Santa Cruz del Seibo fue fundada hacia 1502 por el conquistador Juan de Esquivel, durante el gobierno de fray Nicolás de Ovando, y obtuvo el título de villa el 7 de diciembre de 1508. Es, por tanto, una de las poblaciones más antiguas del continente americano.
Su nombre combina la costumbre española de colocar la Cruz de Cristo como protección con el topónimo indígena: «Seibo» procede de Seebo, un subcacique taíno de la región sujeto a la autoridad de Cayacoa, cacique de Higüey. Así, la villa hunde sus raíces tanto en la conquista española como en el mundo indígena del oriente de la isla.
El Seibo es una de las provincias originales de la República Dominicana: fue creada por la Constitución del 6 de noviembre de 1844, aunque ya existía como demarcación territorial desde tiempos coloniales. Durante siglos abarcó buena parte del este del país, del que fueron desprendiéndose después provincias como La Romana, La Altagracia o Hato Mayor.
La iglesia de Santa Cruz del Seibo, de origen colonial, es uno de los templos más antiguos del país, y en ella reposaron por un tiempo los restos del general Pedro Santana, natural de esta región y primer presidente de la República Dominicana.
El Seibo fue tierra de grandes hatos ganaderos desde la época colonial, y esa vocación pecuaria forjó a hombres de a caballo, entre ellos el general Pedro Santana (1801-1864), caudillo del este que sirvió tres veces como presidente de la Primera República y protagonizó la controvertida anexión a España.
La ganadería sigue siendo hoy la actividad económica más importante del municipio y de buena parte de la provincia, complementada por el cultivo de la caña de azúcar, especialmente en el vecino ingenio de la región.
El general Pedro Santana, señor de hatos del Seibo, se convirtió en la figura militar dominante de la Primera República: héroe de las batallas contra Haití y, al mismo tiempo, el hombre que promovió en 1861 la anexión a España, en una de las decisiones más controvertidas de la historia nacional.
El Seibo conserva una de las tradiciones festivas más vistosas del país: la Fiesta de los Toros, celebrada en honor a la Santa Cruz, en la que la devoción religiosa se mezcla con corridas y actividades ganaderas de honda raíz popular. La provincia es conocida también como «cuna de la independencia» por el papel de sus hombres en las gestas patrias.
Otro símbolo local es el mabí, bebida fermentada elaborada con la corteza del bejuco de indio, refresco tradicional del que El Seibo se enorgullece como «tierra del mabí». Historia colonial, cultura ganadera y tradiciones vivas definen esta antigua villa del oriente.
Hoy El Seibo es una provincia esencialmente rural, de economía ganadera y cañera, que ha ido cediendo territorio a las provincias vecinas más turísticas del este pero que conserva intacta su condición de una de las villas más antiguas y con más solera histórica del país.
Su casco antiguo, con la iglesia colonial de Santa Cruz, su tradición taurina y devocional, y el orgullo de ser cuna de próceres como Pedro Santana, hacen de esta provincia un rincón cargado de historia. Ganadería, caña, mabí y memoria colonial se dan cita en una tierra que fue de las primeras en poblarse en todo el continente americano.