Pocos lugares pueden reclamar, como Poznań, haber sido la cuna de una nación. En la isla de Ostrów Tumski, formada por los brazos del río Warta, existía ya en el siglo IX un asentamiento fortificado que se convirtió en uno de los centros de poder de la dinastía Piasto, la primera casa reinante de Polonia. Desde estas tierras de la Gran Polonia (Wielkopolska), los duques Piastos fueron unificando las tribus eslavas de la región y sentando las bases de un Estado.
El momento decisivo llegó en el año 966, cuando el duque Mieszko I se convirtió al cristianismo y bautizó a su pueblo, un acto que integró a Polonia en la Europa cristiana y latina y suele considerarse el nacimiento simbólico del Estado polaco. Aunque el lugar exacto del bautismo se discute (Poznań, la cercana Ostrów Lednicki o Gniezno son los principales candidatos), Poznań fue uno de los escenarios centrales de aquel proceso fundacional.
Apenas dos años después, hacia 968, se estableció en Poznań el primer obispado documentado de Polonia, con el obispo misionero Jordán al frente. La ciudad se convirtió así en el primer gran centro religioso del país. En su isla se levantaron un palacio ducal (palatium) y una catedral, y allí fueron enterrados los primeros gobernantes: el propio Mieszko I y su hijo Boleslao I el Bravo, que en el año 1025 sería coronado primer rey de Polonia. Poznań estaba, literalmente, en el origen de todo.
Con el paso de los siglos, Poznań dejó de ser solo una fortaleza ducal en la isla para convertirse en una verdadera ciudad. En 1253 recibió el derecho de ciudad de tipo alemán (derecho de Magdeburgo), lo que impulsó su desarrollo urbano en la orilla izquierda del Warta, donde se trazó una nueva ciudad planificada en torno a una gran plaza mayor cuadrada: la actual Stary Rynek. Alrededor de ella se organizaron las calles, los gremios y las casas de los mercaderes.
Situada en las rutas comerciales que unían el este y el oeste de Europa, y a medio camino entre las tierras alemanas y la Rus, Poznań prosperó con el comercio de paños, pieles, sal y otros bienes. Se integró en las redes de la Liga Hanseática y celebró ferias que atraían a comerciantes de toda la región, una vocación ferial que la ciudad conserva hasta hoy. La riqueza mercantil se tradujo en iglesias, murallas y edificios públicos.
El símbolo de aquella época dorada es el Ayuntamiento (Ratusz). El edificio medieval original fue transformado a mediados del siglo XVI en una espléndida obra del Renacimiento italiano por el arquitecto Giovanni Battista di Quadro, de Lugano, con su elegante loggia de arcos y su torre. En esa torre se instaló, además, el mecanismo de las famosas cabritas (koziołki) que se topetean cada mediodía, y que con el tiempo se convertirían en el emblema más querido de la ciudad. Los siglos XV y XVI fueron el apogeo de la Poznań mercantil y renacentista.
La suerte de Poznań cambió con la decadencia y la desaparición de Polonia como Estado. En la segunda partición de Polonia, en 1793, la ciudad fue anexada por el Reino de Prusia y pasó a llamarse Posen. Salvo un breve paréntesis napoleónico (el Ducado de Varsovia), Poznań permaneció bajo dominio prusiano y luego del Imperio Alemán durante más de un siglo, convertida en capital de la provincia de Posen.
Bajo dominio prusiano, la ciudad se modernizó y se germanizó. Se derribaron las viejas murallas, se construyeron fortificaciones militares (la ciudad era una plaza fuerte, una 'ciudad-fortaleza'), estaciones de ferrocarril, escuelas y edificios administrativos. Al mismo tiempo, las autoridades alemanas aplicaron una política de germanización que buscaba reducir la lengua y la cultura polacas, lo que generó una fuerte resistencia. Poznań se convirtió en un bastión del nacionalismo polaco pacífico y del llamado 'trabajo orgánico': los polacos respondieron a la presión creando cooperativas, bancos, asociaciones y escuelas para preservar su identidad.
El símbolo más imponente del dominio alemán fue el Castillo Imperial (Kaiserschloss), construido entre 1905 y 1910 por orden del káiser Guillermo II como residencia imperial y afirmación del poder germano en el este. Fue el último gran castillo levantado para un monarca en Europa, un enorme palacio neorrománico en torno al cual se planificó todo un 'barrio imperial'. Pero el tiempo del dominio alemán se acababa: la Primera Guerra Mundial estaba a punto de cambiarlo todo.
