Mucho antes de la llegada de los europeos, el actual territorio correntino era hogar del pueblo guaraní, agricultores y navegantes de los grandes ríos Paraná y Uruguay que sembraban mandioca y maíz, pescaban en los esteros y se movían en canoas por un laberinto de agua y monte. También convivían con ellos grupos de otras filiaciones, pero fue la impronta guaraní la que resultó decisiva y perdurable: aún hoy el guaraní se habla junto al español en muchos hogares y parajes, y en 2004 la provincia lo declaró idioma oficial alternativo, caso único en la Argentina.
La lengua guaraní impregnó la toponimia (Iberá, Mburucuyá, Yapeyú), la cocina, la religiosidad popular y la música. Ese sustrato originario, mezclado con el aporte hispano-criollo llegado desde Asunción, forjó una identidad mestiza singular que distingue a Corrientes del resto del Litoral y que se percibe todavía en su habla cantada y en su devoción por los santos populares.
El 3 de abril de 1588, el adelantado Juan de Torres de Vera y Aragón fundó la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, con el auxilio de Alonso de Vera 'el Tupí' y de Hernando Arias de Saavedra (Hernandarias). El nombre alude a las siete puntas de tierra o corrientes que forma el río Paraná frente a la ciudad. Los primeros pobladores fueron unos 62 criollos y españoles venidos de Asunción, a los que se sumaron otros llegados desde la abandonada Concepción del Bermejo; en el mismo movimiento nacieron pueblos de indios como Itatí, Santa Ana de los Guácaras y Santa Lucía.
Corrientes fue durante la colonia una posta clave en la ruta fluvial entre Asunción y Buenos Aires, y su economía se levantó sobre la ganadería en las lomadas y el trabajo de la yerba mate. Al noreste, en tierras que hoy también integran Misiones, florecieron las reducciones jesuíticas, cuyos dirigentes guaraníes buscaron en la Compañía de Jesús protección frente a las encomiendas de los hacendados y frente a los bandeirantes esclavistas venidos del Brasil. Ese carácter fronterizo, entre el Paraguay, el Brasil y el litoral rioplatense, marcó a la provincia desde su origen.
Corrientes fue uno de los grandes bastiones del federalismo del Litoral en las guerras civiles del siglo XIX. Formó parte de la Liga del Litoral y de la Confederación, y su relación con Buenos Aires osciló entre la alianza y la ruptura armada. La provincia dio caudillos y ejércitos a las luchas entre unitarios y federales, y sufrió invasiones y batallas en su propio suelo, alternando el apoyo y la resistencia al régimen de Juan Manuel de Rosas hasta su caída en Caseros en 1852.
El episodio más trágico llegó en 1865: la ocupación de la ciudad de Corrientes por las tropas del mariscal paraguayo Francisco Solano López fue el detonante que arrastró a la Argentina a la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), el conflicto más sangriento de la historia sudamericana. Corrientes se convirtió en el principal escenario de las primeras batallas y sufrió el paso de los ejércitos, saqueos y pérdidas humanas. Ya en el siglo XX, la vida política provincial estuvo dominada por el histórico enfrentamiento entre los partidos Autonomista y Liberal, que definieron durante décadas la particular cultura política correntina.
La economía correntina se sostuvo históricamente sobre la ganadería vacuna de las lomadas y sobre la producción de yerba mate, tabaco y algodón. La abundancia de agua —ríos, lagunas y esteros— terminó definiendo su perfil productivo moderno: hoy Corrientes es una de las mayores productoras de arroz del país y un polo importante de cítricos, sobre todo en torno a ciudades como Mocoretá y en el sur provincial.
A ello se suma la forestación con pinos y eucaliptos, que convirtió a la provincia en una de las principales cuencas forestales de la Argentina. La ganadería sigue siendo central, con la cría de razas adaptadas al clima subtropical y a los campos anegadizos. Ese arraigo rural, gaucho y ribereño alimentó también su cultura: el correntino se reconoce en el caballo, el ganado, el río y la chamarrita.
De la matriz guaraní-criolla y rural nacieron dos símbolos correntinos que trascendieron largamente las fronteras provinciales. El primero es el chamamé, música y danza de raíz guaraní y aporte europeo (el acordeón, el bandoneón) que expresa como ninguna otra el alma del Litoral; en 2020 la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Su gran vidriera es la Fiesta Nacional del Chamamé, que cada enero reúne en Corrientes capital a artistas y multitudes.
El segundo es la devoción popular al Gauchito Gil, Antonio Mamerto Gil Núñez, cuyo santuario en las afueras de Mercedes convoca cada 8 de enero a cientos de miles de fieles vestidos de rojo. A ello se suma la centenaria devoción a la Virgen de Itatí, patrona de la provincia, y una religiosidad mestiza que mezcla lo cristiano con lo guaraní. La provincia dio además figuras célebres a la nación, empezando por el prócer máximo José de San Martín, nacido en Yapeyú en 1778.
El corazón natural de Corrientes son los Esteros del Iberá, uno de los mayores humedales de agua dulce del planeta, un mosaico de lagunas, embalsados y pastizales que ocupa buena parte del centro provincial. Tras décadas de degradación y caza furtiva, un ambicioso proyecto de conservación impulsado por la Fundación Rewilding Argentina (heredera de las tierras donadas por el filántropo Douglas Tompkins) transformó viejas estancias ganaderas en el Parque Nacional Iberá y en un gran corredor de vida silvestre, reintroduciendo especies extinguidas localmente como el oso hormiguero, el venado de las pampas, el pecarí y el guacamayo rojo.
El hito más celebrado fue el regreso del yaguareté: en enero de 2021 se liberaron los primeros ejemplares nacidos en el centro de reintroducción de la isla San Alonso, y hoy vuelve a haber jaguares libres en el humedal por primera vez en más de setenta años. Con sus portales de acceso —Colonia Carlos Pellegrini, Cambyretá, San Nicolás— Corrientes se consolidó como uno de los grandes destinos de ecoturismo y observación de fauna de la Argentina, sumando este patrimonio natural a joyas como el Parque Nacional Mburucuyá.