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Historia · Marruecos

Historia de El sur, el Atlas y el desierto del Sahara

Ait Ben Haddou y la ruta de las caravanas

En el camino que une Marrakech con el desierto, tras cruzar el Alto Atlas por el puerto de Tizi n'Tichka, aparece uno de los paisajes más icónicos de Marruecos: el ksar de Ait Ben Haddou, un conjunto fortificado de casas de adobe color ocre que trepa por la ladera de una colina junto al río Ounila. Un ksar es un poblado fortificado de tierra, típico del sur marroquí, y este es el más espectacular y mejor conservado de todos.

Su razón de ser fue el comercio. Ait Ben Haddou se levantó en la vieja ruta caravanera que, durante siglos, unió Marrakech con el Sahara y, más allá, con el África subsahariana. Por aquí pasaban las caravanas cargadas de oro, sal, especias, marfil y esclavos que subían de Tombuctú y del Sudán hacia las ciudades del norte. Las familias notables construían estas kasbahs de barro —casas-torre con muros decorados— tanto para vivir como para defenderse y almacenar mercancías. El material, la tierra apisonada (tapial) y el adobe, es a la vez humilde y frágil: exige un mantenimiento constante, porque las lluvias lo van deshaciendo.

Ese escenario de tierra roja, murallas almenadas y torres decoradas convirtió a Ait Ben Haddou en un plató natural: sus muros han servido de decorado a películas como Lawrence de Arabia, La joya del Nilo, La última tentación de Cristo, Gladiator o La momia, y a series como Juego de Tronos, donde fue la ciudad de Yunkai. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, es hoy uno de los lugares más visitados del sur y el símbolo de la arquitectura de tierra marroquí.

https://whc.unesco.org/en/list/444/https://en.wikipedia.org/wiki/A%C3%AFt_Benhaddou

Uarzazate, la puerta del desierto y capital del cine

Uarzazate, a los pies del Alto Atlas y a las puertas del desierto, es la gran ciudad del sur marroquí y un cruce de caminos histórico entre el norte del país y el Sahara. Su nombre, de origen bereber, se suele traducir como "sin ruido" o "lugar sin confusión". Durante siglos fue un punto de paso de las caravanas y una plaza controlada por poderosas familias locales; en la kasbah de Taourirt, a la entrada de la ciudad, tuvo su sede el Glaoui, el clan que llegó a dominar todo el sur de Marruecos a comienzos del siglo XX.

Durante el protectorado, los franceses hicieron de Uarzazate una base militar y administrativa para controlar las tribus del sur y la frontera del desierto, y le dieron su trazado moderno. Pero lo que la ha hecho famosa en el mundo entero es el cine. La calidad de su luz, la variedad de sus paisajes —montañas, oasis, gargantas, dunas, kasbahs— y la cercanía de escenarios como Ait Ben Haddou convirtieron a la región en uno de los grandes decorados naturales del planeta.

Desde mediados del siglo XX, decenas de superproducciones se han rodado aquí, y la ciudad alberga grandes estudios cinematográficos —los Atlas Studios, entre los mayores del mundo por superficie— que le han valido el apodo de "el Hollywood del desierto" o "Ouallywood". Por sus paisajes han pasado desde epopeyas bíblicas y romanas hasta películas de aventuras y series de fantasía. Hoy Uarzazate combina esa industria del cine con el turismo del desierto y con proyectos punteros, como la gigantesca central solar Noor, una de las mayores plantas de energía solar concentrada del mundo, símbolo de la apuesta de Marruecos por las renovables.

https://en.wikipedia.org/wiki/Ouarzazatehttps://en.wikipedia.org/wiki/Atlas_Studios

Merzouga, las dunas y el comercio transahariano

En el extremo sudeste de Marruecos, donde el país se disuelve en el gran desierto, Merzouga es la puerta a uno de los paisajes más impresionantes del Sahara: el Erg Chebbi, un mar de dunas de arena dorada que se elevan hasta cerca de 150 metros y cambian de color con la luz del día. Es el Marruecos de las postales del desierto, donde los viajeros pasan la noche en campamentos bajo un cielo cuajado de estrellas y recorren las dunas a lomos de dromedario, como hacían las caravanas.

Porque este confín no fue nunca un vacío. Durante más de mil años, el sur marroquí fue el punto de partida y llegada del comercio transahariano, las rutas que atravesaban el mayor desierto del mundo para unir el Magreb con el África negra. Por aquí, y por el vecino oasis de Sijilmasa —hoy en ruinas, cerca de Rissani, en el Tafilalt—, pasaban las caravanas que llevaban al sur sal, tejidos y manufacturas, y traían al norte oro del Sudán, marfil, plumas de avestruz y esclavos. Sijilmasa fue durante siglos una de las ciudades más ricas del país, la "puerta del desierto", y del oasis del Tafilalt, muy cerca de Merzouga, surgió en el siglo XVII la dinastía alauí que todavía reina en Marruecos.

