La costa de la Columbia Británica fue hogar de algunas de las culturas indígenas más ricas y densamente pobladas de la América precolombina al norte de México. Los haida de las islas Haida Gwaii, los coast salish, los kwakwaka'wakw, los nuu-chah-nulth y los tsimshian desarrollaron sociedades complejas y opulentas gracias a la abundancia del salmón y del mar. Célebres por sus tótems, sus casas comunales de cedro, sus canoas monumentales y sus ceremonias de potlatch, muchas de estas naciones nunca firmaron tratados y reivindican hoy sus territorios ancestrales ante los tribunales.
Los primeros europeos llegaron por mar a fines del siglo XVIII, atraídos por las pieles de nutria marina: el español Juan Pérez en 1774, y luego los británicos James Cook y George Vancouver, que cartografió minuciosamente la costa en la década de 1790. La región fue objeto de la disputa hispano-británica de Nutka antes de quedar en la órbita británica.
La historia moderna de la Columbia Británica arrancó de golpe con la fiebre del oro del río Fraser en 1858, cuando unos 30.000 buscadores —muchos llegados de California— remontaron el río. El temor a una anexión estadounidense llevó a Gran Bretaña a proclamar ese mismo año la colonia continental de la Columbia Británica, bajo el gobernador James Douglas, sumada luego a la de la Isla de Vancouver. Victoria, en el extremo sur de la isla, se convirtió en la capital.
En 1871, la colonia se unió a la Confederación con la condición de que Canadá construyera un ferrocarril transcontinental en diez años. La llegada del Canadian Pacific Railway a la costa en 1885-1887 hizo nacer Vancouver, incorporada como ciudad en 1886 —el mismo año en que un gran incendio la arrasó en apenas media hora—. Reconstruida enseguida, pronto superó a Victoria como principal ciudad y puerto de la provincia, la gran puerta de Canadá hacia el Pacífico y Asia.
El siglo XX consolidó a Vancouver como una de las ciudades más dinámicas y multiculturales de Canadá, con una enorme comunidad de origen asiático y un papel central en el comercio del Pacífico. La Exposición Universal de 1986 (Expo 86), que atrajo a más de 22 millones de visitantes, transformó la ciudad y dejó infraestructuras como el SkyTrain, Canada Place y Science World. En 2010, Vancouver y Whistler fueron sede de los Juegos Olímpicos de Invierno.
La historia de la provincia también tiene páginas oscuras: el 'head tax' impuesto a los inmigrantes chinos desde 1885 y la exclusión posterior, o el internamiento de japoneses-canadienses durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy, encajada entre el océano y la montaña, Vancouver es célebre por su calidad de vida y su fusión de naturaleza y ciudad.
La Columbia Británica es la provincia más montañosa y de mayor biodiversidad de Canadá. En su franja de las Rocosas comparte con Alberta un conjunto de parques nacionales declarados Patrimonio de la Humanidad, entre ellos Yoho —con el lago Esmeralda y los célebres fósiles del Burgess Shale— y Kootenay, de aguas termales y desfiladeros. Whistler, cerca de Vancouver, es uno de los grandes resorts de esquí del mundo y fue sede olímpica en 2010.
En la Isla de Vancouver, la Reserva del Parque Nacional Pacific Rim protege playas salvajes y selva templada lluviosa junto a Tofino, meca del surf y del avistaje de ballenas. Y en el interior, el soleado valle del Okanagan, con Kelowna como capital, es la principal región vitivinícola y frutícola del oeste canadiense, un contraste casi mediterráneo con la costa lluviosa.
Buena parte de la costa de la Columbia Británica está cubierta por la mayor selva templada lluviosa que queda en el planeta, un ecosistema de cedros y abetos milenarios donde habita el raro oso Kermode o 'oso espíritu'. La región del Great Bear Rainforest, protegida tras años de negociación entre gobiernos, industria forestal y Primeras Naciones, se convirtió en un modelo mundial de conservación pactada con los pueblos indígenas.
Ese protagonismo indígena es una de las claves del presente de la provincia. Como la mayor parte de su territorio nunca fue cedido por tratado, las naciones haida, nuu-chah-nulth, tsilhqot'in y otras han conquistado en los tribunales y en la política un peso creciente sobre sus tierras ancestrales. El archipiélago de Haida Gwaii, cogestionado con la nación haida en la reserva de Gwaii Haanas, es el gran símbolo de esa reafirmación cultural, con sus tótems y aldeas ancestrales frente al Pacífico.