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Historia de Polinesia Francesa

Los navegantes mā'ohi y el poblamiento del Pacífico

La historia humana de estas islas es un capítulo de la mayor gesta migratoria de la humanidad: la expansión austronesia por el océano Pacífico. Descendientes últimos de pueblos que habían partido milenios antes del sudeste asiático y de Taiwán, y herederos directos de la cultura lapita que hacia el 1000 a.C. había alcanzado Fiyi, Tonga y Samoa, los antepasados de los polinesios fueron avanzando hacia el este a lo largo de siglos. Las dataciones por radiocarbono de alta precisión sitúan la colonización de las islas de la Sociedad y de las Marquesas en un lapso relativamente reciente y rápido, en torno a los años 1000-1200 de nuestra era, desde donde partirían después las últimas grandes travesías hacia Hawái, Rapa Nui (la isla de Pascua) y Aotearoa (Nueva Zelanda).

Aquellos viajes no fueron fruto del azar ni de la deriva, sino de una ciencia náutica extraordinaria. En sus va'a —grandes canoas de doble casco capaces de transportar familias, animales domésticos, plantas y agua para semanas de navegación— los mā'ohi practicaban el wayfinding, el arte de orientarse en mar abierto sin instrumento alguno: memorizaban el orto y el ocaso de decenas de estrellas, leían la dirección y el cruce del oleaje, seguían el vuelo de las aves marinas al amanecer y al atardecer, interpretaban las nubes que se forman sobre las islas y el reflejo verdoso de las lagunas en el cielo. Ese saber, transmitido oralmente de generación en generación por navegantes especializados, permitió cartografiar mentalmente un océano inmenso.

En la memoria de estos pueblos late el recuerdo de una patria ancestral, Hawaiki o Havai'i, la tierra de origen de la que partieron los antepasados y a la que retornan las almas de los muertos. No por casualidad Raiatea, la isla más sagrada del archipiélago de la Sociedad, se llamaba antiguamente Havai'i: los mā'ohi la consideraban el ombligo de su mundo, cuna de dioses, reyes y héroes, y desde ella se irradiaron las migraciones que poblaron buena parte del triángulo polinesio.

https://en.wikipedia.org/wiki/Society_Islandshttps://en.wikipedia.org/wiki/Taputapuatea_marae

La sociedad mā'ohi: mana, tapu, ari'i y marae

Sobre las islas fértiles y las lagunas ricas en pesca, los mā'ohi desarrollaron sociedades jerárquicas complejas, reguladas por un sistema de creencias que impregnaba cada aspecto de la vida. En su centro estaba el mana, la fuerza espiritual y el prestigio sagrado que emanaba de los dioses y se concentraba en los jefes de alto linaje; y el tapu (la palabra que dio al mundo el término "tabú"), el conjunto de prohibiciones rituales que protegían lo sagrado y ordenaban las relaciones entre las personas, los rangos y los espacios. Cuanto más elevado el rango, más mana y más tapu: la persona de los grandes jefes era tan sagrada que ciertos gestos hacia ella podían costar la vida.

La sociedad se organizaba en rangos hereditarios encabezados por los ari'i, la aristocracia jefil que descendía de los dioses y de los primeros navegantes; por debajo estaban los ra'atira, terratenientes y notables, y los manahune, la gente común. Existía además una casta particular, los arioi, una cofradía de artistas, bailarines y oradores itinerantes consagrados al dios 'Oro, que recorrían las islas celebrando festividades. La tierra, el linaje y el poder se transmitían por genealogías cuidadosamente memorizadas, y las alianzas y guerras entre jefaturas estructuraban la política de los archipiélagos.

