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Historia · Polinesia Francesa

Historia de Islas Marquesas

Te Henua 'Enana, la tierra de los hombres

Las Marquesas son uno de los archipiélagos más remotos y espectaculares del planeta: una docena de islas volcánicas de relieve abrupto, sin apenas arrecifes de coral, con acantilados que se hunden en el océano, valles profundos y crestas cortadas a pico. Se dividen en un grupo norte —con Nuku Hiva, la mayor y más poblada— y un grupo sur —con Hiva Oa—. Sus habitantes las llaman en su lengua Te Henua 'Enana (en el dialecto del norte) o Te Fenua 'Enata (en el del sur), "la tierra de los hombres".

Pobladas por navegantes polinesios hacia el año 1000 de nuestra era, las Marquesas desarrollaron a lo largo de los siglos una de las civilizaciones más originales del Pacífico. En sus valles se levantaron grandes plataformas ceremoniales de piedra (los me'ae, equivalentes a los marae) y explanadas de reunión (los tohua), y floreció un arte extraordinario: la talla en piedra de los tiki —esculturas de figuras humanas que representaban a antepasados divinizados—, la talla en madera y hueso, y sobre todo el patutiki, el tatuaje marquesano, quizá el más elaborado de toda la Polinesia, que cubría el cuerpo entero con motivos geométricos cargados de significado.

Era una sociedad de guerreros y artesanos, organizada por valles y tribus a menudo enfrentadas, con jefes, sacerdotes (tau'a) y una intensa vida ritual. Los tiki de piedra más grandes de la Polinesia se encuentran precisamente aquí, en sitios como Puamau, en Hiva Oa. Ese patrimonio arqueológico y artístico, único en el mundo, es hoy uno de los grandes tesoros culturales del Pacífico.

https://whc.unesco.org/en/list/1707/https://en.wikipedia.org/wiki/Marquesas_Islands

Mendaña y el primer contacto europeo (1595)

Las Marquesas tienen el particular destino de haber sido el primer archipiélago de la actual Polinesia Francesa en ser "descubierto" por los europeos. En 1595, el navegante español Álvaro de Mendaña, en su segunda expedición por el Pacífico en busca de las islas Salomón, arribó al grupo sur del archipiélago. Bautizó aquellas tierras "Las Marquesas de Mendoza" en honor a su protector, García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete y virrey del Perú, y de ese nombre colonial deriva el que aún hoy conocemos.

El encuentro fue trágico. Según las propias crónicas de la expedición, en las pocas semanas que los españoles permanecieron en las islas mataron a un par de centenares de marquesanos en distintos incidentes. Después Mendaña siguió viaje hacia el oeste, y las Marquesas volvieron a quedar durante casi dos siglos al margen del mundo occidental, hasta que en 1774 el capitán Cook recaló brevemente en ellas y, ya en el siglo XIX, llegaron balleneros, comerciantes y misioneros.

Ese aislamiento prolongado explica que las Marquesas conservaran su cultura relativamente intacta hasta bien entrado el siglo XIX. Pero cuando el contacto sostenido llegó, lo hizo con toda su fuerza destructiva: enfermedades, alcohol, armas de fuego y una evangelización que arrasó con buena parte de las prácticas tradicionales. Francia anexó formalmente el archipiélago en 1842, en el marco de la expansión del almirante Dupetit-Thouars por el Pacífico.

https://www.britannica.com/place/French-Polynesia/Historyhttps://en.wikipedia.org/wiki/Marquesas_Islands

El colapso demográfico y el renacimiento

Ningún archipiélago de la Polinesia sufrió un desastre demográfico tan brutal como las Marquesas. Antes del contacto sostenido con Europa, su población pudo rondar entre las 80.000 y las 100.000 personas, distribuidas en valles densamente habitados. A lo largo del siglo XIX, las epidemias traídas por los barcos —viruela, tuberculosis, gripe, enfermedades venéreas—, junto al alcohol, las armas de fuego y la desestructuración social, provocaron una mortandad catastrófica. Hacia comienzos del siglo XX apenas quedaban unos pocos miles de marquesanos: se calcula que la población tocó fondo en torno a las 2.000 personas hacia 1920. La civilización de Te Henua 'Enana estuvo al borde de la extinción.

