serie de pabellones y templetes románticos (un minarete, un templo de Apolo, un arco de triunfo) dispersos por el campo.

El paisaje cultural de Lednice-Valtice, obra intencionada de una sola familia a lo largo de generaciones, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1996 por su valor excepcional como jardín paisajístico. Combinado con los viñedos, las bodegas y las tradiciones moravas de la región, hace del sur de Moravia una de las tierras más placenteras y luminosas de Chequia, muy distinta de la Bohemia industrial o de la Praga monumental.

whc.unesco.orgen.wikipedia.org · Lednice–Valtice Cultural Landscape
📍 Destinos de Moravia y el este
TelcBrnoOlomoucMoravia Vinedos

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Great Moravia»: https://en.wikipedia.org/wiki/Great_Moravia
  • VisitCzechia — «Memorial to Great Moravia in Mikulčice»: https://www.visitczechia.com/en-us/things-to-do/places/culture/museums-and-galleries/c-mikulcice-memorial-to-great-moravia
  • Wikipedia (EN) — «Archdiocese of Olomouc»: https://en.wikipedia.org/wiki/Archdiocese_of_Olomouc
  • Encyclopædia Britannica — «Olomouc»: https://www.britannica.com/place/Olomouc
  • Wikipedia (EN) — «Gregor Mendel»: https://en.wikipedia.org/wiki/Gregor_Mendel
  • Go To Brno — «Go to Mendel's Brno»: https://www.gotobrno.cz/en/explore-brno/go-to-mendels-brno/
  • Unesco — «Historic Centre of Telč» (Patrimonio Mundial): https://whc.unesco.org/en/list/621/
  • Wikipedia (EN) — «Telč»: https://en.wikipedia.org/wiki/Tel%C4%8D
  • Unesco — «Lednice-Valtice Cultural Landscape» (Patrimonio Mundial): https://whc.unesco.org/en/list/763/
  • Wikipedia (EN) — «Lednice–Valtice Cultural Landscape»: https://en.wikipedia.org/wiki/Lednice%E2%80%93Valtice_Cultural_Landscape

Praga y el centro de Bohemia

Historia de Praga y el centro de Bohemia · Chequia

La Praga de oro de Carlos IV

Praga alcanzó su cima en el siglo XIV, bajo el rey de Bohemia y emperador Carlos IV (1346-1378), que la convirtió en capital del Sacro Imperio Romano Germánico y en una de las mayores ciudades de Europa. Carlos, criado en Francia y de sangre a la vez checa y luxemburguesa, quiso hacer de Praga una nueva Roma o una nueva París, y para ello emprendió un programa de construcción sin precedentes que todavía define el rostro de la ciudad.

En 1348 fundó la Universidad de Praga —la primera de Europa central, hoy Universidad Carolina— y trazó la Ciudad Nueva (Nové Město), un enorme ensanche que rodeó a la Ciudad Vieja. Mandó levantar el puente de piedra sobre el Moldava que lleva su nombre, con la torre gótica de la Ciudad Vieja obra de Peter Parler, y encomendó a ese mismo maestro la construcción de la catedral de San Vito, en el castillo, panteón de los reyes y sede de las joyas de la corona de San Wenceslao. En 1344 había logrado además elevar el obispado de Praga a arzobispado, dando a Bohemia una Iglesia propia.

Aquella Praga cosmopolita, de checos, alemanes, italianos y judíos, fue un foco de arte gótico, comercio y estudio que atraía a viajeros de todo el continente. La ciudad que hoy recorren los visitantes —el castillo, la catedral, el puente de Carlos, la plaza de la Ciudad Vieja con su reloj astronómico— conserva en gran parte la forma que le dio aquel emperador al que los checos siguen llamando «el padre de la patria».

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Jan Hus y la primera defenestración

Praga fue la cuna de la primera gran reforma religiosa de Europa. En la capilla de Belén (Betlémská kaple) de la Ciudad Vieja predicaba a comienzos del siglo XV Jan Hus, sacerdote y rector de la universidad, que denunciaba en lengua checa la corrupción del clero y la venta de indulgencias. Cuando Hus fue quemado como hereje en Constanza el 6 de julio de 1415, la indignación se apoderó de la ciudad y de todo el reino.