El corazón de la vida religiosa era el marae, un recinto ceremonial de piedra —una plataforma o explanada con un altar (ahu)— donde se rendía culto a los dioses y a los antepasados, se entronizaba a los jefes y se celebraban los grandes ritos. Cada familia, clan y distrito tenía su marae, y los había de rango creciente hasta llegar a los grandes marae interinsulares. En ellos se ofrendaban cerdos, frutos y, en las ceremonias más solemnes dedicadas a 'Oro, también sacrificios humanos. Buena parte de esta cosmovisión —el mana y el tapu, el respeto a los ari'i, el arte del tatau (el tatuaje), la danza y la oratoria— sobrevivió bajo la superficie de la cristianización y constituye hoy la columna vertebral de la identidad mā'ohi.

https://en.wikipedia.org/wiki/Taputapuatea_maraehttps://en.wikipedia.org/wiki/Society_Islands

Taputapuātea y el culto a 'Oro

En la costa sudeste de Raiatea, en el distrito de Opoa, se levanta Taputapuātea, el marae más importante de toda la Polinesia. Su gran ahu de bloques de coral y basalto, orientado a la laguna y al paso que abre el arrecife al océano, fue durante siglos el centro religioso y político de un vasto sistema de alianzas que unía islas separadas por miles de kilómetros de mar. A este lugar acudían en peregrinación navegantes de las Marquesas, de las Cook, y según la tradición hasta de Hawái y Nueva Zelanda, para consagrar nuevos marae llevándose una piedra del recinto sagrado, tejiendo así una red espiritual pan-polinesia sin parangón.

Originalmente Taputapuātea estaba consagrado a Ta'aroa, el dios creador supremo. Pero hacia el final del periodo precolonial se impuso allí el culto a 'Oro, hijo de Ta'aroa, dios de la guerra y de la fertilidad, cuya adoración —difundida por la cofradía de los arioi— irradió desde Raiatea hacia el resto de las islas de la Sociedad. La posesión de la imagen de 'Oro, un objeto de fibra trenzada envuelto en plumas rojas, confería a quien la custodiaba una legitimidad sagrada y era motivo de rivalidades y guerras entre las jefaturas. El control del culto y de sus emblemas fue una de las claves del poder en el archipiélago en vísperas de la llegada europea.

El valor universal de este sitio fue reconocido por la Unesco el 9 de julio de 2017, cuando el paisaje cultural de Taputapuātea —el marae, el valle de Opoa, la montaña y la porción de laguna y océano asociadas— fue inscripto en la Lista del Patrimonio Mundial, el primer bien polinesio en obtener esa distinción. Se lo consideró testimonio excepcional de la civilización mā'ohi y de los mil años de cultura viva de un pueblo profundamente ligado a su tierra y a su mar.

https://en.wikipedia.org/wiki/Taputapuatea_maraehttps://whc.unesco.org/en/list/1529/

La llegada europea: de Mendaña a Cook y Tupaia (1595-1777)

El primer europeo que rozó estas aguas fue Fernando de Magallanes, que en 1521 avistó el atolón de Puka Puka, en las Tuamotu, sin desembarcar. Pero el encuentro que puso a los archipiélagos en el mapa occidental llegó en 1595, cuando el navegante español Álvaro de Mendaña, en su segunda expedición por el Pacífico, arribó a un grupo de islas al que bautizó "Las Marquesas de Mendoza" en honor a su protector, el virrey del Perú, marqués de Cañete. El contacto fue breve y sangriento: los españoles mataron a un par de centenares de marquesanos antes de seguir viaje. Después, durante casi dos siglos, Europa volvió a olvidarse de estas islas.

El redescubrimiento decisivo se produjo en junio de 1767, cuando el británico Samuel Wallis, al mando del HMS Dolphin, llegó a Tahití y la reclamó para la corona británica bautizándola "isla del rey Jorge III". Apenas un año más tarde, en abril de 1768, el francés Louis Antoine de Bougainville desembarcó también en Tahití, la reclamó para Francia con el nombre de "Nueva Citera" y difundió en Europa la imagen deslumbrante de una isla de belleza y sensualidad edénicas, que alimentaría durante siglos el mito del "buen salvaje" y del paraíso del Pacífico.

