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Historia · Dinamarca

Historia de Selanda y el este

Roskilde, capital vikinga y panteón de los reyes

Antes de que existiera Copenhague, el centro del poder danés estaba en Roskilde, a orillas de un fiordo de Selanda. La tradición vincula su fundación al propio Harald Diente Azul en el siglo X, y durante la Edad Media fue la ciudad más importante del reino: capital real y sede episcopal poderosa, con hasta una decena de iglesias y conventos. Su catedral, iniciada hacia 1170 en ladrillo, fue la primera gran iglesia gótica de ladrillo de Escandinavia y es hoy Patrimonio Mundial de la Unesco.

La catedral de Roskilde es, sobre todo, el mausoleo de la monarquía danesa. Desde el siglo XV, casi todos los reyes y reinas de Dinamarca han sido enterrados en ella —cerca de cuarenta monarcas—, en capillas y sarcófagos que abarcan siglos de estilos, del gótico al moderno. Recorrer sus naves es recorrer la genealogía entera del reino más antiguo de Europa, de la reina Margarita I, artífice de la Unión de Kalmar, a los soberanos de la era contemporánea.

Roskilde perdió la capitalidad en favor de Copenhague en el siglo XV, pero volvió a la historia por otra puerta: fue aquí donde se firmó el humillante Tratado de Roskilde de 1658, por el que Dinamarca cedió Escania a Suecia. Y en su fiordo, la arqueología recuperó en 1962 los célebres barcos de Skuldelev, cinco naves vikingas hundidas deliberadamente hacia el año 1070 para bloquear el canal, hoy expuestas en el Museo de los Barcos Vikingos, donde se construyen y navegan réplicas siguiendo las técnicas de la época.

https://whc.unesco.org/en/list/695/https://en.wikipedia.org/wiki/Roskilde_Cathedral

Copenhague, del puerto de mercaderes a la capital

Copenhague nació como una modesta aldea de pescadores hasta que, en 1167, el obispo guerrero Absalón levantó una fortaleza en el islote donde hoy está el parlamento, para proteger el estrecho y combatir a los piratas del Báltico. El emplazamiento era inmejorable: un puerto natural abrigado en la ruta comercial entre el Báltico y el mar del Norte. De esa vocación mercantil viene su nombre, København, "el puerto de los mercaderes". La ciudad creció al calor del comercio del arenque y, pese a los asedios y saqueos de la Liga Hanseática, que veía en ella una rival, siguió prosperando.

En el siglo XV, bajo Erico de Pomerania, Copenhague se convirtió en la capital del reino, condición que ya no perdería. Con la Reforma, el absolutismo y el reinado de Cristián IV alcanzó rango de gran capital europea, con palacios, murallas, astilleros y una universidad. Fue el corazón político, económico y cultural de Dinamarca y de su imperio marítimo, la ciudad desde la que se gobernaban Noruega, Islandia y las colonias de ultramar.

La Copenhague moderna arrastra las cicatrices y los esplendores de esa historia: los bombardeos británicos de 1807, los grandes incendios que devastaron el casco antiguo, la demolición de las murallas en el siglo XIX que permitió su expansión, y su reinvención contemporánea como una de las capitales más admiradas del mundo por su diseño, su cultura de la bicicleta y su calidad de vida. Del canal de Nyhavn, con sus casas de colores donde vivió Andersen, a la estatua de la Sirenita inspirada en su cuento, la ciudad exhibe a cada paso los estratos de su pasado.

https://en.wikipedia.org/wiki/Copenhagenhttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Copenhagen

Cristián IV y la Edad de Oro de la capital

Buena parte del rostro histórico de Copenhague es obra de un solo rey: Cristián IV (1588-1648). Apasionado de la arquitectura, dotó a la capital de algunos de sus monumentos más queridos: el castillo de Rosenborg, un palacete renacentista de ladrillo rojo rodeado de jardines que hoy custodia las joyas de la corona danesa; la Bolsa (Børsen), con su inconfundible aguja de cuatro colas de dragón entrelazadas; y la Torre Redonda (Rundetårn), un observatorio con una rampa helicoidal por la que, según la leyenda, el zar Pedro el Grande subió a caballo. Fundó además el barrio de Christianshavn, trazado sobre canales al estilo neerlandés.

Dos siglos después, en la primera mitad del XIX, Copenhague fue el escenario de la Edad de Oro danesa. En sus calles se cruzaron Hans Christian Andersen, el filósofo Søren Kierkegaard —que apenas salió de la ciudad y la convirtió en el laboratorio de su pensamiento—, el escultor Thorvaldsen, que legó su obra a un museo municipal, y una generación de pintores que retrató la luz y la vida burguesa de la capital. Fue una época de esplendor cultural en medio de la pobreza material que siguió a las guerras napoleónicas.