El final de la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio Alemán abrieron la oportunidad que los polacos de Poznań esperaban desde hacía más de un siglo. Aunque Polonia recuperó su independencia en noviembre de 1918, la región de Poznań (Posen) seguía bajo control alemán y su futuro era incierto: no estaba claro si volvería o no a formar parte del nuevo Estado polaco.
El 27 de diciembre de 1918, la visita del célebre pianista y político polaco Ignacy Paderewski a Poznań encendió la mecha. Ese día estalló el Levantamiento de la Gran Polonia (Powstanie Wielkopolskie), una insurrección armada de la población polaca contra las autoridades y las tropas alemanas. A diferencia de tantas rebeliones polacas del siglo XIX, que terminaron en derrota, esta fue un éxito rotundo: los insurgentes, bien organizados, tomaron el control de Poznań y de casi toda la región en pocas semanas.
La victoria del levantamiento fue decisiva. Gracias a ella, la Gran Polonia con Poznań se incorporó al reconstituido Estado polaco, algo que quedó confirmado por el Tratado de Versalles de 1919. El Levantamiento de la Gran Polonia es recordado como una de las pocas insurrecciones polacas plenamente exitosas de la historia y como un orgullo local: fue la propia gente de Poznań la que, con las armas, decidió su destino y volvió a ser parte de Polonia tras 126 años de dominio extranjero.
El período de entreguerras devolvió a Poznań su condición de gran ciudad polaca, con una universidad nueva, ferias internacionales y un desarrollo notable. Pero la Segunda Guerra Mundial trajo una de las etapas más oscuras de su historia. Tras la invasión alemana de 1939, Poznań fue anexionada directamente al Tercer Reich e incorporada al llamado 'Reichsgau Wartheland', una región destinada a ser 'germanizada' por completo.
La ocupación nazi fue especialmente brutal en esta zona. Miles de polacos fueron expulsados de sus casas, deportados o asesinados, y se aplicó una política sistemática de eliminación de las élites y de la cultura polacas. La comunidad judía de la región fue perseguida y aniquilada en el Holocausto. El Castillo Imperial, símbolo del pasado alemán, fue reacondicionado por el régimen: se proyectó convertirlo en una residencia para Hitler, y se remodeló su interior con un despacho y un balcón de estética nazi que aún se conservan como testimonio.
El final de la guerra llegó a comienzos de 1945, cuando el Ejército Rojo cercó la ciudad. Los alemanes la convirtieron en la 'Festung Posen' (Fortaleza Posen) y ordenaron resistir. La batalla por Poznań, entre enero y febrero de 1945, fue durísima, con el epicentro en la antigua fortaleza prusiana de la Ciudadela (Cytadela), donde se libraron combates encarnizados. La ciudad sufrió grandes daños, sobre todo en el casco histórico y en la zona de la Ciudadela, antes de ser liberada. Con el fin de la guerra, Poznań quedó del lado polaco y encaró la reconstrucción de su plaza mayor y su Ayuntamiento.
En la Polonia comunista de posguerra, Poznań protagonizó uno de los episodios más importantes de la resistencia contra el régimen. En junio de 1956, los obreros de las grandes fábricas de la ciudad, hartos de las malas condiciones de vida, los bajos salarios y las cuotas de producción, se declararon en huelga y salieron a la calle. El 28 de junio, una manifestación pacífica que reclamaba 'pan y libertad' derivó en un levantamiento popular masivo. El régimen respondió con las armas: el ejército y las fuerzas de seguridad reprimieron la protesta con tanques, dejando decenas de muertos —muchos de ellos civiles y jóvenes— y cientos de heridos.
El 'Junio de Poznań' (Poznański Czerwiec 1956) fue el primer gran levantamiento obrero contra el poder comunista en Polonia y uno de los primeros del bloque soviético. Aunque fue aplastado, tuvo enormes consecuencias: precipitó cambios políticos, contribuyó al 'deshielo' polaco de octubre de 1956 y quedó grabado en la memoria nacional como un antecedente directo de las luchas que, décadas después, llevarían al movimiento Solidaridad y a la caída del comunismo. En el centro de la ciudad, dos grandes cruces unidas recuerdan a las víctimas.
Desde 1989, Poznań se ha consolidado como una de las ciudades más prósperas y dinámicas de Polonia: capital económica del oeste, importante centro universitario y ferial, y destino turístico con un casco histórico restaurado y lleno de vida. Sigue siendo la ciudad de las cabras del mediodía, de los croissants de San Martín y de la catedral donde descansan los primeros reyes. De cuna medieval del Estado polaco a fortaleza prusiana, de escenario de un levantamiento victorioso a símbolo de la resistencia obrera, Poznań condensa, quizás como ninguna otra, los mil años de historia de Polonia.