Fue el capitán James Cook quien realmente estudió estas islas. Llegó a Tahití en 1769 para observar el tránsito de Venus por delante del Sol —una medición astronómica clave— y regresaría en viajes posteriores. Cook dio a la Sociedad su nombre actual (Society Islands), y sobre todo se llevó consigo a Tupaia, un ari'i y sacerdote de Raiatea, extraordinario navegante y conocedor de la geografía polinesia, que dibujó para los ingleses un mapa con decenas de islas de memoria y ofició de intérprete y guía. Tupaia, que murió de enfermedad en Batavia en 1770, encarna como pocos el choque y el diálogo entre dos maneras de conocer el océano: la ciencia náutica europea y el saber ancestral mā'ohi.

https://www.britannica.com/place/French-Polynesia/Historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/Society_Islands

Colapso demográfico, misioneros y cristianización

El contacto con Europa trajo, junto a los mosquetes y las mercancías de hierro, un cataclismo silencioso: las enfermedades. Los polinesios, aislados durante siglos, carecían de defensas frente a la gripe, la disentería, el sarampión, la viruela, la tuberculosis y las enfermedades venéreas que llegaban en los barcos. El resultado fue un colapso demográfico brutal a lo largo del siglo XIX. En las Marquesas, que pudieron albergar entre 80.000 y 100.000 personas antes del contacto, la población se desplomó hasta unos pocos miles hacia comienzos del siglo XX; en Tahití y las demás islas la caída fue igualmente devastadora. A las epidemias se sumaron el alcohol, las armas de fuego y la desestructuración social.

En ese mundo trastornado desembarcaron los misioneros. En 1797, la London Missionary Society (LMS), de confesión protestante, estableció su primera misión en Tahití. Los predicadores tuvieron años de fracasos, pero encontraron un aliado inesperado en la ambición de los jefes: quien lograra el apoyo de los europeos y de su Dios podía imponerse sobre sus rivales. El punto de inflexión llegó en 1815, cuando el jefe Pomare II, tras convertirse al cristianismo, venció a la coalición de jefes paganos en la batalla de Te Fei Pī, en Tahití. Su victoria selló el triunfo de la nueva fe.

La cristianización que siguió fue rápida y radical. Bajo la guía de los misioneros de la LMS se destruyeron los marae y las imágenes de los dioses, se prohibieron el tatau, ciertas danzas, los cantos tradicionales y la cofradía de los arioi, y se impuso un código moral y legal severo, el llamado "Código Pomare". Se perdió así una parte enorme del patrimonio religioso y artístico mā'ohi. Al mismo tiempo, el cristianismo —protestante en la Sociedad y católico en buena parte de las Marquesas y las Gambier— echó raíces tan profundas que sigue siendo hoy uno de los pilares de la identidad polinesia.

https://www.britannica.com/place/French-Polynesia/Historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/P%C5%8Dmare_dynasty

La dinastía Pomare, el protectorado y la anexión (1788-1897)

La conmoción de la llegada europea permitió el ascenso de una dinastía. A partir de fines del siglo XVIII, los jefes de la familia Pomare, en Tahití, aprovecharon las armas de fuego y el apoyo de europeos y misioneros para imponerse sobre las demás jefaturas y unificar bajo su cetro Tahití y Moorea. Pomare I y su hijo Pomare II sentaron las bases de un reino cristiano; bajo la reina Pomare IV, que gobernó durante más de medio siglo (1827-1877), el Reino de Tahití vivió su época de mayor esplendor y también su tragedia política.

Esa tragedia fue el avance francés. Entre 1838 y 1842, el almirante Abel Aubert Dupetit-Thouars, invocando el maltrato a misioneros católicos franceses, forzó a la reina Pomare IV y a sus jefes a aceptar un protectorado francés sobre Tahití y Moorea (1842), y ese mismo año anexó directamente las Marquesas. La reina y buena parte del pueblo, apoyados por Gran Bretaña y por los misioneros protestantes, resistieron: entre 1844 y 1847 estalló la guerra franco-tahitiana, una serie de combates en Tahití y las islas de Sotavento. La paz llegó con la Convención de Jarnac (1847), por la cual Francia y Gran Bretaña acordaron respetar la independencia de Huahine, Raiatea y Bora Bora, mientras Tahití quedaba bajo protectorado francés.

