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Historia · Países Bajos

Historia de Ámsterdam y alrededores

De un dique en el Amstel a la ciudad de los canales

El nombre lo dice todo: Ámsterdam nació de un dique (dam) sobre el río Amstel, hacia finales del siglo XIII, cuando unos pescadores levantaron una presa para controlar las aguas en el punto donde el río desembocaba en el brazo de mar del IJ. En torno a ese dique —hoy la plaza del Dam, corazón de la ciudad— creció un pueblo de pescadores y comerciantes que recibió sus derechos de ciudad a comienzos del siglo XIV. La geografía anfibia obligó desde el principio a construir sobre pilotes hincados en el fango: toda Ámsterdam se sostiene sobre millones de troncos de madera clavados en el subsuelo.

El gran salto llegó en el Siglo de Oro. A comienzos del siglo XVII, en pleno auge comercial, la ciudad emprendió una ampliación urbanística grandiosa: el Grachtengordel, el cinturón de canales concéntricos —Herengracht, Keizersgracht, Prinsengracht— bordeados por las casas de fachadas estrechas y gabletes escalonados de los mercaderes. Aquel plan urbano, modelo de ingeniería hidráulica y de especulación inmobiliaria a la vez, es hoy Patrimonio Mundial de la Unesco y define la imagen de la ciudad.

Ámsterdam se convirtió entonces en la ciudad más rica del mundo: puerto de puertos, plaza financiera donde funcionaban la primera bolsa moderna y el Banco de Ámsterdam, imán para artistas, impresores, refugiados y capitales de toda Europa. Esa acumulación de riqueza y de talento hizo posible el esplendor cultural que asociamos a la ciudad, de Rembrandt a Spinoza, y sentó las bases de una metrópoli que, siglos después, seguiría siendo el centro económico y cultural de los Países Bajos.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Amsterdamhttps://whc.unesco.org/en/list/1349/

La capital de la VOC y del comercio mundial

En 1602 se fundó en Ámsterdam la Compañía de las Indias Orientales (VOC), y la ciudad se convirtió en la cabeza de una red comercial que abarcaba el planeta. De sus muelles partían las flotas hacia Asia y volvían cargadas de especias, sedas, porcelana y café; en su bolsa se negociaban por primera vez acciones de una empresa cotizada, y en sus almacenes y astilleros trabajaban miles de personas. La riqueza que llegaba del comercio —y, no hay que olvidarlo, de la explotación colonial y de la trata de esclavos gestionada por la WIC— financió la edad dorada de la ciudad.

Ese poder se plasmó en piedra. En pleno siglo XVII, Ámsterdam levantó en la plaza del Dam un nuevo y colosal ayuntamiento, símbolo del orgullo de la República burguesa, que más tarde se convertiría en Palacio Real. Se construyeron iglesias, hospicios, casas de mercaderes y las sedes de los gremios; la ciudad se llenó de pintores que retrataban a esa próspera clase media, de cartógrafos que dibujaban el mundo y de impresores que publicaban lo que en otros países estaba prohibido.

Con la decadencia de la República en el siglo XVIII y la quiebra de la VOC en 1799, Ámsterdam perdió su primacía mundial, pero nunca dejó de ser el corazón económico del país. En el siglo XIX resurgió con la apertura del Canal del Mar del Norte, que le devolvió una salida directa al océano, y con una nueva era industrial y cultural que dio a la ciudad instituciones como el Rijksmuseum, donde se conserva buena parte del legado artístico del Siglo de Oro.

https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Amsterdamhttps://en.wikipedia.org/wiki/Dutch_East_India_Company

La Ámsterdam judía y la casa de Ana Frank

Ámsterdam tuvo durante siglos una de las comunidades judías más importantes de Europa. Ya en el siglo XVII, la relativa tolerancia de la República atrajo a judíos sefardíes expulsados de España y Portugal, que levantaron en la ciudad la gran Sinagoga Portuguesa (1675), y más tarde a judíos asquenazíes de Europa central y oriental. En ese ambiente nació y pensó el filósofo Baruch Spinoza, hijo de la comunidad sefardí. El barrio judío, en torno al Waterlooplein, fue durante generaciones un centro vital de la vida de la ciudad.

La ocupación nazi arrasó ese mundo. De los unos 140.000 judíos que vivían en los Países Bajos, la mayoría concentrados en Ámsterdam, cerca del 75 % fue deportado y asesinado, la proporción más alta de Europa occidental. En febrero de 1941, los trabajadores de Ámsterdam protagonizaron una huelga general en protesta por las primeras razias contra sus vecinos judíos —la Febraristaking, un gesto casi único en la Europa ocupada—, brutalmente reprimida. El viejo barrio judío quedó vacío y devastado.

