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Historia del país

Historia de Chequia

Los celtas boios, los marcomanos y la llegada de los eslavos

Los primeros habitantes que dieron nombre a esta tierra fueron los boios, una tribu celta que se instaló en la cuenca de Bohemia en los últimos siglos antes de Cristo. De ellos deriva el nombre latino Boiohaemum, «la patria de los boios», que a través del germánico y el latín se transformó en el Bohemia que Europa sigue usando. Los boios acuñaron moneda, comerciaron con el mundo mediterráneo y levantaron oppida, poblados fortificados como el de Závist, cerca de Praga, uno de los mayores centros celtas al norte de los Alpes.

Hacia el cambio de era, presionados por los movimientos de pueblos, los celtas fueron desplazados por tribus germánicas. Los marcomanos, conducidos por el rey Marobod (Maroboduus), fundaron en Bohemia a comienzos del siglo I un poderoso reino que llegó a inquietar a la propia Roma; las llamadas guerras marcomanas enfrentaron a estos germanos con el emperador Marco Aurelio, que combatió en el Danubio y murió, según la tradición, en Vindobona (la actual Viena) en el año 180. Durante siglos, la frontera del Imperio romano quedó a las puertas de esta región, que nunca fue conquistada por Roma pero sí profundamente influida por ella.

En el curso de las grandes migraciones, entre los siglos V y VI, llegaron a la región los eslavos occidentales, antepasados directos de los checos actuales. Se asentaron en los valles fértiles de Bohemia y Moravia, desplazando o absorbiendo a los últimos pobladores germánicos. Una leyenda fundacional, recogida siglos después por el cronista Cosmas de Praga, hace descender a los checos de un patriarca llamado Čech que habría guiado a su pueblo hasta el monte Říp, en el centro de Bohemia. Con los eslavos empieza propiamente la historia del pueblo que habitaría estas tierras hasta hoy.

https://en.wikipedia.org/wiki/Bohemiahttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_the_Czech_lands

La Gran Moravia y la misión de Cirilo y Metodio (siglo IX)

El primer gran Estado eslavo de Europa central nació en el siglo IX en Moravia. La Gran Moravia, que en su apogeo llegó a extenderse por territorios de las actuales Chequia, Eslovaquia, Hungría, Austria y Polonia, tuvo sus centros de poder en fortalezas como Mikulčice y Staré Město (la antigua Veligrad), donde la arqueología ha sacado a la luz palacios, talleres de orfebrería y las fundaciones de una docena de iglesias de piedra, testimonio de un Estado sorprendentemente desarrollado. Bajo príncipes como Mojmír I y sobre todo Rastislav, Moravia se afirmó frente a la presión del Imperio franco oriental.

El episodio decisivo llegó en el año 863. El príncipe Rastislav, que buscaba emancipar a su Iglesia de los clérigos francos y de su lengua, pidió al emperador bizantino que le enviara maestros cristianos. Constantinopla mandó a dos hermanos de Tesalónica, Constantino —que al final de su vida tomaría el nombre monástico de Cirilo— y Metodio. Grandes eruditos y conocedores del eslavo, crearon para la ocasión el alfabeto glagolítico, el primer alfabeto diseñado específicamente para una lengua eslava, y tradujeron la Biblia y la liturgia al llamado antiguo eslavo eclesiástico. Fue el nacimiento de la primera cultura literaria eslava de la historia, y la razón por la que Cirilo y Metodio son venerados como «apóstoles de los eslavos» y copatronos de Europa.

La obra de los dos hermanos chocó con la resistencia del clero franco-latino, y tras la muerte de Metodio en 885 sus discípulos fueron expulsados; muchos marcharon al sur, a Bulgaria, donde desarrollaron el alfabeto cirílico que aún hoy usan rusos, búlgaros o serbios. La Gran Moravia, debilitada por las luchas internas, sucumbió a comienzos del siglo X ante las incursiones de los magiares (húngaros), que se establecieron en la llanura panónica y separaron para siempre a los eslavos del norte de los del sur. Pero la semilla cristiana y cultural ya estaba sembrada, y su herencia pasaría al ducado de Bohemia.

https://en.wikipedia.org/wiki/Great_Moraviahttps://www.britannica.com/biography/Saints-Cyril-and-Method

Los Přemyslidas, san Wenceslao y la plata de Bohemia

Con el ocaso de la Gran Moravia, el centro de gravedad se trasladó a Bohemia, donde una dinastía local, los Přemyslidas, unificó a las tribus checas en torno a Praga. Su fundador semilegendario, el príncipe Přemysl el Labrador, y su esposa Libuše —que según la leyenda profetizó la gloria de Praga— abren una genealogía que se vuelve histórica con Bořivoj I, primer duque de Bohemia documentado, bautizado hacia el año 883, junto con su esposa Ludmila, por el propio Metodio o sus discípulos. Bohemia entraba así en la cristiandad latina.

