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Historia del país

Historia de Bélgica

Los belgas de César y la Galia Bélgica

El nombre del país es viejísimo. Cuando Julio César escribió sus "Comentarios sobre la guerra de las Galias" a mediados del siglo I a.C., describió tres grandes pueblos de la Galia y abrió el relato con una frase que los belgas todavía repiten con orgullo: de todos, "los más valientes son los belgas" (los belgae), en parte porque vivían lejos de la civilización refinada de la provincia romana y estaban en guerra permanente con los germanos del otro lado del Rin. Los belgas eran un conjunto de tribus celtas y germánicas —nervios, eburones, tréveros, menapios— que ocupaban el noreste de la Galia. César los sometió entre el 57 y el 51 a.C. en campañas durísimas: los nervios estuvieron a punto de derrotarlo en el río Sabis, y los eburones de Ambiorix aniquilaron a una legión y media antes de ser exterminados en represalia.

Roma organizó el territorio en la provincia de la Gallia Belgica, con capital en Reims y más tarde con centros importantes como Tongeren (Atuatuca Tungrorum), la ciudad más antigua de Bélgica, y Tournai (Tornacum). Durante casi cuatro siglos hubo paz romana, calzadas, villas agrícolas y comercio. Pero la frontera del Rin nunca dejó de ser peligrosa, y a partir del siglo III las incursiones germánicas y la crisis del Imperio fueron minando el orden romano. Cuando Roma se retiró, quienes ocuparon el vacío fueron los francos, un pueblo germánico que se había ido asentando pacíficamente en el norte y que daría origen a la Europa medieval.

https://en.wikipedia.org/wiki/Belgaehttps://en.wikipedia.org/wiki/Gallia_Belgica

Francos, Carlomagno y el reparto de Verdún

En el siglo V, el rey franco Clodoveo I unificó a los francos, se convirtió al cristianismo católico hacia el año 496 y fundó la dinastía merovingia, cuyo primer gran centro estuvo precisamente en Tournai, donde en 1653 se descubrió la tumba del rey Childerico I, padre de Clodoveo. Sobre estas tierras se construyó luego el poder de los carolingios: la familia que daría a Carlomagno provenía de la región del Mosa, entre las actuales Bélgica y Alemania, y sus dominios patrimoniales estaban en el corazón de lo que hoy es el país. Bajo Carlomagno, coronado emperador en el año 800, esta zona fue el núcleo mismo del Imperio.

Todo cambió en el 843 con el Tratado de Verdún, que repartió el imperio de Carlomagno entre sus tres nietos. La línea de reparto cayó justo encima de lo que sería Bélgica: el río Escalda quedó como frontera entre la Francia Occidental (el reino de Francia) y la Lotaringia central, que después pasó al Sacro Imperio Romano Germánico. Esa división medieval, entre una zona bajo influencia francesa y otra bajo influencia imperial germánica, marcó durante siglos la política de la región y prefigura, a grandes rasgos, la fractura entre un sur mirando a Francia y un norte mirando al mundo germánico. Fragmentado el poder central, el territorio se dividió en una constelación de principados feudales: el condado de Flandes, el ducado de Brabante, el principado episcopal de Lieja, los condados de Henao, Namur y Luxemburgo.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Belgiumhttps://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_Verdun

Las ciudades de Flandes: lana, oro y las Espuelas de Oro

Durante la Baja Edad Media, el condado de Flandes se convirtió en una de las regiones más ricas y urbanizadas de Europa, junto con el norte de Italia. La clave fue la industria textil: los tejedores flamencos importaban lana inglesa de primera calidad y la transformaban en paños finísimos que se vendían en toda Europa y en el Mediterráneo. Brujas, conectada al mar por el brazo del Zwin, fue el gran puerto y mercado financiero del noroeste europeo, donde tenían factoría los mercaderes de la Liga Hanseática, de Génova y de Venecia; Gante e Ypres completaban el trío de las grandes ciudades textiles. Fue una sociedad urbana, comercial y combativa, con gremios poderosos y una burguesía que no aceptaba fácilmente la autoridad de nadie.

