Dajabón se asienta sobre el río del mismo nombre, que forma parte de la frontera entre la República Dominicana y Haití. Ese cauce, hoy conocido como río Masacre, debe su nombre trágico a episodios de violencia fronteriza que se remontan a la época colonial, cuando fue escenario de enfrentamientos entre colonos españoles y bucaneros franceses.
Situada en el extremo noroeste del país, frente a la ciudad haitiana de Ouanaminthe, Dajabón ha sido siempre una tierra de frontera, marcada por el contacto —comercial y conflictivo— entre las dos naciones que comparten la isla.
La región noroeste tuvo un papel destacado en la Guerra de la Restauración (1863-1865). Muy cerca de Dajabón, en el cerro de Capotillo, se dio el Grito que inició la contienda contra la anexión a España, y la zona fue base de operaciones de los patriotas restauradores que operaban a ambos lados de la frontera.
Durante décadas Dajabón dependió administrativamente de Monte Cristi. Fue erigida en provincia en el siglo XX, consolidándose como cabecera de la Línea Noroeste fronteriza, con una economía de agricultura, ganadería y comercio de frontera.
En octubre de 1937, la región fronteriza fue escenario de uno de los episodios más sombríos de la historia dominicana: la Masacre del Perejil. Entre el 2 y el 8 de octubre, por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, tropas y policías dominicanos ejecutaron una matanza masiva de haitianos y descendientes de haitianos asentados a lo largo de la frontera.
Se cuenta que a los sospechosos se les hacía pronunciar la palabra española «perejil»: quienes no lograban articular la erre correctamente eran identificados como haitianos y asesinados. Las víctimas, estimadas entre nueve mil y veinte mil según las fuentes, incluyeron mujeres, niños y ancianos, y muchos de sus cuerpos fueron arrojados al río, que desde entonces cargó con más fuerza el nombre de río Masacre.
Hoy Dajabón es célebre por su mercado binacional, uno de los mayores puntos de intercambio comercial entre la República Dominicana y Haití. Dos veces por semana, miles de comerciantes haitianos cruzan el puente sobre el río Masacre para comprar y vender ropa, alimentos, calzado y toda clase de productos en un bullicioso mercado que mueve millones de pesos.
Este comercio fronterizo, motor económico de la provincia, convive con la memoria dolorosa de 1937 y con las tensiones periódicas entre ambos países, haciendo de Dajabón un símbolo de la compleja y a la vez intensa relación domínico-haitiana.
Hoy Dajabón es la gran puerta noroeste de la República Dominicana hacia Haití, una provincia fronteriza cuya vida gira en torno al comercio binacional, la agricultura, el arroz de la Línea Noroeste y la ganadería.
Su historia condensa las luces y sombras de la frontera: el heroísmo restaurador de Capotillo, en su vecindad, y la tragedia de la Masacre del Perejil, cuya memoria se mantiene viva como advertencia. Entre el bullicio del mercado sobre el río Masacre, los campos de arroz y la permanente relación —comercial y humana— con el pueblo haitiano, Dajabón encarna como pocas la complejidad de la isla compartida.