Viajá con Gus
InicioIrlandaHistoria
Historia del país

Historia de Irlanda

Newgrange y Brú na Bóinne: más viejo que las pirámides

La historia humana de Irlanda comienza hacia el año 8000 a.C., cuando los primeros cazadores-recolectores del Mesolítico cruzaron desde Gran Bretaña a una isla recién liberada de los hielos. Pero el gran salto llegó con el Neolítico, cuando comunidades de agricultores levantaron algunos de los monumentos megalíticos más impresionantes de Europa. El más célebre es Newgrange, en el valle del río Boyne, un enorme túmulo circular de unos 85 metros de diámetro y 13 de alto construido alrededor del 3200 a.C. Eso lo hace más antiguo que Stonehenge y que las grandes pirámides de Giza: no es una figura retórica, sino un dato cronológico exacto.

Newgrange forma parte de Brú na Bóinne, un paisaje ceremonial que incluye también los grandes túmulos de Knowth y Dowth y decenas de monumentos menores, inscripto por la Unesco en la Lista del Patrimonio Mundial en 1993. Su rasgo más asombroso es astronómico: sobre la entrada hay una abertura, la "caja de luz" (roof-box), diseñada de modo que, en los amaneceres en torno al solsticio de invierno, un haz de sol penetra por el pasillo de diecinueve metros e ilumina durante unos minutos la cámara funeraria del fondo. Es una proeza de ingeniería y de observación del cielo lograda por una sociedad sin escritura ni metales, cinco milenios atrás.

Estos monumentos —Newgrange, los círculos de piedra, los dólmenes que salpican la campiña— hablan de comunidades organizadas, capaces de movilizar enorme trabajo colectivo y con una rica vida espiritual centrada en los muertos, los antepasados y los ciclos del sol. Sobre las paredes de Knowth se conserva, además, la mayor concentración de arte megalítico de Europa occidental: espirales, rombos y motivos geométricos grabados en la piedra cuyo significado seguimos sin descifrar del todo. Cuando llegaron los celtas, mil años después, estos túmulos ya eran antiquísimos, y pasaron a la mitología como moradas de los dioses del Tuatha Dé Danann.

https://en.wikipedia.org/wiki/Newgrangehttps://whc.unesco.org/en/list/659/https://www.newgrange.com/

Los celtas y los reinos gaélicos

A lo largo del primer milenio antes de nuestra era, la cultura celta se impuso en Irlanda, ya fuera por migraciones o —como hoy sospechan muchos arqueólogos— por un lento proceso de influencia cultural y comercial más que por una invasión masiva. Lo cierto es que hacia comienzos de la era cristiana la isla hablaba una lengua celta, el gaélico antiguo, antecesor del irlandés, y estaba organizada en una sociedad rural, ganadera y guerrera. Roma nunca conquistó Irlanda: fue una de las pocas tierras del occidente europeo que quedó al margen del Imperio, y por eso conservó durante siglos instituciones célticas que en el continente habían desaparecido.

La isla se dividía en un mosaico de pequeños reinos, los túatha —quizá un centenar y medio—, gobernados por reyes locales (rí) que a su vez reconocían la autoridad de reyes provinciales. Las cinco grandes provincias históricas —Ulster, Leinster, Connacht, Munster y la antigua Mide— estructuran todavía hoy la geografía irlandesa. Por encima de todos ellos flotaba la aspiración a un Ard Rí, un "rey supremo" cuya sede legendaria era la colina de Tara. La sociedad se regía por un sofisticado corpus de derecho consuetudinario, las Leyes Brehon, y estaba jerarquizada en reyes, nobles, hombres libres y una casta muy respetada de sabios: los druidas, los jueces (brehons) y sobre todo los filí, poetas y guardianes de la memoria genealógica.