El protectorado se transformó en colonia plena en 1880, cuando el rey Pomare V, presionado y a cambio de una pensión, abdicó y cedió sus Estados a Francia el 29 de junio; nacían así los "Establecimientos Franceses de Oceanía". Faltaban aún las islas de Sotavento: en 1887 estalló allí la revuelta del jefe Teraupo'o en Raiatea contra el rey pro-francés, y la resistencia se prolongó hasta que Francia, tras un nuevo acuerdo con Gran Bretaña, las anexó por la fuerza. La "guerra de las islas de Sotavento" no terminó hasta 1897, año en que quedó completado, isla por isla, el mapa colonial de la actual Polinesia Francesa.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Guerre_franco-tahitiennehttps://fr.wikipedia.org/wiki/Annexion_des_%C3%AEles_Sous-le

El mito del paraíso: Gauguin, Melville y Brel

Pocos lugares del planeta han pesado tanto en el imaginario occidental como estas islas. La imagen del paraíso tropical, sembrada por Bougainville y por los relatos de los primeros navegantes, atrajo durante dos siglos a escritores y artistas que buscaban en el Pacífico una vida más auténtica, lejos de la civilización industrial. Su obra, cargada de belleza y también de mirada colonial, contribuyó a fijar en el mundo una idea idealizada —a menudo distorsionada— de la Polinesia.

El primero fue el escritor estadounidense Herman Melville, que en 1842 desertó de un ballenero en la bahía de Taiohae, en Nuku Hiva, y pasó semanas entre los marquesanos del valle de Taipivai. De aquella experiencia nació Taipi (Typee, 1846), su primera novela, que reveló al público lector el mundo de las Marquesas y denunció de paso los estragos de la colonización y de las misiones. Décadas después, el pintor francés Paul Gauguin, huyendo de Europa en busca de un arte y una vida "primitivos", vivió en Tahití y se instaló finalmente en Atuona, en la isla de Hiva Oa, donde murió en 1903; allí pintó y esculpió buena parte de su obra tardía, hoy universal, y allí está enterrado.

El último gran nombre de esa estirpe fue el cantautor belga Jacques Brel, que a mediados de los años setenta, ya enfermo, recaló con su velero en Hiva Oa y eligió pasar allí sus últimos años, integrándose en la vida de Atuona y prestando su avioneta para trasladar enfermos y correo entre las islas. Murió en 1978 y fue sepultado en el mismo cementerio de Atuona que Gauguin, a pocos metros de él. Su célebre canción Les Marquises es una despedida serena de esas islas del fin del mundo. Gauguin y Brel, unidos en la tierra marquesana, siguen atrayendo a viajeros de todo el planeta.

https://www.britannica.com/place/French-Polynesia/Historyhttps://whc.unesco.org/en/list/1707/

El siglo XX y las dos guerras mundiales

Durante la primera mitad del siglo XX, los Establecimientos Franceses de Oceanía fueron una colonia lejana y modesta, cuya economía giraba en torno a la copra (la pulpa seca del coco), la nácar y las perlas, la vainilla y el fosfato de la isla de Makatea. Papeete, en Tahití, era el pequeño puerto capital desde donde Francia administraba un rosario de islas dispersas. La Primera Guerra Mundial llegó incluso a rozar sus costas: en septiembre de 1914, dos cruceros alemanes bombardearon Papeete y hundieron un buque francés en su puerto.

Fue la Segunda Guerra Mundial la que sacó a la Polinesia de su aislamiento y forjó un capítulo de orgullo. Tras la caída de Francia en 1940, los tahitianos se pronunciaron mayoritariamente por la Francia Libre del general De Gaulle: en septiembre de 1940 los Establecimientos de Oceanía se sumaron a la Resistencia. Cientos de voluntarios polinesios se alistaron y formaron, junto a neocaledonios, el Bataillon du Pacifique. Aquellos hombres combatieron en el norte de África y se cubrieron de gloria en la batalla de Bir Hakeim, en Libia (mayo-junio de 1942), donde las fuerzas de la Francia Libre resistieron el empuje del Afrika Korps de Rommel; allí cayó el 9 de junio de 1942 el teniente coronel Félix Broche, jefe del batallón. Muchos polinesios murieron en aquellos combates y en la campaña de Italia.

