Pasco es una de las regiones más altas del Perú, con su capital, Cerro de Pasco, encaramada por encima de los 4.300 metros, lo que la hace una de las ciudades más altas del mundo habitadas de forma permanente. Su historia está indisolublemente ligada a la minería: desde la colonia, cuando se descubrieron sus riquísimos yacimientos de plata hacia 1630, Cerro de Pasco fue uno de los grandes centros argentíferos del virreinato y de la república.
Más tarde, con la llegada del capital extranjero a comienzos del siglo XX —la Cerro de Pasco Corporation—, la explotación se volcó al cobre, el zinc, el plomo y la plata a gran escala, y la ciudad creció alrededor de un gigantesco tajo abierto, el 'Tajo', que se extiende más de dos kilómetros y casi 400 metros de profundidad y que literalmente se ha ido comiendo el casco urbano, en un caso extremo de dependencia minera.
Esa actividad forjó también una fuerte tradición obrera, sindical y de luchas sociales, con episodios como las grandes movilizaciones mineras y campesinas de mediados del siglo XX, que marcaron la historia laboral del Perú.
En la puna de la región se alza el Santuario Nacional de Huayllay o Bosque de Piedras, un espectacular conjunto de formaciones rocosas esculpidas por la erosión durante millones de años, que evocan siluetas de animales, figuras humanas y perfiles fantásticos a más de 4.300 metros de altura. Es una de las grandes maravillas geológicas de los Andes y cuenta con aguas termales en sus inmediaciones.
A su alrededor, la puna pasqueña despliega lagunas, bofedales y rebaños de camélidos, y alberga el lago Chinchaycocha o de Junín —compartido con la región vecina—, uno de los mayores del país y refugio de aves. Es una tierra de altura, fría y luminosa, de honda raíz ganadera y minera.
Estos paisajes de puna extrema conviven, a pocas horas de camino, con un mundo radicalmente distinto en las estribaciones amazónicas del este.
Hacia el este, Pasco desciende a la selva central de Oxapampa, una región de clima templado y bosques nublados. Su rasgo más singular es Pozuzo, fundada a partir de 1859 por colonos austríacos y alemanes del Tirol y Renania que, tras una travesía épica de años por selvas y montañas guiados por el padre Egg y el barón Von Schütz, se establecieron en plena Amazonía peruana.
Sus descendientes conservan hasta hoy su arquitectura de madera de dos aguas, su gastronomía de embutidos y strudel, su música, sus danzas y sus tradiciones tirolesas: Pozuzo es considerada la única colonia austro-alemana de su tipo en el mundo, y un curioso enclave centroeuropeo en plena selva peruana.
Oxapampa, corazón de la región, es además núcleo de la Reserva de Biosfera Oxapampa-Asháninka-Yánesha, reconocida por la Unesco, y hogar del pueblo indígena yánesha (amuesha), en una mezcla de raíces europeas, andinas y amazónicas que la hacen única.
El Parque Nacional Yanachaga-Chemillén, en la selva de Oxapampa, protege bosques nublados de extraordinaria biodiversidad, hogar del oso de anteojos, el gallito de las rocas, monos y cientos de especies de orquídeas y aves, con nacientes de agua cristalina y cataratas escondidas. Es uno de los grandes santuarios de naturaleza de la selva central peruana.
Junto con el bosque de piedras de Huayllay, las lagunas de la puna y la reserva de biosfera, hace de Pasco una región de contrastes extremos: de la puna glacial a la selva exuberante en apenas unas horas de descenso, con una diversidad de climas, culturas y ecosistemas notable incluso para el Perú.
Estos espacios protegidos son hoy una de las principales apuestas de la región para un turismo de naturaleza y una conservación que equilibren su pesada herencia minera.
Hoy Pasco busca equilibrar su vieja tradición minera —con graves pasivos ambientales, contaminación por metales y el reto de la propia supervivencia de la ciudad de Cerro de Pasco, cuyo posible traslado se ha debatido durante años— con el turismo de naturaleza, la conservación de sus valiosos ecosistemas y el aprovechamiento sostenible de la Reserva de Biosfera.
La región mantiene la minería polimetálica como principal actividad económica, junto a la ganadería de altura, la agricultura y el café de la selva de Oxapampa. La salud ambiental de su población, especialmente de los niños expuestos a metales pesados, es uno de sus grandes desafíos pendientes.
Entre la ciudad más alta del país, el bosque de piedras, la colonia tirolesa de Pozuzo y la selva de Yanachaga, Pasco es una de las regiones más singulares, contrastantes y menos conocidas del Perú central.