De ese mundo proceden los grandes ciclos de la mitología irlandesa —el Ciclo del Ulster con el héroe Cú Chulainn y el robo del toro de Cooley, el Ciclo Feniano de Fionn mac Cumhaill—, transmitidos oralmente durante siglos y puestos por escrito después por los monjes. La cultura gaélica, con su lengua, su poesía, su música y su derecho, sobrevivió a vikingos y normandos y solo empezó a resquebrajarse con la conquista inglesa de los siglos XVI y XVII. Buena parte del renacimiento identitario irlandés del siglo XIX y XX consistió, precisamente, en volver a esas raíces célticas.

https://www.britannica.com/place/Ireland/Early-Christianityhttps://en.wikipedia.org/wiki/Gaelic_Ireland

San Patricio, la cristianización y la edad de oro monástica

El cristianismo llegó a Irlanda en el siglo V. La tradición lo asocia sobre todo a San Patricio, un britano-romano que, según su propia Confessio, fue secuestrado de joven por piratas irlandeses y llevado como esclavo a pastorear ovejas en el Ulster; tras escapar y ordenarse, volvió por voluntad propia hacia mediados del siglo V para evangelizar a quienes lo habían cautivado. Patricio no fue el primer cristiano de la isla —ya en 431 el papa había enviado a Paladio como obispo—, pero se convirtió en el símbolo de la conversión de Irlanda y en su santo patrono. Lo notable es que la cristianización fue mayormente pacífica y se fundió con la vieja cultura gaélica en lugar de arrasarla: los monjes pusieron por escrito las leyes, las genealogías y las sagas paganas que hoy conocemos.

Sobre esa base floreció, entre los siglos VI y IX, una edad de oro monástica. Mientras buena parte de Europa atravesaba la desintegración posterior a la caída de Roma, Irlanda vivía un extraordinario auge cultural. Grandes monasterios como Clonmacnoise, Glendalough, Kells o Clonard se convirtieron en centros de estudio, arte y copia de manuscritos. De sus scriptoria salió una joya universal: el Libro de Kells, un evangeliario iluminado de fines del siglo VIII o comienzos del IX, prodigio de miniatura celta que se conserva hoy en el Trinity College de Dublín. De aquellos monasterios salieron también las altas cruces de piedra talladas y las torres circulares que aún jalonan el paisaje irlandés.

Ese fervor no se quedó en la isla. Monjes irlandeses como Columba (Colm Cille), que fundó el monasterio de Iona en Escocia, o Columbano, que sembró abadías por la Galia, Suiza e Italia, protagonizaron una vasta labor misionera que llevó la cultura cristiana y el saber clásico de vuelta a un continente convulso. De ahí la idea, popularizada modernamente, de una Irlanda que "salvó la civilización" copiando y preservando textos en sus monasterios durante los siglos oscuros. Fue el momento en que la pequeña isla del Atlántico brilló como uno de los grandes focos intelectuales de Europa.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Christianity_in_Irehttps://www.britannica.com/place/Ireland/Early-Christianityhttps://en.wikipedia.org/wiki/Book_of_Kells

Los vikingos y la fundación de Dublín

La edad de oro monástica terminó de manera brutal. En 795, drakkars nórdicos aparecieron por primera vez en las costas irlandesas y saquearon la isla de Lambay y los monasterios costeros, atraídos por sus tesoros y sus reservas de ganado y esclavos. Durante décadas, las incursiones vikingas se repitieron sin tregua contra las comunidades religiosas, que respondieron construyendo las características torres circulares para refugiar a los monjes y proteger reliquias y manuscritos. Los monasterios, ricos y poco defendidos, fueron el blanco predilecto de aquellos asaltos.

Con el tiempo, los nórdicos pasaron del saqueo al asentamiento. En 841 fundaron un campamento fortificado —un longphort— junto a un pozo de aguas oscuras en la desembocadura del Liffey: era el origen de Dublín, cuyo nombre gaélico, Dubh Linn ("charca negra"), describe precisamente ese lugar. De modo parecido nacieron o crecieron como puertos vikingos Waterford, Wexford, Cork y Limerick. Los escandinavos introdujeron en Irlanda la acuñación de moneda, el comercio marítimo a gran escala y las primeras verdaderas ciudades de la isla, hasta entonces esencialmente rural.