El estallido se produjo en la propia Praga. El 30 de julio de 1419, una procesión husita encabezada por el predicador Jan Želivský asaltó el ayuntamiento de la Ciudad Nueva y arrojó por las ventanas a los concejales católicos, que murieron al caer sobre las picas de la multitud: fue la primera defenestración de Praga, la chispa de las guerras husitas. Durante los años siguientes, Praga fue el bastión de la revolución husita, gobernada por sus facciones y defendida por los ejércitos del general Jan Žižka contra las cruzadas imperiales.

La huella husita quedó grabada en la ciudad. En la plaza de la Ciudad Vieja se alza hoy el imponente monumento a Jan Hus, inaugurado en 1915 al cumplirse cinco siglos de su muerte, mientras el 6 de julio es fiesta nacional en toda Chequia. La memoria de Hus, mártir de la conciencia y símbolo de la resistencia checa frente al poder, atraviesa toda la historia posterior del país.

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La Defenestración de 1618 y la Montaña Blanca

Dos siglos después, Praga fue de nuevo escenario de una defenestración que cambió la historia de Europa. El 23 de mayo de 1618, en el castillo de Praga, nobles protestantes checos arrojaron por una ventana a dos gobernadores imperiales católicos y a su secretario, en protesta contra las violaciones de sus libertades religiosas. Los tres sobrevivieron a la caída, pero el gesto desató la revuelta de los Estados de Bohemia y encendió la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

El desenlace fue catastrófico para Praga y para toda Bohemia. El 8 de noviembre de 1620, en la batalla de la Montaña Blanca (Bílá hora), a las afueras de la ciudad, el ejército imperial y católico aplastó en una hora a las tropas de los Estados checos. La represión fue implacable: el 21 de junio de 1621, veintisiete líderes de la revuelta fueron ejecutados públicamente en la plaza de la Ciudad Vieja. Veintisiete cruces incrustadas en el pavimento, frente al ayuntamiento, recuerdan todavía hoy aquel día.

La derrota inauguró casi tres siglos de dominio de los Habsburgo, de Contrarreforma católica y de germanización de las élites. Praga perdió su rango de capital imperial —la corte estaba en Viena— y quedó reducida a una ciudad provincial de la monarquía austríaca, aunque conservó su extraordinario patrimonio barroco, fruto en gran parte de la propia Contrarreforma. Habría que esperar al renacimiento nacional del siglo XIX para que la ciudad recuperara su papel de capital de la conciencia checa.

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El gueto judío, el Golem y Kafka

Praga alberga una de las comunidades judías más antiguas y significativas de Europa. Su barrio, Josefov —hoy incorporado a la Ciudad Vieja—, fue durante siglos un gueto amurallado donde la vida judía floreció pese a las persecuciones y las expulsiones. En él se conservan la Sinagoga Vieja-Nueva (Staronová synagoga), del siglo XIII, la más antigua de Europa aún en uso, y el conmovedor Viejo Cementerio Judío, con sus miles de lápidas apiñadas en capas superpuestas por falta de espacio.

A esa Praga judía pertenece la leyenda del Golem, la criatura de barro que, según el relato, habría creado en el siglo XVI el rabino Judah Loew ben Bezalel (el Maharal) para proteger al gueto, animándola con la palabra sagrada y desactivándola cuando escapaba a su control. Es una de las leyendas más célebres de la ciudad, símbolo del ingenio y de la fragilidad de aquella comunidad. Del ambiente de la Praga judía de habla alemana surgió también, ya en el siglo XX, uno de los mayores escritores de la literatura universal: Franz Kafka, nacido en Praga en 1883, cuya obra —El proceso, El castillo, La metamorfosis— destila la angustia y el absurdo de un mundo laberíntico que muchos asocian a la propia ciudad.

Aquella comunidad milenaria fue casi aniquilada por el Holocausto: la mayoría de los judíos de Praga fueron deportados a Terezín y de allí a los campos de exterminio. Los nazis, paradójicamente, conservaron las sinagogas y objetos rituales de Praga con la intención de crear un «museo de una raza extinguida», y de ese macabro proyecto procede buena parte del actual Museo Judío de Praga, uno de los más importantes del mundo. Hoy Josefov es un lugar de memoria imprescindible para entender la historia de la ciudad.

en.wikipedia.org · Josefoven.wikipedia.org · Franz Kafka

Praga 1968 y la Revolución de Terciopelo

En el siglo XX, la plaza de Wenceslao (Václavské náměstí) —el gran bulevar de la Ciudad Nueva presidido por la estatua ecuestre del santo patrón— se convirtió en el escenario simbólico de la lucha por la libertad. Allí desembocó la Primavera de Praga de 1968, el intento reformista de Alexander Dubček de construir un «socialismo de rostro humano», aplastado en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968 por la invasión de los ejércitos del Pacto de Varsovia.

