Viajá con Gus
InicioDinamarcaHistoria
Historia del país

Historia de Dinamarca

De los cazadores del deshielo a los hombres de los pantanos

Cuando el gran manto de hielo de la última glaciación se retiró del norte de Europa, hace unos 12.000 años, los primeros cazadores siguieron a los renos y a los grandes animales hacia las tierras que hoy son Dinamarca. Aquellos pueblos de la Edad de Piedra vivían de la caza, la pesca y la recolección a lo largo de una costa riquísima; los enormes montículos de conchas —los kjøkkenmøddinger o "basureros de cocina"— que dejaron junto a los fiordos son de los primeros que se estudiaron científicamente en el mundo y dieron incluso nombre al fenómeno. Con el tiempo llegó la agricultura, y con ella los grandes sepulcros megalíticos, los dólmenes de piedra que aún salpican el campo danés por millares.

La Edad del Bronce nórdica (hacia 1700-500 a.C.) fue una época de sorprendente esplendor. Sin yacimientos propios de metal, las comunidades danesas comerciaban ámbar del Báltico a cambio del bronce que llegaba del sur, y con él fundieron objetos de una belleza asombrosa: el Carro Solar de Trundholm, un caballo que arrastra un disco dorado, o los grandes lures, trompetas curvas de bronce. En turberas y pantanos depositaron ofrendas a sus dioses, en una religión ligada al sol y a la fertilidad.

De la Edad del Hierro provienen los hallazgos más estremecedores: los "hombres de los pantanos". El cuerpo del Hombre de Tollund, encontrado en 1950 en una turbera de Jutlandia, se conservó tan intacto durante más de dos mil años —con la piel, la barba incipiente y una expresión serena— que sus descubridores creyeron haber dado con la víctima de un crimen reciente. Murió ahorcado, probablemente en un sacrificio ritual. Junto a él, el Hombre de Grauballe y otros cuerpos ofrecen una ventana única, casi táctil, a la Dinamarca prerromana. De aquellas sociedades guerreras del norte, que en el gran caldero de plata de Gundestrup dejaron un enigma de dioses y ritos, saldrían siglos después los pueblos que asombrarían a Europa.

https://en.wikipedia.org/wiki/Prehistoric_Denmarkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Tollund_Man

La era vikinga: el Danelaw y el imperio de Canuto

A finales del siglo VIII, las incursiones vikingas sacudieron Europa, y los daneses estuvieron entre sus protagonistas más formidables. En sus barcos largos, ligeros y de poco calado, capaces de cruzar el mar abierto y remontar los ríos, saquearon monasterios y ciudades, sitiaron París y sembraron el terror desde Irlanda hasta el Mediterráneo. Pero reducir a los vikingos a saqueadores es un error histórico: fueron, en igual medida, comerciantes que traficaban con pieles, esclavos, ámbar y plata por rutas que llegaban a Bagdad, y sobre todo colonos que se asentaron en tierras nuevas. En Dinamarca levantaron ciudades comerciales como Hedeby y Ribe, y fortalezas circulares de precisión geométrica —los castros de Trelleborg— que revelan un poder real cada vez más organizado.

Su huella más profunda quedó en Inglaterra. En 865, el "Gran Ejército Pagano", en buena parte danés, invadió los reinos anglosajones y conquistó vastos territorios del norte y el este de la isla, la región que quedaría conocida como el Danelaw, donde durante generaciones rigieron la ley y la lengua danesas y cuyos topónimos terminados en -by o -thorpe todavía delatan aquel origen escandinavo. Ni siquiera Alfredo el Grande de Wessex logró expulsarlos del todo.