El nieto de Ludmila, el duque Wenceslao (Václav), se convirtió en el santo patrón del país. Educado en la fe cristiana por su abuela —a la que una facción pagana hizo estrangular—, Wenceslao gobernó Bohemia hasta que fue asesinado hacia el año 935 por su propio hermano, Boleslao el Cruel, a las puertas de una iglesia en Stará Boleslav. Su martirio lo convirtió de inmediato en símbolo del Estado checo: es el «buen rey Wenceslao» del villancico inglés, su estatua ecuestre preside la gran plaza de Praga que lleva su nombre y su corona es el emblema de la soberanía de las tierras checas. Bajo los sucesores de Boleslao, el ducado se consolidó y en 1085 obtuvo por primera vez el título real.

El poder de los Přemyslidas alcanzó su cima entre los siglos XII y XIII, cuando Bohemia pasó a ser reino hereditario dentro del Sacro Imperio y uno de sus miembros más ricos. La fuente de esa riqueza fue la plata: el descubrimiento de yacimientos en Kutná Hora hacia 1298 convirtió a Bohemia casi de la noche a la mañana en uno de los Estados más prósperos de Europa. En 1300, el rey Wenceslao II lanzó el grosch de Praga (el groschen), una moneda de plata de gran calidad que circuló por toda Europa central durante siglos. La dinastía se extinguió en 1306 con el asesinato del joven Wenceslao III, sin heredero varón, lo que abrió una crisis sucesoria que llevaría al trono a una casa extranjera: los Luxemburgo.

https://www.encyclopedia.com/people/history/czech-and-slovakhttps://en.wikipedia.org/wiki/Kutn%C3%A1_Hora

Carlos IV y la Praga imperial del siglo XIV

El reinado de Carlos IV (1346-1378) fue la edad de oro de Bohemia y de Praga. Hijo de Juan de Luxemburgo y de Isabel, la última princesa Přemyslida, Carlos se crió en la corte de Francia, hablaba varias lenguas y unía en su persona la sangre checa y la ambición imperial. Rey de Bohemia y, desde 1355, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, hizo de Praga la capital del Imperio y el mayor centro político y cultural de Europa central. Los checos lo recuerdan como «el padre de la patria» y lo votaron, en una encuesta de la televisión pública, como el más grande de todos los checos de la historia.

Carlos transformó Praga en una gran capital medieval. En 1348 fundó la Universidad de Praga, la primera universidad de Europa central, hoy llamada Universidad Carolina en su honor; ese mismo año trazó la Ciudad Nueva (Nové Město), un ambicioso ensanche que multiplicó el tamaño de la ciudad. Mandó levantar el puente de piedra sobre el Moldava que lleva su nombre —el puente de Carlos, con sus torres góticas— e impulsó la construcción de la catedral de San Vito, en el castillo, encomendada primero a Matías de Arras y luego al genial Peter Parler. En las afueras erigió el castillo de Karlštejn para custodiar las joyas de la corona imperial. Antes, en 1344, había logrado elevar el obispado de Praga a arzobispado, dando a Bohemia una Iglesia propia e independiente de la alemana.

Bajo Carlos IV, Praga fue una ciudad cosmopolita de checos, alemanes, italianos y judíos, un foco de arte gótico, de estudio y de comercio que rivalizaba con París. Su reinado dejó una huella tan profunda en el paisaje urbano —el puente, la catedral, la universidad, la Ciudad Nueva— que la Praga que hoy recorren los viajeros es, en buena medida, la que él imaginó. Pero esa prosperidad convivía con tensiones religiosas y sociales que, apenas una generación después de su muerte, estallarían en la primera gran revolución religiosa de Europa.

https://en.wikipedia.org/wiki/Charles_IV,_Holy_Roman_Emperorhttps://www.myczechrepublic.com/czech-history/charles-iv/