Los irlandeses no se sometieron. En 1014, en la batalla de Clontarf, a las puertas de Dublín, el rey supremo Brian Boru derrotó a una coalición de vikingos de Dublín y aliados de Leinster, un choque que la tradición transformó en símbolo de la resistencia gaélica frente al invasor, aunque el propio Brian murió en el combate. Para entonces los nórdicos ya se habían mezclado con la población local dando lugar a los hiberno-nórdicos, cristianizados y en buena medida gaelizados. Cuando lleguen los normandos, siglo y medio más tarde, Dublín será una próspera ciudad portuaria: la herencia urbana más duradera de la era vikinga.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Christianity_in_Irehttps://en.wikipedia.org/wiki/Dublinhttps://en.wikipedia.org/wiki/Norse%E2%80%93Gaels

La invasión anglonormanda de 1169

El giro decisivo hacia la órbita inglesa se produjo en 1169, y como tantas veces en la historia, empezó con una disputa interna. Diarmait Mac Murchada (Dermot MacMurrough), rey de Leinster depuesto por sus rivales gaélicos, buscó ayuda en Inglaterra y obtuvo del rey Enrique II permiso para reclutar mercenarios. Así, en mayo de 1169, desembarcaron en las costas del sureste los primeros caballeros anglonormandos. Al año siguiente llegó Richard de Clare, apodado Strongbow, conde de Pembroke, que tomó Dublín y Waterford y selló su alianza casándose con Aoife, la hija de Diarmait; a la muerte de este, en 1171, Strongbow reclamó Leinster para sí.

Alarmado por el poder que sus propios vasallos estaban acumulando en la isla, Enrique II desembarcó personalmente en 1171 con un gran ejército y se hizo reconocer como "Señor de Irlanda", título confirmado poco después con aval papal. Comenzaba así la Señoría de Irlanda, bajo soberanía de la corona inglesa. Los normandos construyeron por todo el país los castillos de piedra, las abadías y las ciudades amuralladas que todavía definen el paisaje de lugares como Kilkenny, Trim o Cork, e introdujeron el sistema feudal, el derecho inglés y nuevas formas de organización.

Sin embargo, la conquista nunca fue total. Fuera de las ciudades y del este, muchos señores normandos se "gaelizaron": adoptaron la lengua irlandesa, las costumbres, la ropa y las alianzas matrimoniales locales, hasta volverse —según la célebre frase— "más irlandeses que los propios irlandeses". Alarmado por esa asimilación, el Parlamento reunido en Kilkenny promulgó en 1366 los Estatutos de Kilkenny, que prohibían a los colonos ingleses casarse con irlandeses, hablar su lengua, vestir a su manera o adoptar sus nombres. Pero la corona nunca tuvo recursos para hacerlos cumplir: al terminar la Edad Media, el poder inglés efectivo se había reducido a una franja en torno a Dublín, la Pale, mientras el resto de la isla seguía en manos gaélicas o normando-gaélicas.

https://en.wikipedia.org/wiki/Anglo-Norman_invasion_of_Irelahttps://en.wikipedia.org/wiki/Statutes_of_Kilkenny

La conquista Tudor, Kinsale (1601) y la Fuga de los Condes

En el siglo XVI, la dinastía Tudor decidió terminar lo que los normandos habían dejado a medias y someter toda Irlanda. Enrique VIII, que además había roto con Roma, se hizo proclamar "Rey de Irlanda" en 1541 e impulsó la política de "rendición y reconcesión" para atar a los señores gaélicos a la corona. Sus sucesores endurecieron la conquista con campañas militares, confiscaciones y las primeras plantaciones —el asentamiento planificado de colonos protestantes ingleses en tierras confiscadas— en Laois, Offaly y sobre todo en Munster. La Reforma protestante añadió a la vieja tensión política una fractura religiosa: la mayoría de los irlandeses, gaélicos y "viejos ingleses", siguió siendo católica, mientras el Estado y los nuevos colonos eran protestantes.