El punto culminante llegó con Canuto el Grande. Hijo del rey danés Svend Barba de Horquilla, Canuto conquistó Inglaterra y se hizo coronar allí en 1016; poco después heredó Dinamarca y sometió Noruega, forjando un "Imperio del Mar del Norte" que, durante unas dos décadas, unió las tres coronas bajo su cetro. Canuto gobernó Inglaterra como un rey cristiano y respetado —de él viene la célebre leyenda del monarca que ordena a las olas detenerse para mostrar a sus cortesanos los límites del poder humano—. Aquel imperio se deshizo tras su muerte en 1035, pero dejó grabada la idea de una Dinamarca capaz de proyectarse sobre el mar y de tratar de igual a igual con las potencias de Europa.

https://en.wikipedia.org/wiki/Viking_Agehttps://en.wikipedia.org/wiki/Cnut

Jelling, Harald Diente Azul y la cristianización

En el corazón de Jutlandia, en el pueblo de Jelling, se alzan dos grandes túmulos y dos piedras rúnicas que son el monumento fundacional de Dinamarca. La piedra menor la levantó el rey Gorm el Viejo en memoria de su esposa Thyra; la mayor, un bloque granítico de casi tres metros esculpido con la figura de Cristo, la mandó tallar hacia el año 965 su hijo Harald "Blåtand" —Diente Azul—. Su inscripción, en runas, declara que Harald "ganó para sí toda Dinamarca y Noruega e hizo cristianos a los daneses". Por reunir en una sola frase el nombre del país, la unificación del reino y la conversión, la piedra de Jelling se conoce como el "acta de bautismo de Dinamarca", y el conjunto es Patrimonio Mundial de la Unesco.

La cristianización fue un proceso político tanto como espiritual. Adoptar la fe de Roma alejaba a Dinamarca de la amenaza de conquista del Imperio germánico, que justificaba sus guerras como cruzadas contra paganos, y proporcionaba a los reyes una Iglesia organizada, una escritura y una ideología del poder. El misionero Ansgar, "apóstol del Norte", ya había predicado en Hedeby y Ribe en el siglo IX, pero fue bajo Harald cuando el cristianismo se impuso como religión oficial del reino.

Harald Diente Azul dejó, mil años después, una huella inesperada: la tecnología Bluetooth lleva su nombre y su símbolo combina las runas de sus iniciales, en homenaje a un rey que "unió" pueblos como el estándar une dispositivos. Su hijo Svend y su nieto Canuto llevarían el poder danés a su cenit sobre Inglaterra. Con la cristianización, Dinamarca entró de lleno en la Europa medieval: se construyeron iglesias de piedra, se fundaron obispados, y una monarquía sostenida por la Iglesia empezó a consolidar su autoridad sobre los antiguos caudillos.

https://en.wikipedia.org/wiki/Jelling_stoneshttps://en.wikipedia.org/wiki/Harald_Bluetooth

La Dinamarca medieval: obispos guerreros y expansión báltica

Tras el reflujo del imperio de Canuto, la Alta Edad Media danesa fue un tiempo de guerras civiles dinásticas, hasta que en el siglo XII el reino recuperó fuerza y ambición bajo la dinastía de los Valdemar. El rey Valdemar I el Grande (1157-1182) y su hijo Valdemar II el Victorioso (1202-1241) llevaron a Dinamarca a un nuevo apogeo, con la ayuda inseparable de un personaje excepcional: el obispo Absalón, consejero, guerrero y estadista, que combatió a los piratas eslavos del Báltico, fortificó una aldea de pescadores que se convertiría en Copenhague y patrocinó la primera gran crónica de la historia danesa, la Gesta Danorum de Saxo Gramático.

Dinamarca se lanzó entonces a una expansión por el Báltico meridional, sometiendo a los pueblos wendos y participando en las cruzadas del norte. Según la leyenda, durante una batalla en Estonia en 1219 cayó del cielo una bandera roja con una cruz blanca que dio la victoria a los daneses: el Dannebrog, considerada la bandera nacional en uso continuo más antigua del mundo. En su apogeo, el reino controló territorios en la costa báltica y en el norte de Alemania.

Ese poderío tuvo altibajos. La derrota y el cautiverio de Valdemar II hundieron por un tiempo a Dinamarca en el caos, y a comienzos del siglo XIV el reino llegó a estar tan endeudado que el rey empeñó porciones enteras del país a nobles y condes alemanes. La recuperación llegó con Valdemar IV Atterdag (1340-1375), que a fuerza de astucia y guerra reunificó el reino, recuperó los territorios empeñados y devolvió a la corona su autoridad, preparando —a través de su hija Margarita— la mayor construcción política de la Escandinavia medieval.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Denmarkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Valdemar_IV_of_Denmark

La reina Margarita y la Unión de Kalmar (1397)

