Vanua Levu, la segunda isla de Fiyi, fue uno de los primeros lugares del archipiélago en atraer a los europeos: en la bahía de Bua, hacia 1805, comenzó la fiebre del sándalo que abrió Fiyi al comercio mundial, hasta que la madera se agotó una década después. A mediados del siglo XIX, colonos de Australia y Nueva Zelanda establecieron plantaciones de coco en torno a Savusavu, y la copra —la pulpa seca del coco— se convirtió en el gran producto de la región, sostén de una próspera élite mestiza hasta que la Gran Depresión hundió sus precios en la década de 1930.
El sudeste de Vanua Levu y la vecina Taveuni forman la poderosa confederación tradicional de Cakaudrove, cuyo jefe supremo, el Tui Cakau, es uno de los de mayor rango del país y tiene su sede en Taveuni. Fue precisamente en Somosomo, en Taveuni, donde a mediados del siglo XIX se estableció una importante misión metodista. Hoy Savusavu, con su bahía protegida, sus fuentes termales y sus granjas de perlas, es un tranquilo refugio de veleros conocido como "el secreto mejor guardado de Fiyi".
Taveuni, tercera isla de Fiyi, es conocida como la "isla jardín" por su naturaleza desbordante: un volcán cubierto de selva tropical, cascadas como las de Bouma, el sendero costero de Lavena y algunos de los mejores arrecifes de coral blando del planeta, en el estrecho de Somosomo. Su suelo volcánico y sus lluvias abundantes la convirtieron también en tierra de plantaciones de coco y, hoy, de un floreciente ecoturismo.
Por Taveuni pasa además una curiosidad geográfica célebre: el meridiano 180, la línea de referencia de la que parte la línea internacional de cambio de fecha. En Waiyevo, un cartel señala el punto donde uno puede, en teoría, poner un pie en el "hoy" y otro en el "mañana". Aunque por razones prácticas la frontera horaria real se desvía para que todo Fiyi comparta el mismo día, el simbolismo de estar en el lugar por donde "empieza el tiempo" atrae a viajeros de todo el mundo.
En la pequeña isla de Ovalau, frente a Viti Levu, se encuentra Levuka, la ciudad más cargada de historia de Fiyi. A comienzos de la década de 1820, comerciantes y beachcombers europeos fundaron aquí el primer pueblo de estilo occidental del archipiélago, que creció como caótico puerto ballenero y de bêche-de-mer. Fue en Levuka donde Cakobau proclamó el Reino de Fiyi en 1871 y donde, el 10 de octubre de 1874, se firmó la cesión a Gran Bretaña, convirtiéndola en la primera capital colonial.
Su gloria fue breve: encajonada entre el mar y las abruptas montañas de Ovalau, sin espacio para crecer, cedió la capitalidad a Suva en 1882 y quedó como un puerto detenido en el tiempo. Precisamente esa parálisis la salvó: Levuka conserva casi intacta su arquitectura colonial de madera del siglo XIX, y en 2013 fue declarada el único sitio Patrimonio de la Humanidad de la Unesco de todo Fiyi, un museo vivo del momento en que el archipiélago entró en la historia moderna.
Más allá de las grandes islas se extiende una constelación de destinos remotos. Al sur de Viti Levu, la salvaje isla de Kadavu —avistada por Bligh en 1792 y en su día candidata a capital de Fiyi por su actividad ballenera— está bordeada por el Great Astrolabe Reef, uno de los mayores arrecifes de barrera del mundo, bautizado en honor a la nave del explorador francés Dumont d'Urville, que estuvo a punto de naufragar en él en 1827. Es hoy un santuario de mantarrayas y buceo de clase mundial.
Al norte de Viti Levu, la islita de Nananu-i-Ra, sin autos, aprovecha los fuertes vientos alisios que se aceleran en el estrecho de Bligh Water para ser uno de los grandes destinos de kitesurf y windsurf del país. Estas islas exteriores —junto con archipiélagos como Lau, en el este, donde la influencia tongana fue más intensa— conservan el Fiyi más auténtico y menos transitado: aldeas iTaukei, arrecifes vírgenes y un ritmo de vida ligado al mar que apenas ha cambiado en generaciones.