La resistencia culminó en la Guerra de los Nueve Años (1594-1603), liderada en el Ulster por Hugh O'Neill, conde de Tyrone, y Red Hugh O'Donnell, que infligieron severas derrotas a los ingleses. La suerte se decidió en el sur: en 1601 unos 3.500 soldados españoles enviados por Felipe III desembarcaron en Kinsale, en el condado de Cork, para apoyar a los irlandeses. Los ejércitos de O'Neill y O'Donnell marcharon desde el norte para unírseles, pero en la batalla de Kinsale, el 24 de diciembre de 1601, las fuerzas inglesas de Lord Mountjoy derrotaron a los gaélicos. Fue el fin de la vieja Irlanda gaélica: sin ese apoyo, la guerra terminó en 1603 con la sumisión de O'Neill.

El epílogo llegó en 1607 con la Fuga de los Condes (Flight of the Earls): O'Neill, O'Donnell y sus séquitos, viéndose sin poder real y bajo vigilancia, embarcaron secretamente desde Rathmullen, en el Lough Swilly, y partieron al exilio en la Europa católica. Con ellos se marchó la vieja aristocracia gaélica del Ulster, y sus vastas tierras quedaron a disposición de la corona. Aquella partida —una de las tantas diásporas que jalonan la historia irlandesa— abrió la puerta a la transformación más profunda que sufriría el norte de la isla: la plantación del Ulster.

https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Kinsalehttps://www.historytoday.com/archive/flight-earlshttps://en.wikipedia.org/wiki/Tudor_conquest_of_Ireland

La plantación del Ulster y las guerras cromwellianas

Con las tierras del norte confiscadas tras la Fuga de los Condes, la corona lanzó a partir de 1609 la Plantación del Ulster: la colonización sistemática de la provincia con colonos protestantes traídos de Inglaterra y sobre todo de las Tierras Bajas de Escocia, presbiterianos, que recibieron las mejores tierras mientras los católicos irlandeses eran empujados a las peores. Se fundaron ciudades como Londonderry —rebautizada por los gremios de Londres que financiaron la empresa— y se implantó en el Ulster una población protestante y una cultura distintas del resto de la isla. Ahí está el origen histórico de la división religiosa y política del norte que llegaría, tres siglos después, hasta los Troubles.

El siglo XVII fue el más violento de la historia irlandesa. En 1641 estalló una rebelión de los católicos del Ulster contra los colonos, con matanzas de protestantes que la propaganda de la época amplificó enormemente y que dejaron una herida en la memoria unionista. La guerra se enredó luego con la guerra civil inglesa, hasta que en 1649 Oliver Cromwell desembarcó al frente del Nuevo Ejército Modelo para aplastar la resistencia católica y realista. Su campaña fue durísima: en la toma de Drogheda, en septiembre de 1649, sus tropas masacraron a la guarnición y a numerosos civiles —varios miles de personas—, y semanas después se repitió la matanza en Wexford, con más de un millar y medio de muertos. Cromwell justificó aquellas masacres como represalia y escarmiento; su nombre quedó grabado en la memoria irlandesa como sinónimo de brutalidad.