Ese orgullo cívico chocó con el rey de Francia, que como señor feudal reclamaba control sobre Flandes. La tensión estalló el 11 de julio de 1302 en la batalla de Courtrai, más conocida como la Batalla de las Espuelas de Oro: una milicia de artesanos y campesinos flamencos a pie derrotó de manera aplastante a la caballería noble francesa, y recogió del campo de batalla cientos de espuelas doradas de los caballeros muertos como trofeo. Fue un hecho asombroso —infantería urbana venciendo a la flor de la caballería feudal— y quedó como símbolo de la libertad flamenca; hoy el 11 de julio es la fiesta oficial de la Comunidad Flamenca. La rivalidad con Francia siguió durante todo el siglo XIV, con revueltas urbanas encabezadas por líderes como Jacob van Artevelde en Gante.

https://en.wikipedia.org/wiki/County_of_Flandershttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_the_Golden_Spurs

El siglo de oro borgoñón y los primitivos flamencos

En el siglo XV, los duques de Borgoña de la casa de Valois fueron reuniendo por herencia, matrimonio y compra la mayoría de los principados de los Países Bajos —el conjunto de Flandes, Brabante, Henao, Holanda, Zelanda y más— bajo un mismo dominio. Con Felipe el Bueno (1419-1467) y su hijo Carlos el Temerario (1467-1477), la corte de Borgoña fue una de las más ricas y refinadas de Europa, tanto que llegó a rivalizar con la del rey de Francia. Ciudades como Bruselas, Brujas y Malinas —que fue sede de las principales instituciones de gobierno— vivieron un esplendor material y cultural. Fue la época en que se ordenó y unificó administrativamente lo que después sería Bélgica y los Países Bajos.

Ese esplendor produjo una de las grandes revoluciones del arte occidental: la pintura de los llamados primitivos flamencos. Jan van Eyck, pintor de la corte, perfeccionó la técnica del óleo y alcanzó un realismo minucioso nunca visto; su Políptico del Cordero Místico, terminado en 1432 para la catedral de Gante, es una de las obras cumbre de la historia del arte. A su lado brillaron Rogier van der Weyden, Hans Memling —activo en Brujas— y, más tarde, el visionario Hieronymus Bosch (El Bosco). La aventura borgoñona terminó abruptamente en 1477, cuando Carlos el Temerario murió en la batalla de Nancy sin heredero varón; su hija María de Borgoña se casó con Maximiliano de Habsburgo, y así todos estos territorios pasaron a la órbita de la poderosa casa de Austria.

https://en.wikipedia.org/wiki/Burgundian_Netherlandshttps://en.wikipedia.org/wiki/Early_Netherlandish_painting

Carlos V, la revuelta y los Países Bajos españoles

En 1500 nació en Gante el que sería el hombre más poderoso de su tiempo: Carlos de Habsburgo, futuro emperador Carlos V, señor de los Países Bajos, rey de España y de medio mundo. Bajo su reinado, las Diecisiete Provincias de los Países Bajos formaron una unidad próspera dentro de un imperio inmenso. Pero su hijo Felipe II, criado en España y campeón de la Contrarreforma católica, chocó de frente con estas provincias comerciales y cada vez más protestantes. La presión fiscal, el absolutismo, la Inquisición y la represión religiosa desataron en 1568 la Revuelta de los Ochenta Años, encabezada por Guillermo de Orange.

La guerra partió el territorio en dos. Las siete provincias del norte, protestantes, resistieron y terminaron independizándose como la República de las Provincias Unidas (los actuales Países Bajos). Las diez provincias del sur —el núcleo de la futura Bélgica— fueron reconquistadas por los tercios españoles del duque de Parma y quedaron bajo dominio de la corona española y bajo el catolicismo de la Contrarreforma: son los Países Bajos españoles. La caída de Amberes en 1585 y el cierre del río Escalda por parte de los holandeses arruinaron el gran puerto del sur y provocaron un éxodo de comerciantes y artesanos protestantes hacia Ámsterdam, que heredó su prosperidad. Aun así, el sur católico tuvo un notable resurgir cultural en el siglo XVII, encarnado sobre todo por el pintor Pedro Pablo Rubens y su taller en Amberes.