Jan Hus y las guerras husitas (1415-1434)

A comienzos del siglo XV, un siglo antes que Lutero, Bohemia protagonizó la primera gran reforma religiosa de Europa. Su figura central fue Jan Hus, sacerdote, rector de la Universidad de Praga y predicador en la capilla de Belén, donde denunciaba en lengua checa la corrupción del clero, la venta de indulgencias y la riqueza de la Iglesia, e influido por el inglés John Wyclif reclamaba una vuelta a las Escrituras. Convocado al Concilio de Constanza con un salvoconducto imperial que después no se respetó, Hus fue condenado por hereje y quemado vivo en la hoguera el 6 de julio de 1415. Su muerte, lejos de acallar sus ideas, encendió a toda Bohemia: hoy el 6 de julio es fiesta nacional en Chequia.

La indignación desembocó en una revolución. El 30 de julio de 1419, una procesión husita encabezada por el predicador Jan Želivský asaltó el ayuntamiento de la Ciudad Nueva de Praga y arrojó por las ventanas a los concejales católicos, que murieron al caer: fue la primera defenestración de Praga, chispa de las guerras husitas. Contra los husitas, el papado y el emperador Segismundo lanzaron varias cruzadas, pero fueron derrotadas una y otra vez por los ejércitos campesinos y burgueses comandados por el genial general tuerto Jan Žižka, que hizo de los carros de guerra una táctica revolucionaria e invicta. Los husitas se dividieron entre los moderados utraquistas —que reclamaban la comunión bajo las dos especies, pan y vino, para todos los fieles, de ahí el cáliz como su símbolo— y los radicales taboritas, igualitaristas y milenaristas.

Las guerras terminaron en 1434 en la batalla de Lipany, donde la coalición de utraquistas moderados y católicos aplastó a los taboritas radicales, abriendo paso a un compromiso. Bohemia se convirtió así en un país mayoritariamente husita dentro de una Europa católica, una anomalía religiosa que duraría dos siglos. En 1458, la Dieta checa eligió rey a Jorge de Poděbrady, primer y único monarca husita, recordado además por un proyecto pionero de unión pacífica de los príncipes cristianos de Europa. El husismo dejó en los checos una tradición de disidencia religiosa y de orgullo nacional que resonaría siglos más tarde en el discurso patriótico del siglo XIX y en la propia bandera del país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jan_Hushttps://en.wikipedia.org/wiki/Hussite_Wars

Los Jagellón, los Habsburgo y la Praga de Rodolfo II

Tras la muerte de Jorge de Poděbrady, la corona de Bohemia pasó a la dinastía polaco-lituana de los Jagellón, que gobernaron sin gran fuerza a fines del siglo XV y comienzos del XVI, en un reino dominado por una nobleza poderosa y dividido entre husitas y católicos. Todo cambió el 29 de agosto de 1526, cuando el joven rey Luis II Jagellón murió en la batalla de Mohács, aplastado por los turcos otomanos junto a buena parte de la nobleza húngara. Su cuñado, el archiduque Fernando de Habsburgo, hermano del emperador Carlos V, fue elegido rey de Bohemia. Empezaba así la larga vinculación —casi cuatro siglos— de las tierras checas con la casa de Austria.

Al principio, los Habsburgo respetaron las libertades religiosas y los privilegios de los Estados checos, aunque las tensiones entre la corte católica y la mayoría protestante fueron en aumento. El momento más luminoso de este período fue el reinado de Rodolfo II (1576-1611), que trasladó su corte imperial de Viena a Praga y convirtió a la ciudad en un extraordinario foco de arte y de ciencia. Excéntrico y melancólico, coleccionista insaciable, Rodolfo atrajo a Praga a los astrónomos Tycho Brahe y Johannes Kepler —que aquí formuló sus leyes del movimiento planetario—, a pintores manieristas y a alquimistas de toda Europa. La ciudad se llenó de gabinetes de maravillas, laboratorios y talleres, en una atmósfera intelectual que aún hoy alimenta la leyenda mágica de Praga.

