En tiempos prehispánicos, la región de Pedernales perteneció al cacicazgo taíno de Jaragua, uno de los cinco grandes señoríos de la isla, gobernado por Bohechío y, tras su muerte, célebre por la reina Anacaona. Era una tierra de sabanas, montañas y costas de gran riqueza natural en el extremo suroeste de Quisqueya.
Al dividirse La Española en colonia española y francesa, el río Pedernales quedó establecido, por el Tratado de 1777, como parte de la frontera. Desde entonces, esta esquina remota del país ha vivido marcada por su condición fronteriza con Haití, cuya localidad de Anse-à-Pitre queda justo al otro lado del río.
Los primeros asentamientos modernos y permanentes de Pedernales datan de la década de 1920. En 1927, bajo el gobierno de Horacio Vásquez, el Estado dominicano lanzó un plan de colonización fronteriza para integrar la zona al resto del país. Se reclutaron familias campesinas de Duvergé, Enriquillo y otras localidades cercanas, que a lomo de mulos y caballos cruzaron la Sierra de Bahoruco hasta la sabana de Juan López, donde fundaron la colonia agrícola de Pedernales.
Este poblamiento dirigido, típico de las políticas de "dominicanización" de la frontera, dio origen a la actual ciudad, una de las más jóvenes y aisladas del país.
Durante buena parte del siglo XX, la economía de Pedernales giró en torno a la minería de la bauxita. Las primeras explotaciones las inició la Alcoa Exploration Company en la década de 1950, extrayendo el mineral de las alturas de la Sierra de Bahoruco para su exportación.
La compañía se marchó en 1983 y dejó tras de sí un importante pasivo ambiental, además de una economía local que perdió su principal fuente de empleo. Desde entonces, la provincia buscó nuevas alternativas, apoyándose sobre todo en sus extraordinarios recursos naturales.
Pedernales es la provincia con mayor superficie protegida del país. En su extremo suroeste se encuentra Bahía de las Águilas, una playa virgen de arena blanca y aguas turquesa considerada la más hermosa de la República Dominicana, resguardada dentro del Parque Nacional Jaragua, creado en 1983.
La provincia alberga además parte del Parque Nacional Sierra de Bahoruco, con sus bosques y su gran diversidad de orquídeas y aves, y el impresionante Hoyo de Pelempito, una profunda depresión geológica con microclima propio. Cabo Rojo, con sus flamencos y su laguna de Oviedo, completa este mosaico natural único.
El Gobierno dominicano impulsa hoy un ambicioso plan maestro turístico en Cabo Rojo, que contempla miles de habitaciones hoteleras y un puerto de cruceros, con la idea de convertir a Pedernales en un nuevo gran polo turístico del sur, aprovechando la fama de Bahía de las Águilas.
El reto es hacerlo compatible con la conservación de un patrimonio natural excepcional. Entre la memoria taína de Jaragua, la herencia de la colonización fronteriza y la promesa del ecoturismo, Pedernales sigue siendo el rincón más salvaje, remoto y biodiverso de la República Dominicana.