Hace unos 20.000 años, cuando esta meseta a más de 4.000 metros estaba cubierta de glaciares, el agua se colaba noche tras noche en las grietas de la roca volcánica, se congelaba, se expandía y la iba partiendo en pedazos. Repetido durante milenios, ese golpeteo silencioso del hielo esculpió lo que hoy vemos: miles de torres de piedra que la imaginación convierte en un elefante, una tortuga, una cobra, un monje, rostros humanos. El Bosque de Piedras de Huayllay no lo talló ninguna mano; lo modelaron el hielo, el viento y el agua a lo largo de un tiempo inabarcable. Este es su origen.
El Bosque de Piedras de Huayllay se asienta sobre la meseta de Bombón, una llanura intermontana de altura, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, en el corazón de la sierra central del Perú. Sus miles de formaciones rocosas son el producto de un prolongado proceso geológico que combina orígenes volcánicos y sedimentarios: la zona fue en el pasado remoto parte del fondo marino durante el Paleozoico, y sobre esa base se depositaron capas de arenisca, caliza y conglomerado que luego fueron cubiertas por gruesas capas de ceniza volcánica e ignimbrita, producto de la intensa actividad volcánica de la cordillera.
Alrededor del 90% de las formaciones rocosas visibles hoy son de origen volcánico. La ignimbrita, una roca muy porosa y particularmente susceptible a la erosión, resultó clave en el modelado del paisaje: durante la última glaciación, hace unos 20.000 años, los ciclos repetidos de congelamiento y deshielo de la nieve en la meseta hicieron que el agua se filtrara en las grietas de la roca y, al congelarse y expandirse, la fuera fracturando poco a poco. Ese proceso, sostenido durante milenios, desmenuzó buena parte de la roca y dejó al descubierto las formaciones profundamente erosionadas que hoy componen el santuario.
El resultado es uno de los conjuntos de formaciones rocosas más espectaculares y extensos del Perú, un verdadero 'bosque' pétreo donde la erosión diferencial —que desgasta de forma desigual rocas de distinta dureza y composición— ha producido siluetas que la imaginación humana asocia con animales, rostros y figuras. Es un paisaje geológico de valor científico y escénico excepcional, reconocido como el bosque de piedras más alto y extenso de Sudamérica.
La meseta de Huayllay no solo es un prodigio geológico: también guarda huellas de la antigua presencia humana en la región. Entre las rocas, en cuevas y abrigos, se conservan pinturas rupestres prehispánicas que muestran figuras humanas, camélidos y escenas asociadas a la caza y el pastoreo. Estos vestigios indican que los pobladores de la puna transitaron y habitaron este paisaje desde tiempos remotos, atraídos quizá por los recursos de altura y por el carácter singular del entorno.
La región de Pasco y la sierra central tienen una larga historia de ocupación andina. Las comunidades de altura desarrollaron una economía basada en el pastoreo de llamas y alpacas y en el aprovechamiento de los pastos naturales de la puna, los bofedales y las fuentes de agua. El arte rupestre de Huayllay forma parte de ese legado, y suma una dimensión arqueológica y cultural al valor natural del santuario.
En épocas posteriores, la zona quedó integrada a las dinámicas andinas, primero bajo influencia de las culturas regionales y luego del Tahuantinsuyo, y más tarde a la economía colonial y republicana, marcada en Pasco por la minería. El pueblo de Huayllay y las comunidades campesinas del entorno mantienen vivas tradiciones de pastoreo y un fuerte vínculo con este paisaje monumental, que hoy administran de forma directa (como ocurre con los propios Baños Termales de La Calera).
El extraordinario valor geológico, paisajístico y biológico del Bosque de Piedras de Huayllay llevó a su protección formal por parte del Estado peruano. El 7 de agosto de 1974 fue declarado Santuario Nacional mediante el Decreto Supremo N.º 0750-74-AG, una de las categorías de mayor protección dentro del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado, hoy administrado por el SERNANP. La categoría de santuario nacional busca preservar de manera intangible formaciones naturales de interés científico y paisajístico, y en este caso abarca 6.815 hectáreas de la meseta de Bombón.
El santuario protege, además de las formaciones rocosas, un ecosistema de puna altoandina con su flora y fauna características. Entre la fauna destacan la vicuña (camélido silvestre protegido), la vizcacha, el zorro andino y diversas aves de altura, como rapaces y aves de bofedal. La flora incluye pajonales, plantas en cojín y especies adaptadas al frío extremo y la baja presión de oxígeno de la gran altitud.
Con el tiempo, Huayllay se ha consolidado como un destino de turismo de naturaleza y aventura, con circuitos señalizados que recorren las formaciones más famosas (incluido el imponente sector conocido como 'La Catedral'), infraestructura de visita y servicios en el pueblo cercano. La cercanía de los Baños Termales de La Calera complementa la oferta. La gestión del santuario combina la conservación del patrimonio natural y arqueológico con el desarrollo de un turismo responsable que beneficia a las comunidades locales.
En 2007, el diario El Comercio convocó un concurso nacional para elegir las 'Siete Maravillas del Perú', inspirado en el fenómeno mundial que había llevado a Machu Picchu a ser elegida una de las nuevas siete maravillas del mundo ese mismo año. La convocatoria, abierta el 4 de agosto de 2007, reunió a 374 atractivos turísticos de todo el país; la junta edil de Huayllay inscribió al Bosque de Piedras como candidato, y el sitio superó una primera etapa de selección hasta quedar entre los 28 finalistas, el 17 de noviembre de 2007.
La votación popular se extendió durante más de siete meses y acumuló alrededor de 155 millones de votos en total. El 25 de marzo de 2008, en un acto realizado en la sede de El Comercio en Lima, se anunciaron los resultados finales: el Bosque de Piedras de Huayllay obtuvo el quinto lugar, con 5.574.862 votos, consagrándose oficialmente como una de las Siete Maravillas del Perú. Ese mismo año, en un concurso paralelo organizado por Panamericana Televisión, el santuario fue reconocido en el tercer puesto.
Este reconocimiento popular, sumado a su protección legal desde 1974, ayudó a difundir el santuario más allá de la región Pasco y a posicionarlo en el imaginario turístico nacional como uno de los grandes paisajes naturales del Perú, comparable en singularidad a otros íconos como las Líneas de Nazca, Kuélap o el Cañón del Colca, también parte de esa lista de maravillas elegidas por votación popular.