Antes de la llegada de los españoles, grupos indígenas habitaban las cuevas y costas de la región de Los Haitises. Cuando los conquistadores encontraron aquí extensas sabanas ideales para la cría de ganado, fundaron nueve hatos, y el mayor de ellos, creado a nombre del rey Carlos I de España, dio origen al topónimo: el Hato Mayor del Rey.
Aquel gran hato ganadero, fundado hacia 1520 y administrado como mayorazgo por Francisco Dávila, fue durante siglos un centro de crianza de reses. En 1746, Antonio Coca y Landeche lo constituyó formalmente como pueblo, consolidando un asentamiento que vivía del ganado y la agricultura.
El 13 de octubre de 1848, el presidente Manuel Jimenes proclamó a Hato Mayor del Rey como municipio de la provincia de El Seibo, de la que dependió durante más de un siglo. Su desarrollo estuvo siempre ligado a la ganadería y, más tarde, a la industria azucarera del este.
Hato Mayor es una de las provincias más jóvenes del país: fue creada el 3 de diciembre de 1984, al separarse de El Seibo. Su capital, Hato Mayor del Rey, conserva en el nombre la memoria de aquel gran hato real de los tiempos coloniales.
Fiel a su origen, la principal actividad de la provincia es la agropecuaria. Hato Mayor es una de las principales zonas de ganado bovino del país, tanto de carne como de leche, y produce además cacao —buena parte de él orgánico y de exportación—, cítricos y caña de azúcar.
El ingenio de Consuelo, en su vecindad oriental, y la tradición cañera del este se combinan con los potreros ganaderos y las plantaciones de cacao para conformar una economía rural sólida, muy ligada a la tierra.
El vecino ingenio de Consuelo, uno de los grandes ingenios del este dominicano, marcó durante el siglo XX la vida de miles de trabajadores de la zona, atrayendo braceros y dando forma a los bateyes que aún hoy salpican el paisaje rural de la provincia.
El gran atractivo natural de Hato Mayor es el Parque Nacional Los Haitises, un laberinto de mogotes calcáreos, manglares, cayos y cuevas que se extiende hacia la bahía de Samaná. En sus cavernas se conservan pictografías y petroglifos taínos, testimonio de las comunidades indígenas que habitaron la zona antes de la conquista.
Este ecosistema único, uno de los más espectaculares del Caribe, ha convertido a la provincia en un destino de ecoturismo, con excursiones en bote entre manglares y avistamiento de aves. Ganadería, cacao y naturaleza definen así el perfil de Hato Mayor.
Como buena parte del este dominicano, Hato Mayor conserva vivas expresiones culturales de raíz afrocaribeña. Sus fiestas patronales, sus cofradías y su música de palos y atabales dan cuenta del mestizaje que forjó a esta tierra de hatos y bateyes.
El gagá, tradición sincrética heredada de la mano de obra haitiana de los ingenios azucareros, todavía se manifiesta en Semana Santa en las comunidades cañeras, mientras que las devociones católicas y los ritmos del este completan un patrimonio inmaterial rico y vibrante. Historia colonial, ganadería, cacao y una intensa vida festiva definen la identidad de esta joven provincia.