Tras la conquista, el Acta de Asentamiento de 1652 organizó una gigantesca confiscación de tierras: a los católicos que habían apoyado la rebelión se les despojó de sus propiedades y se los empujó al oeste, a las tierras pobres de Connacht y Clare —de ahí la frase atribuida a Cromwell, "al infierno o a Connacht"—, mientras sus fincas se repartían entre soldados y acreedores del Parlamento. La proporción de tierra en manos católicas se desplomó. En una generación, la vieja clase terrateniente católica quedó desmantelada y sustituida por una nueva élite protestante, sentando las bases del orden social que dominaría Irlanda durante los dos siglos siguientes.

https://en.wikipedia.org/wiki/Plantation_of_Ulsterhttps://en.wikipedia.org/wiki/Cromwellian_conquest_of_Irelan

Las Leyes Penales, la Ascendencia, 1798 y el Acta de Unión

La victoria protestante quedó sellada tras la Guerra Guillermita (1689-1691), cuando el rey católico Jacobo II fue derrotado por Guillermo de Orange en batallas —la del Boyne en 1690, la de Aughrim en 1691— que los unionistas del Ulster todavía conmemoran cada verano. Sobre ese triunfo se construyó la Ascendencia Protestante: una minoría anglicana, dueña de la tierra, el Parlamento de Dublín y el poder, que gobernaba sobre una mayoría católica y sobre los presbiterianos disidentes. Para consolidar ese dominio se aprobaron desde fines del siglo XVII las Leyes Penales, un conjunto de normas que excluían a los católicos —y en parte a los presbiterianos— de casi todo: no podían acceder a cargos públicos, ser abogados, votar o ser elegidos, portar armas, comprar tierras ni heredarlas con normalidad, y tenían prohibida la educación católica. Fue un sistema de discriminación legal destinado a mantener sometida a la mayoría de la población.

A fines del siglo XVIII, el clima cambió. Bajo la influencia de la Ilustración y de las revoluciones americana y francesa, en 1791 Theobald Wolfe Tone y un grupo de reformistas —en su mayoría protestantes de Belfast y Dublín— fundaron la Sociedad de Irlandeses Unidos, con la idea revolucionaria de unir a "católicos, protestantes y disidentes" en una república independiente y no confesional. Reprimidos y empujados a la clandestinidad, protagonizaron en 1798 una gran rebelión, con focos intensos en Wexford y en el Ulster, y con un desembarco de tropas francesas en apoyo. El levantamiento fue aplastado con enorme dureza —decenas de miles de muertos— y Wolfe Tone, capturado, murió en prisión antes de ser ejecutado. Se convirtió en el padre fundador del republicanismo irlandés.

El gobierno británico respondió a 1798 suprimiendo la autonomía que le quedaba a Irlanda. Por el Acta de Unión, en vigor desde el 1 de enero de 1801, se abolió el Parlamento de Dublín y la isla pasó a integrar el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, con representación en Westminster. Durante el siglo XIX, el gran movimiento constitucional lo encabezó Daniel O'Connell, "el Libertador", que logró en 1829 la Emancipación Católica —el derecho de los católicos a sentarse en el Parlamento— mediante una movilización pacífica de masas sin precedentes, aunque fracasó en su objetivo de derogar la Unión. La cuestión irlandesa quedaba planteada para todo el siglo que venía.

https://en.wikipedia.org/wiki/Penal_Laws_(Ireland)https://en.wikipedia.org/wiki/Irish_Rebellion_of_1798https://en.wikipedia.org/wiki/Acts_of_Union_1800

La Gran Hambruna (1845-1852)

La catástrofe que marcó para siempre a Irlanda llegó en 1845. La población, que rondaba los ocho millones, se había disparado en las décadas anteriores, y una parte enorme de los campesinos pobres dependía casi por completo de un solo cultivo para sobrevivir: la papa, que rendía mucho en poca tierra. Cuando el hongo Phytophthora infestans arrasó las cosechas de forma sucesiva entre 1845 y 1849, esa base alimentaria se desplomó. El resultado fue An Gorta Mór, la Gran Hambruna: alrededor de un millón de personas murieron de inanición y de enfermedades asociadas —tifus, disentería, cólera—, y otro millón emigró en pocos años, sobre todo a Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá. En una década, Irlanda perdió cerca de una cuarta parte de su población, un declive del que no se recuperaría durante más de un siglo.