La región es también el territorio de comunidades de larga historia: tribus bereberes, poblaciones árabes nómadas y descendientes de esclavos y comerciantes subsaharianos, cuya mezcla se refleja en la música local, como la de los gnawa o la de los conjuntos de Khamlia, un pueblo cercano habitado por descendientes de africanos del sur del Sahara. Merzouga y su desierto no son, pues, solo un espectáculo natural, sino la memoria viva de los caminos que durante siglos conectaron a Marruecos con el corazón de África.

https://en.wikipedia.org/wiki/Merzougahttps://en.wikipedia.org/wiki/Sijilmasa

El valle del Draa: el gran palmeral del sur

Al sur de Uarzazate, el valle del Draa dibuja una larga cinta verde en medio de la aridez: un inmenso palmeral que serpentea durante más de cien kilómetros entre montañas peladas y kasbahs de barro, siguiendo el curso del río Draa, el más largo de Marruecos, que en época de crecidas llegaba a alcanzar el Atlántico y hoy suele perderse en las arenas del desierto. Es uno de los oasis más espectaculares del país, un mundo de datileras, huertos, acequias y aldeas de tierra que parecen brotar del propio suelo.

El Draa fue una de las grandes rutas hacia el sur. Por su valle bajaban y subían las caravanas del comercio transahariano, y en sus oasis se desarrolló una sociedad compleja y estratificada, donde convivieron durante siglos tribus bereberes, familias árabes de origen jerifiano, comunidades judías —hoy desaparecidas, pero que dejaron mellahs y sinagogas en muchos pueblos— y los haratines, agricultores de piel oscura descendientes de poblaciones subsaharianas que trabajaban las tierras de los oasis. Del valle del Draa y de la vecina región del Sus procedían, de hecho, los saadíes, la dinastía jerifiana que en el siglo XVI unificó Marruecos y expulsó a los portugueses.

La vida en el Draa siempre giró en torno al agua y a la datilera. El regadío se organizaba mediante sofisticados sistemas de reparto del agua de las crecidas y de las khettaras, y la palmera datilera daba alimento, sombra, madera y fibra. Hoy, el palmeral sufre la sequía, el avance del desierto y la enfermedad del bayoud que ataca a las palmeras, y muchos de sus habitantes han emigrado. Pero el valle conserva su belleza y su cadena de kasbahs —como las de Agdz, Tamnougalt o Zagora, desde donde una vieja señal indicaba "52 días a Tombuctú" en camello— que recuerdan su papel de gran corredor entre Marruecos y el Sahara.

https://en.wikipedia.org/wiki/Draa_Riverhttps://en.wikipedia.org/wiki/Draa-Tafilalet

El Dades, el Todra y los amazigh del Atlas

Al noreste de Uarzazate, la ruta que bordea el Alto Atlas por su vertiente sur atraviesa una sucesión de valles y gargantas de una belleza sobrecogedora, jalonados por tantas fortalezas de barro que se la conoce como la "ruta de las mil kasbahs". El valle del Dades discurre entre montañas de formas caprichosas y rocas rojizas, con oasis y aldeas bereberes al pie de las kasbahs; más al este, las gargantas del Todra forman un desfiladero espectacular, donde el río ha excavado un cañón de paredes verticales de hasta trescientos metros de altura, un paraíso para los escaladores y los caminantes.

Toda esta región es, ante todo, tierra amazigh. Las montañas del Atlas fueron siempre el refugio de las tribus bereberes que preservaron su lengua, el tamazight, y sus costumbres frente a las influencias de fuera. Aquí viven pueblos como los ait atta y otras confederaciones que durante siglos gobernaron sus valles de forma casi autónoma, con sus propias asambleas y su derecho consuetudinario, y que resistieron con dureza la penetración colonial: algunas de estas montañas no fueron "pacificadas" por los franceses hasta los años treinta del siglo XX, ya muy avanzado el protectorado.

La arquitectura de tierra —kasbahs, ksur, graneros colectivos (agadires) encaramados en las alturas— es la expresión de esa cultura de montaña, adaptada a un medio duro de veranos tórridos e inviernos gélidos. La vida gira en torno a la agricultura de los oasis y valles regados, la trashumancia de los rebaños entre las alturas y las llanuras, la artesanía de alfombras de vivos colores tejidas por las mujeres y unas tradiciones —música, danzas, fiestas, tatuajes— que hacen del Atlas uno de los grandes reservorios de la identidad amazigh de Marruecos. Recorrer el Dades y el Todra es adentrarse en ese Marruecos profundo, bereber y milenario, muy distinto del de las grandes ciudades imperiales.

https://en.wikipedia.org/wiki/Dades_Gorgeshttps://en.wikipedia.org/wiki/Todgha_Gorge

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📚 Bibliografía

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