https://en.wikipedia.org/wiki/Spanish_Netherlandshttps://en.wikipedia.org/wiki/Eighty_Years%27_War

De los Habsburgo austríacos a Waterloo

Tras la Guerra de Sucesión española, la Paz de Utrecht de 1713 traspasó estas provincias de la rama española a la rama austríaca de los Habsburgo: nacieron así los Países Bajos austríacos, gobernados desde Viena. El siglo XVIII fue en general próspero y tranquilo, hasta que las reformas centralizadoras y anticlericales del emperador José II provocaron un estallido: la Revolución Brabanzona de 1789, que llegó a proclamar unos efímeros "Estados Belgas Unidos" antes de ser sofocada. Fue el primer antecedente de una identidad política "belga".

La Revolución Francesa lo cambió todo. En 1795, la Francia revolucionaria anexó directamente el territorio, disolvió el milenario principado de Lieja y aplicó sus leyes, su administración y el servicio militar obligatorio, lo que provocó rebeliones campesinas. Durante veinte años, estas tierras fueron departamentos franceses bajo la República y luego bajo Napoleón. El capítulo se cerró el 18 de junio de 1815 a pocos kilómetros de Bruselas, en la batalla de Waterloo, donde el ejército francés de Napoleón fue derrotado por las fuerzas británicas de Wellington y las prusianas de Blücher. Aquella derrota puso fin a la era napoleónica en Europa. El Congreso de Viena, para levantar un dique contra Francia, decidió unir el norte y el sur de los Países Bajos en un solo Estado, el Reino Unido de los Países Bajos, bajo el rey Guillermo I de Orange.

https://en.wikipedia.org/wiki/Austrian_Netherlandshttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Waterloo

La revolución de 1830 y el nacimiento de Bélgica

El experimento de unir el norte protestante y comercial con el sur católico duró apenas quince años. Los habitantes del sur —la futura Bélgica— se sentían tratados como súbditos de segunda por el rey Guillermo I: el neerlandés impuesto como lengua oficial molestaba a las élites francófonas, la religión católica se sentía perjudicada frente al protestantismo del norte y el sur, más poblado, estaba subrepresentado en el gobierno. La chispa saltó el 25 de agosto de 1830 en Bruselas, tras una representación de la ópera "La muda de Portici": el público, enardecido, salió a la calle y la protesta se transformó en revolución. Tras combates en el parque de Bruselas, las tropas holandesas se retiraron.

El 4 de octubre de 1830 un gobierno provisional proclamó la independencia de Bélgica. Las grandes potencias, reunidas en la Conferencia de Londres, reconocieron al nuevo Estado y, para garantizar el equilibrio europeo, le impusieron una condición clave: la neutralidad perpetua. Bélgica adoptó una monarquía constitucional y parlamentaria con una de las constituciones más liberales de su época (1831), y ofreció el trono a un príncipe alemán, Leopoldo de Sajonia-Coburgo, que reinó como Leopoldo I. Los Países Bajos no reconocieron la separación hasta 1839. Así nació, casi de un día para el otro, un país nuevo, católico y de habla mayoritariamente francesa en su clase dirigente, aunque la mayoría de su población hablaba dialectos flamencos.

https://en.wikipedia.org/wiki/Belgian_Revolutionhttps://en.wikipedia.org/wiki/Leopold_I_of_Belgium

La cuestión lingüística: flamencos y valones

La Bélgica de 1830 nació como un Estado francófono. Aunque más de la mitad de la población hablaba variantes del neerlandés (el "flamenco"), el francés era la única lengua oficial y la lengua del poder, la justicia, el ejército, la universidad y la burguesía en todo el país, incluso en Flandes. El neerlandés quedó relegado a la condición de lengua popular y campesina. Contra esa desigualdad surgió, ya desde mediados del siglo XIX, el Movimiento Flamenco, que reclamó primero el uso del neerlandés en los tribunales y la administración de Flandes y, con el tiempo, la igualdad plena de las dos lenguas.

