Frente a la costa oriental de Viti Levu se encuentra Bau, un islote diminuto que fue durante el siglo XIX el centro de poder más importante de todo Fiyi. Desde allí, apoyados en los mosquetes de beachcombers como Charlie Savage y en el dominio de las rutas comerciales, los jefes de Bau extendieron su hegemonía sobre buena parte del archipiélago. Su figura culminante fue Ratu Seru Epenisa Cakobau, que se proclamó Tui Viti, rey de Fiyi, y en 1854 se convirtió al cristianismo en una decisión que arrastró tras de sí a las jefaturas costeras.
Fue en la vecina isla de Ovalau, en la ciudad portuaria de Levuka, donde Cakobau fundó en 1871 el primer Reino de Fiyi y donde, tres años después, firmó la cesión a Gran Bretaña. Pero el peso político y espiritual de Bau perduró: sigue siendo una de las jefaturas de mayor rango del país, cuna de buena parte de la élite iTaukei moderna. La historia nacional de Fiyi tiene, así, su epicentro en esta gran isla y en los islotes que la rodean.
En 1882, la administración colonial trasladó la capital de la estrecha Levuka a Suva, en la costa sudeste de Viti Levu, atraída por su amplio puerto natural y su terreno llano para crecer. Suva se convirtió en el gran centro administrativo, comercial y portuario de la colonia, y con el tiempo en la mayor ciudad de todo el Pacífico Sur insular, con una animada mezcla de comunidades iTaukei, indo-fiyianas, chinas, europeas y de otras islas del Pacífico.
Hoy Suva es el corazón cívico de Fiyi y una capital regional: alberga el Parlamento, la Universidad del Pacífico Sur, numerosos organismos internacionales y el excelente Museo de Fiyi, donde se conserva el timón de la Bounty y objetos que narran la historia del archipiélago desde los lapita. Su arquitectura colonial, su bullicioso mercado municipal, sus templos hindúes y sus mezquitas reflejan como ningún otro lugar el carácter bicultural y cosmopolita del país.
El lado occidental de Viti Levu, más seco y soleado, fue el gran escenario de la economía azucarera. En torno a Nadi, Lautoka y el valle de Sigatoka —el "cuenco de verduras" de Fiyi— se extendieron las plantaciones de caña trabajadas por los girmitiyas y sus descendientes indo-fiyianos, y por eso esta región concentra una fuerte presencia de templos hindúes, mezquitas y comunidades de origen indio. La caña de azúcar y su ferrocarril de vía estrecha marcaron el paisaje y la vida de estas tierras durante más de un siglo.
Con el auge del turismo, el oeste se transformó en la puerta de entrada del país: el aeropuerto internacional de Nadi recibe casi todos los vuelos, y desde su costa —la península de resorts de Denarau y la extensa Coral Coast hacia Suva— parten los barcos hacia las islas y se organizan el buceo, el rafting del río Navua y las visitas a aldeas tradicionales. Sitios como las dunas de arena de Sigatoka, Patrimonio nacional, recuerdan además la profundidad de la ocupación humana en la isla.
Tierra adentro, Viti Levu esconde una Fiyi muy distinta de la de las playas: un macizo montañoso cubierto de selva, cortado por ríos como el Sigatoka y el Navua, salpicado de aldeas iTaukei que conservan las formas de vida tradicionales. Fue en estas tierras altas del oeste, en la región de Navosa, donde en 1867 el misionero Thomas Baker fue asesinado y devorado, símbolo de un interior que resistió durante décadas a la cristianización y al control colonial.
Hoy ese mismo interior es un destino de aventura y de turismo cultural: rafting y kayak por el cañón del Navua, caminatas hasta cascadas y poblados donde el visitante participa en la ceremonia del kava y es recibido con cantos. La zona de Pacific Harbour, en la costa sur, se ha ganado el apodo de "capital de la aventura" y sirve de base para el famoso buceo con tiburones de la laguna de Beqa, donde los caminantes del fuego de la isla mantienen viva una antigua tradición ritual.