La figura política más notable de la Escandinavia medieval fue una mujer: Margarita I de Dinamarca. Hija de Valdemar IV, casada con el rey de Noruega, quedó viuda y sin descendencia directa viva, pero con una habilidad diplomática y una determinación excepcionales fue reuniendo en sus manos las coronas de Dinamarca, Noruega y Suecia. En 1397, en la ciudad sueca de Kalmar, selló la unión de los tres reinos escandinavos bajo un solo monarca —su sobrino nieto Erico de Pomerania, a quien hizo coronar—, aunque el poder real siguió en manos de Margarita hasta su muerte en 1412. Nacía así la Unión de Kalmar, la mayor entidad política de la historia del norte de Europa.

La unión reunió a millones de personas y un territorio inmenso, del cabo Norte a los ducados alemanes, con Dinamarca como socio dominante. Pero fue una construcción frágil desde el principio. Suecia, con una nobleza poderosa y celosa de su autonomía, resistió una y otra vez el predominio danés, y la unión vivió entre rebeliones, treguas y reconciliaciones a lo largo de más de un siglo.

El golpe final llegó en 1520, con el llamado "Baño de Sangre de Estocolmo": el rey danés Cristián II, tras entrar en la capital sueca, ejecutó a decenas de nobles y prelados suecos acusados de herejía y traición. La matanza provocó una insurrección general encabezada por el joven noble Gustavo Vasa, que en 1523 fue coronado rey de una Suecia independiente. La Unión de Kalmar se rompía definitivamente; Noruega, en cambio, quedaría atada a Dinamarca durante otros tres siglos. La ruptura inauguró siglos de rivalidad y guerra entre Copenhague y Estocolmo por el dominio del Báltico y de Escandinavia.

https://en.wikipedia.org/wiki/Kalmar_Unionhttps://en.wikipedia.org/wiki/Margaret_I_of_Denmark

La Reforma y la guerra de los Condes (1536)

Como en el resto del norte de Europa, la Reforma protestante transformó Dinamarca de raíz. Las ideas de Lutero, llegadas desde la vecina Alemania, prendieron con fuerza entre burgueses y parte de la nobleza, mientras la Iglesia católica, dueña de enormes riquezas, era vista con creciente hostilidad. La cuestión religiosa se entrelazó con una brutal guerra civil por el trono: la "Grevens Fejde", la Guerra de los Condes (1534-1536), el último gran conflicto interno del país, que enfrentó a los partidarios del depuesto Cristián II y de las ciudades con la nobleza terrateniente.

El vencedor fue Cristián III, un convencido luterano. Tras imponerse militarmente, en 1536 dio el paso decisivo: hizo arrestar a los obispos católicos, confiscó los inmensos bienes de la Iglesia —que pasaron a la corona, multiplicando su poder— y estableció una Iglesia luterana de Estado, con el rey a su cabeza. Dinamarca se volvió oficialmente protestante casi de un día para otro, por decisión desde arriba más que por un movimiento popular.

Las consecuencias fueron duraderas. La confiscación de las tierras eclesiásticas convirtió al monarca en el mayor terrateniente del reino y debilitó a la vieja nobleza; la Biblia y el culto pasaron al danés, lo que impulsó la lengua vernácula; y la Iglesia luterana quedó como un pilar del Estado que marcaría la vida religiosa, escolar y moral del país durante siglos. Aún hoy, la Iglesia del Pueblo Danés, luterana, es la iglesia nacional, y una amplísima mayoría de los daneses figura nominalmente en ella, herencia directa de aquel 1536.

https://en.wikipedia.org/wiki/Reformation_in_Denmark%E2%80%9https://en.wikipedia.org/wiki/Christian_III_of_Denmark

Cristián IV, el rey constructor, y las guerras con Suecia

Ningún monarca ha dejado una huella tan visible en Dinamarca como Cristián IV (1588-1648), el rey de reinado más largo de su historia. Enérgico, ambicioso y apasionado de la arquitectura, convirtió Copenhague en una capital digna de una potencia europea: mandó levantar la Bolsa (Børsen) con su aguja de dragones entrelazados, el castillo de recreo de Rosenborg, la Torre Redonda (Rundetårn) con su rampa en espiral, barrios enteros de nueva planta y astilleros y fortificaciones. Fundó ciudades como Christianshavn y Kristiansand, e impulsó el comercio y las compañías coloniales. Su silueta con la coleta y el arete quedó grabada en la memoria nacional como la de un rey vital y cercano.