Entretanto, el Pacífico se había convertido en un teatro de guerra. En febrero de 1942, en el marco de la "Operación Bobcat", miles de soldados estadounidenses desembarcaron en Bora Bora para instalar allí una base logística de reabastecimiento entre Panamá y Australia. Los estadounidenses construyeron la primera pista de aterrizaje del territorio, en el motu Mute, además de muelles, depósitos de combustible y baterías de cañones. La base, que nunca llegó a combatir, transformó la economía local y dejó una huella profunda; su cierre en 1946 y la posguerra abrieron un periodo de cambios que llevaría, en 1946, a que la colonia se convirtiera en Territorio de Ultramar y los polinesios accedieran a la ciudadanía francesa.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Bataillon_du_Pacifiquehttps://www.tahititourisme.com/islands/bora-bora/bora-boras-

Los ensayos nucleares: Moruroa, Fangataufa y el CEP (1966-1996)

El episodio más grave y controvertido de la historia contemporánea de la Polinesia Francesa fueron los ensayos nucleares. Tras la independencia de Argelia, donde había ensayado sus primeras bombas, Francia trasladó su programa al Pacífico. En 1963 se creó el Centre d'expérimentation du Pacifique (CEP) y se eligieron como polígonos dos atolones deshabitados del sudeste de las Tuamotu: Moruroa y Fangataufa, cuya propiedad pasó al Estado francés en 1964. Papeete y su base militar se convirtieron en el centro logístico de un vasto dispositivo que empleó a miles de polinesios y transformó profundamente la economía y la sociedad del territorio.

Entre el 2 de julio de 1966 y el 27 de enero de 1996, Francia realizó 193 ensayos nucleares en la Polinesia Francesa. Los primeros 46 fueron atmosféricos —detonaciones a ras del suelo, sobre barcazas o suspendidas de globos—, con dispersión de lluvia radiactiva sobre las islas habitadas; a partir de 1975, tras las protestas internacionales, los 147 restantes fueron subterráneos, en pozos perforados en el basamento de coral y basalto de los atolones. Los ensayos atmosféricos, en particular, expusieron a poblaciones enteras a la contaminación: estudios y documentos desclasificados posteriormente mostraron que la nube radiactiva de algunos disparos alcanzó islas habitadas, incluida Tahití.

Las consecuencias fueron sanitarias, ambientales y sociales. Durante décadas el Estado francés negó o minimizó los efectos sobre la salud; recién en 2010, la llamada ley Morin (ley n.º 2010-2, impulsada por el ministro de Defensa Hervé Morin) reconoció el derecho a indemnización de las personas afectadas por una lista de enfermedades reconocidas como radioinducidas, a través de un organismo específico (el CIVEN). El mecanismo fue criticado por su rigidez y por el bajo número de indemnizaciones concedidas, y fue reformado varias veces. El legado del CEP es doble y perdura: por un lado alimentó una economía dependiente del gasto militar francés; por otro, dejó una herida de desconfianza, reclamos de reparación y memoria que sigue muy presente en la vida política y social polinesia.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Essais_nucl%C3%A9aires_fran%C3https://www.senat.fr/travaux-parlementaires/textes-legislati

Autonomía y política contemporánea

El impacto de los ensayos nucleares y la modernización acelerada alimentaron, desde los años sesenta y setenta, un debate político que aún hoy divide a la Polinesia entre autonomistas e independentistas. En 1946 el territorio había dejado de ser colonia para convertirse en Territorio de Ultramar (TOM); a partir de 1977, y sobre todo con los estatutos de 1984, 1996 y 2004, fue ganando una autonomía interna cada vez mayor, con un gobierno y una asamblea propios. En 2004 pasó a ser Colectividad de Ultramar (COM) con el estatuto de "país de ultramar dentro de la República".

