Las praderas de Alberta fueron durante milenios dominio de pueblos cazadores de bisonte: la Confederación Blackfoot (siksika, kainai y piikani), los cree de las llanuras, los tsuu t'ina (sarcee) y los assiniboine. Perseguían las manadas a través de la llanura y, antes de la llegada del caballo, las conducían por precipicios en 'saltos de bisonte' como el de Head-Smashed-In, usado durante casi seis mil años y declarado Patrimonio de la Humanidad en 1981. La llegada del caballo desde el sur, en el siglo XVIII, transformó por completo su cultura y su movilidad.
El territorio formó parte de la Tierra de Rupert, el enorme dominio de la Compañía de la Bahía de Hudson dedicado al comercio de pieles, hasta que Canadá lo compró en 1870. Para imponer el orden y frenar el comercio ilegal de whisky de comerciantes estadounidenses, la Policía Montada del Noroeste —los futuros Mounties— llegó en 1874 y fundó Fort Macleod y Fort Calgary.
La llegada del ferrocarril en la década de 1880 abrió las praderas a una colonización acelerada. Alberta se pobló de rancheros y de inmigrantes —británicos, ucranianos, alemanes, escandinavos, estadounidenses— que araron la pradera para el trigo y criaron ganado en las estancias del sur. De aquella cultura ganadera heredó Calgary su famoso rodeo, el Calgary Stampede, celebrado por primera vez en 1912 y hoy uno de los mayores del mundo. En 1905, Alberta fue creada como provincia junto con Saskatchewan, con Edmonton como capital.
Durante décadas, la economía fue esencialmente agrícola y ganadera, marcada por los ciclos del trigo y por la dureza de la Gran Depresión, que golpeó con especial saña a las praderas azotadas por la sequía. Ese periodo alimentó movimientos políticos propios del oeste, como el Social Credit, que gobernó la provincia durante buena parte del siglo XX.
Todo cambió el 13 de febrero de 1947, cuando el pozo Leduc No. 1, cerca de Edmonton, brotó y reveló las enormes reservas convencionales de la provincia. El descubrimiento desató un boom que convirtió a Alberta en la capital energética de Canadá: el petróleo y el gas desplazaron a la agricultura como principal industria y transformaron a la provincia en una de las más ricas del país.
Desde 1967 comenzó además la explotación de las arenas bituminosas (oil sands) del norte, alrededor de Fort McMurray, unas de las mayores reservas de crudo del mundo; hacia 2002 su producción superó por primera vez a la del petróleo convencional. Calgary, sede de las grandes petroleras, y Edmonton, la capital, crecieron como las dos grandes ciudades rivales de una provincia próspera, joven y de fuerte identidad occidental.
Alberta guarda algunos de los paisajes más célebres de Canadá. En 1885, el descubrimiento de manantiales termales en las Rocosas dio origen a Banff, el primer parque nacional del país —y el tercero del mundo— hoy Patrimonio de la Humanidad. Sus joyas atraen a millones de visitantes: el lago Louise, de aguas turquesa al pie de un glaciar; el lago Moraine, en el Valle de los Diez Picos; y el contiguo Parque Nacional Jasper, con el impresionante Campo de Hielo Columbia recorrido por la carretera Icefields Parkway.
En el extremo suroeste, el Parque Nacional Waterton Lakes une la pradera con la montaña en un paisaje único, hermanado con el Glacier estadounidense en el primer parque internacional de la paz del mundo. Estos parques, junto con Yoho y Kootenay en la vecina Columbia Británica, forman el conjunto de las Rocosas canadienses reconocido por la UNESCO.
Hacia el este, la pradera se abre de repente en las espectaculares badlands del valle del río Red Deer, en torno a Drumheller. Este paisaje erosionado de tierras yermas, cañones y 'hoodoos' guarda uno de los yacimientos de fósiles de dinosaurios más ricos del planeta: en el Parque Provincial de los Dinosaurios, Patrimonio de la Humanidad, y en el Museo Real Tyrrell de Paleontología se han hallado y exhiben esqueletos de decenas de especies del Cretácico.
Esa combinación —montañas glaciares al oeste, praderas de trigo y ganado en el centro, badlands paleontológicas al este y campos petroleros al norte— hace de Alberta una de las provincias de mayor contraste geográfico de Canadá, y un destino que une naturaleza grandiosa, cultura vaquera y ciencia.