La lucha lingüística estructuró la política belga durante más de un siglo. Entre finales del siglo XIX y mediados del XX se fueron aprobando leyes que reconocieron el neerlandés en la enseñanza, la justicia y la administración, hasta que en 1898 se declaró oficialmente bilingüe al país. En 1962-1963 se fijó una frontera lingüística oficial y fija que dividió a Bélgica en cuatro zonas: neerlandófona (Flandes), francófona (Valonia), la región bilingüe de Bruselas y una pequeña zona germanófona en el este, incorporada tras la Primera Guerra Mundial. El conflicto no fue sólo cultural: a medida que la vieja industria pesada de Valonia entraba en decadencia y Flandes se volvía la región más rica y dinámica, la disputa lingüística se cargó también de tensiones económicas. Esa fractura es el hilo que explica la posterior transformación de Bélgica en un Estado federal.

https://en.wikipedia.org/wiki/Flemish_Movementhttps://en.wikipedia.org/wiki/Language_border

El Congo de Leopoldo II: un crimen colonial

El capítulo más oscuro de la historia belga no ocurrió en Bélgica sino en el corazón de África. El rey Leopoldo II, obsesionado con dotar a su pequeño país de un imperio, no logró que el Estado belga asumiera una aventura colonial y entonces hizo algo insólito: se apropió de una colonia a título estrictamente personal. En la Conferencia de Berlín de 1884-1885, las potencias europeas le reconocieron la soberanía sobre una inmensa cuenca del río Congo —unas ochenta veces el tamaño de Bélgica—, que Leopoldo bautizó Estado Libre del Congo y gobernó como propiedad privada, disfrazando la explotación con retórica humanitaria y antiesclavista.

Lo que siguió fue un sistema de trabajo forzado de extrema brutalidad, montado primero sobre el marfil y luego, con el auge del automóvil y la bicicleta, sobre el caucho. Para arrancar el látex, la milicia colonial, la Force Publique, imponía cuotas imposibles a las aldeas y castigaba el incumplimiento con la toma de rehenes, las aldeas incendiadas, las ejecuciones y la mutilación: cortar la mano de las víctimas —incluso de niños— se volvió una práctica documentada, usada por los soldados para "justificar" ante sus superiores los cartuchos gastados. La denuncia internacional, encabezada por el diplomático británico Roger Casement (cuyo informe de 1904 fue demoledor), el periodista Edmund Dene Morel y su Asociación para la Reforma del Congo, y misioneros que fotografiaron las mutilaciones, convirtió al Congo en el primer gran escándalo humanitario de la era mediática.

El costo humano es objeto de debate historiográfico por la falta de censos fiables, pero las estimaciones más aceptadas hablan de un descenso catastrófico de la población: cifras que van desde varios millones hasta unos diez millones de muertes por asesinato, hambre, agotamiento y enfermedades entre 1885 y 1908, según autores como Adam Hochschild; otros historiadores discuten esas cifras y las matizan, pero coinciden en la magnitud de la catástrofe demográfica. La presión internacional obligó a Leopoldo a ceder la colonia: en 1908 el Estado belga la asumió y pasó a llamarse Congo Belga. El dominio colonial belga —más ordenado pero igualmente paternalista y explotador— duró hasta la independencia del Congo, el 30 de junio de 1960. La memoria de Leopoldo II sigue siendo hoy motivo de fuerte controversia en Bélgica, con estatuas suyas cuestionadas y retiradas.

https://en.wikipedia.org/wiki/Congo_Free_Statehttps://en.wikipedia.org/wiki/Atrocities_in_the_Congo_Free_Shttps://www.britannica.com/place/Congo-Free-State

Las dos guerras mundiales y el Holocausto

La neutralidad que había protegido a Bélgica desde 1830 se derrumbó el 4 de agosto de 1914, cuando el ejército alemán la invadió para atacar a Francia por sorpresa, según el Plan Schlieffen. La resistencia belga en los fuertes de Lieja frenó unos días el avance, pero el país fue ocupado casi por completo. La invasión estuvo acompañada de graves represalias contra la población civil —ejecuciones masivas de rehenes, aldeas arrasadas, la biblioteca de Lovaina incendiada—, episodios conocidos como la "violación de Bélgica" que conmovieron a la opinión mundial. El rey Alberto I y su ejército resistieron durante los cuatro años detrás del río Yser, en el único rincón del país no ocupado. Alrededor de Ypres se libraron algunas de las batallas más sangrientas de la guerra de trincheras; allí los alemanes usaron por primera vez gas de cloro a gran escala, en abril de 1915, y en 1917 la batalla de Passchendaele dejó cientos de miles de muertos en un mar de barro. De esos campos vienen las amapolas rojas convertidas en símbolo del recuerdo.

