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Historia de Centro y sur de Inglaterra

Stonehenge y la llanura de Salisbury

En la llanura de Salisbury, en el condado de Wiltshire, se levanta el monumento prehistórico más famoso del mundo: Stonehenge. Sus grandes piedras se erigieron en varias fases entre alrededor del 3000 y el 2000 a.C., mucho antes de que existiera cualquier forma de escritura en las islas. Los enormes bloques de arenisca (sarsen), de hasta 25 toneladas, se combinaron con los llamados bluestones, piedras más pequeñas traídas, según la investigación arqueológica, desde las colinas de Preseli, en Gales, a más de 200 kilómetros de distancia: una proeza logística asombrosa para una sociedad neolítica.

El monumento está cuidadosamente alineado con el sol: en el solsticio de verano, el amanecer se produce sobre la Piedra del Talón (Heel Stone), y en el de invierno el ocaso se enmarca entre los grandes trilitos. Esa orientación astronómica sugiere un uso ritual ligado al ciclo del año, y las excavaciones han revelado enterramientos y grandes reuniones. Aún se debate si fue un templo, un observatorio, un cementerio de élites o un lugar de sanación; probablemente fue varias cosas a lo largo de sus siglos de uso.

Stonehenge no está solo: forma parte de un vasto paisaje sagrado prehistórico que incluye Avebury, el mayor círculo de piedras de Europa; Silbury Hill, el montículo artificial más alto del continente; y numerosos túmulos funerarios. El conjunto fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1986. Cada solsticio, miles de personas —entre ellas druidas y paganos contemporáneos— se congregan junto a las piedras para ver salir el sol, en un rito que reconecta, de algún modo, con las multitudes que hace cuatro mil años se reunían en este mismo lugar.

https://whc.unesco.org/en/list/373/https://www.english-heritage.org.uk/visit/places/stonehenge/

Bath: de las termas romanas a la ciudad georgiana

Bath debe su existencia a un fenómeno único en Gran Bretaña: las únicas fuentes termales naturales del país. Los britanos ya veneraban aquí a la diosa Sulis, y los romanos, al llegar, construyeron alrededor del manantial un gran complejo de baños y un templo, dedicándolo a Sulis Minerva y bautizando el lugar Aquae Sulis. Los baños romanos, con su gran piscina de agua caliente rodeada de columnas, se conservan notablemente y son uno de los conjuntos termales romanos mejor preservados al norte de los Alpes.

Tras siglos de decadencia, Bath renació de forma espectacular en el siglo XVIII. Convertida en el balneario de moda de la aristocracia georgiana, atrajo a la alta sociedad que venía a "tomar las aguas", a jugar y a lucirse. Bajo el impulso de figuras como Beau Nash, y con el trabajo de arquitectos como John Wood padre e hijo, la ciudad se reconstruyó en elegante piedra dorada local con un urbanismo armónico de estilo neoclásico palladiano: el Royal Crescent, en forma de media luna, y el Circus son sus joyas. La novelista Jane Austen, que vivió aquí, ambientó parte de su obra en esta sociedad elegante y ociosa.

Esa doble herencia —la romana y la georgiana— hizo que toda la ciudad de Bath fuera declarada Patrimonio Mundial por la Unesco. Es, además, uno de los pocos lugares del planeta inscritos dos veces: forma parte también del sitio transnacional de las "Grandes ciudades termales de Europa". Pasear por Bath es transitar de un templo romano a un salón de baile del siglo XVIII, con el agua caliente brotando todavía, como hace dos mil años, del corazón de la tierra.

https://whc.unesco.org/en/list/428/https://www.romanbaths.co.uk/roman-baths-history

Los Cotswolds y la riqueza de la lana

Las suaves colinas de los Cotswolds, entre Oxford y Gloucester, encierran uno de los paisajes más idílicos de Inglaterra: pueblos de casas de piedra caliza dorada, iglesias medievales, prados y muros de piedra seca. Pero detrás de esa postal hay una historia económica muy concreta: la de la lana. Durante la Edad Media, los Cotswolds criaron una raza de oveja de vellón abundante, la "Cotswold Lion", y su lana se convirtió en la más cotizada de Europa, exportada a Flandes e Italia para la industria textil.

Esa riqueza lanera transformó la región. Los mercaderes de lana, enriquecidos, financiaron la construcción de espléndidas iglesias parroquiales, desproporcionadamente grandes y ornamentadas para pueblos pequeños: son las célebres "wool churches" (iglesias de la lana) de Chipping Campden, Northleach o Cirencester, monumentos al poder del comercio medieval. Ciudades como Cirencester habían sido importantes ya en época romana —fue la segunda ciudad de la Britania romana—, y la lana les dio una segunda edad de oro entre los siglos XIV y XVI.