En esa misma plaza, el 16 de enero de 1969, el estudiante Jan Palach se prendió fuego en protesta contra la ocupación soviética y la resignación de su pueblo; murió tres días después, y hoy una cruz de bronce en el suelo, cerca del monumento a San Wenceslao, recuerda su sacrificio y el de Jan Zajíc, que lo imitó semanas más tarde. Veinte años de gris «normalización» siguieron a aquella derrota, con la disidencia de la Carta 77 y de Václav Havel manteniendo viva la llama en la clandestinidad.

La liberación llegó en noviembre de 1989. Tras la brutal represión de una manifestación estudiantil el 17 de noviembre, cientos de miles de praguenses se congregaron en la plaza de Wenceslao coreando «¡Havel al castillo!», y en pocas semanas el régimen comunista se derrumbó sin violencia: la Revolución de Terciopelo. El 29 de diciembre de 1989, Václav Havel fue elegido presidente. Praga, que había sido capital imperial, ciudad ocupada y símbolo de resistencia, volvía a ser la capital de un país libre y democrático.

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Kutná Hora y la plata de Bohemia

A unos setenta kilómetros al este de Praga, Kutná Hora fue durante la Edad Media la segunda ciudad más importante del reino y la fuente de la riqueza de la corona checa. El descubrimiento de ricos yacimientos de plata hacia 1298 desató una fiebre minera que atrajo a mineros de toda Europa central; en su apogeo, a comienzos del siglo XIV, las minas de Kutná Hora llegaron a producir cerca de veinte toneladas de plata al año, y convirtieron a Bohemia en uno de los Estados más prósperos del continente.

Esa plata acuñó el grosch de Praga (el groschen), la moneda que el rey Wenceslao II empezó a batir en 1300 en el Patio Italiano (Vlašský dvůr) de Kutná Hora, una casa de moneda a la que llamó a maestros florentinos. El groschen de plata circuló durante casi tres siglos por Europa central y oriental, y financió el esplendor de la Bohemia medieval. La opulencia de la ciudad quedó plasmada en su joya arquitectónica: la catedral gótica de Santa Bárbara, patrona de los mineros, una de las iglesias más deslumbrantes del país, cuya construcción financiaron los propios gremios mineros.

En las afueras, en el barrio de Sedlec, se encuentra otra de las grandes curiosidades checas: el osario de Sedlec, una capilla decorada con los huesos de decenas de miles de personas, dispuestos en lámparas, escudos y guirnaldas por un tallista del siglo XIX. Cuando los filones de plata se agotaron, hacia el siglo XVI, Kutná Hora decayó y quedó congelada en el tiempo, lo que ha permitido que conserve casi intacto su casco medieval, hoy Patrimonio Mundial de la Unesco.

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PragaKutna Hora

📚 Bibliografía

  • Wikipedia (EN) — «Charles IV, Holy Roman Emperor»: https://en.wikipedia.org/wiki/Charles_IV,_Holy_Roman_Emperor
  • Wikipedia (EN) — «Jan Hus»: https://en.wikipedia.org/wiki/Jan_Hus
  • Wikipedia (EN) — «Hussite Wars»: https://en.wikipedia.org/wiki/Hussite_Wars
  • Wikipedia (EN) — «Josefov»: https://en.wikipedia.org/wiki/Josefov
  • Wikipedia (EN) — «Franz Kafka»: https://en.wikipedia.org/wiki/Franz_Kafka
  • Wikipedia (EN) — «Jan Palach»: https://en.wikipedia.org/wiki/Jan_Palach
  • Wikipedia (EN) — «Velvet Revolution»: https://en.wikipedia.org/wiki/Velvet_Revolution
  • Wikipedia (EN) — «Kutná Hora»: https://en.wikipedia.org/wiki/Kutn%C3%A1_Hora
  • Radio Prague International — «Kutná Hora's Italian Courtyard and silver-mining history»: https://english.radio.cz/kutna-horas-italian-courtyard-and-silver-mining-history-8560957

📚 Bibliografía

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