Pero su reinado fue también el de las grandes catástrofes militares. Ansioso de gloria y de contener a Suecia, Cristián IV metió a Dinamarca en la Guerra de los Treinta Años (1625-1629) del lado protestante, y sufrió una derrota humillante que llevó a ejércitos imperiales a ocupar Jutlandia. Peor aún fue la larga pugna con una Suecia en pleno ascenso: en la Guerra de Torstenson, el Tratado de Brömsebro (1645) obligó a Dinamarca a ceder las islas de Gotland y Øsel y provincias como Halland y Jämtland.

El desastre culminó bajo su hijo Federico III. En 1657-1658, el rey sueco Carlos X Gustavo aprovechó un invierno excepcionalmente frío que heló los estrechos daneses y cruzó con su ejército sobre el hielo desde Jutlandia hasta las islas, en una marcha audaz que puso a Copenhague a merced de Suecia. El Tratado de Roskilde de 1658 fue el más duro de la historia danesa: Dinamarca cedió para siempre Escania (Skåne), Halland y Blekinge, la fértil y poblada mitad oriental del reino, que hoy forma el sur de Suecia. De un golpe, Dinamarca perdió cerca de un tercio de su territorio y de su población, y el estrecho de Øresund dejó de ser un río interior danés para convertirse en frontera. La derrota selló el fin de Dinamarca como gran potencia del Báltico.

https://en.wikipedia.org/wiki/Christian_IV_of_Denmarkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_Roskilde

El absolutismo y el siglo XVIII de las reformas

La humillación frente a Suecia tuvo una consecuencia política inesperada. En 1660, con el país arruinado y la vieja nobleza desacreditada por las derrotas, el rey Federico III convocó una asamblea de estamentos en Copenhague. Con el apoyo del clero y la burguesía de la capital —y de la guarnición—, dio un verdadero golpe de Estado contra la aristocracia: abolió la monarquía electiva, hizo hereditaria la corona y concentró en el rey todo el poder. En 1665, la Kongeloven o "Ley del Rey" formalizó el régimen: uno de los textos absolutistas más radicales de Europa, que declaraba al monarca responsable solo ante Dios. Dinamarca sería una monarquía absoluta durante casi dos siglos, hasta 1848.

El absolutismo, paradójicamente, permitió modernizar la administración y, con el tiempo, emprender reformas ilustradas. El episodio más célebre fue el del médico alemán Johann Friedrich Struensee, que a comienzos de la década de 1770 se convirtió en el hombre fuerte del reino durante la enfermedad mental del rey Cristián VII. En apenas dieciséis meses de poder casi total, Struensee decretó por su cuenta un torrente de reformas radicales —libertad de prensa, abolición de la tortura, recorte de privilegios—, además de mantener un romance con la reina Carolina Matilde. La reacción de la corte fue fulminante: fue derrocado, juzgado y ejecutado en 1772.

Hacia fin de siglo, no obstante, llegaron reformas más duraderas. Las grandes reformas agrarias de las décadas de 1780 y 1790 abolieron la servidumbre que ataba a los campesinos a la tierra (el stavnsbånd) e impulsaron la creación de una clase de agricultores propietarios, sentando las bases de la Dinamarca rural moderna. En 1792, además, Dinamarca fue de los primeros países del mundo en prohibir la trata atlántica de esclavos hacia sus colonias, aunque el comercio no cesó de inmediato y la esclavitud persistió en las Antillas danesas hasta 1848. El país entraba en el siglo XIX como una monarquía absoluta pero reformista, próspera gracias a su comercio marítimo neutral.

https://en.wikipedia.org/wiki/Absolute_monarchy_in_Denmarkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Johann_Friedrich_Struensee

Las guerras napoleónicas y la pérdida de Noruega (1814)

El próspero comercio neutral que Dinamarca mantenía en pleno auge de las guerras napoleónicas la puso en el punto de mira de Gran Bretaña, dueña de los mares. En 1801, una flota británica al mando de Nelson atacó la propia Copenhague en una sangrienta batalla naval para forzar a Dinamarca a abandonar la Liga de Neutralidad Armada. Pero lo peor llegó en 1807: temiendo que la poderosa flota danesa cayera en manos de Napoleón, los británicos exigieron su entrega y, ante la negativa danesa, bombardearon Copenhague durante tres noches. El ataque —uno de los primeros bombardeos deliberados contra una población civil de la era moderna— incendió barrios enteros, mató a cientos de civiles y terminó con la captura de toda la flota danesa.