Lo que convierte a la Hambruna en una herida política, y no solo en un desastre natural, es lo que ocurrió con los alimentos y con la respuesta oficial. Durante los años del hambre, Irlanda siguió exportando comida —grano, ganado, mantequilla— hacia Gran Bretaña: en el año de mayor mortandad, miles de barcos cargados de alimentos irlandeses salieron de sus puertos mientras la gente se moría de hambre en los caminos. El gobierno británico, primero el de Robert Peel y luego el whig de Lord John Russell, aplicó una rígida ideología de laissez-faire: recelaba de intervenir en el mercado, condicionó la ayuda a trabajos forzados en obras públicas o a workhouses miserables, y a partir de 1847 trasladó buena parte del costo del socorro a los propios terratenientes irlandeses. La ayuda llegó tarde, fue insuficiente y estuvo lastrada por prejuicios morales sobre los pobres.

Entre los historiadores hay debate sobre cómo calificar todo esto —desde la negligencia culpable hasta, para algunos, algo cercano a una política deliberada—, pero existe amplio consenso en que las decisiones de Londres agravaron enormemente una crisis que en sí misma era grave. Las consecuencias fueron duraderas: se aceleró el declive del idioma irlandés, muy hablado en las zonas más golpeadas del oeste; se consolidó una cultura de la emigración que durante generaciones convirtió a la partida en el horizonte normal de la juventud irlandesa; y se sembró un profundo resentimiento hacia el dominio británico que alimentaría el nacionalismo. La memoria de la Hambruna, y de la diáspora que engendró, sigue siendo central en la identidad irlandesa dentro y fuera de la isla.

https://en.wikipedia.org/wiki/Great_Famine_(Ireland)https://www.britannica.com/event/Great-Famine-Irish-historyhttps://www.parliament.uk/about/living-heritage/evolutionofp

Del Home Rule al Alzamiento de Pascua y la Guerra de Independencia

Tras la Hambruna, el nacionalismo irlandés se desdobló en dos vías. La constitucional, liderada a fines del siglo XIX por Charles Stewart Parnell y su Partido Parlamentario Irlandés, buscaba en Westminster el Home Rule, un autogobierno para Irlanda dentro del Reino Unido; llegó a estar a punto de conseguirlo, hasta que su aprobación quedó suspendida por el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. La vía revolucionaria, más pequeña pero decidida, aspiraba a una república independiente por las armas. En paralelo, un vigoroso renacimiento cultural —la Liga Gaélica, la Liga por la lengua, el teatro de Yeats y Lady Gregory, los deportes gaélicos— reavivó el orgullo de la identidad irlandesa.

El 24 de abril de 1916, Lunes de Pascua, un grupo de republicanos encabezados por Patrick Pearse y James Connolly ocupó edificios clave de Dublín —sobre todo la Oficina Central de Correos, la GPO— y proclamó la República Irlandesa. El Alzamiento de Pascua fue militarmente un fracaso: aplastado por el ejército británico en menos de una semana, con gran parte del centro de Dublín en ruinas y escaso apoyo popular inicial. Pero la reacción británica lo transformó todo: la ejecución de dieciséis líderes, entre ellos Pearse y un Connolly herido fusilado atado a una silla, indignó a la opinión pública y convirtió a los rebeldes en mártires. "Una belleza terrible ha nacido", escribió Yeats.

En las elecciones de 1918, el partido republicano Sinn Féin arrasó, y sus diputados, en lugar de ir a Westminster, formaron en Dublín su propio parlamento, el Dáil Éireann, que declaró la independencia en enero de 1919. Ese mismo día empezó la Guerra de Independencia (1919-1921), una guerra de guerrillas del IRA —con Michael Collins organizando la inteligencia y las emboscadas— contra las fuerzas británicas, incluidos los temidos Black and Tans. La represión, las represalias y episodios como el Domingo Sangriento de 1920 marcaron un conflicto sucio que terminó con una tregua en julio de 1921 y la apertura de negociaciones con Londres.