Presionado por su familia y por las divisiones religiosas, Rodolfo II se vio obligado en 1609 a firmar la Carta de Majestad, que garantizaba amplia libertad de culto a los protestantes de Bohemia. Pero su sucesor y los círculos católicos más duros de la corte se propusieron revertir esas concesiones. El choque entre una nobleza mayoritariamente protestante, celosa de sus derechos, y una monarquía católica decidida a imponer la Contrarreforma se hizo inevitable. En 1618, en el castillo de Praga, esa tensión estallaría de la forma más literal.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_the_Czech_landshttps://www.britannica.com/place/Czech-Republic/History

La Defenestración de 1618, la Montaña Blanca y tres siglos de Austria

El 23 de mayo de 1618, un grupo de nobles protestantes checos irrumpió en el castillo de Praga y arrojó por una ventana a dos gobernadores imperiales católicos y a su secretario. Los tres sobrevivieron a la caída de unos veinte metros —según los católicos, salvados por los ángeles; según los protestantes, amortiguados por un montón de estiércol—, pero el gesto fue una declaración de guerra. Esta segunda defenestración de Praga desencadenó la revuelta de los Estados de Bohemia, que depusieron a los Habsburgo y coronaron rey al elector protestante Federico V del Palatinado, el «rey de invierno». El conflicto se extendió por todo el continente y se convirtió en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), la más devastadora que había conocido Europa hasta entonces.

El desenlace para Bohemia fue rápido y catastrófico. El 8 de noviembre de 1620, en la batalla de la Montaña Blanca (Bílá hora), a las puertas de Praga, el ejército imperial y de la Liga Católica aplastó en poco más de una hora a las tropas de los Estados checos. Federico V huyó, y la represión fue implacable: el 21 de junio de 1621, veintisiete líderes de la revuelta —nobles y burgueses— fueron ejecutados públicamente en la plaza de la Ciudad Vieja de Praga, cuyos adoquines aún recuerdan el hecho con veintisiete cruces. Los bienes de los rebeldes fueron confiscados y repartidos entre una nueva nobleza católica y extranjera, fiel a Viena.

La Montaña Blanca inauguró casi tres siglos de dominio austríaco y de dura Contrarreforma. El protestantismo fue prohibido, y quien no se convirtiera al catolicismo debía emigrar: decenas de miles de checos —entre ellos el gran pedagogo Jan Amos Komenský (Comenius)— marcharon al exilio. El alemán se impuso como lengua de la administración, la cultura y las élites, mientras el checo quedaba relegado al campo y a las clases populares; este proceso de germanización, sumado a las pérdidas de la guerra y a las epidemias, redujo drásticamente la población. Bohemia y Moravia siguieron siendo territorios ricos e industriosos de la monarquía de los Habsburgo, pero su vida política, religiosa y cultural quedó tutelada desde Viena. La memoria de la Montaña Blanca como catástrofe nacional pesaría durante siglos en la conciencia checa.

https://en.wikipedia.org/wiki/Hussite_Warshttps://www.britannica.com/place/Czech-Republic/History

El renacimiento nacional checo del siglo XIX

A fines del siglo XVIII, cuando el checo parecía condenado a ser una lengua de campesinos frente al alemán dominante, un puñado de eruditos, escritores y músicos emprendió su resurrección. Fue el Národní obrození, el «renacimiento nacional» checo, un movimiento cultural que en pocas décadas recuperó el idioma, reescribió la historia del país y forjó una conciencia nacional moderna. El filólogo Josef Dobrovský sentó las bases científicas del estudio del checo, y Josef Jungmann coronó la empresa con su monumental diccionario checo-alemán en cinco volúmenes (1834-1839), que demostró que la lengua podía expresar cualquier idea culta o científica.

El alma histórica del movimiento fue František Palacký, «el padre de la nación», cuya monumental Historia del pueblo checo dio a los checos un relato de su pasado —de la Gran Moravia a los husitas— que alimentó su orgullo y sus reivindicaciones políticas. En 1831, Palacký impulsó la Matice česká, institución para la edición de libros en checo, ligada al Museo Nacional. La cultura se convirtió en la gran arma de un pueblo que aún no tenía Estado: se fundaron periódicos, sociedades científicas, teatros y coros, y se reivindicó con orgullo la memoria de Hus y de la Bohemia husita.

