El archipiélago de Zanzíbar —formado por las islas de Unguja (la que se suele llamar simplemente Zanzíbar), Pemba y varios islotes— fue durante más de mil años una encrucijada del océano Índico. Su posición frente a la costa africana, en la ruta de los monzones, lo convirtió en escala natural de comerciantes persas, árabes, indios y suajilis. De ese cruce de pueblos nació una cultura mestiza, profundamente musulmana y de lengua suajili, distinta de la del continente.
La palabra Zanzíbar deriva del persa Zangibar, "la costa de los negros", un nombre que ya usaban los mercaderes medievales. Antes de la llegada de Omán, las islas formaron parte de la órbita de la civilización suajili y del sultanato de Kilwa. Su historia particular —la de un archipiélago volcado al mar, mirando hacia Arabia y la India tanto como hacia África— explica por qué Zanzíbar conserva hasta hoy un gobierno semiautónomo dentro de Tanzania y una identidad propia y orgullosa.
Stone Town, el casco antiguo de la ciudad de Zanzíbar, es el testimonio más completo que se conserva de una ciudad comercial suajili. Su laberinto de callejones estrechos, casas de coral, mezquitas, baños persas y famosas puertas de madera talladas —con motivos árabes, indios y europeos— le valió la inscripción como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en el año 2000. Es una arquitectura mestiza, donde se mezclan influencias árabes, persas, indias y europeas sobre una base africana.
Aquí estuvo la corte de los sultanes de Omán y luego de Zanzíbar, con palacios como la Casa de las Maravillas (Beit al-Ajaib), el primer edificio de la región con electricidad y ascensor. Stone Town fue también escenario de la abolición del comercio de esclavos: sobre el antiguo mercado de esclavos se levantó la catedral anglicana de Cristo, cuyo altar marca el lugar del poste de los azotes, un recordatorio sobrio de la tragedia que allí se vivió. Por sus calles nació, entre otros, Freddie Mercury, el cantante de Queen, hijo de una familia parsi de la isla.
El siglo XIX y comienzos del XX ataron cada vez más a Zanzíbar a la influencia británica. En 1890, un tratado con Alemania convirtió al sultanato en protectorado del Reino Unido, aunque conservando a sus sultanes. De ese período procede una curiosidad histórica: la guerra anglo-zanzibarí del 27 de agosto de 1896, considerada la guerra más corta de la historia, que duró apenas unos cuarenta minutos, cuando la marina británica bombardeó el palacio del sultán tras una sucesión que Londres no aprobaba.
Bajo el protectorado, Zanzíbar siguió siendo una sociedad marcada por la desigualdad: una minoría árabe e india concentraba el poder y la propiedad de las plantaciones, mientras la mayoría africana, buena parte descendiente de esclavos, quedaba en la base. Esa fractura social, congelada durante décadas, sería la que estallaría con violencia en la revolución de 1964, apenas un mes después de la independencia formal de la isla.
Al norte de Unguja se encuentra Pemba, más pequeña, más verde y mucho menos turística, cubierta de colinas y de plantaciones de clavo de olor. Los árabes la llamaban Al Jazeera Al Khadra, "la isla verde", por su exuberante vegetación. Fue Pemba, más que la propia Unguja, la que sostuvo el liderazgo mundial de Zanzíbar en la producción de clavo durante el siglo XIX y buena parte del XX: durante décadas, el archipiélago llegó a producir la mayor parte del clavo del planeta.
Pemba tiene además una fuerte personalidad propia. Conserva una reputación de tierra de tradiciones y de curanderos, mantuvo históricamente una identidad política distinta —a menudo enfrentada al gobierno de Unguja— y sus arrecifes de coral, en el canal de Pemba, están entre los mejores destinos de buceo del Índico occidental. Es la cara más tranquila y auténtica del archipiélago de las especias.
Más al sur, frente a la desembocadura del río Rufiji, la isla de Mafia forma un pequeño archipiélago que, a diferencia de Zanzíbar y Pemba, depende administrativamente de la Tanzania continental y no del gobierno de Zanzíbar. Su nombre, pese a la coincidencia, no tiene nada que ver con la organización criminal: derivaría del árabe morfiyeh, "grupo" o "archipiélago", o del suajili mahali pa afya, "lugar saludable".
Mafia es sobre todo un paraíso submarino. En 1995 se creó a su alrededor el Parque Marino de la Isla de Mafia, el primero de Tanzania, para proteger sus arrecifes de coral, sus praderas marinas y sus playas de anidación de tortugas. Entre octubre y marzo, sus aguas se convierten en uno de los lugares más fiables del mundo para nadar junto a tiburones ballena, los peces más grandes del océano, que se acercan a la costa a alimentarse. Remota y poco frecuentada, Mafia es la joya secreta de las islas tanzanas.