En mayo de 1940, la Alemania nazi volvió a invadir Bélgica. El país capituló en dieciocho días y el rey Leopoldo III se rindió y permaneció bajo custodia alemana, una decisión que dividió profundamente a los belgas y desató después la llamada "cuestión real", que terminaría con su abdicación en 1951. Bajo la ocupación nazi se desató la persecución de los judíos. El campo de tránsito de Malinas (Kazerne Dossin), instalado por su posición entre Amberes —con su gran comunidad judía— y Bruselas, funcionó como antesala de Auschwitz: desde allí fueron deportadas unas 25.500 personas judías y gitanas, la mayoría asesinadas en los campos de exterminio. Aun así, más de la mitad de los judíos de Bélgica sobrevivió, en buena parte gracias a redes de resistencia y a familias que los escondieron; hubo incluso un ataque partisano al vigésimo convoy de deportación que permitió escapar a varios prisioneros. Bélgica fue liberada por los Aliados en septiembre de 1944, aunque la ofensiva alemana de las Ardenas ese invierno (la batalla de las Ardenas o "del Bulge") todavía llevó la guerra de vuelta a su suelo.

https://en.wikipedia.org/wiki/Rape_of_Belgiumhttps://en.wikipedia.org/wiki/The_Holocaust_in_Belgiumhttps://en.wikipedia.org/wiki/Mechelen_transit_camp

Federalización, Europa y la Bélgica de hoy

La posguerra trajo prosperidad, la reconstrucción y un giro histórico en el mapa interno del país: Flandes, antes agrícola y pobre, se convirtió en la región más rica y moderna, mientras la vieja Valonia industrial del carbón y el acero entraba en una larga decadencia. Ese vuelco económico realimentó la vieja tensión lingüística y volvió inmanejable el viejo Estado unitario y centralizado. Entre 1970 y 1993, a través de sucesivas reformas del Estado, Bélgica se transformó de arriba abajo en un Estado federal, articulado en tres Regiones (Flandes, Valonia y Bruselas-Capital) y tres Comunidades lingüísticas (flamenca, francófona y germanófona), con parlamentos y gobiernos propios y competencias repartidas de manera endiablada. La reforma de 1993 lo dejó por escrito en la Constitución: "Bélgica es un Estado federal".

Esa complejidad tiene un costo: formar gobierno es difícil, y en 2010-2011 Bélgica batió el récord mundial al pasar 541 días sin gobierno de pleno derecho por el desacuerdo entre partidos flamencos y francófonos. Aun así, el país funcionó, y en el fondo late siempre la pregunta sobre su unidad, agitada por el nacionalismo flamenco que sueña con más autonomía o incluso con la independencia. En paralelo, Bélgica encontró un papel a su medida en la escena internacional: fue miembro fundador de la Unión Europea y de la OTAN, y Bruselas es hoy la capital de facto de la Unión —sede de la Comisión y del Consejo Europeos— y sede de la OTAN, lo que la convirtió en una ciudad internacional y cosmopolita. Bélgica sigue siendo un país próspero, con una calidad de vida alta y una identidad hecha de contrastes: un reino sin una sola lengua, célebre por su cerveza, su chocolate, sus historietas y una forma muy suya —irónica y desconfiada del poder— de mirar el mundo.

https://en.wikipedia.org/wiki/State_reform_in_Belgiumhttps://en.wikipedia.org/wiki/2010%E2%80%932011_Belgian_gove

🗺️ Historia por provincia / estado

Bruselas y el Brabante
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📚 Bibliografía

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