Encerrada entre los ríos Paraná y Uruguay, de donde toma su nombre, Entre Ríos fue durante siglos una tierra de frontera recorrida por pueblos originarios como los charrúas, los minuanes, los chaná y los guaraníes de las islas. Eran grupos cazadores, pescadores y recolectores, algunos de ellos guerreros temidos, que se movían por las cuchillas, los montes y los esteros de esta mesopotamia. Su geografía ondulada, de lomadas y arroyos, mantuvo a la región relativamente aislada en la época colonial, cuando dependió primero de Santa Fe y luego de Buenos Aires.
La ganadería vacuna, introducida tempranamente y multiplicada en los campos abiertos, definió su economía y forjó una fuerte cultura gaucha. Con la Revolución de Mayo y las guerras de independencia, Entre Ríos se sumó al proceso emancipador y pronto se convirtió en uno de los escenarios centrales del federalismo del Litoral, junto a Corrientes y Santa Fe.
Entre Ríos fue una de las cunas del federalismo argentino. Ya en 1820, el caudillo Francisco 'Pancho' Ramírez proclamó la efímera República de Entre Ríos, un ensayo de organización autónoma frente al centralismo porteño. A lo largo de las décadas siguientes, la provincia sostuvo la bandera federal y aportó hombres y ejércitos a las luchas civiles que desgarraron al país.
Ese federalismo tenía raíces profundas en la estructura ganadera y ribereña de la provincia, en sus estancias y en sus caudillos locales, y expresaba el reclamo del Litoral por la libre navegación de los ríos y por una distribución más justa de las rentas de la aduana de Buenos Aires. Fue en ese contexto de tensión entre las provincias y el puerto donde emergió la figura mayor de la historia entrerriana.
La gran figura entrerriana es Justo José de Urquiza, estanciero, gobernador de la provincia y caudillo federal. El 1 de mayo de 1851, desde Concepción del Uruguay, lanzó su célebre Pronunciamiento contra Juan Manuel de Rosas, retomando para Entre Ríos el manejo de sus relaciones exteriores hasta que se dictara una constitución. Al año siguiente, el 3 de febrero de 1852, Urquiza derrotó a Rosas en la batalla de Caseros, abriendo el camino a la organización constitucional del país.
Bajo su impulso se sancionó la Constitución Nacional de 1853, y Urquiza fue el primer presidente constitucional de la Confederación Argentina. Convirtió a Entre Ríos en una provincia próspera y moderna: fomentó la educación, la inmigración y la agricultura, y dejó como legado el magnífico Palacio San José, su residencia-estancia cerca de Concepción del Uruguay, hoy museo nacional. Entre Ríos fue además, por un tiempo, corazón de la Confederación, con Paraná como capital nacional entre 1854 y 1861.
En la segunda mitad del siglo XIX, Entre Ríos recibió una intensa inmigración europea que transformó su campo y su sociedad. Llegaron colonos suizos, alemanes, franceses del Valais e italianos, que fundaron colonias agrícolas como San José y Villa Elisa. Pero el capítulo más singular fueron las colonias agrícolas judías, las primeras de la Argentina, impulsadas desde la década de 1890 por el barón Maurice de Hirsch a través de la Jewish Colonization Association, para asentar a familias que huían de los pogromos de Rusia y Europa oriental.
Aquellos colonos dieron origen a pueblos como Villa Domínguez, Basavilbaso y Carmel, con sus sinagogas, sus escuelas y sus estaciones de tren, y crearon la célebre figura del 'gaucho judío', inmortalizada por el escritor Alberto Gerchunoff. Ese mosaico de comunidades —judías, suizas, alemanas del Volga, italianas— convive todavía en la memoria y en el paisaje entrerriano, con museos y circuitos que recuperan aquella epopeya inmigratoria.
La Entre Ríos contemporánea vive en buena medida de su naturaleza fluvial y termal. Desde fines de los años noventa, la perforación del acuífero Guaraní hizo brotar aguas termales en ciudades como Federación, Concordia, Colón, Villa Elisa y Chajarí, que convirtieron a la provincia en la gran capital del turismo termal argentino, con parques acuáticos y complejos que atraen a visitantes de todo el país durante todo el año.
A ello se suman sus playas de arena fina sobre el río Uruguay, el Parque Nacional El Palmar —que protege el imponente palmar de yatay, esas palmeras que son casi un fósil viviente del paisaje litoraleño—, y el Carnaval de Gualeguaychú, el más grande y espectacular de la Argentina, con sus comparsas, carrozas y plumas al estilo brasileño. Paraná, la capital, con su costanera sobre el río homónimo, y Victoria, con su abadía benedictina, completan una provincia volcada al agua, al descanso y a la naturaleza.