El bombardeo empujó a Dinamarca a los brazos de Napoleón, en la que resultaría la alianza equivocada. Cuando el emperador francés cayó, los vencedores hicieron pagar a Dinamarca su fidelidad: por el Tratado de Kiel, en enero de 1814, el rey Federico VI hubo de ceder Noruega al rey de Suecia. Terminaban así más de cuatro siglos de unión danesa-noruega. Dinamarca conservó las viejas dependencias atlánticas noruegas —Islandia, las Feroe y Groenlandia—, pero perdió un reino entero.

El golpe fue enorme. Reducida a Jutlandia, las islas y los ducados alemanes del sur, arruinada por la guerra —el Estado llegó a la bancarrota en 1813—, Dinamarca dejaba atrás para siempre sus sueños de gran potencia. Y sin embargo, de aquella pequeñez y aquel repliegue surgiría, en las décadas siguientes, una notable eclosión cultural: el país volcó hacia dentro las energías que ya no podía proyectar hacia fuera, y vivió su Edad de Oro.

https://en.wikipedia.org/wiki/Treaty_of_Kielhttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Copenhagen_(1807)

La Edad de Oro y la Constitución de 1849

La primera mitad del siglo XIX, pese a la ruina material, fue la "Guldalder", la Edad de Oro de la cultura danesa. En una Copenhague empobrecida pero intensa florecieron talentos que darían a Dinamarca un lugar universal. Hans Christian Andersen elevó el cuento popular a la categoría de arte con relatos como El patito feo, La sirenita o El traje nuevo del emperador, traducidos a casi todos los idiomas del mundo. El filósofo Søren Kierkegaard, considerado el padre del existencialismo, escribió en danés una obra que interrogaba la angustia, la fe y la libertad individual. El escultor Bertel Thorvaldsen alcanzó fama europea con su neoclasicismo, y el físico Hans Christian Ørsted descubrió en 1820 el electromagnetismo, abriendo una nueva era de la ciencia.

A ese fermento cultural se sumó un fermento político y social. El pastor, poeta y educador N.F.S. Grundtvig inspiró el movimiento de las escuelas populares superiores (folkehøjskoler), una forma de educación adulta ligada a la comunidad campesina que sería decisiva para la Dinamarca democrática, y contribuyó a forjar un fuerte sentimiento nacional. Al mismo tiempo, el movimiento cooperativista transformaba el campo, organizando a los pequeños agricultores en lecherías y mataderos comunes que hicieron de Dinamarca una potencia agrícola exportadora.

La presión liberal culminó en 1848-1849. En el clima revolucionario que sacudía a toda Europa, el rey Federico VII aceptó sin resistencia poner fin al absolutismo. El 5 de junio de 1849 se promulgó la "Grundlov", la primera Constitución danesa, que convirtió al país en una monarquía constitucional con un parlamento electo (el Rigsdag) y garantías de libertades. Fue una de las transiciones más pacíficas de la Europa del momento, y el 5 de junio sigue siendo el Día de la Constitución, fiesta nacional danesa. Aquella carta abría una larga y accidentada senda hacia la democracia.

https://en.wikipedia.org/wiki/Danish_Golden_Agehttps://en.wikipedia.org/wiki/Constitution_of_Denmark

1864: el trauma del Schleswig

El episodio más doloroso de la Dinamarca del siglo XIX fue la cuestión de los ducados. Al sur de Jutlandia, los ducados de Schleswig y Holstein, ligados a la corona danesa pero de población mixta —danesa en el norte, alemana en el sur—, se convirtieron en el foco de un conflicto nacionalista explosivo en la era de la unificación alemana. Una primera guerra, la Primera Guerra de Schleswig (1848-1851), enfrentó a Dinamarca con los rebeldes alemanes de los ducados y terminó con una victoria danesa que no resolvió nada de fondo.