La música fue el vehículo más universal de ese despertar. Bedřich Smetana, considerado el padre de la música nacional checa, compuso óperas como La novia vendida y el ciclo sinfónico Má vlast («Mi patria»), cuyo poema El Moldava se convirtió en un segundo himno nacional; en 1868 colocó simbólicamente la primera piedra del Teatro Nacional de Praga, financiado por suscripción popular e inaugurado en 1881 como templo del arte checo. Su continuador, Antonín Dvořák —que en aquel 1868 tocaba la viola en la orquesta—, llevó la música checa al mundo entero con sus sinfonías y sus Danzas eslavas. Al terminar el siglo, los checos eran ya una nación moderna, con su lengua, su literatura, su música y sus instituciones, que solo aspiraba a completar su despertar cultural con la autonomía política.

https://en.wikipedia.org/wiki/Czech_National_Revivalhttps://en.wikipedia.org/wiki/Bed%C5%99ich_Smetana

La Primera República de Masaryk (1918-1938)

La Primera Guerra Mundial y el hundimiento del Imperio austrohúngaro en 1918 dieron a checos y eslovacos la oportunidad histórica de su independencia. El 28 de octubre de 1918 se proclamó en Praga la República de Checoslovaquia, un nuevo Estado que unía las tierras checas (Bohemia, Moravia y la Silesia checa) con Eslovaquia y la Rutenia subcarpática. Su artífice fue Tomáš Garrigue Masaryk, filósofo y profesor universitario que había hecho campaña por la causa checoslovaca en las capitales aliadas durante la guerra; elegido primer presidente, gozó de tal autoridad moral que su figura se comparó con la de George Washington. Lo secundaron el diplomático Edvard Beneš y el eslovaco Milan Rastislav Štefánik.

La Primera República fue, en la Europa de entreguerras, una excepción notable: mientras a su alrededor caían las democracias y triunfaban los autoritarismos, Checoslovaquia se mantuvo como un régimen parlamentario estable, laico y respetuoso de las libertades. Fue también una de las diez economías más industrializadas del mundo, heredera del potente aparato fabril austrohúngaro: las armas y automóviles Škoda de Plzeň y Mladá Boleslav, los zapatos Baťa de Zlín —con su modelo pionero de ciudad-fábrica—, el cristal de Bohemia, el textil o el azúcar hicieron de ella una potencia exportadora. Praga y Brno vivieron un fervor artístico y arquitectónico, con el cubismo checo y el funcionalismo de vanguardia.

Pero la Primera República arrastraba una debilidad de fondo: era un Estado multinacional. Junto a checos y eslovacos convivían más de tres millones de alemanes —concentrados en las regiones fronterizas de los Sudetes—, además de húngaros, rutenos, polacos y judíos. En una democracia que se esforzó por integrarlos, las minorías, y sobre todo la alemana, nunca se sintieron del todo representadas. Cuando en la vecina Alemania llegó al poder Adolf Hitler en 1933, el nacionalismo alemán de los Sudetes, encarnado en el Partido Alemán de los Sudetes de Konrad Henlein, se volvió un instrumento en manos de Berlín. La joven democracia checoslovaca se encontró, a fines de los años treinta, en el centro de la tormenta europea.

https://en.wikipedia.org/wiki/First_Czechoslovak_Republichttps://en.wikipedia.org/wiki/Czechoslovakia

Múnich, el protectorado, Heydrich y el Holocausto (1938-1945)

En 1938, Hitler reclamó la anexión de los Sudetes con el pretexto de proteger a su población alemana. En la Conferencia de Múnich, la noche del 29 al 30 de septiembre de 1938, las potencias occidentales —el Reino Unido de Chamberlain y la Francia de Daladier— cedieron a las exigencias del dictador y aceptaron entregar a Alemania las regiones fronterizas de Checoslovaquia, sin que el país afectado fuera siquiera invitado a la mesa. El Acuerdo de Múnich quedó en la memoria checa como «la traición de Múnich»: un aliado abandonado por quienes debían defenderlo. Privada de sus fortificaciones fronterizas y de su industria, Checoslovaquia quedó indefensa. El 15 de marzo de 1939, la Wehrmacht ocupó lo que quedaba del país; Bohemia y Moravia se convirtieron en un «Protectorado» del Reich y Eslovaquia en un Estado títere.

