Querétaro fue tierra de frontera entre las culturas sedentarias del centro y los chichimecas del norte. Otomíes, purépechas y españoles participaron en su fundación en el siglo XVI, en 1531, en un episodio legendario que la tradición vincula a una batalla y a la aparición de una cruz y del apóstol Santiago en el cielo.
La ciudad, poblada por indígenas otomíes evangelizados y por españoles, prosperó como centro de la nueva frontera colonizada, punto de encuentro entre el México sedentario y el árido septentrión de los pueblos nómadas.
Querétaro prosperó gracias a su posición en el Camino Real hacia las minas del norte y se llenó de conventos, templos y palacios que hacen de su centro histórico uno de los mejor conservados del país, declarado Patrimonio de la Humanidad.
Su majestuoso acueducto del siglo XVIII, con sus decenas de arcos de cantera, es el emblema de la ciudad y una de las grandes obras de la ingeniería colonial mexicana, construido para llevar agua a la creciente población.
Querétaro tuvo un papel protagónico en el inicio de la Independencia. En 1810, en las tertulias literarias celebradas en la casa del corregidor, se gestó la conspiración independentista. Cuando el plan fue descubierto, la Corregidora, Josefa Ortiz de Domínguez, logró alertar a los conjurados de Dolores y San Miguel, precipitando el adelanto del Grito de Dolores.
Este episodio convirtió a Querétaro en 'cuna de la Independencia', y la figura de la Corregidora, encerrada por su marido para impedir que avisara, quedó como uno de los grandes símbolos femeninos de la gesta patriótica.
La ciudad fue escenario de otros dos momentos decisivos de la historia nacional. En 1867, tras el sitio de la ciudad, el emperador Maximiliano de Habsburgo fue capturado y fusilado en el Cerro de las Campanas, poniendo fin al Segundo Imperio y restaurando la República.
Medio siglo después, en 1917, en el Teatro de la República de Querétaro se reunió el Congreso Constituyente que promulgó la Constitución vigente, una de las más avanzadas de su tiempo. Pocos episodios reúnen tanto peso fundacional en una sola ciudad.
En el norte del estado, la Sierra Gorda alberga cinco misiones franciscanas del siglo XVIII, obra impulsada por fray Junípero Serra antes de partir hacia California, con fachadas de un exuberante barroco 'mestizo' o indígena de gran colorido, declaradas Patrimonio de la Humanidad.
Estas joyas se enclavan en una reserva de la biosfera de enorme biodiversidad, que va del semidesierto al bosque de niebla, uno de los ecosistemas más ricos y mejor conservados del centro de México.
En los últimos años, Querétaro se ha convertido en una emergente región vitivinícola y quesera, con rutas del vino en torno a Tequisquiapan, Ezequiel Montes y Bernal —dominado por su enorme peña monolítica—, que atraen a un creciente turismo enológico.
A la vez, es uno de los estados de mayor crecimiento económico, industrial (con sectores aeroespacial y automotriz) y de calidad de vida del país, combinando su profundo patrimonio histórico con un dinamismo moderno que lo sitúa entre las entidades más prósperas de México.