https://en.wikipedia.org/wiki/Easter_Risinghttps://en.wikipedia.org/wiki/Irish_War_of_Independence

El Tratado, la partición, la Guerra Civil y la República

El 6 de diciembre de 1921 se firmó en Londres el Tratado Anglo-Irlandés. No creaba la república soñada, sino el Estado Libre Irlandés (Irish Free State), un dominio autónomo dentro del Imperio Británico —como Canadá— formado por veintiséis de los treinta y dos condados de la isla, cuyos diputados debían jurar fidelidad a la corona. Los otros seis condados, en el noreste, de mayoría protestante y unionista, ya habían quedado separados por la Ley de Gobierno de Irlanda de 1920 formando Irlanda del Norte, que siguió siendo parte del Reino Unido. Nacía así la partición de la isla, la herida geográfica y política que condicionaría todo el siglo XX irlandés.

El Tratado dividió al movimiento nacionalista. Michael Collins lo defendió como "la libertad para conquistar la libertad", un paso posible hacia más; Éamon de Valera y los republicanos más intransigentes lo rechazaron por el juramento a la corona y por la aceptación de la partición. La fractura desembocó en 1922 en la Guerra Civil irlandesa, corta pero amarga, entre el nuevo Estado Libre y los republicanos antitratado: dejó heridas duraderas —el propio Collins murió en una emboscada en agosto de 1922— y estructuró durante décadas el sistema de partidos del país. Ganó el bando pro-Tratado, y el Estado Libre se consolidó.

La marcha hacia la plena soberanía fue gradual. En 1937, de Valera —ya en el poder— hizo aprobar una nueva Constitución que rebautizó al país como Éire / Irlanda, redujo el papel de la corona y afirmó (en unos discutidos artículos 2 y 3) la aspiración a la isla entera. Irlanda se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial —la llamada "Emergencia"— y finalmente, en 1949, cortó el último lazo: la Ley de la República de Irlanda entró en vigor el 18 de abril de 1949, proclamando formalmente la República y saliendo de la Commonwealth. La independencia estaba completa, pero la partición seguía en pie, con una minoría católica en el Norte que pronto haría oír su descontento.

https://en.wikipedia.org/wiki/Anglo-Irish_Treatyhttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_the_Republic_of_Ire

La Irlanda católica del siglo XX y los abusos institucionales

Durante buena parte del siglo XX, la Irlanda independiente fue un país pobre, rural, emigratorio y profundamente conservador, en el que la Iglesia católica ejercía una autoridad enorme sobre la moral, la educación, la salud y la vida cotidiana. La Constitución de 1937 reconocía la "posición especial" de la Iglesia (cláusula suprimida en 1972); el divorcio, la anticoncepción y el aborto estaban prohibidos, la censura era estricta y la emigración seguía sangrando al país, sobre todo en los años cincuenta. La Iglesia gestionaba escuelas, hospitales y una vasta red de instituciones de "asistencia" que el Estado le delegaba.

Dentro de esa red se cometieron abusos que Irlanda solo empezó a reconocer y a investigar a fondo décadas después. Las Magdalene Laundries —lavanderías regenteadas por congregaciones religiosas donde mujeres consideradas "caídas" o simplemente inconvenientes eran internadas y obligadas a trabajar sin paga— funcionaron hasta 1996; el informe McAleese, publicado en 2013, documentó que más de 10.000 mujeres pasaron por ellas desde 1922 y que el Estado estuvo directamente implicado en una parte importante de los ingresos. El entonces primer ministro Enda Kenny ofreció ese año una disculpa oficial en nombre del Estado, calificando aquello de "la vergüenza de la nación". A ello se sumaron las escuelas industriales y reformatorios —investigados por el Informe Ryan de 2009, que constató abusos físicos, emocionales y sexuales extendidos— y, ya en el siglo XXI, el escándalo de la mortalidad en los hogares para madres solteras y sus bebés, como el de Tuam.

