Cuando la isla fue descubierta en 1492, la región de la actual Espaillat estaba habitada por indígenas con la condición de nitaínos —una clase de cogobernantes— y formaba parte del cacicazgo de Maguá, en el fértil valle del Cibao. La abundancia de agua y la riqueza de sus suelos la hicieron desde temprano tierra de cultivo.
Moca, su capital, creció como villa agrícola en el interior del Cibao oriental. Su nombre y su carácter quedaron ligados para siempre a la producción de café y cacao y a una fuerte identidad campesina y católica que aún hoy la distingue.
Elevada al mar por la costa atlántica en su municipio de Gaspar Hernández, la provincia combina el interior cafetalero con una franja litoral, lo que le da una notable variedad de paisajes, del valle húmedo del Cibao a las playas del norte.
En 1885, mediante la Ley 2338 del 29 de mayo, bajo el gobierno de Alejandro Woss y Gil, Moca fue elevada a provincia con el nombre de Espaillat, en memoria de Ulises Francisco Espaillat, líder civilista y presidente de la República en 1876, admirado por su honestidad y su vocación democrática.
El nombre honra así a uno de los grandes referentes del pensamiento liberal dominicano del siglo XIX, en una provincia que se preciaría siempre de su tradición cívica y de su independencia de criterio.
Moca ocupa un lugar central en la historia política dominicana: fue allí donde, el 26 de julio de 1899, cayó abatido el dictador Ulises Heureaux, apodado Lilís, uno de los hombres más poderosos e implacables del país durante las dos últimas décadas del siglo XIX.
Con la nación al borde de la bancarrota, un grupo de jóvenes cibaeños —entre ellos Horacio Vásquez, Ramón Cáceres y Jacobito de Lara— lo ajustició en pleno día en las calles de Moca, poniendo fin a su régimen. El magnicidio abrió un nuevo y convulso capítulo en la vida política dominicana y cimentó la fama rebelde de la ciudad.
La economía de Espaillat se sostiene sobre la agricultura del Cibao: plátano, cacao, café y yuca son sus principales cultivos, y la provincia es uno de los grandes centros cafetaleros y cacaoteros del país. Ya en 1897 un ferrocarril comercial unía Sánchez con Moca y Puerto Plata, transportando los productos del Cibao hacia el mar.
Moca conserva un notable patrimonio, encabezado por el templo del Sagrado Corazón de Jesús, con sus célebres vitrales, y una fuerte tradición religiosa y musical. Café, cacao y una identidad cívica orgullosa definen a esta provincia del corazón del Cibao.
Hoy Espaillat es una de las provincias más productivas del Cibao. A su tradición cafetalera y cacaotera se suman una pujante actividad avícola —es una de las principales productoras de huevos y pollos del país—, la ganadería y una industria en crecimiento.
Moca conserva su ambiente de ciudad laboriosa y católica, orgullosa de su historia cívica y de su papel en episodios clave de la política dominicana. Sus templos, sus balnearios de montaña como los del Salto de Jima, y su gastronomía cibaeña completan el atractivo de una provincia que combina prosperidad agrícola con una fuerte identidad propia.