La historia de Pomerania y del norte de Polonia está marcada por la orden de los Caballeros Teutónicos, una orden militar-religiosa alemana surgida de las Cruzadas. En 1226, el duque Conrado de Mazovia los invitó a sus fronteras para combatir a los prusianos paganos del Báltico; la orden conquistó aquellas tierras con extrema dureza, exterminó o sometió a los antiguos prusianos y, en lugar de devolver el territorio, fundó su propio Estado monástico, una potencia militar que durante dos siglos dominó la costa báltica y bloqueó el acceso de Polonia al mar.
El símbolo de ese poder es el castillo de Malbork (Marienburg en alemán), que la orden convirtió en su capital y sede del gran maestre a partir de 1309. Levantada en ladrillo rojo a orillas del río Nogat, Malbork es la mayor fortaleza de ladrillo del mundo y uno de los conjuntos góticos más impresionantes de Europa: un enorme complejo de castillos, palacios, iglesias y murallas concéntricas que albergaba a cientos de caballeros y servía a la vez de fortaleza, monasterio y centro de gobierno.
El poder teutónico se quebró en el siglo XV. La gran derrota de Grunwald en 1410, a manos de los ejércitos polaco-lituanos, marcó el principio del fin, y en la Guerra de los Trece Años (1454-1466) las ciudades de Prusia, hartas de la orden, se aliaron con Polonia. La Segunda Paz de Toruń de 1466 devolvió a Polonia el control de Pomerania y del delta del Vístula, y Malbork pasó a manos polacas; el resto del Estado teutónico quedó como vasallo del rey de Polonia. Malbork fue gravemente dañada en la Segunda Guerra Mundial y luego restaurada; hoy es Patrimonio Mundial de la Unesco y uno de los monumentos más visitados del país.
Gdańsk (Danzig en alemán), en la desembocadura del Vístula, ha sido durante mil años el gran puerto de Polonia y una de las ciudades más ricas y singulares del Báltico. Mencionada ya hacia el año 997, creció como puerto comercial y en la Edad Media se integró en la Liga Hanseática, convirtiéndose en el principal puerto de exportación del grano polaco hacia Europa occidental. Su riqueza mercantil quedó plasmada en una espléndida arquitectura de casas de fachadas estrechas y ornamentadas, con calles como la Ulica Długa (Calle Larga) y la Puerta Dorada.
A lo largo de su historia, Gdańsk fue una ciudad de estatus especial y de fuerte carácter propio. Tras la Paz de Toruń de 1466 pasó a la Corona polaca, pero conservó amplios privilegios de autogobierno y una gran autonomía dentro de la Mancomunidad, así como una población mayoritariamente de lengua alemana. Fue una urbe próspera, cosmopolita y multiconfesional, uno de los mayores centros comerciales del norte de Europa, cuya lealtad a los reyes de Polonia convivía con su fuerte identidad de ciudad libre. En sus astilleros se construían barcos y su bolsa comercial rivalizaba con las grandes del continente.
La condición fronteriza de Gdańsk, disputada entre el mundo polaco y el alemán, marcaría su trágico siglo XX. Tras las Particiones había pasado a Prusia, pero después de la Primera Guerra Mundial el Tratado de Versalles la separó de Alemania y la convirtió en la Ciudad Libre de Danzig, un Estado semiautónomo bajo la protección de la Sociedad de Naciones, con el fin de dar a la Polonia renacida un acceso al mar. Esa situación anómala, con una ciudad de mayoría alemana en el «corredor» que separaba a Alemania de Prusia Oriental, se convertiría en el pretexto de Hitler para desatar la guerra.
Fue precisamente en Gdańsk donde empezó la Segunda Guerra Mundial. En el puerto de la Ciudad Libre de Danzig, Polonia mantenía una pequeña guarnición militar en una península llamada Westerplatte, que custodiaba un depósito de material. Al amanecer del 1 de septiembre de 1939, el acorazado alemán Schleswig-Holstein, que había llegado días antes en visita «de cortesía», abrió fuego contra Westerplatte. Aquellos fueron los primeros disparos de la guerra más devastadora de la historia.