El símbolo mundial de aquella tragedia está en un canal de la ciudad. En la casa trasera de la Prinsengracht 263 se escondió durante dos años, con su familia y otras cuatro personas, Ana Frank, la adolescente cuyo diario se convirtió en uno de los libros más leídos del planeta. Delatados en agosto de 1944, todos fueron deportados; Ana murió en Bergen-Belsen a comienzos de 1945. La Casa de Ana Frank, hoy museo, recibe a más de un millón de visitantes al año y mantiene viva la memoria del Holocausto en el corazón de Ámsterdam.

https://www.annefrank.org/en/anne-frank/go-in-depth/netherlahttps://en.wikipedia.org/wiki/History_of_the_Jews_in_the_Net

El Zaanse Schans y la industria de los molinos

Al norte de Ámsterdam, en la región del Zaan, se desarrolló en el Siglo de Oro uno de los primeros distritos industriales del mundo, movido enteramente por el viento. En los siglos XVII y XVIII llegó a haber en la región del Zaan cientos y cientos de molinos de viento —más de mil en su apogeo— que no drenaban agua, sino que accionaban maquinaria: serraban madera para los astilleros, molían grano, prensaban aceite de semillas, fabricaban papel, pintura, mostaza y tabaco. Aquella concentración de energía eólica industrial fue un pilar del poder económico de Ámsterdam y de su capacidad para construir flotas enteras.

La revolución industrial del vapor y del carbón hizo obsoletos a los molinos, y la mayoría fue desmantelada. Para salvar ese patrimonio, en el siglo XX se reunieron en un solo lugar, el Zaanse Schans, a orillas del río Zaan, un conjunto de molinos y de casas de madera verdes trasladados desde otros puntos de la región, recreando el aspecto de un pueblo del Zaan de los siglos XVIII y XIX.

Hoy el Zaanse Schans es uno de los lugares más visitados de los Países Bajos: un museo al aire libre donde todavía funcionan molinos que sierran madera o muelen pigmentos y especias, junto a talleres de zuecos y quesos. Más allá de la postal, el sitio cuenta una historia real y poco conocida: la de un país que, mucho antes del carbón, supo convertir el viento en fuerza industrial y hacer de él un motor de su prosperidad.

https://en.wikipedia.org/wiki/Zaanse_Schanshttps://en.wikipedia.org/wiki/Zaan_district

Haarlem, el sitio de 1573 y Frans Hals

A pocos kilómetros al oeste de Ámsterdam, Haarlem es una de las ciudades históricas más antiguas de Holanda, capital de la provincia de Holanda del Norte. Surgida en la Edad Media junto al río Spaarne, prosperó con el comercio, la cerveza y, sobre todo, la industria textil, y desempeñó un papel destacado en la Guerra de los Ochenta Años. Su episodio más dramático fue el sitio de Haarlem de 1572-1573: la ciudad resistió durante siete meses el asedio del ejército español antes de rendirse; la represión posterior fue durísima, con la ejecución de buena parte de la guarnición.

Tras la victoria de la causa rebelde, Haarlem vivió su propia edad dorada. La ciudad se convirtió en un gran centro de la pintura del Siglo de Oro, con una escuela propia encabezada por Frans Hals, maestro del retrato de vivacidad inigualable, cuyas obras —incluidos sus célebres retratos de grupo de las milicias cívicas— se conservan hoy en el museo que lleva su nombre. Haarlem fue además cuna de la floreciente industria de los tulipanes y de otras flores.

De hecho, esta región, entre Haarlem y Leiden, es el núcleo del Bollenstreek, la comarca de los bulbos, donde desde hace siglos se cultivan los campos de tulipanes, jacintos y narcisos que en primavera tiñen el paisaje de franjas de color. Haarlem sigue siendo hoy una ciudad elegante y algo aristocrática, con su gran iglesia de San Bavón dominando la plaza mayor, que conserva el ambiente sereno de la vieja Holanda comerciante.

https://en.wikipedia.org/wiki/Haarlemhttps://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Haarlem

Volendam y los pueblos del Zuiderzee

Al noreste de Ámsterdam, asomados a lo que fue el Zuiderzee —el gran golfo interior del mar del Norte—, se alinean viejos pueblos de pescadores como Volendam, Marken o Monnickendam. Durante siglos, la vida de estas comunidades giró en torno a la pesca del arenque y de la anguila en las aguas del Zuiderzee, y a un fuerte catolicismo que las distinguía de la Holanda protestante circundante. Volendam conservó una identidad muy marcada, con su puerto, sus casas de madera y, sobre todo, su famoso traje tradicional —la cofia de puntas para las mujeres, los pantalones bombachos para los hombres—, que a comienzos del siglo XX convirtió al pueblo en un imán para pintores y turistas.

El gran vuelco llegó en 1932 con el cierre del Afsluitdijk, el dique de treinta y dos kilómetros que separó el Zuiderzee del mar del Norte y lo transformó en un lago de agua dulce, el IJsselmeer. Aquella obra colosal, pensada para proteger de las inundaciones y ganar tierra para nuevos pólders, cambió para siempre la vida de estos pueblos: al desaparecer el mar salado desaparecieron las pesquerías de arenque, y comunidades que habían vivido del mar durante generaciones tuvieron que reinventarse.

Volendam encontró su nueva vocación en el turismo y en la nostalgia de sí mismo: hoy vive en buena parte de mostrar cómo era la vida junto al viejo Zuiderzee, con sus fotografías de época en traje tradicional, sus puestos de pescado y su puerto pintoresco. La cercana isla de Marken, unida a tierra firme por un dique, conserva un ambiente similar. Son ventanas a un mundo desaparecido: el de la Holanda anfibia de los pescadores, borrado por la misma ingeniería hidráulica que dio forma al país.

https://en.wikipedia.org/wiki/Volendamhttps://en.wikipedia.org/wiki/Zuiderzee_Works

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📚 Bibliografía

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