El protectorado de Bohemia y Moravia fue sometido a una ocupación cada vez más brutal. En 1941, Hitler nombró Reichsprotektor a Reinhard Heydrich, uno de los principales arquitectos del Holocausto, apodado «el carnicero de Praga» por su represión. El 27 de mayo de 1942, dos paracaidistas checoslovacos entrenados en Londres, Jozef Gabčík y Jan Kubiš, lo atacaron en Praga en la Operación Antropoide; Heydrich murió a los pocos días de sus heridas. La represalia nazi fue atroz: el 10 de junio de 1942, con el falso pretexto de que allí se ocultaban los atacantes, las SS arrasaron la aldea de Lidice, fusilaron a los 173 hombres y adolescentes del pueblo, deportaron a las mujeres a Ravensbrück y enviaron a la mayoría de los niños a la muerte. Lidice fue borrada del mapa y su nombre se convirtió en símbolo internacional del terror nazi.

La comunidad judía de las tierras checas —una de las más antiguas y florecientes de Europa central— fue prácticamente aniquilada. Los nazis convirtieron la fortaleza de Terezín (Theresienstadt), al norte de Praga, en un gueto y campo de tránsito que usaron como falsa vitrina propagandística ante la Cruz Roja, mientras desde allí deportaban a decenas de miles de judíos a Auschwitz y otros campos de exterminio. De los cerca de 118.000 judíos que vivían en el protectorado, unos 78.000 fueron asesinados en el Holocausto. La guerra terminó en mayo de 1945 con el Levantamiento de Praga y la llegada del Ejército Rojo, mientras el oeste de Bohemia, con Plzeň, era liberado por el ejército estadounidense del general Patton.

https://en.wikipedia.org/wiki/Munich_Agreementhttps://en.wikipedia.org/wiki/Lidice_massacre

La expulsión de los alemanes de los Sudetes (1945-1946)

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la sociedad checa, marcada por seis años de ocupación nazi, se volvió contra la minoría alemana que durante siglos había habitado las regiones fronterizas. Entre 1945 y 1946, alrededor de tres millones de alemanes de los Sudetes y de otras zonas fueron expulsados de Checoslovaquia y sus bienes, confiscados. El marco legal de esta expulsión y de la privación de la ciudadanía a alemanes y húngaros fueron los llamados decretos del presidente Beneš, dictados en 1945. La expulsión organizada, avalada por las potencias vencedoras en la Conferencia de Potsdam, comenzó formalmente en enero de 1946; pero estuvo precedida, en los meses posteriores a la liberación, por las «expulsiones salvajes» de mayo a agosto de 1945.

Estos hechos son reales y graves, y deben nombrarse con precisión. Los primeros meses estuvieron marcados por episodios de violencia extrema cometidos por grupos militares y paramilitares checos —linchamientos, ejecuciones sumarias, marchas forzadas, internamientos en campos—, contra una población civil que incluía ancianos, mujeres y niños. Las cifras de muertos han sido objeto de estudio y de debate historiográfico: durante décadas se manejaron estimaciones muy altas, pero una comisión conjunta de historiadores checos y alemanes ha fijado el número de víctimas en un rango de aproximadamente 17.000 a 30.000 muertos, incluidos los fallecidos por violencia, hambre, enfermedad y suicidios durante el proceso.

La expulsión transformó de raíz la geografía humana de las tierras checas: regiones enteras de Bohemia y Moravia que habían sido de mayoría alemana durante siglos quedaron despobladas y fueron recolonizadas por checos y eslovacos, con pérdidas económicas y culturales duraderas. El asunto sigue siendo, hasta hoy, un tema delicado en las relaciones entre Chequia, Alemania y Austria: los decretos Beneš nunca fueron derogados, y su valoración enfrenta a quienes los ven como un castigo colectivo injusto y a quienes los interpretan en el contexto de la ocupación nazi y de la colaboración de buena parte de los alemanes de los Sudetes con el Tercer Reich. La historiografía reciente insiste en describir los hechos sin justificarlos ni relativizarlos, y sin borrar tampoco el contexto que los precedió.

https://en.wikipedia.org/wiki/Expulsion_of_Germans_from_Czechttps://ehne.fr/en/encyclopedia/themes/wars-and-memories/jud

El golpe de 1948, la Primavera de Praga y la normalización

La liberación por el Ejército Rojo y el desprestigio de las potencias occidentales tras Múnich reforzaron a la izquierda checoslovaca. El Partido Comunista fue el más votado en las elecciones libres de 1946, y en febrero de 1948 dio un golpe de fuerza que le entregó el control total del Estado. Empezaron cuatro décadas de régimen comunista alineado con Moscú. El estalinismo checoslovaco de los años cincuenta fue especialmente duro: nacionalizaciones, colectivización forzosa del campo, campos de trabajo y juicios políticos amañados, como el proceso contra el propio dirigente comunista Rudolf Slánský y otros trece acusados en 1952, once de ellos ejecutados, en un juicio con fuerte componente antisemita.

