La Bohemia meridional fue durante siglos el feudo de la casa de Rožmberk (Rosenberg), la familia nobiliaria más poderosa del reino después de los reyes. Rama de los antiguos Vítkovci, los Rožmberk se establecieron hacia 1250 en el castillo de Rožmberk y, poco después, hacia 1253, levantaron el castillo de Český Krumlov, que se convirtió en el centro de su vasto dominio. Su emblema, la rosa roja de cinco pétalos, aún preside los muros de media Bohemia del sur.
Bajo los Rožmberk, y en especial durante el Renacimiento, Český Krumlov floreció como una pequeña capital cultural. Guillermo de Rožmberk (Vilém), la figura más notable de la familia en el siglo XVI, convirtió su corte en un centro de refinamiento, y su hermano Petr Vok fue el último de la estirpe. Endeudado, Petr Vok se vio obligado en 1601 a vender el castillo de Krumlov al emperador Rodolfo II y a trasladar su residencia a Třeboň, donde reunió una de las mayores bibliotecas de Europa. Con su muerte en 1611 se extinguió la casa de Rožmberk.
El castillo pasó luego a otras grandes familias —los Eggenberg y los Schwarzenberg—, que lo ampliaron y le dieron su fisonomía barroca, con su célebre teatro barroco conservado casi intacto. Encajonado en un meandro del río Moldava, con su casco medieval y renacentista perfectamente preservado dominado por la torre pintada del castillo, Český Krumlov es hoy uno de los conjuntos históricos más bellos de Europa central, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1992.
Frente al poder señorial de los Rožmberk, la corona checa fundó en la Bohemia del sur su propio bastión: České Budějovice (Budweis en alemán). La ciudad fue creada en 1265 por el rey Přemysl Otakar II como plaza real fortificada para contrapesar la influencia de la nobleza local, y en torno a su enorme plaza cuadrada —una de las mayores de Europa, la plaza de Přemysl Otakar II— creció una próspera ciudad de comerciantes.
Su riqueza se basó en el comercio, la minería de plata de la zona y, sobre todo, la sal, que llegaba desde Austria por una vía comercial que en el siglo XIX se materializó en uno de los primeros ferrocarriles de tracción animal del continente, entre České Budějovice y la austríaca Linz. La ciudad conservó su fidelidad a la corona y su carácter mayoritariamente católico y, en parte, de habla alemana, durante siglos.
Como Plzeň, České Budějovice quedó ligada para siempre a la cerveza. Aquí se elabora la Budějovický Budvar, conocida internacionalmente como Budweiser, cuyo nombre —derivado de Budweis, el nombre alemán de la ciudad— ha sido objeto de una larga y célebre disputa legal con la cervecera estadounidense Anheuser-Busch por el uso de la marca «Budweiser». La tradición cervecera de la ciudad se remonta a la Edad Media, cuando ya gozaba de derechos de elaboración de cerveza.
Uno de los legados más originales de los Rožmberk es el vasto sistema de estanques piscícolas de la región de Třeboň, un paisaje de agua creado por la mano del hombre a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento. En una comarca de tierras bajas y pantanosas, los Rožmberk vieron un negocio: hacia 1367 fundaron el monasterio de Třeboň y, con el tiempo, transformaron los humedales en una red de grandes estanques para la cría de carpas, que se convirtió en una de sus principales fuentes de riqueza.
La obra fue posible gracias a dos ingenieros hidráulicos geniales al servicio de la familia. A comienzos del siglo XVI, Štěpánek Netolický concibió un ingenioso canal, la «Zlatá stoka» (la acequia dorada), que regulaba el agua de todo el sistema; más tarde, Jakub Krčín de Jelčany construyó los mayores estanques, entre ellos el gigantesco Rožmberk, el estanque más grande de Chequia, y el Svět, a orillas de la propia Třeboň. Estos espejos de agua, integrados en el bosque y las praderas, siguen produciendo hoy la carpa que los checos comen tradicionalmente en Navidad.