El desenlace llegó en 1864. Cuando Dinamarca intentó integrar más estrechamente el Schleswig, la Prusia de Bismarck, aliada con Austria, le declaró la guerra. Fue una contienda desigual y breve. En abril de 1864, tras semanas de asedio, las tropas prusianas asaltaron las trincheras danesas de Dybbøl, cerca de Sønderborg, en una batalla que quedó grabada como símbolo del sacrificio y la derrota nacional. Dinamarca, aislada y sin aliados, tuvo que ceder Schleswig, Holstein y Lauenburg. Perdió cerca del 40 % de su territorio y unos 200.000 daneses del norte del Schleswig quedaron bajo dominio alemán.

La derrota de 1864 fue un trauma que reorientó la identidad del país. Reducida a su núcleo más pequeño de la historia, Dinamarca abandonó definitivamente cualquier ambición de gran potencia y se replegó sobre sí misma. De aquel momento nació el célebre lema atribuido al ingeniero Enrico Mylius Dalgas —"lo que se pierde por fuera, se ganará por dentro"—, que inspiró la colosal empresa de cultivar y forestar los brezales estériles de Jutlandia y de volcar las energías nacionales en el progreso interior. Una Dinamarca pequeña, agrícola, cooperativa y educada empezó a construirse sobre las cenizas de la derrota.

https://en.wikipedia.org/wiki/Second_Schleswig_Warhttps://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Dybb%C3%B8l

Democracia, Primera Guerra y la reunificación de 1920

El paso del siglo XIX al XX fue en Dinamarca el de la consolidación democrática. En 1901 se impuso el principio del parlamentarismo —el "Systemskifte"—, según el cual el gobierno debía contar con el respaldo de la mayoría del parlamento y no solo con la confianza del rey, poniendo fin a décadas de pulso entre la corona conservadora y la Cámara liberal. La reforma constitucional de 1915 amplió el derecho de voto e incorporó, por fin, el sufragio femenino, colocando a Dinamarca entre los primeros países del mundo en reconocerlo. Los partidos de masas —liberales agrarios, conservadores y, con fuerza creciente, los socialdemócratas— estructuraron una vida política estable.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Dinamarca logró mantenerse neutral, como Suecia y Noruega, aunque tuvo que maniobrar con extrema prudencia entre las grandes potencias y sufrió penurias económicas y la pérdida de marinos por la guerra submarina. La neutralidad le evitó la catástrofe que asoló al continente.

El fin de la guerra trajo, además, una reparación histórica. La derrota de Alemania permitió reabrir la cuestión del Schleswig perdido en 1864. En 1920, conforme a los principios de autodeterminación de la posguerra, se celebraron plebiscitos en la región: la zona norte, de mayoría danesa, votó por reunirse con Dinamarca, mientras la zona central y sur, de mayoría alemana, optó por permanecer en Alemania. El 10 de julio de 1920, el rey Cristián X cruzó a caballo la vieja frontera para tomar posesión del Schleswig del Norte reincorporado: la "Genforening" o Reunificación, uno de los días más celebrados de la historia moderna danesa, que fijó la frontera germano-danesa vigente hasta hoy, hoy considerada un modelo de convivencia entre minorías.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Denmarkhttps://en.wikipedia.org/wiki/1920_Schleswig_plebiscites

La ocupación nazi y el rescate de los judíos daneses (1940-1945)

El 9 de abril de 1940, la Alemania nazi invadió Dinamarca. El país, pequeño, llano y prácticamente indefendible, capituló en pocas horas tras una resistencia simbólica que costó una decena de muertos. A diferencia de otros territorios ocupados, Dinamarca conservó al principio una peculiar autonomía: el gobierno, el parlamento y el rey siguieron en funciones bajo una "política de cooperación" con el ocupante, que Berlín toleró para presentar al país como un "protectorado modelo" y asegurarse su producción agrícola. Esa colaboración, que evitó lo peor durante tres años, es todavía objeto de un debate historiográfico legítimo sobre sus límites morales.