Cuando la industria textil se trasladó al norte con la Revolución Industrial y la lana perdió su primacía, los Cotswolds quedaron al margen de las fábricas y las chimeneas, y conservaron intactos sus pueblos y su paisaje agrícola. Esa relativa marginación económica es, paradójicamente, la razón de su encanto actual: hoy los Cotswolds son un Área de Excepcional Belleza Natural protegida y uno de los destinos rurales más visitados del país, donde el pasado próspero de la lana sigue escrito en cada casa de piedra dorada.

https://www.britannica.com/place/Cotswoldshttps://www.nationaltrust.org.uk/visit/gloucestershire-cotsw

Wessex, cuna del reino de Inglaterra

Buena parte del centro y sur de Inglaterra fue el territorio del antiguo reino de Wessex, el "reino de los sajones del oeste", que jugó un papel decisivo en la formación de Inglaterra. En el siglo IX, cuando los vikingos daneses habían destruido casi todos los demás reinos anglosajones, Wessex resistió bajo el rey Alfredo el Grande (871-899), el único monarca inglés que ha recibido el apelativo de "Grande". Alfredo derrotó a los daneses en la batalla de Edington (878), reorganizó la defensa del reino con una red de plazas fuertes (burhs), reformó las leyes y promovió la educación y la lengua inglesa.

La capital de Wessex fue Winchester, que durante siglos rivalizó con Londres como ciudad principal del reino y albergó los restos de los reyes sajones. En su catedral, una de las mayores de Europa, se conservan huesos de monarcas anglosajones. Desde Wessex, los sucesores de Alfredo —Eduardo el Viejo y Athelstan— reconquistaron el territorio bajo dominio danés y, hacia el año 927, unificaron por primera vez todos los reinos ingleses bajo una sola corona: había nacido el reino de Inglaterra.

El centro y sur de Inglaterra guardan, así, algunos de los lugares fundacionales de la identidad inglesa. Es también una tierra literaria: el escritor victoriano Thomas Hardy rebautizó la región como "Wessex" en sus novelas, ambientadas en los campos de Dorset y Wiltshire, recuperando aquel nombre antiguo. Entre catedrales, pueblos de piedra y campos ondulados, esta parte de Inglaterra conserva un aire profundamente tradicional y una densidad histórica que se remonta hasta la prehistoria de Stonehenge.

https://www.britannica.com/place/Wessex-historical-kingdom-Ehttps://www.winchester-cathedral.org.uk/our-heritage/

El suroeste: Cornualles y una identidad propia

Más allá de Wessex, hacia el extremo suroeste, la península de Cornualles (Cornwall) conserva una identidad céltica distinta del resto de Inglaterra. Cuando los anglosajones empujaron a los britanos hacia el oeste, Cornualles fue uno de los reductos donde sobrevivió la cultura britana. Allí perduró durante siglos una lengua propia, el córnico, emparentada con el galés y el bretón, que llegó casi a extinguirse pero que hoy es objeto de un movimiento de recuperación. Muchos habitantes reivindican una identidad córnica diferenciada, con su propia bandera —la cruz de San Piran— y demandas de mayor reconocimiento.

La economía tradicional de Cornualles giró en torno al mar y a la minería. Sus costas escarpadas y sus innumerables calas fueron tierra de pescadores, marineros y también de contrabandistas y náufragos, alimentando un imaginario romántico de leyendas. Pero fue la minería del estaño y del cobre la que marcó su historia: explotadas desde la prehistoria, las minas de Cornualles vivieron su apogeo durante la Revolución Industrial, y el paisaje minero de Cornualles y del oeste de Devon, con sus característicos edificios de máquinas de vapor, es hoy Patrimonio Mundial de la Unesco.

Cornualles está ligada además a la más famosa de las leyendas británicas: la del rey Arturo. El castillo de Tintagel, sobre un promontorio azotado por el mar, se asocia por tradición al nacimiento del legendario monarca. Aunque la figura histórica de Arturo —si existió— pertenece más al terreno del mito que al de la historia comprobable, el relato artúrico, nacido de la resistencia britana frente a los invasores sajones, convirtió a este rincón del suroeste en uno de los paisajes más cargados de leyenda de todas las islas.

https://www.britannica.com/place/Cornwall-county-Englandhttps://whc.unesco.org/en/list/1215/

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📚 Bibliografía

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