La guarnición polaca de Westerplatte, de poco más de doscientos hombres, resistió durante siete días el bombardeo naval, aéreo y terrestre de fuerzas alemanas muy superiores, en una defensa que Polonia convirtió en símbolo de su resistencia. El mismo 1 de septiembre, en la ciudad, las tropas alemanas y los paramilitares locales atacaron también el edificio del Correo Polaco de Danzig, cuyos defensores resistieron durante horas antes de rendirse; muchos de ellos fueron después ejecutados.
Con la invasión, la Ciudad Libre de Danzig fue anexionada de inmediato al Reich alemán, y su población judía y polaca fue perseguida. Al terminar la guerra, en 1945, la ciudad fue tomada por el Ejército Rojo y quedó en gran parte destruida; por decisión de las potencias, pasó definitivamente a Polonia y recuperó su nombre polaco de Gdańsk. Su población alemana fue expulsada, y la ciudad se repobló con polacos, muchos de ellos desplazados de los territorios orientales que Polonia había perdido. El casco histórico, arrasado en la guerra, fue reconstruido con cuidado en las décadas siguientes.
Cuatro décadas después de que la guerra empezara en Gdańsk, la ciudad volvió a cambiar la historia de Europa, esta vez desde sus astilleros. La costa del Báltico —Gdańsk, Gdynia, Szczecin— fue durante el período comunista un foco recurrente de protesta obrera. En diciembre de 1970, una subida de precios desató huelgas y manifestaciones que el régimen reprimió a tiros, causando decenas de muertos entre los trabajadores de los astilleros. Aquella matanza dejó una herida profunda y una memoria de resistencia.
En agosto de 1980, una nueva subida de precios provocó una huelga en los astilleros Lenin de Gdańsk. Los trabajadores, liderados por un electricista llamado Lech Wałęsa —despedido años antes por su activismo—, se encerraron en el astillero y formularon una lista de reivindicaciones que iban mucho más allá de lo económico: reclamaban el derecho a formar sindicatos libres e independientes del partido. La huelga se extendió por todo el país, y el 31 de agosto de 1980 el gobierno tuvo que ceder y firmar los Acuerdos de Gdańsk, que reconocían ese derecho.
De allí nació Solidaridad (Solidarność), el primer sindicato libre del bloque soviético, que en pocos meses reunió a cerca de diez millones de afiliados y se convirtió en un movimiento social que puso en jaque al régimen comunista. Aunque fue ilegalizado durante la ley marcial de 1981, Solidaridad sobrevivió en la clandestinidad y, al final de la década, negoció la transición pacífica a la democracia. Gdańsk es así, a la vez, el lugar donde empezó la Segunda Guerra Mundial y el lugar donde empezó a caer el comunismo. Hoy, junto a los astilleros, el Centro Europeo de Solidaridad conmemora aquella gesta obrera, y a su lado se alza el monumento a los trabajadores caídos en 1970.
Entre Gdańsk y Gdynia, con las que forma la conurbación conocida como la «Triciudad» (Trójmiasto), se encuentra Sopot, el balneario más elegante de la costa polaca. A diferencia de sus vecinas portuarias e industriales, Sopot creció desde el siglo XIX como una ciudad de veraneo y de baños de mar. Fue un médico napoleónico, Jean Georges Haffner, quien a comienzos del siglo XIX impulsó la creación de un establecimiento de baños que dio origen a la localidad como estación termal y balneario.
En la época en que la región pertenecía a Alemania, Sopot (entonces Zoppot) se convirtió en un lujoso balneario de moda del Báltico, con hoteles, un casino y una intensa vida social, frecuentado por la alta sociedad. De aquella época dorada procede su símbolo más conocido: el molo, el muelle de madera que se adentra en el mar, considerado el más largo de Europa, con más de quinientos metros de longitud. Alrededor se conservan villas y edificios de estilo de principios del siglo XX que le dan un aire señorial.
Tras pasar a Polonia en 1945, Sopot mantuvo su vocación de ciudad de ocio y cultura. Es famosa por su festival internacional de la canción, uno de los más importantes de Europa central y oriental durante la época comunista, y sigue siendo hoy un destino veraniego muy popular, con sus playas de arena, su animada calle Bohaterów Monte Cassino (apodada «Monciak») y una atmósfera relajada que contrasta con la historia densa de la vecina Gdańsk. Sopot es la cara amable y balnearia de la costa báltica polaca.