La fundación de Monte Plata está ligada a uno de los episodios más dramáticos de la colonia. El 19 de febrero de 1606, un decreto real autorizó al gobernador Antonio Osorio a reubicar tierra adentro a los pueblos costeros de la banda norte, para impedir el contrabando con barcos franceses, holandeses e ingleses.
Estas destrucciones forzadas, conocidas como las Devastaciones de Osorio, despoblaron toda la costa noroeste. Con las familias trasladadas desde Montecristi y Puerto Plata se fundó, en el centro de la isla, el poblado de Monte Plata, cuyo nombre combina precisamente el de aquellas dos comunidades de origen.
Monte Plata no fue el único pueblo nacido de las devastaciones. En 1606, con los habitantes de las villas destruidas de Bayajá y La Yaguana se fundó Bayaguana —cuyo nombre también funde ambos topónimos—, hoy otro de los municipios de la provincia y sede de una de las devociones religiosas más importantes del país, la del Santo Cristo de los Milagros.
Estos poblados de repoblación se levantaron en terrenos que habían pertenecido al cacicazgo taíno de Higüey o Cayacoa, en la parte sur central de la isla, y quedaron ligados desde el principio a la ganadería y la agricultura del interior.
La economía de Monte Plata es esencialmente agropecuaria. La crianza de ganado vacuno para la industria lechera es una de sus actividades más importantes, junto con el cultivo del cacao y de la caña de azúcar, esta última asociada históricamente a los ingenios del este.
Sus municipios —Monte Plata, Bayaguana, Sabana Grande de Boyá, Yamasá y Peralvillo— conforman una provincia rural, de sabanas, potreros y plantaciones, situada a poco más de un centenar de kilómetros al nordeste de Santo Domingo.
Situada a poco más de un centenar de kilómetros al nordeste de Santo Domingo, la provincia se beneficia de su cercanía a la capital y de la fertilidad de sus tierras, que la mantienen entre las principales abastecedoras de leche, carne y cacao del mercado nacional.
En el nordeste de la provincia se extiende parte del Parque Nacional Los Haitises, con sus mogotes calcáreos, sus manglares y sus cuevas que guardan pictografías taínas. Este ecosistema, uno de los más singulares del Caribe, aporta a Monte Plata un notable potencial ecoturístico.
Con más de cuatro siglos de historia desde su fundación en tiempos de las devastaciones, Monte Plata combina hoy su vocación ganadera y cacaotera con la riqueza natural de Los Haitises, en una provincia tranquila y verde del centro-este dominicano.
Monte Plata es también tierra de honda religiosidad popular. Bayaguana acoge cada año, el 28 de diciembre, la Fiesta del Santo Cristo de los Milagros, una de las peregrinaciones más importantes del país, en la que los devotos cumplen promesas y ofrendan toros al patrono, en una tradición que funde catolicismo y raíces populares.
Los ritmos de palos y salves, las cofradías y las devociones de sus pueblos dan a la provincia un patrimonio inmaterial singular. Entre la ganadería, el cacao, la caña y la fe, Monte Plata mantiene viva la memoria de las devastaciones que le dieron origen y una identidad campesina y devota profundamente arraigada.