Esa herencia convive hoy con instituciones nacidas de la industria y la filantropía, como la cervecería Carlsberg, cuyo fundador financió museos, la restauración de castillos y la ciencia danesa. Copenhague conserva así, en pocos kilómetros cuadrados, el palacio real de Amalienborg, los Jardines de Tívoli —uno de los parques de atracciones más antiguos del mundo, inaugurado en 1843—, y el barrio libre de Christiania, símbolo de la contracultura de los años setenta: capas sucesivas de una capital que no ha dejado de reinventarse.

https://en.wikipedia.org/wiki/Rosenborg_Castlehttps://en.wikipedia.org/wiki/Christian_IV_of_Denmark

Kronborg, el peaje del Sund y el Hamlet de Shakespeare

En el punto más estrecho del estrecho de Øresund, donde apenas cuatro kilómetros de mar separan Dinamarca de Suecia, se alza en Helsingør el castillo de Kronborg. Su origen es puramente económico: desde 1429, el rey Erico de Pomerania obligó a todo barco que quisiera entrar o salir del Báltico a pagar un peaje, el "Øresundstold" o derecho del Sund. Durante más de cuatro siglos, ese peaje —cobrado bajo la amenaza de los cañones del castillo— fue una de las mayores fuentes de ingresos de la corona danesa y una de las claves de su poder.

Para vigilar y cobrar ese tributo, el rey Federico II reconstruyó entre 1574 y 1585 la vieja fortaleza medieval y la convirtió en Kronborg, un deslumbrante castillo renacentista que asombró a la Europa de su tiempo. Con sus torres de cobre, sus salones y su gran sala de baile, era a la vez fortaleza militar y palacio de prestigio, símbolo del dominio danés sobre la entrada al Báltico. Hoy es Patrimonio Mundial de la Unesco.

Kronborg debe su fama universal a la literatura. William Shakespeare, que probablemente nunca lo vio pero conocía su reputación, situó en él —el "Elsinore" de su obra— la tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca. Desde entonces, el castillo quedó ligado para siempre a la figura del príncipe atormentado, y cada verano se representa Hamlet en sus muros. Bajo el castillo, la leyenda sitúa además a Holger Danske (Holger el Danés), el héroe dormido que despertará cuando Dinamarca esté en peligro: un símbolo nacional que la resistencia antinazi tomó como nombre de guerra.

https://whc.unesco.org/en/list/696/https://en.wikipedia.org/wiki/Kronborg

Frederiksborg, el castillo renacentista de Hillerød

En Hillerød, al norte de Copenhague, se levanta sobre tres islotes de un lago el castillo de Frederiksborg, la obra maestra del Renacimiento danés. Lo mandó construir Cristián IV a comienzos del siglo XVII sobre una residencia previa de su padre Federico II, de quien tomó el nombre. Con sus torres, sus agujas, sus fachadas de ladrillo rojo y arenisca y sus patios que se reflejan en el agua, Frederiksborg fue concebido como una demostración de la grandeza de la monarquía, y durante siglos fue el lugar donde se ungía a los reyes daneses.

En 1859, un incendio devastador arrasó buena parte del interior del castillo. Su reconstrucción se convirtió en una causa nacional, y aquí entra en escena un nombre inesperado: J.C. Jacobsen, el fundador de la cervecería Carlsberg, que financió gran parte de las obras y propuso destinar el castillo restaurado a un museo. Así nació, en 1878, el Museo de Historia Nacional de Dinamarca, sostenido por la Fundación Carlsberg.

Hoy Frederiksborg alberga la mayor colección de retratos y pintura histórica del país: siglo a siglo, sus salas recorren la historia de Dinamarca a través de los rostros de sus reyes, nobles, artistas y científicos, bajo techos dorados y tapices. Los jardines barrocos, con sus parterres simétricos y sus cascadas, completan un conjunto que resume, en un solo lugar, la ambición monárquica y la memoria nacional danesas.

https://en.wikipedia.org/wiki/Frederiksborg_Castlehttps://en.wikipedia.org/wiki/Museum_of_National_History_at_

Møns Klint: la tiza, los frescos y el cielo estrellado

En el extremo oriental de la pequeña isla de Møn, los acantilados blancos de Møns Klint caen a plomo sobre el Báltico desde más de cien metros de altura, en uno de los paisajes más espectaculares de Dinamarca. Son murallas de creta —tiza pura— formadas hace unos 70 millones de años, en el Cretácico, por la acumulación en el fondo marino de los esqueletos microscópicos de billones de algas. El avance de los glaciares durante la última glaciación levantó y plegó esas capas hasta ponerlas de pie, dejándolas expuestas al mar; los fósiles de erizos, belemnites y otros animales marinos abundan al pie del acantilado.

La isla de Møn guarda además un tesoro artístico medieval. Sus iglesias rurales —sobre todo las de Elmelunde, Fanefjord y Keldby— conservan extraordinarios frescos góticos del siglo XV, pintados en las bóvedas por un anónimo taller conocido como el "Maestro de Elmelunde". Con trazos vivos y a menudo populares, narran escenas bíblicas para una feligresía que no sabía leer, y forman uno de los conjuntos de pintura mural medieval más ricos del norte de Europa.

En tiempos recientes, Møn ha sumado otra distinción: en 2017 fue declarada Reserva y Comunidad Internacional de Cielo Oscuro (Dark Sky), la primera de Escandinavia, por la excepcional ausencia de contaminación lumínica que permite contemplar las estrellas y, con suerte, la Vía Láctea. Entre los acantilados de tiza, los bosques de hayas, los frescos de sus iglesias y sus cielos nocturnos, Møn ofrece una Dinamarca a la vez natural, espiritual y luminosa, muy distinta del bullicio de la capital.

https://en.wikipedia.org/wiki/M%C3%B8ns_Klinthttps://en.wikipedia.org/wiki/M%C3%B8n

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📚 Bibliografía

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