La evangelización —en su mayoría católica— completó el cuadro al prohibir el tatuaje, las danzas, los cantos y buena parte de los ritos, con lo que se perdió gran parte del saber tradicional. Durante décadas, las Marquesas quedaron como un archipiélago casi despoblado, olvidado en el confín del Pacífico, cuyos valles antaño llenos de vida guardaban en silencio los tiki y las plataformas de piedra de sus antepasados.

El siglo XX trajo, lentamente, la recuperación. La población volvió a crecer, y desde los años setenta y ochenta las Marquesas protagonizaron un notable renacimiento cultural: se recuperaron el patutiki (el tatuaje), la talla, la danza y la lengua marquesana, y desde 1987 el festival de las artes de las Marquesas (Matava'a) reúne cada pocos años a las islas para celebrar y transmitir ese patrimonio. Hoy los marquesanos reivindican con orgullo su identidad propia dentro de la Polinesia.

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Gauguin, Brel y el fin del mundo

La lejanía y la belleza áspera de las Marquesas atrajeron a dos de los artistas más célebres que hicieron de estas islas su último hogar. El pintor francés Paul Gauguin, tras años en Tahití buscando un arte y una vida "primitivos", se instaló en 1901 en Atuona, en la isla de Hiva Oa, donde construyó su "Casa del Placer" (Maison du Jouir) y pintó parte de su obra final. Enfrentado a la administración colonial y a las misiones que criticaba con dureza, murió allí en mayo de 1903 y fue enterrado en el cementerio de Atuona, sobre la bahía.

Medio siglo más tarde, otro europeo eligió el mismo rincón del mundo. El cantautor belga Jacques Brel, ya gravemente enfermo, llegó a Hiva Oa navegando en su velero a mediados de los años setenta y decidió pasar allí sus últimos años. Se integró en la vida de Atuona, puso su pequeña avioneta al servicio de la comunidad para trasladar enfermos y correo entre las islas, y compuso su despedida en la canción Les Marquises. Murió en 1978 y fue sepultado en el mismo cementerio de Atuona que Gauguin, a pocos metros de la tumba del pintor.

Antes que ellos, ya el escritor estadounidense Herman Melville había desertado de un ballenero en Nuku Hiva en 1842 y convertido su experiencia entre los marquesanos en su primera novela, Taipi. Gauguin, Brel y Melville hicieron de las Marquesas un lugar mítico en el imaginario occidental: las islas del fin del mundo, refugio de quienes buscaban escapar de la civilización. Hoy sus tumbas y sus huellas son parte del atractivo de este archipiélago remoto.

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Patrimonio Mundial de la Unesco (2024)

El reconocimiento internacional de las Marquesas llegó de forma consagratoria el 26 de julio de 2024, cuando el Comité del Patrimonio Mundial, reunido en Nueva Delhi, inscribió el archipiélago en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco bajo el nombre de "Te Henua Enata – Las islas Marquesas". Fue el segundo bien de la Polinesia Francesa en obtener la distinción, tras Taputapuātea en 2017.

Lo excepcional de esta inscripción es que las Marquesas fueron reconocidas como bien mixto, es decir, por su valor tanto natural como cultural, una categoría poco frecuente. En lo cultural, la Unesco destacó el testimonio excepcional de una civilización llegada por mar hacia el año 1000 y desarrollada de manera original en el aislamiento de estas islas entre los siglos X y XIX. En lo natural, subrayó que las Marquesas son un foco de biodiversidad y de endemismo, con ecosistemas terrestres y marinos extraordinariamente bien conservados y unas de las aguas más vírgenes que quedan en el planeta.

La inscripción coronó décadas de esfuerzo de los marquesanos por preservar y revalorizar su patrimonio, y por hacer oír su voz dentro de la Polinesia y ante Francia. Para Te Henua 'Enana, un archipiélago que estuvo al borde de la desaparición hace un siglo, el reconocimiento de la Unesco representa a la vez un homenaje a sus antepasados y una promesa de futuro: la de proteger sus valles, sus tiki, sus aguas y su cultura viva para las próximas generaciones.

https://whc.unesco.org/en/list/1707/https://www.diplomatie.gouv.fr/en/french-foreign-policy/fran

📍 Destinos de Islas Marquesas

Nuku HivaHiva Oa

📚 Bibliografía

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