En 1968, un ala reformista del propio partido, encabezada por el eslovaco Alexander Dubček —elegido primer secretario en enero—, intentó construir un «socialismo de rostro humano»: se aflojó la censura, se rehabilitó a víctimas de la represión y floreció un breve período de libertad conocido como la Primavera de Praga. Pero Moscú no toleró la disidencia dentro del bloque. En la noche del 20 al 21 de agosto de 1968, tropas de la Unión Soviética y de otros cuatro países del Pacto de Varsovia —Polonia, Bulgaria, Hungría y la RDA— invadieron Checoslovaquia con cientos de miles de soldados y miles de tanques, aplastando las reformas. La resistencia fue mayoritariamente pacífica y desesperada.

El símbolo más estremecedor de esa desesperación fue Jan Palach, un estudiante de veinte años que el 16 de enero de 1969 se prendió fuego en la plaza de Wenceslao de Praga en protesta contra la ocupación y la resignación de su pueblo; murió tres días después, y su entierro se convirtió en una gran manifestación de duelo y de rechazo. Vino luego la «normalización» dirigida por Gustáv Husák: purga de reformistas, restauración de la censura y del control policial, y dos décadas de gris conformismo bajo la ocupación soviética, que se prolongaría hasta 1989. Cientos de miles de checoslovacos fueron expulsados de sus empleos o marcharon al exilio.

https://en.wikipedia.org/wiki/Prague_Springhttps://en.wikipedia.org/wiki/Jan_Palach

La Carta 77, Havel y la Revolución de Terciopelo

Contra el silencio de la normalización se alzó una disidencia minoritaria pero tenaz. En 1977, un grupo de intelectuales, artistas y ciudadanos —a raíz, entre otras cosas, del proceso contra el grupo de rock underground The Plastic People of the Universe— firmó la Carta 77, un manifiesto que exigía al gobierno respetar los derechos humanos que él mismo se había comprometido a garantizar al firmar los Acuerdos de Helsinki. Entre sus autores y portavoces destacaba el dramaturgo Václav Havel, que pagó su compromiso con varios años de cárcel y se convirtió en la conciencia moral de la oposición. La Carta 77 mantuvo viva, durante más de una década, la llama de la libertad.

El desenlace llegó en noviembre de 1989, cuando el bloque comunista se desmoronaba en toda Europa del Este. El 17 de noviembre, la policía reprimió con violencia una manifestación estudiantil en Praga, y la indignación desató una ola imparable de protestas y huelgas. En pocas semanas, medio millón de personas se congregaron en las plazas coreando «¡Havel al castillo!», y el régimen comunista se derrumbó sin apenas violencia: por eso se la llamó la Revolución de Terciopelo. El 29 de diciembre de 1989, Václav Havel —el disidente encarcelado meses antes— fue elegido presidente por el mismo parlamento que hasta entonces había sido comunista. El país recuperaba la democracia, la economía de mercado y su lugar en Europa.

Recobrada la libertad, resurgieron las viejas tensiones entre checos y eslovacos sobre la forma del Estado común. Sin referéndum y por acuerdo de las élites políticas —encabezadas por el checo Václav Klaus y el eslovaco Vladimír Mečiar—, Checoslovaquia se dividió pacíficamente: a la medianoche del 31 de diciembre de 1992, tras 74 años de existencia, el país se disolvió, y el 1 de enero de 1993 nacieron dos Estados independientes, la República Checa y Eslovaquia. Fue el «divorcio de terciopelo», una separación sin un solo disparo, insólita en la historia europea. La joven Chequia se integró luego en la OTAN (1999) y en la Unión Europea (2004), y hoy es una república democrática y próspera en el corazón del continente, que sigue mirando su historia —husita, imperial, ocupada y libre— con una mezcla de orgullo y de memoria.

https://en.wikipedia.org/wiki/Velvet_Revolutionhttps://en.wikipedia.org/wiki/Dissolution_of_Czechoslovakia

🗺️ Historia por provincia / estado

Bohemia meridional y norte
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Bohemia occidental
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Moravia y el este
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Praga y el centro de Bohemia
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📚 Bibliografía

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