El valle intramontano donde se asienta la provincia era conocido por los conquistadores como la «Sabana de Bonao», tomando el nombre taíno de la región. Aquellas tierras, ricas en oro de aluvión, formaban parte de los dominios indígenas del centro de la isla y fueron de las primeras explotadas por los españoles.
Bartolomé Colón, hermano menor del Almirante, fundó aquí un fuerte hacia 1495-1497, y Bonao se convirtió en uno de los poblados más importantes de La Española durante los primeros años de la colonización, ligado a los lavaderos auríferos y al camino que unía Santo Domingo con el Cibao.
La provincia de Monseñor Nouel fue creada al dividirse la provincia de La Vega el 10 de septiembre de 1982, entrando en vigencia el 1 de enero de 1983. Recibió su nombre en honor al doctor y monseñor Adolfo Alejandro Nouel, arzobispo de Santo Domingo que llegó a ocupar la presidencia de la República en 1912-1913, en un intento de pacificar el país en tiempos convulsos.
Su capital, Bonao, es popularmente conocida como la «Villa de las Hortensias» por la abundancia de esta flor, y también como cuna de artistas e intelectuales, entre ellos el célebre pintor Cándido Bidó.
Monseñor Nouel es el gran centro de la minería metálica dominicana. En su territorio, la empresa Falconbridge Dominicana explota desde hace décadas los yacimientos de ferroníquel de la Loma de la Peguera, en la actualidad la principal actividad minera metálica del país y una importante fuente de divisas y empleo.
Esta industria transformó la economía local en la segunda mitad del siglo XX, atrayendo población y desarrollo urbano a Bonao, aunque también generó debates ambientales por su impacto en el entorno montañoso de la provincia.
Más allá de la minería, la economía de la provincia se apoya en la agricultura. Sus principales rubros son el arroz, cultivado en las tierras bajas y húmedas del valle, además del café y el cacao de las zonas más altas. La ganadería completa el panorama productivo.
Enclavada en el centro geográfico del país, entre la Cordillera Central y el valle del Cibao, la provincia posee un relieve montañoso y verde, con embalses como el de Hatillo y paisajes que la convierten en punto de paso obligado y descanso en la ruta entre Santo Domingo y Santiago.
Más allá del ferroníquel y el arroz, Bonao se enorgullece de su vida cultural. La ciudad fue cuna del pintor Cándido Bidó, una de las figuras más importantes del arte dominicano del siglo XX, cuyo característico universo de azules, soles y campesinas dio proyección internacional a la provincia. La Plaza de la Cultura que lleva su nombre mantiene viva esa herencia.
Enclavada en el centro del país, rodeada de montañas verdes, embalses y balnearios de río, Monseñor Nouel combina la fuerza de su economía minera y agrícola con un notable movimiento artístico y una naturaleza exuberante que la han convertido en punto de descanso obligado en la ruta entre las dos grandes ciudades dominicanas.