A medida que avanzaba la guerra creció la resistencia: sabotajes, prensa clandestina, huelgas. En agosto de 1943, ante la negativa del gobierno a decretar la pena de muerte para los saboteadores, los alemanes rompieron el acuerdo, disolvieron el gobierno danés e impusieron el estado de excepción. Fue entonces cuando llegó la hora decisiva para los cerca de 7.000 judíos daneses.

En septiembre de 1943, un diplomático alemán, Georg Ferdinand Duckwitz, filtró en secreto la fecha de la deportación prevista para comienzos de octubre. La advertencia corrió de boca en boca a través de la resistencia, la Iglesia y ciudadanos comunes. En apenas unas semanas, una red espontánea de pescadores, médicos, curas y vecinos escondió a las familias judías y las embarcó de noche, a través del estrecho de Øresund, hacia la Suecia neutral. Más de 7.000 judíos y varios cientos de sus familiares no judíos fueron puestos a salvo. De los que no lograron huir, unos 470 fueron deportados al campo de Theresienstadt; gracias a la insistente presión del gobierno y la Cruz Roja daneses, la inmensa mayoría sobrevivió. En total, más del 99 % de los judíos daneses salvó la vida, un caso casi único en la Europa ocupada. El rescate no borra las zonas grises de la colaboración, pero sigue siendo uno de los episodios más luminosos de aquellos años oscuros. Dinamarca fue liberada el 5 de mayo de 1945.

https://en.wikipedia.org/wiki/Rescue_of_the_Danish_Jewshttps://encyclopedia.ushmm.org/content/en/article/the-rescue

El Estado de bienestar, Europa y la Dinamarca de hoy

La posguerra transformó a Dinamarca. Abandonando la vieja neutralidad, fue uno de los países fundadores de la OTAN en 1949, alineándose con Occidente en la Guerra Fría. En lo interno, los gobiernos socialdemócratas, a menudo en acuerdo con el resto de los partidos, construyeron entre las décadas de 1950 y 1970 uno de los Estados de bienestar más avanzados del mundo: sanidad y educación gratuitas, pensiones y prestaciones universales, guarderías, y un modelo —el llamado "flexicurity"— que combina un mercado laboral flexible con una fuerte protección social. Financiado con impuestos altos y sostenido por un notable consenso social y una gran confianza en las instituciones, ese modelo hizo de Dinamarca una de las sociedades más igualitarias, prósperas y, según las encuestas, más felices del planeta.

En su relación con Europa, Dinamarca eligió la integración con reservas. En 1973 ingresó en la Comunidad Económica Europea, junto con el Reino Unido e Irlanda, rompiendo con su tradicional distancia continental. Pero mantuvo una relación cautelosa: en 1992, los daneses rechazaron en referéndum el Tratado de Maastricht, y solo lo aprobaron al año siguiente tras obtener cuatro cláusulas de exención, entre ellas la de no adoptar el euro. Dinamarca conserva así su propia moneda, la corona, y se ha mantenido fuera de partes de la integración europea.

El reino incluye todavía dos territorios autónomos del Atlántico Norte: las Islas Feroe, con autogobierno desde 1948, y Groenlandia, la mayor isla del mundo, con autonomía desde 1979 y un amplio autogobierno desde 2009 que contempla la posibilidad de una futura independencia; Groenlandia, de hecho, abandonó la Comunidad Europea en 1985. En el plano simbólico, la larga era de la reina Margarita II —en el trono desde 1972— se cerró con un gesto insólito en la monarquía danesa: su abdicación el 14 de enero de 2024 en favor de su hijo, coronado como Federico X. Estable, próspera y profundamente arraigada en su historia milenaria, la Dinamarca del siglo XXI sigue siendo una de las monarquías más antiguas del mundo y, a la vez, uno de sus laboratorios sociales más admirados.

https://en.wikipedia.org/wiki/Welfare_in_Denmarkhttps://en.wikipedia.org/wiki/Denmark%E2%80%93European_Union

🗺️ Historia por provincia / estado

Bornholm
Ver su historia →
Fionia
Ver su historia →
Jutlandia
Ver su historia →
Selanda y el este
Ver su historia →

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Dinamarca