La vida política de las últimas décadas estuvo dominada por dos grandes figuras contrapuestas. Gaston Flosse, líder autonómico cercano a la derecha francesa, fundador del partido Tahoera'a Huira'atira y hombre fuerte del territorio durante buena parte de los años ochenta, noventa y dos mil, defendió la permanencia dentro de Francia y tejió un poderoso sistema de poder. Frente a él, Oscar Temaru, fundador del partido independentista Tavini Huira'atira, alcalde de Faa'a y varias veces presidente de la Polinesia, encabezó la reivindicación soberanista y la denuncia del hecho nuclear. La rivalidad entre ambos —con un tercer nombre, Gaston Tong Sang, y frecuentes cambios de alianzas— sumió al territorio en años de gran inestabilidad institucional a partir de 2004.

En el plano internacional, el independentismo logró un hito en 2013, cuando la Asamblea General de la ONU, por iniciativa impulsada desde Temaru, reinscribió a la Polinesia Francesa en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización, decisión rechazada por París. La política local siguió agitada: la inhabilitación de Flosse por causas judiciales en 2014 abrió paso a su yerno Édouard Fritch, y en las elecciones territoriales de 2023 el partido independentista Tavini se impuso por primera vez de forma clara, llevando a Moetai Brotherson a la presidencia. El debate sobre la relación con Francia, la reparación nuclear y el futuro estatuto sigue plenamente abierto.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Politique_en_Polyn%C3%A9sie_frhttps://www.britannica.com/place/French-Polynesia/History

El renacimiento cultural mā'ohi y el patrimonio mundial

Contra el largo eclipse de la cultura tradicional impuesto por la colonización y las misiones, la segunda mitad del siglo XX vio florecer un poderoso movimiento de recuperación identitaria: la renaissance culturelle mā'ohi. Desde los años setenta, figuras como el poeta y cineasta Henri Hiro reivindicaron la lengua, la espiritualidad y el modo de vida polinesios, y una nueva generación se lanzó a rescatar aquello que casi se había perdido. El reo mā'ohi (el conjunto de las lenguas polinesias del territorio: el tahitiano, el pa'umotu, el marquesano, el mangarevano y el rapa) fue reconocido y revalorizado; hoy se enseña, se canta y se reivindica como patrimonio.

Varios pilares sostienen ese renacimiento. El Heiva i Tahiti, gran festival anual de danza, canto y deportes tradicionales que se celebra cada julio en Papeete desde fines del siglo XIX, se convirtió en el escaparate y el motor de la cultura viva; el 'ori tahiti (la danza) recuperó su esplendor tras haber estado prohibido. El tatau, el arte del tatuaje polinesio —proscrito durante siglo y medio— renació con fuerza a partir de los años ochenta, en particular el patutiki marquesano, y hoy proyecta la identidad mā'ohi por todo el mundo. Y la va'a, la piragua tradicional, resucitó como deporte nacional y símbolo de orgullo, con competencias como la Hawaiki Nui Va'a que reúnen a miles de remeros.

Ese renacimiento tuvo su consagración internacional en dos hitos recientes. En 2017, el paisaje cultural de Taputapuātea, en Raiatea, se convirtió en el primer bien polinesio inscripto en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, reconocimiento del corazón espiritual de la civilización mā'ohi. Y el 26 de julio de 2024, el archipiélago de las Marquesas fue inscripto como "Te Henua 'Enana – Las islas Marquesas", uno de los raros bienes mixtos (natural y cultural) del mundo, en homenaje tanto a sus ecosistemas casi vírgenes como a una civilización llegada por mar hace mil años. Dos reconocimientos que sellan el resurgir de un pueblo que ha vuelto a mirar con orgullo hacia su océano y sus antepasados.

https://fr.wikipedia.org/wiki/Renaissance_culturelle_polyn%Chttps://whc.unesco.org/en/list/1707/

🗺️ Historia por provincia / estado

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📚 Bibliografía

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