El paisaje de estanques, bosques y turberas de la comarca de Třeboň es hoy una reserva de biosfera de la Unesco, un ecosistema de gran valor para las aves acuáticas y la biodiversidad. La propia ciudad de Třeboň, con su castillo renacentista —donde se retiró y murió el último Rožmberk, Petr Vok—, su casco histórico y su tradición balnearia de baños de turba, es un remanso de la Bohemia del sur, testimonio vivo de aquella ingeniosa domesticación del agua.
En el norte de Bohemia, al pie de las montañas que la separan de Alemania y Polonia, Liberec (Reichenberg en alemán) fue durante siglos el gran centro de la industria textil de la región. Fundada en el siglo XIII y con carta de ciudad desde 1577, se desarrolló bajo la familia noble de los Redern y, con la Revolución Industrial, se convirtió en el corazón de la industria textil de la monarquía de los Habsburgo, hasta ganarse el apodo de «el Mánchester de Bohemia» (o «Mánchester austríaco») por sus fábricas de paños, alfombras y tejidos.
Como buena parte de la Bohemia septentrional, Liberec fue hasta 1945 una ciudad de mayoría alemana, y ese carácter determinó su trágica historia en el siglo XX. En los años treinta, la región de los Sudetes se convirtió en el bastión del Partido Alemán de los Sudetes de Konrad Henlein, que agitó el descontento de la minoría alemana al servicio de la Alemania nazi; el propio Henlein tenía su base en Liberec. Tras el Acuerdo de Múnich de 1938, la ciudad fue anexionada por el Tercer Reich y convertida en capital de la región de los Sudetes (Reichsgau Sudetenland).
Al terminar la guerra, la población alemana de Liberec y de toda la Bohemia del norte fue expulsada en 1945-1946 en virtud de los decretos Beneš, y la ciudad fue repoblada por checos. Aquel vuelco demográfico borró en pocos meses siglos de vida germánica en la región. Hoy Liberec es una animada ciudad universitaria, dominada por su espectacular ayuntamiento neorrenacentista y por la torre y el hotel de la cercana montaña Ještěd, icono de la arquitectura moderna checa, y sirve de puerta de entrada a las montañas del norte.
En el extremo norte de Bohemia, en la frontera con Alemania, se extiende uno de los paisajes naturales más asombrosos del país: la Suiza Bohemia (České Švýcarsko), una región de espectaculares formaciones de arenisca —cañones, gargantas, torres y murallas de roca esculpidas por la erosión durante millones de años—, atravesada por el río Elba (Labe) y su afluente Kamenice. Su joya es la Pravčická brána, el mayor arco natural de arenisca de Europa, un puente de roca de proporciones monumentales.
El nombre, curioso, tiene una historia. La región fue «descubierta» y bautizada en el siglo XVIII por dos pintores románticos suizos, Adrian Zingg y Anton Graff, que trabajaban en Dresde y encontraron que estos paisajes rocosos les recordaban a los de su país; llamaron a la zona alemana «Suiza sajona» (Sächsische Schweiz), y el nombre se extendió al lado checo como «Suiza bohemia». El paisaje sublime de estas rocas fascinó a los pintores del Romanticismo, entre ellos al gran Caspar David Friedrich, e inspiró toda una estética de la naturaleza salvaje.
Para proteger este patrimonio natural, el 1 de enero de 2000 la parte checa fue declarada Parque Nacional de la Suiza Bohemia, contiguo al parque alemán de la Suiza Sajona, formando juntos un gran espacio protegido transfronterizo. En 2022, un devastador incendio forestal —el mayor de la historia moderna del país— arrasó buena parte del bosque del parque, en un episodio que recordó la fragilidad de estos ecosistemas. Recuperándose de aquella herida, la Suiza Bohemia sigue siendo uno de los grandes destinos de senderismo de Chequia, con la aldea de Hřensko como puerta de entrada.