Cotuí, capital de la provincia, fue fundada como una de las villas ordenadas poblar por el gobernador Nicolás de Ovando entre 1502 y 1509, en torno a una mina de oro. El lugar debe su nombre a un jefe indígena llamado Cotoy, que gobernaba la región, un nitaíno del cacicazgo de Maguá.
Los conquistadores destruyeron la comunidad taína y esclavizaron a sus habitantes para explotar el oro de la zona, inaugurando así una vocación minera que, cinco siglos después, sigue definiendo a la provincia. Cotuí es, pues, una de las poblaciones más antiguas del interior de la isla, nacida del oro y de la conquista.
La provincia fue creada en 1952 y recibió su nombre en honor a Juan Sánchez Ramírez, héroe de la Reconquista, natural de esta región. En 1808-1809, Sánchez Ramírez encabezó el movimiento que expulsó a los franceses del este de la isla —en la batalla de Palo Hincado— y devolvió el territorio a la soberanía española, en el período conocido como la España Boba.
Ese pasado heroico se suma al carácter minero y agrícola de una provincia situada en el Cibao oriental, entre el valle y las estribaciones montañosas, atravesada por el río Yuna y salpicada de embalses.
El río Yuna y los embalses de Hatillo y Rincón, que se cuentan entre los mayores del país, riegan sus tierras y generan energía, reforzando el papel de la provincia como un enclave clave de recursos naturales en el Cibao oriental.
La tradición aurífera de Cotuí revivió con fuerza en el siglo XX. A mediados de la década de 1970, la empresa estatal Rosario Dominicana comenzó a extraer oro y plata de los yacimientos de Pueblo Viejo, operando hasta 1998 y convirtiéndose en un símbolo de la minería nacional.
Tras años de inactividad, el yacimiento fue reactivado a gran escala: hoy la mina de Pueblo Viejo, a cielo abierto, es la mayor mina de oro de América Latina y una de las más grandes del mundo, aportando una parte muy significativa de las exportaciones de la República Dominicana.
Además del oro, la provincia es rica en otros recursos. Sus tierras bajas y húmedas, ligadas al río Yuna, son grandes productoras de arroz, uno de los pilares de su agricultura, junto con el cacao y otros cultivos. Los embalses de Hatillo y de la zona aportan agua y energía.
La combinación de una minería aurífera de escala mundial con una agricultura arrocera pujante hace de Sánchez Ramírez una de las provincias económicamente más dinámicas del Cibao, aunque también escenario de debates sobre el impacto ambiental de la gran minería.
Cotuí conserva un valioso patrimonio colonial e histórico como una de las villas más antiguas del interior. Su iglesia, sus tradiciones y sus fiestas patronales dan cuenta de siglos de historia ligada al oro y a la tierra.
La provincia es célebre además por sus expresiones culturales de raíz afrodominicana, como los Guloyas y, sobre todo, las máscaras y comparsas de sus carnavales y fiestas, junto a la música de palos. Entre la gran minería de Pueblo Viejo, los arrozales del Yuna y una cultura popular vigorosa, Sánchez Ramírez es una provincia donde el pasado aurífero y el presente productivo conviven con una identidad propia muy marcada.