El tratamiento sereno de todo esto exige precisión: se trata de hechos reconocidos por el propio Estado irlandés mediante comisiones oficiales, disculpas públicas y esquemas de compensación, no de rumores. Marcaron el fin del monopolio moral de la Iglesia, muy erosionado además por los casos de abusos sexuales del clero destapados desde los años noventa. La Irlanda que emergió de esos ajustes de cuentas con su pasado sería mucho más secular y crítica, y esa transformación explica en buena parte los cambios sociales acelerados de las décadas siguientes.

https://en.wikipedia.org/wiki/Magdalene_laundries_in_Irelandhttps://www.oireachtas.ie/en/debates/debate/dail/2013-02-19/

Los Troubles, el Acuerdo de Viernes Santo y la Irlanda contemporánea

En Irlanda del Norte, la minoría católica sufría desde la partición discriminación en vivienda, empleo y voto. A fines de los años sesenta, un movimiento de derechos civiles inspirado en el estadounidense fue reprimido, y la escalada de violencia desembocó, hacia 1968-1969, en los Troubles: tres décadas de conflicto armado entre republicanos (sobre todo el IRA Provisional, que buscaba la reunificación con la República), grupos paramilitares lealistas (partidarios de seguir en el Reino Unido) y las fuerzas de seguridad británicas. Episodios como el Domingo Sangriento de Derry en 1972, los atentados con bomba a ambos lados de la frontera y las huelgas de hambre de 1981 jalonaron un conflicto que dejó unos 3.500 muertos en una población pequeña. El proceso de paz culminó el 10 de abril de 1998 en el Acuerdo de Viernes Santo (Good Friday Agreement), que estableció un gobierno de poder compartido en Belfast, órganos de cooperación entre el Norte y la República y el principio de que el estatus constitucional del Norte solo cambiaría por voluntad de su población. Fue el fin de la guerra, y una de las mayores conquistas diplomáticas europeas de fin de siglo.

En paralelo, la República vivía una metamorfosis económica espectacular. De ser uno de los países más pobres de Europa occidental, Irlanda pasó en los años noventa y dos mil al Tigre Celta: un boom impulsado por la inversión extranjera —grandes tecnológicas y farmacéuticas atraídas por una baja fiscalidad y una fuerza de trabajo joven y anglófona—, los fondos europeos y la apertura, con crecimientos anuales cercanos al 9 % entre 1995 y 2000. El país se transformó: por primera vez la inmigración superó a la emigración. El auge terminó de golpe con una burbuja inmobiliaria y la crisis financiera de 2008, que obligó a un rescate internacional y a años de austeridad, aunque la economía se recuperó con fuerza en la década siguiente.

La Irlanda contemporánea es un país muy distinto del de mediados del siglo XX: próspero, europeísta, urbano y notablemente secularizado. En apenas una generación, y por vía de referendos populares, dejó atrás su viejo orden confesional: legalizó el divorcio por un ajustadísimo margen en 1995, aprobó el matrimonio igualitario en 2015 —el primer país del mundo en hacerlo por voto popular, con un 62 % de síes— y despenalizó el aborto en 2018, derogando la enmienda constitucional que lo prohibía con dos tercios de los votos. Con la memoria de la Hambruna y la emigración todavía viva, y con la reunificación de la isla de nuevo en el debate público tras el Brexit, Irlanda encara el siglo XXI como una de las naciones más transformadas —y más orgullosas de su cultura— de Europa.

https://www.britannica.com/event/The-Troubles-Northern-Irelahttps://en.wikipedia.org/wiki/Good_Friday_Agreementhttps://en.wikipedia.org/wiki/Celtic_Tigerhttps://en.wikipedia.org/wiki/Thirty-sixth_Amendment_of_the_

🗺️ Historia por provincia / estado

Dublín y el este
Ver su historia →
Oeste y norte
Ver su historia →
Sur (Cork y costa)
Ver su historia →
Suroeste (Kerry)
Ver su historia →

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Irlanda